martes, 31 de marzo de 2020

Una hora extraviada y la educación en los tiempos de la epidemia



Desde el cambio de hora del pasado fin de semana ando descolocado de una manera que no me había ocurrido otros años. La necesidad de levantarme a una hora fija a trabajar me corregía el desajuste horario rápidamente, aunque este cambio de primavera siempre me ha gustado menos que el de otoño porque se me hacía de día más tarde y hasta unas semanas más tarde no recuperaba el sol camino de clase. Esta vez no ha sido así. Aunque procuro mantener unas rutinas, no me agobia el despertador y he comprobado que, de forma natural y no forzada, el cuerpo tarda en adaptarse más de lo que yo pensaba. Como mi docencia ahora se ha convertido completamente en virtual, da un poco igual a la hora en la que entre en la plataforma para responder a los correos electrónicos de los alumnos, colgar material o explicaciones en vídeo, corregir sus pruebas y ponerme a su disposición. Sobre esto quizá aprendamos algo. Es bueno sacar conclusiones de estas experiencias, siempre que sean las mejores.

De pronto, todos los niveles educativos se han debido reinventar y usar las herramientas tecnológicas modernas, pero detecto una gran confusión entre lo que es una enseñanza a distancia y una verdadera docencia virtual. Esta confusión no es achacable a los profesores ni a los alumnos, simplemente ha ocurrido porque las instituciones responsables no se han tomado en serio esta cuestión hasta ahora que ha debido usarse por necesidad. Hay un debate sobre la conveniencia o no de esta trasformación de urgencia y de cómo se lo han tomado algunos centros y algunos profesores, urgidos por la necesidad y sin formación previa suficiente. No es mi caso, por suerte, desde hace años una parte de mi docencia es virtual. 

Me preocupan algunas cosas al respecto Primero, que no nos paremos en los matices que corresponden a los diferentes niveles educativos e intentemos una solución común a todos. Seguramente hay niveles en los que no será tan importante el aprendizaje de contenidos como utilizar creativamente la experiencia que todos estamos viviendo. De hecho, al establecerse por ciclos buena parte de la educación, la materia no dada de muchos cursos podrá ser recuperada en años posteriores sin grandes problemas. Cosa distinta sucede en los años finales de cada ciclo.

Me preocupa también que no comprendamos la llamada brecha digital. Hay alumnos pertenecientes a familias que no podrán afrontar un aprendizaje virtual que implique una prueba final de los contenidos dados a través de esta vía por la sencilla razón de que no tienen a su alcance los medios adecuados ni buenas conexiones a internet. Es hora de recordar a las familias desfavorecidas económicamente o los muchos lugares en España a los que no llega la conexión con calidad suficiente.

En el otro lado están los profesores a los que de un día para otro se les ha pedido que participen en un formato de aprendizaje que es mucho más que colgar apuntes y que lo hagan con sus propios medios, porque nadie se ha preocupado de dotarles de ordenadores portátiles.

De todo saldremos, como siempre ha sido, con buena voluntad. Anda que no ha salvado situaciones la buena voluntad en este país.

Pero no voy a más en estas reflexiones por hoy. Lo bueno de los días que nos quedan por delante es que me podré adaptar al cambio horario antes de que podamos salir del confinamiento. Que el amanecer me pillará dentro de unas jornadas a la hora justa en que amanece y que el atardecer me regalará maravillosos tonos rojizos hacia la peña de Francia. El resto del día lo iré llenando de cosas, trabajo y proyectos sin angustia ni plazos, con la esperanza de estrenar las cosas y las gentes como si fuera la primera vez que las viera al salir a la calle cuando hayamos podido frenar esta epidemia. O quizá me quede atrapado en esa hora perdida para siempre, quién sabe.

8 comentarios:

mojadopapel dijo...

Quién sabe?

LUISA M. dijo...

Un buen texto, Pedro, un tema muy interesante sobre el que todos deberemos reflexionar y sacar conclusiones para aplicarlas cuando salgamos de esta situación. Un abrazo.

María Dorada dijo...

Tienes razón, hay alumnos que no podrán seguir ese ritmo. De todas formas, deberían ser menos estrictos y pensar un poco en ellos y no cargarles con tantos trabajos como están haciendo. Y tu tienes el detalle de pensar en familias más desfavorecidas. Ojala todos pensaran como tú.

Ahora un nuevo horario que deberemos adaptarnos desde casa.

Me encanta leer tus reflexiones.

Un abrazo.

Sor Austringiliana dijo...

Me cuentan mis antiguos compañeros, profesores de primaria y secundaria, las enormes dificultades que tienen para la enseñanza virtual que han tenido que poner en marcha en un tiempo récord. Y también me hablan de los alumnos con los que no han podido contactar, la brecha de desigualdad se hace ahora más ancha.
Los ordenadores fueron entrando en los colegios a finales del siglo pasado y comienzos de este, los docentes y su iniciativa personal y voluntaria hicieron posible la informatización, la administración fue siempre detrás. ¿Un ordenador portátil? Ni siquiera un pendrive...
La buena voluntad, así es. No me cabe la menor duda de que todos los docentes haréis un gran esfuerzo y vuestro trabajo dará fruto.
Nos han cambiado los esquemas de golpe y porrazo y nos cuesta adaptarnos. Confío en que salgamos de esta, más fuertes y más sabios.
Besos, Pedro.

Emilio Manuel dijo...

Me vas a perdonar, pero de momento solo me preocupa una cosa, hacer la declaración de la renta ha sabiendas que me toca pagar, no quiero hablar porque me "cagaría en tó" y no está el "horno para bollos".

Blanca dijo...

La educación es lo único que nos queda; digitalizada o en papel, a bolígrafo o en Word, a través de un vídeo o de un pupitre... Al fin y al cabo, ¿no es lo que siempre ha quedado? Bueno, eso y el tiempo.

impersonem dijo...

Completamente de acuerdo. Especialmente con lo que dices de la brecha digital y lo que ello supone...

Nadie lo sabe, pero tengamos la esperanza y hagamos lo necesario para salir indemnes de ésta...

Abrazo.

LA ZARZAMORA dijo...

Tengo suerte de estar en el superior, y confieso que los momentos compartidos con mis chavales y chavalas son geniales, creo que el todo consiste en la flexibilidad, tanto por parte de unos y como de otros.
Este que andamos viviendo es un tiempo de aprendizaje para todos.
Muchos amigos y colegas de institutos y colegios me dicen, Eva, les mandamos mucho trabajo porque de lo contrario se quejan, y si no lo hiciéramos, se quejarían también.
Otros piensan o dan por sentado que estamos de vacaciones, como si el trabajo desde casa con ellos, probando mil plataformas nuevas, corrigiendo, contestando a sus experiencias, llamándolos por teléfono para ver cómo se encuentran (porque ante que ser mis estudiantes son personitas que cuentan para mí, pues trabajo con seres humanos, de carne y hueso... cuyo silencio me inquieta...).
Creo que trabajo más ahora que en presencial y eso que no me gusta nada lo virtual para transmitir un mensaje... ni las cámaras que se interponen entre lo que digo y lo que pienso.
Pero es lo que hay.
Y con esto aunque no comulgue, es la única manera para comunicarnos hoy.
Y como buena o mala profe de lengua, la comunicación... ante todo!!!

Besos, Pedro.