viernes, 6 de julio de 2018

Estamos como piojos en costura: razones para casarse por un piso y noticias de nuestras lecturas.


Tras la extraña e infructuosa entrevista con el casero, Rodolfo, en un arrebato colérico de los pocos que le permite su carácter indolente, exclamó que se casaría con la anciana doña Martina y heredaría el alquiler de su piso para después enviudar y casarse con Petrita. Esta se enfada con él y Rodolfo comienza un deambular por un Madrid que desvela ese interés por el segundo plano de la acción que tiene Azcona y que nos presenta, mejor que cualquier otra manera, la realidad de la sociedad madrileña y, por extensión, de la española.

El callista descuelga por la ventana una cesta para que en el bar de abajo la llenen de vino y queso; la Glorieta de Bilbao se antoja provinciana y ocupada por eternos opositores a Correos; la Gran Vía se figura cosmopolita y moderna y allí sueña Rodolfo con encontrarse con otra extranjera como la que estuvo a punto de ligarse tiempo atrás (como tope con una extranjera no se me va viva); su sombrero es recuperado por un barrendero con su escoba a cambio de aplastarlo contra un excremento de caballo (que la mierda trae suerte); en San Bernando se encuentra con un antiguo amigo que vive en provincias y que va de vez en cuando a la capital a desfogarse en los toros y a echar un polvo rapidito aprovechando la jaqueca de su mujer; el amigo, por supuesto, lo invita a gambas y cerveza y Rodolfo intenta sablearlo sin éxito; finalmente acabará su peregrinar en la calle del Limón porque no tiene más opción real en su vida que hacer las paces con su novia.

Petrita vive en una casa endemoniada, llena de gente, olores y gritos. Vive con Rosa, su hermana, y el marido de esta, Paco, un guardia municipal con sobrepeso que sufre de los pies. Y es allí en donde Rodolfo encuentra refuerzos inesperados para el descabellado plan de casarse con la anciana: Rosa está de nuevo embarazada y apoya la idea: estamos como piojos en costura. La mesa familiar es una puerta de madera colocada sobre la cama de matrimonio de la habitación con derecho a cocina. Todo conspira para que lo que parece una aberración deba hacerse:

Porque menuda ganga si os quedáis con el piso. Aparte, que mientras la vieja se muere se muere o no se muere, Petrita podía irse a vivir con vosotros, ¿no?

La necesidad derriba todos los frenos morales. E incluso el sentido común.
El próximo jueves terminamos con el comentario de El pisito.

Noticias de nuestras lecturas

Myriam Goldenberg nos regala dos cosas en su primera entrada sobre esta novela: un acertado análisis de la perspectiva del humor en la novela de Azcona y un muy buen diccionario de personajes, con su carácter. En su segunda entrega, analiza las relaciones entre los personajes y la forma de entenderlas. No os lo perdáis.

En una divertida y acertadísima entrada, Mª Ángeles Merino se desdobla con Austri para desdoblar Petritas: pasado y presente se dan la mano en una entrada que hace pensar. A ella os remito para salir del juego de palabras.

Para aquellos que duden sobre la textura real de la novelita de Azcona, recomiendo la entrada que le ha dedicado esta semana Luz del Olmo. Realidad hasta en el color del agua...

Os recuerdo:




3 comentarios:

Sor Austringiliana dijo...

Había razones para casarse por un piso. Ahora se casan con un banco que ese sí que no muere. Más dulce doña Martina..
Hasta luego

Andandos dijo...

Comenzaré ahora la novela, voy así de retrasado. Pero bueno, queda el verano, con los días tan largos. Y tan calurosos.

Un abrazo

Myriam dijo...

Me gustó mucho "El pisito“, tus clases y los aportes de los compañeros y fue muy lindo para mi poder aportar algo a la lectura. Gracias por tus palabras.

Besis a ti y Cariños a todos desde Grecia. Nos vemos en Otoño en tierras hispanas.