Ha sido un verano con cielos extraños, sin los azules limpios de antes. La calima y el humo de los incendios forestales dejan el cielo lijado y borroso. Sucede desde hace algunos años. ¿Habrá que acostumbrarse? Recuerdo aquellos veranos de cielos despejados, de azules escolares, que ya se han ido. Por estas tierras llegaba con dificultad el polvo del desierto, pero ya no es novedad. Cuando llueve, todo queda manchado de un polvo rojizo: los cristales de las ventanas, las estatuas de los parques, las hojas del durillo de la terraza. El otro día llovió -hacía mucho que no caía agua- y, al menos, el cielo quedó despejado durante unas horas. Qué limpio parecía, qué profundo el atardecer.
He de reconocer que estoy desorientado ante las noticias del mundo. Hace unos años, Paul Greengrass dirigió la película Noticias del gran mundo (News of the World, 2020). En ella, Tom Hanks interpreta a un antiguo oficial del Ejército Confederado que se gana la vida leyendo periódicos a grupos de personas allá por donde pasa. Periódicos con días o semanas, pero que contenían novedades para aquellas personas que le escuchaban porque era la única forma que tenían de recibir noticias. Como aquellos soldados que no reciben la noticia del fin de la guerra y siguen combatiendo en mitad de la selva o en una isla alejada de todo. El desgaste de una noticia no se producía hasta pasados muchos días: el final de una guerra o el resultado de una batalla, la muerte del rey, el resultado del último invento. El oficio de Jefferson Kyle Kidd ha estado vivo hasta hace menos de lo que nos parece y las personas esperaban al lector de prensa que a veces confirmaba o negaba lo que el rumor ya había extendido antes: los rumores corren más que el papel.
Ahora la noticia ha muerto antes de nacer, sepultada por la opinión y el sectarismo que, como los rumores, se anticipan al conocimiento de los hechos. Hay demasiadas personas que no quieren saber porque ya tienen una opinión previa y nunca prestarán atención a lo que pasa sino a lo que creen que pasa. Es curioso también esto: ahora llamamos opinión a lo que antes más exactamente se llamaba prejuicio. Este se suele manifestar con desprecio, odio y ceguera, producto bien del temor bien del supremacismo.
Si bien lo pienso, no es desorientación, puesto que este camino ya ha sido recorrido antes, aunque con otra tecnología, quizá es la certeza de la deriva. Los cielos turbios de polvo y humo.
Ayer se hizo de noche como cuando aquellos veranos, al menos.

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