domingo, 5 de abril de 2026

En qué consistirá la realidad

 


Es fácil hacer que las fotografías antiguas cobren vida y que los personas retratadas se muevan. Es fácil crear imágenes fijas o en movimiento de escenas y personajes que nunca existieron. Al usuario normal ya le es difícil distinguir si aquello que ve o escucha sucedió. Es real, puesto que existe, es verdad según casi todas las acepciones del diccionario. Es fácil construir alguien que te sustituya virtualmente en el trabajo, que dé tus clases o entregue las tareas encargadas por el profesor, que negocie por ti, que esté en todas las partes a la vez, que se acuerde de los cumpleaños, que te sobreviva cuando fallezcas por esa condición que nos hace mortales por ahora y que siga hablando con tus hijos o tu pareja o dirigiendo tu empresa hasta que la tecnología en la que te basaste quede obsoleta. En las firmas de libros, muchos autores deberían ser ya sustituidos por el ingeniero que diseñó el programa que ha redactado su obra. Leeremos nuevos textos de Federico García Lorca o de Almudena Grandes, como veremos nuevas películas de los actores clásicos de la historia del cine. Y llegarán cuando ya no quede nadie que pueda distinguirlas, cuando nuestros deseos, nuestros recuerdos, nuestros miedos y nuestras esperanzas sean propiedad de grupos financieros y se adquieran en una máquina expendedora de un centro comercial.

Me detengo ante esta pared llena de fotografías de personas que no conozco. Niños, jóvenes cumpliendo el servicio militar, mujeres, grupos de escolares a la puerta del colegio rural, encajeras de un pueblo de sierra vestidas con todo el lujo porque les habían dicho que llegaba el fotógrafo, un campesino sorprendido por la cámara delante de un carro de heno, unos novios en el estudio de un fotógrafo, un severo fraile, una familia de comerciantes en un coche de caballos camino de una celebración. Solo tengo estas imágenes capturadas en un tiempo que ya pasó. ¿Qué fueron, qué hicieron, cómo continuó su vida? Esta fotografía del recluta captada por el minutero, ¿llegó a las manos de sus padres, de su novia? Esta niña fotografíada ya fallecida en el regazo de su hermano mayor, que mira serio al objetivo, alarmado por el fogonazo del magnesio; estos jovencísimos novios, que posan tímidos en la pradera del Carmen capturados durante la romería por el fotógrafo que se ganaba unas pesetas por imágenes; esta muchacha bien vestida que lleva a su perro de la correa sujetada por una mano delicada y bellísima; esta familia sentada sobre la hierba en la ribera del río en una tarde de verano.

Cuando se pueda inventar todo a gusto de cada uno y ya no se distinga lo que fue de lo que no fue porque toda la realidad, inventada o no, esté en un solo plano. En qué consistirá la felicidad.

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