domingo, 3 de mayo de 2026

La flauta de Pan

 


La metamorfosis de la lila nos explica que la ninfa Siringa, acosada por el dios Pan, pidió el auxilio de los dioses, que no encontraron mejor forma de librarla de Pan que convertirla en el arbusto de las lilas. Pan era mitad cabra y mitad hombre. Hijo de Hermes, habitaba en la Arcadia y provocaba un terror irracional en todo aquel que lo sentía cerca tocando una siringa, una rústica flauta de tubos fabricada por las ramas huecas del arbusto en el que se había trasformado la ninfa. Se había abrazado a él llorando y pudo escuchar el sonido del viento al pasar por el hueco de la planta... ¿Por qué lloraba Pan? El mito griego lo hermosea al decir que lloraba por el amor perdido. Como tantos otros, al llorar regaba la planta y la hacía más grande y fuerte, más hermosa. Todas las primaveras, el olor de las lilas en flor le recordaban la pérdida. La voz de la siringa añade un matiz significativo al denunciar en cada melodía la persecución del macho, la violencia que ejercen todos los que piensan que lo que existe les pertenece sin más, solo por la pasión que despierta en ellos. Especialmente las mujeres. Si dejas de mirar solo a Pan abrazado al arbusto verás un campo entero de lilas.

Tantas veces la vida es adentrarse en un bosque escuchando la melodía de esa flauta. No consuela que otros sufrieran antes el deseo incontrolado de Pan. Bajo el hermoso relato del mito, lleno de los aromas más hermosos, la música más dulce, la primavera eterna de los prados y las fuentes, cuántas experiencias terribles.

4 comentarios:

Sor Austringiliana dijo...

Huele a lilas en el paseo y leo tu entrada andando. Los antiguos contaban el acoso con fábulas donde a la víctima no le quedaba otra que metamorfosearse en vegetal: lilas, laurel o cualquier otro. Pero a las santas cristianas no les quedaba sino tesignarse y ser apuñaladas como las Marías Gorettis que nos ponían de modelo. Sin sangre no había martirio. Yo no asocio las lilas a la mitología clasica sino a las flores de mayo a María que madre muestra es, mitología bautizada.

Sor Austringiliana dijo...

Dejando al margen la masculinidad tóxica de los dioses y centrándonos en la belleza literaria de las historias mitológicas y sus cosmogonías.

Perseguimos la belleza de la naturaleza, para dejar que sature nuestros sentidos.

La caricia de la brisa, el canto del agua, el olor a primavera y así podríamos seguir con una cursi e inacabable letanía.

Toca arrancar y en un ratito al asfalto, y al carajo juncos, lilas y flautas aunque sea mágica y no sea la de Mozart.

Y, ya en el asfalto, rezar a los nuevos dioses, abrazando la tecnología que nos llama seductoramente por nuestro nombre.

No estamos para flautas ni arcanos mitos pues seguro que alguien lo creo con AI y, si no está en una pantalla, no queremos que exista.

Y, por cierto, podríamos haber llamado a la flauta de Pan la del insistente Bartolo...

Agustín Merino

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el paseante vallisoletano dijo...

Sugerente interpretación del mito. Gracias.

Arantza G. dijo...

Había olvidado esa leyenda. Curiosa. Un abrazo