lunes, 9 de marzo de 2026

La dificultad de los colores

 


En la cafetería, un grupo de hombres se queja porque ya no atienden en mesa. Cada vez peor, dicen. Uno del grupo se levanta a pedir en barra. No creo que vuelvan.

Estamos en una de esas épocas en las que todos los informativos comienzan con las noticias de las guerras. De las guerras que conocemos desde aquí, claro. Busco en el móvil noticias de cuándo fueron conscientes los europeos de que en 1914 se había declarado la Primera Guerra Mundial. Los historiadores parecen haber llegado al consenso de que comenzó el 28 de julio y en septiembre ya se hablaba de guerra mundial. No en todos los países. Muchos siguieron hablando durante un tiempo de la Gran Guerra o la Guerra Europea. Sin embargo, en el siglo XIX también se mencionaba el concepto de guerra mundial en ocasiones. Por el uso de la anterior, el término Segunda Guerra Mundial apareció pronto, casi al momento de que Alemania invadiera Polonia el 1 de septiembre de 1939. Pero todo es complejo: hay un consenso creciente de que se podría hablar de guerra mundial desde la Guerra Civil española de 1936. La Primera también vino precedida de enfrentamientos anteriores. Dejo el móvil, sorprendido de mi búsqueda. Fuera ha comenzado a llover, una lluvia débil, pero constante. Ver llover desde los cristales, mientras tomo con lentitud mi café, como si no quisiera ver vacía la taza.

Esta mañana amaneció como si al mundo le costara cobrar los colores. Un blanco y negro que se fue alargando en los primeros minutos del día. A veces ocurre así, un día sin colores. Como aquella tormenta de 2019, en la que se unieron un frente que venía del norte y otro del sur -por aquí es extraño, casi siempre las lluvias vienen desde el oeste o suroeste: desde la raya portuguesa y más allá el Atlántico-. Al terminar, parecía que habían borrado los colores. Una lluvia arenosa había tapado las cosas.

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