domingo, 20 de septiembre de 2020

Somos como somos

 


Con la limitación de movimientos por la pandemia que sufrimos, muchos han descubierto el turismo tradicional de interior. Más barato, más satisfactorio y más enriquecedor que el de los complejos turísticos de todo incluido.

Yo todavía soy de una generación que recuerda que las familias iban a merendar a los pueblos más cercanos, a pasar el día a una ciudad a una o dos horas de viaje, a veces en los trenes lentos que paraban en todos los apeaderos y que, por desgracia, ya han desaparecido. Mi padre se sabía en qué mesón había que comer la mejor tortilla de patata con ensalada, cuál era la bodega en la que por poco dinero toda la familia podía compartir unas chuletillas de lechazo con patatas fritas o dónde había una chopera para descansar a la sombra en los días con calor, junto a una fuente, en mitad del páramo castellano. Recuerdo la tradición de la merienda cena, que solucionaba el regreso a casa para que los niños nos fuéramos a la cama a una hora adecuada. Antes de conocer una playa del mar Caribe guardada por personal de seguridad, nos familiarizábamos con las murallas de Ávila y nos asombrábamos por las leyendas sobre el diablo ante el acueducto de Segovia.

Sin embargo, estos días, en las ciudades en las que han vuelto las normas que restringen la movilidad y los aforos de los establecimientos, otras muchas familias se han subido al automóvil, han conducido hasta el centro comercial de la localidad más cercana y se han pasado allí toda la tarde, incluso haciendo colas de entrada cuando el aforo estaba completo, intentando burlar los controles de seguridad para entrar a pasear por esa ficción de realidad que son las grandes superficies comerciales, que aparentan calles llenas de tiendas de ropa, de móviles, de productos de regalo, plazas con restaurantes y parques infantiles. Ante el control de entrada, no comprenden por qué no se les dejaba pasar si el número de clientes rozaba el permitido y afean al personal de seguridad que cumpla con su trabajo. Se molestan más por no poder entrar allí que por las carencias en el sistema sanitario por la escasa inversión de los últimos años.

Somos como somos y volveremos a los mismos errores, me decía el dueño del mesón en el que hemos comido hoy.

9 comentarios:

Emilio Manuel dijo...

Hace unos días un reportaje de la tele, se comparaba como se trató en su día la pandemia generada por "la gripe española" y "la del covid", parecía que se hablaba de los mismo y que no había pasado un siglo entre ambas pandemias, como dices, "somos como somos y volveremos a los mismos errores".

Sor Austringiliana dijo...

Somos como somos o como las modas cambian las costumbres de las familias, a peor en muchos aspectos. Los papás y mamás de ahora prefieren aparcar a los niños en las galerías comerciales que llevarlos a pequeñas excursiones por los pueblos o las provincias cercanas. Cultura, educación, a saber.
Mi padre nos llevaba también a pequeños viajes y conservo como un tesoro en la memoria algunos :flashes" inolvidables. Un Madrid con tranvías y elefante en el Retiro, las cuevas de Altamira auténticas, la "playa" de Valladolid, una fábrica de caramelos en Logroño, las gallinas con sus polluelos por las calles de los pueblos, un molino de agua, el cartel del nitrato de Chile, el olor a paja, los árboles de la carretera con faja blanca...
Ahora, todos juntos y a esperar turno. En fin, que no broten los brotes malos.

São dijo...

Subscrevo com tristeza.POrém, faço uma ressalva: felizmente nem todos somos assim: abomino centros comerciais!!

Querido Pedro, forte abraço, boa semana

Doctor Krapp dijo...

Yo como soy de costa también hacía turismo exterior, por llamarlo de alguna manera, hacia hermosos paisajes o pequeños pueblos batidos por el mar y no contaminados por la presión humana.
Respecto a lo otro creo que para cambiar hay que tener voluntad de hacerlo y me temo que eso hoy en día es una quimera.

Paco Cuesta dijo...

Junto a la iglesia de San Martín se llega a olvidar la Covid.

LA ZARZAMORA dijo...

Ostras, Pedrín, jamás podrás imaginar la de situaciones similares que viví y comparto contigo hoy, a través de esta entrada...
Gracias por tantos y tantos recuerdos imborrables e inenarrables, y por hacerlos de nuevo re-nacer porque son ellos quienes nos hacen seguir siendo como somos.

Besos.

Myriam dijo...

Buenísima la foto. Felicitaciones a la fotógrafa.

No entiendo eso de los Shoppings. Absurdo. Además si has visto uno, has visto todos.

Recuerdo que unas vacaciones en Italia con mi hija, una amiga mia que encontramos en Nápoles, Helen y yo tomamos un excursión en grupo a la isla de Capri. El grupo se fue en un momento a un mercado a comprar baratijas. Mi amiga y yo, que ambas habíamos leído "La hitoria de San Michel" de Axel Munthe (médico sueco residente en Capri) insistimos (más bien, hicimos pikete porque no regresaríamos a Nápoles sin visitar esa casa) en separarnos del grupo las 3 y nos fuimos muy campantes a la casa del autor que hoy es museo y que es muy linda. Fue una experiencia increíble e inolvidable pasear por su jardin, ver su escritorio... Contemplar el mismo paisaje qué él, Etc)

Besos

Ele Bergón dijo...

Ya veo que habéis visitado esta joya del Románico que es la iglesia de San Martín de Tours en el pueblo palentino de Fromista. ¡Cuántas cosas hay que ver en nuestra querida Castilla!

Me agobia mucho el entrar en un centro comercial, lleno de gente. Compro lo que tenga que comprar y estoy deseando de salir y en este año, si puedo, lo evito más que nunca. No entiendo cómo a la gente le gusta esto lugares de tantas tiendas, sin ton ni son, que diría mi madre.

Besos

andandos dijo...

Ha sido un verano diferente a los últimos, más parecido a los de antes. De todas maneras en mi entorno, antes, nadie veraneaba. Bueno, los de ciudad, algunos, sí. Ayer estuve en un centro comercial, que es cansadísimo.
Un abrazo