lunes, 21 de septiembre de 2026

Ahora que ya es otoño

 


Ahora que parece que todo se derrumba, más que nunca la búsqueda de los otros. Pronunciemos de nuevo justicia social, libertad, convivencia, fraternidad. Aquel que es usado como carne de cañón no es nuestro enemigo, sino quien lo utiliza. Ante la vida con temor, la alegría consciente, la firmeza de quien sabe que enfrente siempre deben estar los que buscan su propia riqueza en exclusiva y nos tratan solo como parte del engranaje de producción; ante los que nos quieren súbditos, reclamemos la condición de ciudadanos. Busquemos de nuevo la esencia primera del amor.

Comienza el otoño y el mundo se ha puesto muy extraño, como si se negara a sí mismo, como si desconociera a dónde nos llevan estos caminos. De pronto, la desmemoria, se nos ha olvidado ya lo que es una guerra porque nos la sirven todos los días a través de los medios de comunicación y las redes sociales. La cuestión no es si llegará a nuestras calles, sino cuándo.

Porque parece que se nos ha olvidado el lado de la luz que ha dado lo mejor que tiene el ser humano. No la guerra, no el conflicto, no el miedo, no el rechazo al diferente.

Por ahora, el otoño. Un otoño complejo. Por la ventana abierta al parque entra el ladrido de un perro y el rumor constante de una fábrica, el ruido del tráfico amortiguado por los árboles que aún no han perdido las hojas. Hará calor hoy, aún, pero ya son menos las horas de luz. Ayer trasplanté una sansevieria y coloqué la maceta en un rincón del salón. Dicen que por la noche libera oxígeno.

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