sábado, 25 de abril de 2026

El mundo, vidrio quebrado

 


Y ahora es la malva la que embellece las cunetas y los solares. Cinco pétalos abiertos al sol y al mundo, asilvestrados y orgullosos. Crecen sobre el olvido, sobre la tierra entera, en los lugares más humildes y abandonados. A un lado y otro del camino, sin preguntarnos de dónde venimos ni adónde vamos.

Ningún muro protege, todos encierran.

Con una ramita seca de una mata de tomillo, por el parque, apresuro el paso porque amenaza tormenta. Esta mañana el sol picaba como en esos veranos en los que el calor chupa la humedad de la tierra. No tardan en aparecer algunos relámpagos y unos truenos, poca agua, pero me pongo a resguardo debajo de una cornisa, junto a un grupo de jóvenes. Dicen que hay tardeo en Poniente. Se van abriendo las nubes. ¿Entonces?

¿De dónde venía yo antes de atajar por el parque? De mis soledades, me respondo, y no puedo dejar de sonreírme al citar a Lope de Vega. No me gusta especialmente este poema suyo, que me parece, como mucho de lo suyo, magníficamente escrito, pero escrito por alguien muy pagado de sí mismo, pero en él una gran verdad: No puede durar el mundo, / porque dicen, y lo creo, que suena a vidrio quebrado y que ha de romperse presto. El poema parece escrito a lo que saliere, pero cuando retomo el paso hacia mi casa, con la rama de tomillo en la mano, cada paso suena a vidrio quebrado. Esquinitas de cristales que hieren solo de verlas.

Es curioso cómo insisten los medios de comunicación en ese vidrio quebrado. La manera ya no es información, es provocar la alarma. Vivir en un estado de alarma continuo nos lleva al miedo, un temor constante de que ya nada tiene arreglo y el cielo se nos caerá encima, un miedo que no nos deja ver la belleza de la malva.

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