miércoles, 18 de noviembre de 2020

A título de inventario

 


Me estoy aficionando a los amaneceres. Hasta hace poco, me amanecía, el sol me sorprendía mientras me preparaba para salir a la calle o trabajar en casa, pero no tenía la consistencia del atardecer, que abría para mí el momento más mío. Es verdad que ver amanecer no es ver anochecer. Hay una conocida carga psicológica. En la mañana todo está por hacer, el día promete o no, pero hay que afrontarlo, organizarlo, incluso cuando todo parece tan imposible que nos gustaría volvernos a la cama y bajar las persianas. Por la noche el día está hecho, nada de lo que siga puede arreglarlo y llega una hora en la que es mejor dejar las cosas para el día siguiente. Ver anochecer es dejarse ir; ver amanecer es tomar conciencia de que debemos exponernos frente a la incertidumbre de las horas que vengan. Incluso la luz es diferente.

Puede haber angustia en un amanecer, también en un anochecer, he sufrido ambas en varios períodos de mi vida. La angustia del anochecer es terrible porque solo hay soledad en ella; la del amanecer se mitiga si bajamos a la calle a algo o, simplemente, a ver pasar el día, pero cuando uno no es consciente de que el día puede cambiar, el amanecer es una barrera que ciega cuando se llega a ella con la fatiga de la noche.

Ha amanecido con calma hoy, como si el mundo fuera consciente de ese único hecho.

Eso es el día de hoy, solo lo que sigue a este momento en el que el sol está a punto de salir por el horizonte. Son horas a título de inventario, que esperan el ocaso.

8 comentarios:

María dijo...

Un precioso amanecer envuelto en paz y calma.

Besos.

Emilio Manuel dijo...

Amanecer, anochecer, las caras de la misma moneda.

Fackel dijo...

Pues sí, es curioso el efecto psicológico que obra sobre nosotros el alba y el ocaso. Debe ser por nuestra manía en convertir en símbolos de aplicación a nuestra vida cotidiana, o también por lo que dice: esperanzas del nuevo día -ojo, esperanza no quiere decir ni felicidad ni alegría, pues podemos despertar con planes duros para la jornada- y apagamiento físico del día que se va -tampoco tiene por qué querer decir derrota, ni mucho menos- pero en esas hemos convertido los humanos la ansiedad por el tránsito del tiempo. El amanecer es bello en cualquier época del año. Nunca olvidaré los viajes que hacía en mi infancia y juventud a Ávila, entonces casi dos horas, que salías de Estación Campo Grande aún oscurecido y a medida que te adentrabas en tierras abulenses veías el horizonte que destellaba lentamente pero que te hipnotizaba.

Sor Austringiliana dijo...

El sol me sorprende, camino del solsticio. ¿Ya te vas? ¡Ya te has ido! Al inventario.

Rita Turza dijo...

Yo también me he aficionado a los amaneceres. Cuando llegue a esta tierra me enamoré de los colores del cielo que aunque son también del norte son muy diferentes a los que yo conocía. Los fotografío casi todos los días, incluso cuando la lluvia y la niebla engulle el propio amanecer. Me gusta saborear las cosas pequeñas y me quedo pegada a la belleza desde el balcón de mi casa. Esta siendo un año muy difícil y el cuerpo solo me pide cosas bonitas. Tus retratos de interior son bellísimos, junto a los amaneceres se han convertido en mi pequeña medicina.


Besos.

Luis Antonio dijo...

Me resultan más sugerentes las palabras: alba y aurora...

NsNc dijo...

Me declaro fan del anochecer... el amanecer nunca logre verlo como me gustaría siempre vi el sol apareciendo pero no tan magnifico y sublime como cuando desaparece. Me toco vivir una anochecer en punta del este, en cual parecía que se detenía el tiempo, hasta respirar costaba, ese momento en que son verdaderos minutos en el que sol toca el mar y luego mágicamente se despide hasta el próximo día....pfff...
Y hace poco, en el cuarto dónde ahora trabajo en mi casa por esta cuarentena, he descubierto que en un preciso momento del día el sol se refleja en la ventanas de un edificio lejano, ahí donde se concentra la despedida del día, ahí a través de un reflejo soy testigo de la despedida.
Pero igual le seguiré dando oportunidades al amanecer, sólo que no encontré aún uno que sea tan inspirador.

Ele Bergón dijo...

Mis amaneceres y atardeceres son de Pardilla. Aquí, son los ocasos,los que se me presentan espectaculares e incluso me permito el lujo de ir a buscarlos. Debe ser que ya estoy jubilada y tengo mis años, o porque casi siempre trabajé por la tarde.

Llevas razón en esas angustias del amanecer y del atardecer, este último, tiene la amenaza de la oscuridad que envuelve la noche. Aunque es verdad, que poco a poco nos va volviendo la luz.

También hoy he amanecido con calma, pero en estos tiempos, siempre hay un hálito de incertidumbre, que no te deja disfrutar.

Besos