sábado, 1 de octubre de 2022

El reto de Don Juan Tenorio

 


Cuando asumí la presidencia de Amigos del Teatro de Valladolid el pasado mes de enero, uno de los retos más importantes que se me presentaba era la representación del drama Don Juan Tenorio de José Zorrilla que esta asociación ha programado anualmente desde su fundación en 1977 sin faltar un solo año a la cita. No es nada fácil mantener durante tanto tiempo la tradición de un montaje tan complejo, que implica a tantas personas y que supone una apuesta por la mejora continua. En efecto, la propuesta escénica de Amigos del Teatro ha crecido continuamente y se ha adaptado a los tiempos y posbilidades, con la exigida renovación de actores, directores, cuadro técnico, etc. Desde hace unos años, se ha establecido en el Teatro Zorrilla de Valladolid durante las fechas tradicionales en torno a los primeros días de noviembre, gracias al apoyo del empresario Enrique Cornejo, pero también se ha promovido un montaje anual en la calle, en las proximidades del día de San Juan, en junio, apoyado por el Ayuntamiento de Valladolid. Como es de suponer, son dos circunstancias muy diferentes, que necesitan un tratamiento distinto.

Antes de ser presidente, fui responsable, junto a Mayca Martínez Peña, de llevar esta producción al teatro de la Capitanía General de Sevilla (un espacio que pocos pueden presumir de haber pisado) y al Teatro Principal de Béjar. Aún no se me ha olvidado la emoción que supuso ver a todo el público puesto en pie aplaudiendo al final de aquella función sevillana, encuadrada dentro de las actividades relacionadas con la celebración del bicentenario de José Zorrilla.

Por mucho que conociera la obra -que he comentado aquí en varias ocasiones- y por mucho que tuviera experiencia previa en la gestión y organización de todo tipo de actividades, no sabía la dimensión exacta del reto que me aguardaba y no solo por lo complejo que resulta siempre movilizar tantas voluntades, actores e infraestructura. El drama de Zorrilla es muchas cosas -una lectura romántica en la tradición del burlador; un engranaje endiabladamente atractivo para el público; un poderoso artefacto escénico que funciona más allá de los lunares que tantos han indicado, comenzando por el propio autor; un reto para cualquier actor o actriz y, por supuesto, para un director de escena-, pero ante todo es un clásico del teatro español. Por ese mismo concepto de clásico tiene en sí una permanente tensión entre la tradición y la novedad en cada uno de los montajes, especialmente en la exacta dosis de ambas. Como todos los clásicos, arrastra, en la tradición de sus montajes, añadidos que no estaban en el original, pero se han instalado en la mentalidad colectiva y que una reflexión más detenida nos lleva a preguntarnos sobre su verdadera utilidad y si no están adulterando el sentido de la obra y enturbiando su comprensión actual. Es interesante ver cómo una buena parte del público se aferra a una manera de representar la obra afirmando que siempre se ha hecho así, pero desconociendo que no tienen razón en tal aseveración y que, si fuéramos al propio dramaturgo este afirma lo contrario. En efecto, fue Zorrilla quien primero negara alguno de esos amaneramientos en la representación que se le fueron acumulando a la obra.

Pongamos un ejemplo de muchos posibles. Para la mayor parte de los espectadores del Tenorio, la famosa escena del sofá en la que Don Juan y Doña Inés sellan su amor debe representante como la fijaron en el ideario colectivo Francisco Rabal y Concha Velasco en la producción de 1966 para el programa Estudio 1 de Televisión Española, quienes, a su vez, recogían parte de la tradición que no estaba en el texto de Zorrilla, pero sí en los añadidos acumulados posteriormente a su escritura. Quizá no perciban estos espectadores que aquel montaje era televisivo y, por lo tanto, obedecía a un código diferente al escénico y que acarrea males terribles cuando se lleva directamente a un escenario. Y, si fuéramos al origen, la famosa escena del sofá no es escena de sofá, sino de balconada: Zorrilla no puso jamás un sofá en la quinta de Don Juan. No se puede entender de otra manera que los personajes vean el Guadalquivir y lo señalen con sus palabras: en la escena Don Juan describe lo que se ve desde el balcón de su quinta. Sucede lo mismo con las motivaciones y acciones presentes en tantas representaciones del Don Juan Tenorio, que ni se entienden ni se matizan, especialmente en lo tocante a las relaciones paternofiliales y de amistad, por no hablar de las modulaciones del proceso de enamoramiento de Don Juan o el comportamiento de los fantasmas o la forma de decir el verso. Quien se haya adentrado en los entresijos de la obra habrá comprobado todos los matices, tonos y ritmos que tiene. No se nos debería olvidar que Zorrilla no escribió la obra por escribirla, sino como producto de un encargo para la compañía del teatro de la Cruz en 1844, para la que trabajaba. A todo esto, se une el descrédito de la obra en algunos sectores, basado en el desconocimiento de lo que verdaderamente dice el drama y del contexto en el que fuera escrita y su significado para la historia del teatro español. De hecho, la mayor parte de las reacciones contra la obra suceden contra la tradición de la misma y no contra el texto, que pocos se han parado a leer de verdad.

Por eso mismo, es un gran reto montar Don Juan Tenorio, porque hay que saber conjugar la tradición y la renovación en las dosis adecuadas. Nuestra intención no es reescribir el Don Juan Tenorio, tampoco aligerarlo en un montaje lleno de didactismo o de explicaciones y saltos que se relacionan artificialmente. Nuestra intención no es romper el drama y llevarlo a un lugar en el que resulte irreconocible, tal y como se ha visto en algunas ocasiones, sino respetarlo incluso contra alguna de las adherencias que lo han traicionado, para proponer una dramaturgia actual coherente siempre con el texto escrito por José Zorrilla y con lo que el autor dejó escrito sobre su obra. Permitir que un espectador nuevo vea la obra como si acabara de ser escrita y asistiera a la primera representación y que un espectador que ya la conoce, la reconozca pero se cuestione alguna de las cosas que siempre ha visto de la misma manera.

En el pasado mes de junio, en nuestra representación en la Pérgola del Campo Grande de Valladolid ante más de quinientas personas, ya pudimos presentar algunos cambios en la dramaturgia teniendo en cuenta la peculiaridad de una representación en la calle con luz natural, un ciclo que culminará en 2023 y que hemos querido hacer explícito con el cambio del cartel que anuncia las funciones, obra de Marta Hdez H. Continuaremos en este sentido el 29 de octubre en el Teatro Principal de Medina de Rioseco (19:30 h) y el 30 y 31 de octubre y 1 y 2 de noviembre en el Teatro Zorrilla de Valladolid (19:00 h).

Todo esto  no sería posible sin la profesionalidad y trabajo generoso de nuestro director, Francisco Pardal, de quienes dirigen la sección de teatro de Amigos del Teatro (Álvaro Téllez y Elvira Abad), del cuadro completo de técnica, regiduría, sastrería, maquillaje, del resto de los miembros de la junta directiva y del extenso cuadro de actores con el que contamos y a los que agradezco su entrega y trabajo. Por supuesto, tampoco hubiera sido posible sin todos los que nos han precedido al frente de este reto en Amigos del Teatro.

La compañía trabajará intensamente las semanas que restan, las entradas ya están a la venta. Se abre el tiempo del público.

6 comentarios:

Emilio Manuel dijo...

Suerte con ese reto.

La seña Carmen dijo...

Como amante del teatro, solo puedo desearte todo el éxito del mundo...

... y a seguir explorando ese texto y sus posibilidades.

Sor Austringiliana dijo...

Que el Tenorio siga triunfando, siempre el mismo pero siempre distinto.
La última vez que asistí a una representación, comenzó con un presentador que nos explicaba que don Juan escribía a su padre... Muy poca fe en los conocimientos del público sobre el clásico. Y en su capacidad de atención y comprensión.

Fackel dijo...

Pues tu amplia información me viene de perlas. Y quién sabe si este año no me plantearé, tras tantas décadas, asistir a la función de las fechas tradicionales. Me reverdece la memorización que una vez declamé en ¡el colegio! "Aquí me tienes Don juan, y he aquí que vienen conmigo, los que tu eterno castigo de Dios reclamando están." Jó, cómo se quedan algunos textos aprendidos en tiernas edades.

recomenzar dijo...

Una entrada diferente Gracias, hoy aprendí algo nuevo.

Myriam dijo...

¡Qué maravilla! Mucho, mucho éxito a todos los involucrados.

Besos
(Sigo ausente de las redes, peo volveré no bien pueda)