martes, 1 de mayo de 2007

La mirada cercana


La condición de los miradores es la de ser ignorados. Todos se asoman en ellos al paisaje que les han enmarcado, como si alguien recortara una postal de cielo y tierra y nos la pegara delante. Hoy he subido a éste, con fatiga de años y recuerdos, y no he visto nada más allá de la barrera. ¿Cuántas fotografías familiares se habrán hecho en este espacio? A mi derecha, hombre y mujer se abrazan y besan, deteniendo las horas y las nubes de tormenta con sus mordiscos y caricias. Las manos, ardientes, se ocultan bajo la ropa, y el pelo de ella apresa la cara de él en un abrazo favorecido por el viento. Me llevé la mano al rostro, porque una vaga sensación de tiempo me había rozado y temí de nuevo su brutal herida.
No quise mirar la postal forzosa de esta ciudad, que aparecía como abismo al fondo. Ya la he visto, tantas veces, que hoy sólo quería estar más cerca. Quizá en el centro de esta rosa de los vientos, intentando buscar la dirección correcta.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Es algo que a occidente se nos echa en cara desde oriente. Nadie mira los prismáticos sirven para mirar lo que nuestro ojo no consigue ver. Nadie se preocupa de quién los inventó o de cómo han llegado a nuestra mano.

Y hablando de manos, y haciendo alusión a la Cultura Popular Contemporánea, en la serie Futurama tenemos citas tan grandiosas como Mis manos... son tan grandes... Pueden tocarlo todo... menos a ellas mismas. (Lrr, extraterrestre devora-humanos flipando tras comerse a un hippy) Triste condena la de las manos...

Nerea dijo...

Que bonita vista hay en el mirador, es un pena que no te quieras asomar.

Todo cambia todo se transforma hay que fluir con la vida. :)

Besos

Pedro Ojeda Escudero dijo...

NEREA: Fluyamos, entonces. Gracias por venir hacia hace meses.