jueves, 8 de abril de 2010

Todo al revés (Cap. 2.44).


Otro capítulo de transición en el que Cervantes aprovecha para jugar con la técnica de la novela. De este juego, ya lo sabemos, nacen nuevos territorios para la novela (no sólo para el Quijote en particular sino también para el género) y su desarrollo futuro. Todo parte de una propuesta de inversión de los motivos convencionales, de lo que podía esperar el lector de su época. Se ordena el capítulo en tres puntos: la nueva intervención de Cide Hamete, la despedida de Sancho que marcha a ocupar el cargo de gobernador y la soledad de don Quijote tras la marcha de su escudero.

Cide Hamete interviene de forma tan novedosa que algunos estudiosos antiguos han considerado incomprensibles sus palabras (Clemencín denominó este párrafo como galimatías). Es tan rabiosamente rupturista la propuesta que se esconde en el primer párrafo, que continúa el juego con la figura del narrador del que ya hemos hablado en varias ocasiones, que tardó en ser aceptada y seguida: el narrador Cervantes habla de oídas (Dicen que) y comenta que el primer narrador, Cide Hamete, en el original de la obra, se queja de la fidelidad de la traducción (que no pudo conocer) y de cuánto le cuesta sacar adelante una narración tan poco lucida como la historia de don Quijote y Sancho al prescindir de las novelas intercaladas con las que amenizó la Primera parte. Hay varias cosas en esta afirmación.

En primer lugar, el uso del término historia para la obra y el de novela (al estilo del uso italiano) para las narraciones breves intercaladas, en especial para las ajenas a los hechos de don Quijote y Sancho. En un momento en el que se diversificaba el género de la ficción narrativa y en el que, en español, no existía más término que el general de novela, Cervantes juega con todos los posibles elementos conceptuales y teóricos en beneficio propio para volver a debatir -ya se había hecho con la intervención de Sansón Carrasco- algunas de las características del Quijote como novela de novelas, muestrario de fórmulas narrativas del momento y la técnica habitual en la época en la que se introducían narraciones secundarias en la principal. Ya hemos aludido a que en la Segunda parte se prescinde de las más ajenas a la historia principal.

En segundo lugar, la queja de Cide Hamete sobre la infidelidad de la traducción y de todo el esfuerzo que tiene que hacer para mantenerse en los estrechos márgenes de lo que acontece a don Quijote y Sancho, contra lo que él mismo quisiera hacer, pone de manifiesto de forma divertida la propuesta cervantina de que el Quijote pertenece a un tipo de narración (nacida, sin duda, con el Lazarillo, al que significativamente se le homenajea unas pocas líneas más adelante) que se somete a lo que acontece a los personajes en cada momento, sin digresiones enojosas del narrador ni alardes de fantasía. Lógicamente, un autor a la antigua, como parece ser Cide Hamete (Y así, en esta segunda parte no quiso ingerir novelas sueltas ni pegadizas, sino algunos episodios que lo pareciesen, nacidos de los mesmos sucesos que la verdad ofrece; y aun éstos, limitadamente y con solas las palabras que bastan a declararlos; y, pues se contiene y cierra en los estrechos límites de la narración, teniendo habilidad, suficiencia y entendimiento para tratar del universo todo, pide no se desprecie su trabajo, y se le den alabanzas, no por lo que escribe, sino por lo que ha dejado de escribir), no puede estar contento con el desarrollo de la historia dado que no puede intervenir en ella a la manera de la narracción tradicional y se debe contentar con el nuevo papel que le asigna la modernidad narrativa del Quijote. Pero protesta y deja constancia de ello, en un divertido juego cervantino.

Por lo tanto, este magnífico párrafo inicial, que tanto sorprendió a los primeros estudiosos, es mucho más que un debate sobre la pertinencia o no de las historias intercaladas. En él se contiene una propuesta que resume las claves narrativas del Quijote.

El segundo motivo desarrollado en el capítulo y que anticipa otra novedad técnica -la narración paralela de las historias separadas de don Quijote y Sancho- es el de la despedida de los protagonistas. Es de reseñar que la intervención de Cide Hamete venga justo antes de esta novedad. En la despedida, Sancho y don Quijote se han dado cuenta de que el mayordomo asignado por los Duques para acompañar al nuevo gobernador no es otro que la dueña Dolorida. Esto les pone sobreaviso de que siguen siendo bufones al servicio de los Duques y prometen mantenerse informados.

El tercero y más extenso, se centra en la soledad de don Quijote y sus consecuencias. La primera es un cierto ánimo melancólico: don Quijote echa de menos a Sancho. La soledad de don Quijote le deja en manos de sus anfitriones y por eso, en parte, su petición de que nadie entre en sus aposentos, a pesar de la insistencia de la Duquesa, que ya prepara la nueva burla. No puede hacer nada don Quijote para evitarla: ya le hemos visto, en otras situaciones, que a pesar de su afirmación de fidelidad a Dulcinea no deja de ser presa fácil para sus fantasías sobre las mujeres que le salen al paso. Sin duda la Duquesa, como buena lectora de la Primera parte, se aprovecha de aquellos acontecimientos que sucedieron en la venta para fabricar una historia de amores.

Pero antes vemos una reflexión sobre la pobreza a partir de una situación cotidiana: al descalzarse, a don Quijote se le saltan los puntos de la media. Un acontecimiento tan trivial lo deja desarmado y provoca una meditación sobre la pobreza que tiene mucho de irónica al concretarse en la pobreza de los que, por situación social, no deberían padecerla o no están preparados para sufrirla porque deben fingir un buen pasar. En las palabras que siguen, por inversión de su significado, hay una durísima crítica a la hipocresía social que obliga a vivir de puertas afuera como no se puede hacer de puertas adentro. En todo este pasaje hay un juego intertextual con el Lazarillo, al que se homenajea. El hecho de que se cite de forma indirecta esta novelita aquí no sólo aporta verdadero significado al doble juego con la pobreza (crítica ideológica , de fuerte raíz erasmista, de la hipocresía social y de la moral pública que basa la honra en la apariencia más que en la realidad de las cosas) sino que aclara defintivamente el primer párrafo del capítulo.

El falso enamoramiento de Altisidora nos presenta una inversión de las historias de amor convencional. Don Quijote, cincuentón y poco agraciado, se muestra pudoroso: no quiere que nadie, sobre todo doncellas, entren en su cuarto y lo ayuden a desvestir. Frente a él se le propone una chica de catorce años que adopta el rol de mujer enamorada que corteja la reja de su amante y a la que no importa proclamar en un romance cantado (también paródico) su amor rubricando todo con su nombre. La situación es ridícula y se inserta en un contexto en el que se suceden las burlas contra los protagonistas, pero el carácter del pobre hidalgo le hace caer en la trampa inevitablemente:

-¡Que tengo de ser tan desdichado andante, que no ha de haber doncella que me mire que de mí no se enamore...! ¡Que tenga de ser tan corta de ventura la sin par Dulcinea del Toboso, que no la han de dejar a solas gozar de la incomparable firmeza mía...! ¿Qué la queréis, reinas? ¿A qué la perseguís, emperatrices? ¿Para qué la acosáis, doncellas de a catorce a quince años? Dejad, dejad a la miserable que triunfe, se goce y ufane con la suerte que Amor quiso darle en rendirle mi corazón y entregarle mi alma. Mirad, caterva enamorada, que para sola Dulcinea soy de masa y de alfenique, y para todas las demás soy de pedernal; para ella soy miel, y para vosotras acíbar; para mí sola Dulcinea es la hermosa, la discreta, la honesta, la gallarda y la bien nacida, y las demás, las feas, las necias, las livianas y las de peor linaje; para ser yo suyo, y no de otra alguna, me arrojó la naturaleza al mundo. Llore o cante Altisidora; desespérese Madama, por quien me aporrearon en el castillo del moro encantado, que yo tengo de ser de Dulcinea, cocido o asado, limpio, bien criado y honesto, a pesar de todas las potestades hechiceras de la tierra.

No pudo vencer la curiosidad inicial y, aunque ahora cierre de golpe la ventana, antes la había abierto y anunciado su presencia con un fingido estornudo.

Veamos cómo se desarrollan los acontecimientos en el capítulo XLV, que comentaremos el próximo jueves.

24 comentarios:

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Me confirmas mis sospechas y además me abres los ojos en algunas de las cuestiones principales del capítulo.. me encanta la forma que Cervantes tiene de criticar la época. Un saludo

Merche Pallarés dijo...

Tendré que leer "El Lazarillo"... Es verdad que este capítulo, al principio, es muy enrevesado con las explicaciones de Cide Hamete pero menos mal que tu nos sales al quite y nos lo explicas estupendamente. Gracias profe. Besotes, M.

Abejita de la Vega dijo...

Primera parte del comentario al capítulo 2,44 del Quijote, publicado en "La acequia"

Cómo Sancho Panza fue llevado al gobierno, y de la estraña aventura que en el castillo sucedió a don Quijote

Las primeras líneas son muy confusas, las leo y las releo: “Dicen que en el propio original desta historia se lee que llegando Cide Hamete a escribir este capítulo no le tradujo su intérprete como él le había escrito “


Y ¿por qué hace esto el que, se supone, ha de ser fiel al texto? Nos quedamos con la boca abierta: “un modo de queja que tuvo el moro de sí mismo”. Al parecer, al morisco aljamiado, no le place “una historia tan seca y limitada” como es la de don Quijote. Hablar siempre de los mismos, don Quijote y Sancho, sin digresiones, sin otro tipo de episodios, es un trabajo insufrible y estéril para el autor.


Pero al traductor ¿qué le importa si la historia es seca y limitada? Respiro, aliviada, cuando leo, en una anotación, al cervantista Diego Clemencín: «Todo esto del principio del capítulo es una algarabía que no se entiende. Porque ¿cómo podía leerse en el propio original de la historia que no lo había traducido fielmente su intérprete?”


¿A dónde quiere ir a parar Cervantes, el autor real? Este berenjenal está destinado a desembocar en “El curioso impertinente” y “El capitán cautivo”, novelas que intercaló, en la primera parte, para huir del inconveniente de “hablar por las bocas de pocas personas”. A la vista de algunos reproches que recibieron estas novelas cortas, totalmente ajenas al argumento principal y artificialmente encajadas, va a cambiar de rumbo y nos cuenta los motivos que le asisten.


Tal vez, algunos lectores, centrada su atención en el hilo principal de la historia, pasarían por las novelas del curioso o del cautivo, con prisa o con enfado, sin apreciar su “gala y artificio”; que lo tenían, cómo no.


Por eso, no quiso incluir, en esta segunda parte, novelas sueltas, sino algunos “episodios”, nacidos de los sucesos quijotescos, con las palabras limitadas, sin extenderse demasiado. Puesto que, por necesidades de la narrativa, se ha dejado tanto en el tintero, tiene el desparpajo de pedir alabanzas “por lo que ha dejado de escribir”. Tiene razón, al que escribe tanto, o más esfuerzo, le cuestan las palabras desechadas como las admitidas. En la cabeza de Cervantes bullen las palabras, las oraciones, los párrafos, los mil y un cuentos, las mil y una historias. Seguramente, le cuesta elegir, le duelen las limitaciones…

(Sigue)

Abejita de la Vega dijo...

Prosigue la historia, acaban de comer y don Quijote pasa sus consejos a un escrito, ya buscará Sancho quien se los lea. Se los entrega, pero se le cae el papel y llega a las ávidas manos de los duques, admirados tanto de la locura como del ingenio del caballero. El escrito les estimula, han de seguir con las burlas ya, antes de que esto se enfríe. Esa misma tarde envían a Sancho, con acompañamiento, al lugar elegido como ínsula. ¿Quién le acompaña?


Ay, que por la pantalla aparece nuestro viejo amigo secundario, el mayordomo aquel que de Merlín pasó a metamorfosearse en la dueña Dolorida. Me está hablando, subo el volumen, lo escucharé.


Saludo a vuestra merced, mujer amanuense, sin pluma ni tintero, lo cual parece obra del Maligno. El motivo de mi breve visita es contarle mi nuevo encuentro con Sancho Panza, con ocasión del acompañamiento, hasta la ínsula otorgada por mi señor, el duque. Le gustará a su señoría, el gobernador...En el recinto del palacio ducal no faltan espacios adecuados, dignos de tan grande señor...


Después de ser la condesa Trifaldi, llovieron sobre mi persona las felicitaciones, por mi discreción y gracia, lo uno junto a lo otro. Todos se hacen lenguas de mi donaire, especialmente mis señores, que me instruyen acerca de las trazas y el estilo que he de seguir con este Sancho Panza. Mi vieja profesión de comediante, me ayuda...


Acaece que Sancho me ve e, inmediatamente, se le figura el rostro de la condesa Trifaldi . O se le ha de llevar el diablo, o su señor ha de confesarle que el rostro del mayordomo es el de la Dolorida. Así se lo plantea a don Quijote, el cual me mira atentamente y su respuesta no me causa sorpresa, porque conozco al personaje, a través de la lectura de la famosa obra impresa, aquella que devoraba el duque, encerrado en la biblioteca. Aquellos folios nos pusieron a salvo de la cólera de su excelencia, en ocasiones.

No sólo de lectura me alimento, ya saben vuestras mercedes que los últimos episodios los he vivido directamente. Disculpen la digresión...estaba hablando de la previsible respuesta del caballero andante , pues responde :“ que el rostro de la Dolorida es el del mayordomo, pero no por eso el mayordomo es la Dolorida”. ¿La solución a la adivinanza? Todo es obra de malos encantadores, por supuesto.


Sancho insiste con la voz de la Trifaldi. Anuncia que, de momento, calla; mas estará alerta por si alguna señal confirma o deshace su sospecha. Don Quijote queda conforme y le pide que le dé aviso, asimismo, de lo que en el gobierno le sucediere. En ascuas,queda...


El futuro gobernador sale, acompañado del sonriente cortejo, el dispuesto para tan memorable ocasión, vestido de letrado, con unas enormes prendas leonadas , tanto el gabán como la montera. Va sobre un macho, a la jineta. El rucio, holgando, más ajaezado que nunca, va detrás. Su amo , de vez en cuando, vuelve la cabeza, para contemplar al borrico de ssu entretelas. Este majagranzas va tocando el cielo con los dedos, no se cambiaría por el tudesco emperador. Se despide de mis amos, con un besamanos y , cómo no, besa asimismo la mano del suyo. Don Quijote le bendice lacrimoso y, el escudero, como un tierno infante, hace "pucheritos".

Dejémosle ir a su cargo, presto sabrá vuestra merced cómo se portó en su cargo y, tal vez, ría...Aunque me parece a mí que esta mujer amanuense no es muy amiga de esta estas chanzas.
Desaparezco...

(Continúa)

Paco Cuesta dijo...

He de confesar que pese a leer varias veces el capítulo, me sigue acompañando un enredo mental en lo que respecta a las parrafadas del Sr. Benengeli.
Repasaré de nuevo tus anotaciones para aportar algo de luz a mis dudas.
Por cierto, no se si en:
"Dádiva santa desagradecida"; desagradecida quiere Cide Hamete indicar ingrata, o no apreciada.

Cornelivs dijo...

Disculpame, querido Pedro, pero el trabajo y ciertas circunstancias personales me impiden poder comentar. Volveré lo antes posible.

Un abrazo.

Antonio Aguilera dijo...

Pedro, hubiera sido un "puntaso" que el fragmento que copio a continuacion, y que tu recoges en tu comentario de hoy, NOS LO HUBIESES LEIDO EN UN VIDEO.
En ese caso hubiese sido TOTAl, como tan bien enlazo Bipolar.

No pierdo la esperanza de que lo cuelgues el lunes, jajaja, o antes si quieres.

El fragmento de marras tiene una fuerza arrolladora; el locutor que me lo lee en el mp3 tiene tambien una voz que pone la carne de gallina. Tu voz no es menos.

"-¡Que tengo de ser tan desdichado andante, que no ha de haber doncella que me mire que de mí no se enamore...! ¡Que tenga de ser tan corta de ventura la sin par Dulcinea del Toboso, que no la han de dejar a solas gozar de la incomparable firmeza mía...! ¿Qué la queréis, reinas? ¿A qué la perseguís, emperatrices? ¿Para qué la acosáis, doncellas de a catorce a quince años?"

Vere si puedo publicar mañana.

moderato_Dos_josef dijo...

Oh el tal Cide Hamete, cuanto dio de sío en la novela de Cervantes. Tanto que tengo yo un relato construido a partir de su trama.
Abrazos!

Judit Esteban dijo...

En breves me uniré a la lectura (nos lo ha medio-recomendado medio-obligado Raúl Urbina en clase) y seguro que me picará el gusanillo y me lo termino leyendo entero.

São dijo...

Mais uma lição muito interessante, meu Pedro.
Bem hajas!

Silvi (reikijai) dijo...

"Dicen que en el propio original desta historia se lee que, llegando Cide Hamete a escribir este capítulo,no le tradujo su intérprete como él le había escrito,que fue un modo de queja que tuvo el moro de sí mismo por haber tomado entre manos una historia tan seca y tan limitada como esta de don Quijote,por parecerle que siempre había de hablar dél y de Sancho,sin osar estenderse a otras digresiones y episodios más graves y más entretenidos,y decía que el ir siempre atenido el entendimiento, la mano y la pluma a escribir de un solo sujeto y hablar por las bocas de pocas personas era un trabajo incomportable,cuyo fruto no redundaba en el de su autor,y que, por huir deste inconveniente, había usado en la primera parte del artificio de algunas novelas, como fueron la del Curioso impertinente y la del Capitán cautivo,que están como separadas de la historia,puesto que las demás que allí se cuentan son casos sucedidos al mismo don Quijote,que no podían dejar de escribirse.También pensó, como él dice, que muchos, llevados de la atención que piden las hazañas de don Quijote,no la darían a las novelas,y pasarían por ellas o con priesa o con enfado,sin advertir la gala y artificio que en sí contienen,el cual se mostrara bien al descubierto cuando por sí solas,sin arrimarse a las locuras de don Quijote ni a las sandeces de Sancho, salieran a luz. Y así, en esta segunda parte no quiso ingerir novelas sueltas,ni pegadizas, sino algunos episodios que lo pareciesen,nacidos de los mesmos sucesos que la verdad ofrece,y aun estos limitadamente y con solas las palabras que bastan a declararlos;y pues se contiene y cierra en los estrechos limites de la narración,teniendo habilidad, suficiencia y entendimiento para tratar del universo todo,pide no se desprecie su trabajo y se le den alabanzas no por lo que escribe,sino por lo que ha dejado de escribir".
Particular declaración del autor, que surge de la misma historia. Sigo atenta a la lectura,apesar del poco tiempo.Besos.Silvi.

Alatriste dijo...

De este capítulo me ha gustado mucho esa crítica a la pobreza y a la situación de muchos "hidalguillos" de la época, enseguida me vino a la mente la imagen del Lazarillo con el desdichado hidalgo toledano.

Por otro lado me ha parecido muy interesante tu explicación sobre el comienzo del capítulo, pues yo lo había resuelto como una mera crítica a la no introducción de otras historias dentro de la mísma.

Un saludo Pedro

Myr dijo...

(nosotras estamos en penitencia y firmemente cumpliendo tu doble castigo) Besos x 4

Myr y Asun

pancho dijo...

DON QUIJOTE DE LA MANCHA. CAPÍTULO 2. 44

Dos partes bien diferenciadas comprende el capítulo, como se puede observar desde el mismo título. La primera, dedicada a la marcha de S al gobierno y la segunda, el divertido suceso de DQ surgido de la peligrosa soledad de un cincuentón al que aún miran y ven las mujeres; aunque sean tan jovencitas y todo esté envuelto de ironía y juego cervantino. Pero hay mucho más en un capítulo tan bien estructurado; sólo él tomado, parece un tratado teórico de cómo hacer una novela, de cómo conseguir que el lector siga leyendo y hacer que se sienta recompensado por el tiempo que ha empleado en la lectura. Cervantes no deja de sorprendernos a cada paso que avanzamos en su obra, que no otra cosa son las dos digresiones teóricas sobre la misma novela, sin que falte una referencia al Lazarillo al mencionar la pobreza de los hidalgos, como bien señala nota a pie de página de Florencio Sevilla en cita textual del mismo: "Y por lo que toca a su negra que dicen honra, tomaba una paja de las que aun asaz no había en casa, y salía a la puerta escarbando los que nada entre sí tenían." (III).

De repente y sin enmendarse, nuestro amigo, Cide el narrador, reflexiona sobre los relatos intercalados de la primera parte. Nos cuenta que los ha usado para dar variedad a la historia. Teme que los lectores no los sepan valorar como merecen al alejarles de los protagonistas y de la trama principal. Continúa diciéndonos que cambió de estrategia en la segunda parte. Aclara que ahora sólo inserta sucesos surgidos de la acción directa de los protagonistas, sin tratarlos a fondo, teniendo facultades para hacerlo, pide que "se le den alabanzas, no por lo que escribe, sino por lo que ha dejado de escribir."

pancho dijo...

Una vez acabada la comida, los duques comprueban que la farsa va viento en popa al descubrir los consejos que DQ ha escrito para que S se lleve consigo a la ínsula. Dan la orden de marcha de S con nuestro viejo amigo, el mayordomo, de baranda, cuya semejanza con la dueña Dolorida no pasa desapercibida al escudero y es corroborada por DQ: "el rostro deste mayordomo del duque, que aquí está, es el mesmo de la Dolorida." Sin embargo, el hidalgo considera que en el caso de que lo fuera, a estas alturas de la película, sería meterse en jardines de difícil salida llenos de hechiceros y malos encantadores. Sale la comitiva del castillo con S embutido en el traje de mandar, a lomos de un macho, pero sin perderle el ojo a su burro, engalanado cual caballo de emperador.

Aquí nos olvidamos de S camino de la ínsula para sentir la soledad que su marcha deja en DQ, que ni el ofrecimiento de cuatro doncellas que la duquesa le hace, podrá remediar. El pudor del hidalgo, que guarda la ausencia de Dulcinea, no puede consentir su presencia en su alcoba: "antes dormiré vestido que consentir que nadie me desnude". La duquesa le promete que ni una mosca turbará la soledad y el pudor de DQ en su habitación, allí encontrará todos lo útiles necesarios para no tenerla que abandonar en caso de imperativo biológico, algo que agradece DQ antes de irse a cenar y acostarse temprano para paliar las secuelas que pueda haber dejado el molimiento del colapso de Clavileño en nuestro héroe.

Una vez a solas en su alcoba, Cide aprovecha para contarnos que se hizo una carrera de al menos dos docenas de puntos en las medias y le da pie para otra segunda intervención en primera persona, donde nos habla de la miseria que envuelve la pobreza, de cómo se intenta disimular y de qué manera se ceba en los hidalgos de uñas largas, que intentan disimularla con el uso de un palillo de dientes cuando nada han comido que deje restos de comida.

DQ se acuesta echando de menos a su escudero y lamentando la desgracia de las medias. La preocupación y el calor no le dejan conciliar el sueño. Se levanta, abre un poco la ventana y escucha que unas doncellas, Emerencia y Altisidora, hablan de los sentimientos hacia el caballero que les embarga. DQ se lamenta de que todas le busquen y pongan a prueba su lealtad inquebrantable a Dulcinea. Sin embargo, finge un estornudo que es recibido por ellas como la señal que esperan para afinar el arpa y la voz y entonar una copla en la cual todo es ofrecimiento por parte de la doncella de tierna edad y que sólo el pudor extremo de DQ le previene de abrirles la puerta y hacerlas pasar. Aguanta incólume la tentación el hidalgo y nosotros nos vamos con S a la ínsula, tirando del ramal de su jumento que va tan contento, liberado del peso de su amo y señor.

Myr dijo...

Bien aquí estoy _luego de la partida de Asun y la penitencia de ayer_ de fiesta con el Quijote y tu fenomenal clase (no me extraña en absoluto que tu blog esté de entre los mejores de Wikio).

Como decía, es un capitulón. Y de los 3 puntos que marcas como ejes temáticos, el que más me impresionó fué el tercero.

La soledad y tristeza de DQ me llegan al alma. El sadismo de la duquesa que se ensaña y regodea con el dolor de DQ es descomunal.

DQ está triste, obvio, por la partida de Sancho que "si le fuera posible revocarle la comisión y quitarle el gobierno, lo hiciera", pero esa no es la causa mayor de su tristeza sino la ausencia de su Dulcinea y la imposición cruel de la duquesa de darle 4 doncellas, que para él serían "4 espinas que le puncen el alma". Además la duquesa le recuerda la necesidad de Sancho de cumplir con las disciplinas de los latigazos para desencantar a Dulcinea. Ahora que Sancho no está, ésta es una forma muy clara de intensificar el sufrimiento de DQ.

Y luego, todo el tema de la media, la pobreza y las apariencias. ¡Qué lección!

Antonio Aguilera dijo...

La Marcha de Sancho y la Lolita de don Quijote.

Inicia el manco complutense -presentándose como su alter ego: Cide Hamete- este capítulo regodeándose del éxito de ventas (pero con pocos ingresos por derechos de autor) y buena acogida entre los lectores de la primera parte de su libro. Asímismo justifica la inclusión de las novelas interpoladas del Curioso impertinente y la del Capitán cautivo, por parecerle que sin ellas le quedaba: ”esta historia tan seca y tan limitada como esta de don Quijote, por parecerle que siempre había de hablar dél y de Sancho sin osar estenderse a otras digresiones y episodios más graves y más entretenidos”. (Nota revulsiva intercalada: debería apagar el móvil mientras pienso y escribo este comentario. Acaba de llamar un cliente pidiendo pienso para los pollos, y esto me parece que no casa con El Quijote: ademas me desconcentra. Seguire mañana).

Llega el momento en que Sancho debe de partir a tomar el mando de la insula regalada por el duque. Le acompaña un mayordomo del noble de España, ducho en artes escénicas: y con esta cualidad se le reflejó a Sancho, ya que vio en él la misma representación, cara y voz de la Trifaldi. Comunica Sancho a don Quijote esta apreciación, a lo que el amo contesta que eso no es posible, puesto que “implicaría una contradicción muy grande”(memorable respuesta, sin duda). Concluyen esta confidencia diciendol el amo a su escudero que le tenga informado de cuanta anomalía viere y descubriere por la insula.

Por orden expresa del duque el rucio desfilaba detrás de Sancho en la comitiva que acompañaba al gobernador en ciernes. Iba el asno “de su alma” vestido con las mejores galas festivas que borrico de futuro gobernador pudiera lucir: “iba el rucio con jaeces y ornamentos jumentiles de seda y flamantes. Volvía Pancho la cabeza de cuando en cuando a mirar a su asno...”.

“Al despedirse de los duques, les besó las manos, y tomó la bendición de su señor, que se la dio con lágrimas, y Sancho la recibió con pucheritos”.

Estas lágrimas y pucheritos (lástima que no tengamos una foto del momento) barruntaban el derrumbe emocional de don Quijote: “Cuéntase, pues, que, apenas se hubo partido Sancho, cuando don Quijote sintió su soledad; y si le fuera posible revocarle la comisión y quitarle el gobierno, lo hiciera"

La duquesa, que se percató del estado anímico de subsuelo (esta semana el metro me recorre el cerebro, cosas de La Acequia) que invadia a don Quijote, le ofreció hasta cuatro doncellas de su servidumbre particular, las más curtidas de ellas en “curar melancolías” y síndromes postmarcha de escuderos.
Rehusó don Quijote tan “estrogenado” ofrecimiento, y pidiendo no ser molestado, se recluyó en su aposento: “De nuevo nuevas gracias dio don Quijote a la duquesa, y, en cenando, don Quijote se retiró en su aposento solo, sin consentir que nadie entrase con él a servirle: tanto se temía de encontrar ocasiones que le moviesen o forzasen a perder el honesto decoro que a su señora Dulcinea guardaba"
SIGUE...

Antonio Aguilera dijo...

Sin duda, nuestro casto caballero, debía de tener auténtico pavor a caer en los “suaves” brazos de la lujuria: “la carne (aunque en él menos, por escasa) es débil”.

Ya más tranquilo en su estancia se dispone a desnudarse, y sucede que, al quitarse una media ésta se le agarra, tal vez a su pedestre uña de garra, con el catastrófico resultado de dos docenas de puntos soltados. Se lamenta nuestro “mediático” caballero de su mala fortuna, y de lo que tienen que padecer los pobres para no parecerlo.“Y prosiguió:«¡Miserable del bien nacido que va dando pistos a su honra, comiendo mal y a puerta cerrada, haciendo hipócrita al palillo de dientes con que sale a la calle después de no haber comido cosa que le obligue a limpiárselos! ¡Miserable de aquel, digo, que tiene la honra espantadiza, y piensa que desde una legua se le descubre el remiendo del zapato, el trasudor del sombrero, la hilaza del herreruelo y la hambre de su estómago!»"

Apagó don Quijote las velas e intentó dormirse en vano, pues hacía mucha calor; abre entonces una ventana que daba a un “florido pensil”, para refrescar la habitación, pero en vez de entrar aire fresco, entró el pecado disfrazado de voz de joven mujer. Fue, porque bajo la ventana se encontraban dos doncellitas en tertulia sobre sus incipientes amores. Altisidora, (que hacía poco tiempo que la visitó por primera vez el nuncio, según palabras de Max Estrella) jovenzuela de poco más de catorce años, recitó una canción expresando su amor por el Caballero de los Leones (ya que de Triste Figura ella no le veía nada), porque era un león o auténtica fiera sexual lo que ella reclamaba.

Cantó Altisidora su pasión en tonos burlescos. Don Quijote quejóse en su interior de ser perseguido amorosamente por todas las doncellas que encontraba, y juró en su corazón que a solo Dulcinea sería fiel.

Recoge Ricardo Bada en un pequeño estudio, enlace aqui, que la inquina que sentía Nabocov por don Quijote era debido a que le había robado la idea de Lolita con efectos retroactivos. O sea, casi cuatro siglos antes. Pobre Vladimiro.

Cosmo dijo...

Yo,que soy una sentimental y padezco del mal del alma,todo lo veo y comento a través de ese prisma,cuando acabé de escribir mi parte y vine hacia tu blog,noté enseguida la diferencia,tú comentas como todo un consumado profesor,yo,hago una reseña desde mis sentimientos,me vi en la piel del Quijote,solico,entre tanta "mujer" pesada y entrometida,añorando al amigo casi tanto como al escudero.
Es una maravilla cuando llega el día de leer vuestros puntos de vista sobre el capítulo de la
semana.
Abrazos

Abejita de la Vega dijo...

Dejamos ir en paz y en enhorabuena al buen Sancho y al mayordomo trifásico, que desaparece y permite recuperar la voz a esta mujer amanuense, con su ingenio infernal, productor de letras…

El narrador, uno de ellos, anticipa al lector amable, las dos fanegas de risa que le ha de causar el comportamiento del escudero gobernador. Lo de don Quijote sólo da para un desplegamiento simiesco de los labios. Reiremos o nos admiraremos; mejor esto último.

Se va el escudero a su ínsula y don Quijote se siente tan solo que, si pudiera, no dudaría en dar marcha atrás y privarle de su ansiado gobierno.

La duquesa, al verlo tan melancólico, le pregunta por la causa de su tristeza y le recuerda, que si es por la ausencia de Sancho, no falta en su casa quien le haga compañía, ya sean dueñas, escuderos, doncellas...

Responde que no es esa la causa principal de su tristeza. Agradece los ofrecimientos que, con tan buena voluntad le hacen, pero ruega que nadie se presente, en su aposento, con intención de servirle. Se servirá a sí mismo.

La duquesa le replica que nada de eso, que le han de servir sus doncellas, "hermosas como unas flores". Que no, que tales flores son espinas, clavadas en el alma del fidelísimo y castísimo caballero; el cual interpone una muralla entre sus deseos y su honestidad, tal es su costumbre y no la perderá por la “liberalidad” duquesil. Y alto ahí, que nadie desnude a este continente varón…

Ni hombre, ni mujer, ni mosca entrará en sus aposentos, tales serán las órdenes de la burlona duquesa. No ha de descabalarse, por su causa, la decencia del señor don Quijote”, cuya honestidad campea, entre tantas virtudes como lo adornan. Y, suponemos que aguantando la risa, le dice que se desnude y vista a su antojo, que no le faltarán esos vasos, imprescindibles para dormir con la puerta cerrada . A la gran dama, la imaginamos con una sonrisilla de “jimia”, al descender al terreno de las naturales necesidades y los pertinentes, o pestilentes, orinales…

Y de los “vasos” a los vivas, menudo giro da la duquesita. Vuelve al estilo de sus libros y…que viva y sea mundialmente conocida la que mereció ser amada por tan honestísimo caballero. Y que los cielos infundan el deseo, “a nuestro gobernador”, de acabar presto sus disciplinas, para que el mundo goce de la belleza tobosina.
Que paguen el pato las valientes posaderas del escudero...

Don Quijote se derrite con tan corteses alabanzas, las dirigidas a su persona y , sobre todo, las que se dirigen a su gran Dulcinea.

Devolviendo la cortesía, las valora desmesuradamente, más que aquellas de “los más elocuentes de la tierra”.

Para lo que viene a continuación, ha de estar el caballero en su aposento.Ya es hora, tras la cena, , el viajero se acostará prontito, que los viajes a Candaya ya se sabe, muelen…

Pues, no, señora duquesa. Don Quijote de molido, nada de nada. Clavileño , qué bestia tan maja, tan reposada y de tan buen paso…Por qué se habrá deshecho Malambruno de una cabalgadura así, mira qué quemarlo…

La duquesa tiene respuesta para todo. Estaba tan arrepentido de las maldades cometidas, “como hechicero y encantador”, que quiso acabar con todos los “instrumentos de su oficio”.El que más le hacía sentirse culpable: el equino de madera.
Sus abrasadas cenizas, el trofeo del cartel, eterno el valor del gran don Quijote de la Mancha, más agradecimientos corteses y a cenar.
(Sigue)

Abejita de la Vega dijo...

Don Quijote se retira a sus soledades, siguiendo el ejemplo de Amadís, espejo en el que se miran los andantes caballeros. Que nadie le fuerce a perder el honesto decoro que a su señora guarda.

A la luz de dos velas se desnuda y, al descalzarse, no se le escapan suspiros ni…cosa alguna que ofenda al sentido del olfato. Se le escapan dos docenas… de puntos de una media. Son muchos los fugados, es difícil reparar tal celosía. Se aflige porque no dispone de un poco de seda verde para reparar las medias…verdes, por supuesto. Tal vez se contentase con algo de seda… de cualquier otro color, aunque sea la mayor señal de miseria que pueda mostrar un hidalgo.

Y, llegados a este punto, o puntos, interviene el cronista Cide Hamete, para lamentarse de la pobreza de nuestro héroe, discrepando de aquel gran poeta cordobés que la considera como dádiva no apreciada. Aunque moro, Cide ha estado con cristianos y conoce la pobreza como camino hacia la santidad, junto a otras virtudes.

Pero no habla de esa primera pobreza, sino de la segunda, de esa vergonzante que sufren tantos hidalgos. Esos que ahúman sus zapatos, que llevan cada botón de una clase y los cuellos sin almidonar. Esos que pasan hambre y salen a la calle con el palillo de dientes que nada hurga, si no es el sarro. Disimulando los zapatos remendados, el sombrero y la capa desgastados…el hidalgo aquel del “Lazarillo de Tormes”, la genial novela a la que Cervantes rinde tributo.

Todo eso se le renueva a don Quijote, contemplando sus puntos. Se consuela al ver las botas de camino que pueden tapar la rotura de las medias. Apaga las velas, hace calor y no puede dormir. Se levanta, abre la ventana que da a un jardín. Oye gente que anda y habla. Se pone a escuchar, con atención.

(Sigue)

Abejita de la Vega dijo...

Dos mujeres levantan la voz, para que don Quijote las oiga bien. Altisidora comunica a Emerencia sus cuitas amorosas: se ha enamorado del “forastero”.

Su compañera le anima a expresar su amor, que “el señor de su corazón acaba de abrir la ventana”. Altisidora no quiere que la juzguen como liviana, pero se decide a cantar, acompañada de su arpa.

Don Quijote queda pasmado y le vienen a la memoria escenas semejantes, sacadas de sus libros de caballerías. Imagina que la doncella está enamorada de él y la honestidad le fuerza al secreto.

Se propone no dejarse vencer y encomendándose a su señora Dulcinea, escuchar valientemente la música. Da un falso estornudo para que sepan de su presencia. Las doncellas se alegran, eso estaban esperando.

Altisidora se declara , en su romance, al caballero más valiente de la Mancha, que no sabe de una triste doncella que se abrasa el alma, herida de su amor. Mas Dulcinea ha vencido y será famosa, de río a río. Por ella se cambiaría, quién se viera en sus brazos, aunque se conformaría con rascarle la cabeza y quitarle la caspa. Cofias, escarpines, calzas, herreruelos, finísimas perlas…daría al Nerón manchego. ¡Cuánto disparate! Pulcela tierna, de catorce años, ni coja, ni manca…los cabellos largos, bella a pesar de la boca aguileña, la nariz chata y los dientes amarillos como el topacio. Voz dulce, eso sí y Altisidora la llaman.¡Qué horror de niña!

Don Quijote queda asombrado, suspira y se considera desdichado ¡porque toda doncella se le enamora! ¡Qué risas contenidas en el jardín!

¡Qué desgracia la de Dulcinea! La persiguen reinas, emperatrices, mocosas de catorce años. Bueno, que se entere la “caterva enamorada”: don Quijote sólo es de Dulcinea, “a pesar de todas las potestades hechiceras de la tierra”. Las demás pueden llorar, cantar o tirarse de los pelos.

Don Quijote siente un gran pesar y cierra de golpe la ventana. Se acuesta pesaroso y lo dejamos hecho polvo, en su lecho.

Nos hemos de ocupar ahora del “famoso gobierno” del “gran Sancho Panza”.

Un abrazo para todos de María Ángeles Merino

Asun dijo...

Bueno, pues aquí estoy. De vuelta a medias porque estoy mas dispersa que otra cosa. Y para rematar empieza el capítulo con ese enrevesamiento, que por más que lo leo y lo releo me sigo enredando.

No puedo menos que solidarizarme con DQ y su soledad anta la partida de S. Esta Duquesa es una bruja y mala con avaricia. Se ensaña y se regodea una vez mas con el sufrimiento de DQ.

Besos

BIPOLAR dijo...

Menos mal que a alguien más le parece ininteligible el primer párrafo (sin que sirva de precedente estoy de acuerdo con los críticos)

De tu explicación, pienso que Cide se justifica por la falta de novelas intercaladas que tanto gustaban a la afición y además se define como "un mandao'" (muy español para ser de otra nacionalidad)

Qué pena me dio el roto. Qué amargura el hilo de otro color. Qué sociedad de apariencias y cuantos trenes se pierden.

El poema es totalmente cutre y casposo.

¿Una niña de 14 años?

El Quijote peca de inocente, yo conozco a uno que decía de sí mismo que era totalmente arrebatador.

Estas lecturas desconsuelan bastante

Tristura