Primero quitaron el polvo gris de los derrumbes; luego los trozos de hormigón, chapas, ladrillos, muebles; encontraron cadáveres y los recogieron con cuidado en grandes bolsas blancas con cremallera. Siguieron excavando, capa a capa, hasta llegar al primer núcleo de Troya, los restos de una humilde choza de madera junto a un manantial ahora seco.
Lo más cerca que he estado del horizonte es aquel día, con las montañas llenas de nieve.
Hay rostros en el agua de este río que, al pulsarlos delicadamente con las yemas de los dedos, son espiral hacia ti mismo.

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