miércoles, 16 de noviembre de 2022

Pichón

 

Yo era un torpe lateral derecho de antes de que en el fútbol se inventara lo de correr la banda. Suplía mis carencias físicas y técnicas convertido en un dos leñero, de cuando o pasaba el jugador contrario o el balón, pero los dos juntos no. Un día llegó a la barriada Pichón, que volaba con la pelota en los pies y el fútbol cambió de repente. Creamos una jugada cuando el balón salía fuera: él me sacaba de banda y yo le devolvía la pelota con el pecho, él la recogía con su zurda prodigiosa, corría la banda, burlaba a todos los contrarios que se le ponían por delante y marcaba. No de cualquier manera: entre las piernas del portero o por la escuadra desde fuera del área. Luego corría hacia mí con una sonrisa y me dedicaba el gol, como si yo se lo hubiera puesto en bandeja y la mitad del logro fuera mío.

Cuando crecimos, Pichón dejó pronto los estudios y entró a trabajar en un taller de motos del barrio. Yo pasaba por la puerta al regresar del instituto y lo saludaba: ¡Qué tal, Pichón! Me sonreía entonces como cuando compartíamos la cancha. Se fue pronto del barrio y no he sabido de él. De vez en cuando, me miro en el espejo y sonrío pensando en Pichón y le dedico lo que me ha venido después de que yo fuera un lateral derecho leñero, torpe y desangelado.

9 comentarios:

Emilio Manuel dijo...

Ya leo, preparándote para esta tarde, primer partido amistoso de la seleccion de futbol y el domingo comienzo de traca, EL MUNDIAL DE FUTBOL en un país nada democrático, pero la pela es la pela.

Fackel dijo...

Hay más de un Pichón del que nos acordamos y sin que hayamos sabido de su destino. Y del jugar al fútbol yo recuerdo que lo mío era jugar anárquicamente, por eso el equipo no confiaba demasiado en mí.

La seña Carmen dijo...

Quizá sea el espejismo de movernos dentro de la misma burbuja dentro de las redes sociales, y probablemente de la vida real, pero si todos estamos muy de acuerdo con lo de Catar, ¿por qué los que tienen que enterarse no lo hacen?

Definitivamente la pela es la pela, y este circo con malos payasos nada tiene que ver con el juego de unos niños (o niñas) en un barrio.

Bonitos recuerdos.

Sor Austringiliana dijo...

Como no entiendo ni papa de fútbol no visualizo la jugada que compartíais, pero sí su espíritu. En nuestra memoria quedan los compañeros de la infancia y adolescencia engullidos por la niebla. Queda una estela de amistad.

Paco Castillo dijo...

Me ha gustado saber de esa camadería futbolística que tenías con el Pichón, cuando recibía tu pase de pecho y él corría la banda como si no hubiese un mañana, driblando a los contrarios.

Yo me acuerdo de Eugenio, el Rata, porque donde vivía, en una casucha humilde cerca del arroyo Meaques (ya en las afueras), pululaban las ratas por doquier (en cierto modo, era como el Nini de Miguel Delibes, en “Las ratas”). El Rata corría también más que el viento, e igualmente driblaba a todos los contrarios.

A saber cuántos obstáculos habrán seguido driblando en la vida el Pichón y el Rata, a saber…

LA ZARZAMORA dijo...

Ese paquete venía de IKEA ;)
Y a próxima generación los tira (los residuos) a las obras de arte...
¡Ay del amor y sus promesas...!
Excelentes todos, Pedro.

Besos.

LA ZARZAMORA dijo...

La vida da tantas vueltas que igual cualquier día os volvéis a marcar un gol en el que a ambos os corone un Pichichi. Sonrío.

Besos, Pedro.

Myriam dijo...

Cada uno tiene sus habilidades particulares.
Me pregunto cuales son las mías, todavía las estoy buscando ;-)

Tu Pichón voló del nido, ojalá ande por ahí bien, sanito y contento.

Besos, Pedro

Ele Bergón dijo...

Siempre me he preguntado qué misterio tenía eso de dar patadas a un balón y encender tantas pasiones. No lo acaba de entender, pero al leer tu texto, me he dado cuenta que muchas de la relaciones personales, deben de estar implicadas y de ahí ese furor por encajar la mejor jugada.

Besos