El otro día nevó sin aviso. Nevó como antes: te levantas y amanece todo bajo la nieve. Sin más. Luego, continuó el mundo.
Caminaban sin más bajo la nieve,
hacia aquella montaña
que indicaban los mapas.
hacia aquella montaña
que indicaban los mapas.
Decían que tras ella
estaban los más cálidos
valles llenos de vida:
truchas que se dejaban
atrapar con las manos,
frutales en sazón,
manantiales alegres,
jilgueros y oropéndolas
bajo un sol de verano
filtrado por las ramas
de castaños inmensos.
Se lo contaban unos
a otros en las noches
junto al escaso fuego,
desde antes de la muerte
de aquellos dos ancianos.
© Pedro Ojeda Escudero, Del desconsuelo, 2025

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