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lunes, 31 de octubre de 2011

Disolución de noche (Truco o trato)


¡Ah, la noche! Cuántas sorpresas aguardan a quien sabe contemplarla en todos sus minutos en este otoño extraño. Alguna te muerde en el punto exacto de la boca del estómago que la necesitaba: el cuello.

martes, 23 de noviembre de 2010

Diego Fernández Magdaleno Premio Nacional de Música 2010


Diego Fernández Magdaleno ha sido galardonado con el Premio Nacional de Música 2010 en la modalidad de interpretación. Todos los que conocemos a Diego lo queremos por su forma de ser, disfrutamos con su calidad como escritor y admiramos su entrega a la música en todos los campos: investigación, gestión e interpretación. Como intérprete es especialmente relevante su cultivo de la música contemporánea española -en la que es uno de los grandes expertos-. Además es amigo y su blog está enlazado con La Acequia desde hace mucho tiempo, como conocéis los más antiguos lectores de este espacio. Hace tiempo que hablé de mis sensaciones al oírlo tocar y de su faceta de escritor de diarios. Traigo aquí, ahora, una fotografía en disolución luminosa de veriticalidad, como homenaje.

Un premio más que merecido, sin duda.

lunes, 15 de marzo de 2010

Disolución cervantina en dos movimientos y noticias de nuestra lectura.



Como me habéis hecho ver algunos, es verdad que no había dedicado ninguna de mis disoluciones a la lectura del Quijote: sería imperdonable terminarla sin hacerlo. No encontré mejor ocasión para ello que la noche del viernes pasado, en el que murió Delibes, Premio Cervantes en 1993. Ambos supieron tratar el idioma para hacérnoslo mejor como verdadera patria de todos: la lengua nos hace más que la bandera. La imagen es la estatua de Cervantes que se encuentra en la Plaza de la Universidad de Valladolid.

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestra lectura


Cosmo ve con acierto los trucos con los que se obliga Sancho a participar en la aventura de Clavileño junto a su amo.

Paco Cuesta, además de comentar la actitud de Sancho y los principales motivos argumentales, analiza el juego intertextual del capítulo a partir de la figura del narrador.

Pancho parte de una cita y un homenaje cervantino a Torrente Ballester -y bien merecido- para comentar el capítulo, en especial la alusión a Cide Hamete y las reticencias de Sancho. No os perdáis las ilustraciones. Después, nos recuerda un viaje muy quijotesco de Graham Greene relacionado con Salamanca.

Manuel Tuccitano comenta el capítulo -en especial la cuestión de las barbas-, pero os recomiendo que no os perdáis la anécdota que cuenta al final de su entrada.

Merche Pallarés hace un resumen ameno del capítulo. Y se ve que no aguanta a los vanidosos (además de a los Duques).

Jan Puerta lee el Quijote entre réplica y réplica del terremoto que se ha producido en Chile. Su entrada tiene doble valor, por lo tanto. Comienza por analizar las palabras sobre Cide Hamete para regalarnos un excelente retrato quijotesco de doña Oliva y una bella ilustración romántica. Nos os perdáis los enlaces del final de su entrada.

Abejita de la Vega comenta primero la cuestión del narrador, para ser interrumpida en seguida por el mayordomo que cuenta las cuestiones fundamentales del capítulo y que ya se gana una colleja por tomarse tan en serio la broma. No os perdáis la divertidísima ilustración de la primera parte del comentario ni de la segunda. En la tercera, también hay una bella ilustración, pero con el texto, el mayordomo no dejará de picar al Sanchico, que le responde en seguida, gracias a Ele Bergón, como corresponde a un buen hijo.

Cornelivs se centra en la perspectiva cervantina a la hora de afrontar la burla de los Duques y la cuestión de las dueñas barbadas...

Myr nos regala una documentada entrada sobre la depilación femenina al hilo de lo dicho por la Dueña Dolorida en el capítulo de la semana.

Antonio Aguilera comenta de una tacada dos capítulos (el de esta semana y el de la anterior), dejando ver sus muchos conocimientos de la naturaleza (la humana y la vegetal) y dejándonos una Dueña Dolorida que no sé yo si...

Juan Luis comenta el capítulo 17 de la Segunda parte (la aventura de los leones) desde la perspectiva de los que arriesgan su vida jugando con las de otros que pasaban por allí.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

domingo, 14 de febrero de 2010

Disolución en azul de la melena de la amada, en movimiento

Son curiosas ciertas cosas. Regreso a casa después de dejar a mi hija: hace frío de domingo por la noche. Es un tozudo invierno, pero es febrero avanzado y en algún lugar debe apuntar ya la flor del almendro. Abro la puerta de casa, cuelgo el abrigo como si fuera una piel gastada, busco las zapatillas -sabes que uso zapatillas de estar en casa-, voy al baño y me miro las ojeras en el espejo. Sin embargo, sonrío: acabo de recordar a qué huele tu cabello.

viernes, 15 de enero de 2010

No sólo tiembla la tierra


Hace mucho tiempo que sabemos que no sólo tiembla la tierra, que la geografía de las catástrofes coincide casi siempre con el mapa de la pobreza. No sólo el terremoto ha teñido de polvo los rostros de las víctimas.

viernes, 1 de enero de 2010

Año gastado


Los años se gastan y algunos dejan textura lechosa en disolución de rojo muy oscuro y denso. No importa cómo sea el próximo: besemos y mordamos sus días para sabernos vivos. Y abracémonos ante el frío, que siempre llega.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

martes, 10 de noviembre de 2009

Retrato del paseante en sombra


Desde hace unos días, una persona me busca, con insistencia, en mis disoluciones: indaga en el retrato del paseante sobre fondo rojo. Quizá allí encuentre de mí restos de antiguos naufragios. Hoy todo es todo menos aún: una tenue sombra presente en la imagen que aquí publico. Quizá, por eso, más cierta.

miércoles, 29 de julio de 2009

El vértigo, de madrugada


Esta madrugada, el vértigo, ha llamado de nuevo a la puerta de casa: violento y estúpido. El verano se ha hecho invierno y las sirenas del amanecer han abierto, a dentelladas, los laberintos.

martes, 23 de junio de 2009

Encenderé una hoguera esta noche


Encenderé una hoguera esta noche y saltaré sobre las brasas, como si creyera.

Recordaré a Vicente Ferrer, santo del pueblo pobre sin necesidad de institución, cuyos restos reposan al lado de aquellos a los que dedicó su vida; recordaré a Eduardo Puelles García, asesinado por la sinrazón terrorista y cuyo mejor legado ha sido el comportamiento de su viuda e hijos; recordaré a Julio Valdeón, que nos enseñó tanto y se ha ido casi de puntillas, olvidándose primero de sí mismo en la despedida última, y que nos ayudó antes a comprender mejor nuestro pasado. Conjuraré la noche con una queimada y brindaré por ellos y por las personas anónimas que mueren cada día reclamando libertad y justicia. También por los que mueren sin saber la razón de su miseria, causada por un orden injusto y gobernantes culpables que se amparan en el silencio de la mayoría. Derramaré primero el líquido por la tierra, como si creyera, para sentirme cerca de todos ellos y rendirles mi silencioso homenaje.

Sé que mañana, tras el solsticio, nada habrá cambiado, pero esta noche, mirando el rescoldo de la hoguera que se extingue, desearé que el mundo pueda cambiar, como si aun me durara en él toda la ingenuidad y esperanza de los tiempos en los que la Historia aun podía rectificarse.

Que el amanecer me sorprenda.

martes, 2 de junio de 2009

viernes, 29 de mayo de 2009

Lazarillo


-Si ves las cosas demasiado claras, no ves en verdad. Dame la mano, te conduciré al secreto de la mirada.

miércoles, 20 de mayo de 2009

La flor de la acacia


De niño olía a flor de acacia, en el camino a casa desde el colegio, cuando el curso se decantaba hacia el calor y predecía el verano. Me recuerdo alargando mi mano hacia las ramas bajas y arrancando algunas de las más débiles, cargadas de racimos blancos. De niño olía la flor de la acacia entre mis manos, antes de probar, una a una, sus flores: quien ha comido flor de acacia en su infancia conoce el misterio que se oculta en su sabor y en el olor denso y dulzón, que te obliga a buscarlo para siempre, sin saberlo, en la piel de la amada. Quizá toda una vida puede resumirse en un gesto como éste. Cuento esto porque hoy, en el Paseo de la Universidad, olía a flor de acacia: me ha sorprendido, como entonces, meditabundo y solo, en el camino de un sitio a otro. Es como si nunca hubiera llegado a casa. Desde entonces.

miércoles, 6 de mayo de 2009

A orillas de esta tristeza


Hoy debería haber comentado en clase el poema A un río le llaman Carlos, de Hombre y Dios (1955) de Dámaso Alonso. A veces pasa que la clase comienza desordenadamente: que se te escapa de las manos por la fatiga acumulada y debes rehacerla sobre la marcha: Os pido que olvidéis lo que lleváis oído y comencemos de nuevo la clase. Y vuelves a plantearla y de pronto encuentras que te crecen las palabras y te llevan a explicar el tratamiento artístico, en el siglo XX, de la identidad destruida, de la complicada trama de hilos evidentes y ocultos en los que se ha convertido la personalidad individual desde que los estudios psicológicos descubrieron que dentro de nosotros se encuentran varios nosotros, algunos desarrollados, otros en embrión, parte conscientes y otra parte latentes y que, en definitiva, éste que firma en el Documento de Identidad o en el Pasaporte no es más que una confusa amalgama de todos, un pacto de supervivencia para ir tirando y comprar el pan todos los días o tomar una cerveza mientras mira, como podría no hacerlo, los avisos puestos en la puerta del frigorífico por una mano que podría ser la suya propia, pero no reconoce en la caligrafía.

Y cuando tu voz profesional te devuelve al aula -Pedro, está llegando la hora de finalizar la clase- y te conmueven las miradas comprensivas de los que tienes delante y que te han acompañado en la aventura de sumergirte en la literatura desde el pasado mes de octubre y por eso ya te conocen y quizá te han cogido hasta un poco de cariño o al menos toleran esos momentos tuyos, miras el poema y reconoces en él el pulso de todo lo que has dicho porque, en el fondo, la biografía ha sido reventada porque, como a la voz poética, nos apetecería remontar el río contracorriente, a brazadas ansiosas para encontrar la fuente del propio nacimiento.

Sabes que Dámaso, en la misma inercia de Hijos de la ira, preguntaba por la razón de la propia existencia, pero tú quieres reconocerte en el personaje que ve fluir ese río y lo identifica con la propia ansiedad que se te ha anudado a la boca del estómago y te sientes en tierra que ya pisaste.

Irremediablemente, el comentario se te ha ido de las manos:

Y ahora me fluye dentro una tristeza,
un río de tristeza gris,
con lentos puentes grises, como estructuras funerales grises.
Tengo frío en el alma y en los pies.
Y el sol se pone.
Ha debido pasar mucho tiempo.
Ha debido pasar el tiempo lento, lento, minutos, siglos, eras.
Ha debido pasar toda la pena del mundo, como un tiempo lentísimo.
Han debido pasar todas las lágrimas del mundo, como un río indiferente.
Ha debido pasar mucho tiempo, amigos míos, mucho tiempo.
desde que yo me senté aquí en la orilla, a orillas de esa tristeza, de ese
río al que llamaban Dámaso, digo, Carlos
, digo Pedro.

Qué demonios, continuaremos en la clase del lunes que viene, y perdonadme.

domingo, 26 de abril de 2009

No más que formas en disolución


- Habitualmente, un individuo se cree más cierto cuanto más claras son las líneas que delimitan su persona. Así soy, proclama, al fin me he descubierto. No es cierto, un individuo es más cierto cuanto menos se le distingue. Así, hasta que, a fuerza de desconocer su dibujo, se puede hallar más verdadero. (Sfumato hasta la disolución.)

lunes, 6 de abril de 2009

Casa de sueños


- Puestos a cerrar lo ojos y tener un sueño, elijo el de la tercera caja.

- ¿Éste que te hace entrar en una tierra en la que los políticos son intachables, cumplen con su función, no permiten por acción u omisión la corrupción ni la financiación ilegal de los partidos políticos, no aceptan ningún tipo de regalo más allá de su sueldo o las dietas que justamente les correspondan por la labor realizada, nunca son demagogos ni oportunistas y dimiten en cuanto tienen conocimiento de que una decisión suya, aun tomada con honestidad, ha causado perjuicios a la sociedad? ¿El de la etiqueta con la imagen desenfocada?

- Sí, claro.

- Pues verá, todas las unidades que nos enviaron venían mal de fábrica y tuvimos que devolverlas.

miércoles, 1 de abril de 2009

La fiebre


La fiebre es siempre individual, pero quien la provoca es una enfermedad de la especie. Junto al Arlanzón, esta mañana, el viento se templaba para girar hacia una primavera inestable. Quizá yo no estaba allí y todo era ensoñación frágil, pero junto al Palacio de la Isla mis pasos se adelgazaron en el sonido de una voz hinchada de retórica y ferocidad guerrera. Alguien dirá que no sucedió, pero sentí la fractura del tiempo subiéndome a la garganta. Levanté, tras el escalofrío, el cuello de mi abrigo y aceleré el paso. Amigo, debes hacer algo contra esta fiebre, que dura tanto.

domingo, 29 de marzo de 2009

Locura y creación


Gustavo Adolfo Bécquer expresó una parte del proceso de creación, desde la perspectiva del poeta, como una fiebre que le hacía caminar entre la multitud indiferente con una silenciosa tempestad dentro de la cabeza. Expresión metafórica pero, quizá, experiencia de ansiedad: la creación artística de algunos autores se ha relacionado siempre con algunos trastornos mentales, posiblemente Bécquer también era un melancólico.

Decíamos el sábado que el Quijote se ha estudiado como análisis de una enfermedad mental y, a la vez, su lectura, se ha propuesto como terapia. En algunos estados depresivos, la única forma de calmar un tiempo los fantasmas y de comunicar lo que se lleva dentro es la creación: pintar, escribir, componer música. Si, además, se es un gran artista, el resultado suele ser excelente por su profundidad, su rareza y su originalidad. El poeta ha sido visto siempre como un loco que anticipa mundos.

Pero en la biografía de los artistas que tanto nos atraen por su locura, que tanto han profundizado en el arte que han descubierto fronteras de las que les ha sido difícil o imposible regresar, deberían escribirse dos líneas: en una de ellas, la descripción de cómo la exaltación les consumió de tal manera que lo mismo por lo que les admiramos acabó con ellos; en otra, la duda razonable por la que podríamos expresar si su misma enfermedad no les impidió escribir más obra.

De todo hay. Algunos nos legaron obras geniales y renovadoras precisamente porque sus trastornos mentales les hicieron no cumplir con los convencionalismos artísticos de su tiempo; otros, en cambio, no produjeron tanto como llevaban dentro porque su enfermedad les lastraba más de lo deseable.

Es posible que, dentro de pocos años, todo el funcionamiento de nuestro cerebro sea controlable con facilidad y que, a consecuencia de los fármacos podamos perder o ganar algunos artistas. Quizá, en ese mismo momento, una de las mayores expresiones de radical libertad del individuo sea negarse a impedir el aturdimiento de la fiebre, aun a riesgo de la locura. No sé si las leyes civiles podrían ampararlo.

lunes, 16 de febrero de 2009

Ramón y el microrrelato, con disolución de vanguardia


Ramón Gómez de la Serna es uno de esos autores que se han ido sin irse, que ya no están presentes en las lecturas habituales, de los que nadie compra en las librerías y de los que los jóvenes apenas conocen más que su nombre e ignoran la extensión y diversidad de su producción. A pesar de eso y de que aun hay cierto pudor a confesar que a uno le gusta su obra y la aprecia, Ramón ha ejercido una gran influencia en la literatura en español.

¿Estamos en condiciones de recuperar a Ramón? Recuperar es palabra que, en este caso, sobra. Sus textos están disponibles en papel, en ediciones críticas y populares, en Internet. No hace falta recuperar a Ramón sobre todo porque hay un tipo de autores que han entrado a saco en él desde siempre y en él se han inspirado, aunque no lo digan: Ramón es actual sobre todo en la obra de muchos que, sabiéndolo o no, lo imitan. Francisco Umbral, por ejemplo, lo reconocía, pero no otros, que prefieren adjudicar a autores ingleses o franceses lo que ven en Gómez de la Serna. Es un mal muy español éste, sobre todo si no nos quitamos los anteojos de mirar a los autores por su leyenda.

¿Podemos echar en cara a Ramón que no comprometiera su obra? Si lo hacemos (y tendríamos que matizar algunas cosas al respecto), que cada uno es libre de preferir un tipo de literatura u otra, que sea sin privarnos de la profundidad rebelde de su trabajo sobre la lengua poética.

El caso es que hoy, en clase, tocaba Ramón. Y les he avisado a mis alumnos de que quizá una sola greguería, su máxima creación pero no la única, podría explicar la esencia de la vanguardia como arte puro y deshumanizado: abstracción, juego, depuración, humor y metáfora.

Y luego me he detenido en varias, porque las hay de diferentes tipos. Algunas no pasan del chiste -Ramón hoy sería un humorista brillante en el monólogo- (Aquel tipo tenía un tic, pero le faltaba un tac: por eso no era reloj); otras son esencia lírica y nos dan, en una línea, más poesía que en libros completos de otros autores (El beso es hambre de inmortalidad) o condensación inteligente de una reflexión poética (Los haikai son telegramas poéticos); las hay que juegan con la fonética (Roncar es tomar ruidosamente sopa de sueño), con la etimología falsa y soñada de la palabra, descoyuntada y trasformada en otra cosa (Tragaldabas: parece un tragón de aldabones); en ocasiones, el guiño se establece con la forma de una letra (La B es el ama de cría del alfabeto) o proviene de la sinestesia (Las flores que no huelen son flores mudas) o la imagen plástica, porque también sería un bloguero excelente (La morcilla es un chorizo lúgubre).

Pero quizá sea bueno recordar, ahora que tan de moda están los microrrelatos, que la reinvención del género (que no su invención, que viene de mucho antes) se encuentra en varios autores contemporáneos y, en especial, en dos: Juan Ramón Jiménez y Gómez de la Serna, pero que éste superó, con creces, al primero e influyó decisivamente en la formulación definitiva en el ámbito hispánico de la modalidad en Bioy Casares y Borges. Veamos dos, que podrían figurar en las mejores antologías:


Me comenzó a coser botones grandes para ojales chicos. Tuve que echarla.

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Se miraron de ventanilla a ventanilla en dos trenes que iban en dirección contraria, pero la fuerza del amor es tanta que de pronto los dos trenes comenzaron a correr en el mismo sentido.


De vez en cuando es bueno recordar que no hemos inventado la pólvora.

domingo, 8 de febrero de 2009

Interior noche.


(Interior noche. La oscuridad de la habitación impide ver a los personajes que están en ella, quizá alguna sombra. El Paseante habla con alguien, aunque nunca sabremos si su interlocutor está presente.)

-No sé por qué. No entiendo nada. Yo sólo quería una palabra y un gesto.

(La cámara se aproxima a la ventana: a través de ella, vemos un cielo nocturno y urbano, aneblinado y triste. Recordemos que Ortega decía que lo importante no era el paisaje que vemos, sino la mirada y el vidrio de la ventana.)