Hay una habitación infinita al otro lado de cada pared, de cada respiración, de cada vida. En realidad, cada uno de nosotros habita un pequeño espacio del mundo ignorando al resto, temiéndolo. Es el vértigo de las zonas no conocidas de los mapas antiguos, hic sunt leones, el territorio del otro. A veces, la habitación infinita está dentro de nosotros, como un hueco enorme abierto con un descorazonador de metal. Qué vértigo mirarse, qué vértigo mirar al otro y aceptarlo.

4 comentarios:
No olvidemos que el prójimo es como tú, pero es otro. La habitación de al lado es un misterio insondable.
En efecto, la habitación infinita -hasta que morimos- está dentro de nosotros, la habitamos parcialmente casi siempre. Siempre nos queda un espacio por ocupar. Con sus temperaturas, paisajes, oscuridades.
Es una cuestión de límites, de su espesor, de su dureza, de su opacidad, quizá más allá del límite hay una claridad cegadora o un caos que, a tenor de nuestra insignificancia, no comprenderemos nunca.
Saludos
"Hic sunt dracones"
Pero no hay oro para robar, por eso nadie quiere volver.
Saludos,
J.
Publicar un comentario