martes, 19 de junio de 2018

Como siempre


En la ciudad nueva hay huellas de la ciudad vieja que paseaste de niño y cuando las descubres te asaltan los recuerdos. El crecimiento y la globalización han traído cambios y aquello que parecía de siempre ya no existe. Hace unos días ya no pude encontrar la tienda de toda la vida en la que vendían botones: miles de botones exhibidos en mostradores de cristal y en los que se hallaba, como recién fabricado, el botón que se había perdido de la chaqueta. Han desaparecido guanterías, cuchillerías, mercerías. Todos establecimientos veteranos en los que al entrar te asaltaba un misterio de señoras abundantes, hombres serios con bigote y batas azules y fondos inagotables. Cuando se habían dado mil vueltas buscando aquello -lo que fuera- recurrías a ellos y te decías: Si es que tenía que haber comenzado por aquí, como siempre. Como siempre, donde siempre, un siempre que ya no existe casi nunca. Cuando desmantelaron aquellos comercios se olvidaron de algunas de sus huellas: un letrero, un anuncio, una marca en una ventana. Chocolates La llave, de Eudosio López. Quizá no eran los mejores chocolates a la taza, pero eran los de siempre y su huella se muestra, sucia y oxidada, en su edificio. Y he visto a mi madre rallando el chocolate con un cuchillo sobre una tabla de madera para echarlo en el puchero. Junto a la tabla, unas rebanadas de pan blanco, de aquel pan blanco de siempre.

8 comentarios:

Emilio Manuel dijo...

Madres como esa, ya van quedando pocas.

Abejita de la Vega dijo...

La ciudad de la infancia se quedó con nosotros aunque ya no la veamos.

Doctor Krapp dijo...

Bello texto que me ha hecho recordar una entrada mía y perdona por la autopublicidad:

https://suicidasperezosos.blogspot.com/2015/12/la-epopeya-pebleya-de-aquilino-garcia.html

La seña Carmen dijo...

Y el problema que se presenta cuando ya no sabes dónde comprar esas cosas cotidianas que precisas.

dafd dijo...

La verdad es que las calles de las ciudades se parecen cada vez más entre sí. El pequeño comercio que era el que las volvía tan diferentes ha, o casi, desaparecido. En su lugar abren establecimientos idénticos en todas las ciudades, en todos los países. Además, los nuevos no dejan nada del antiguo local, y a veces es una pena no solo por el valor sentimental sino por el artesanal mismo.

Fackel dijo...

Y el Siempre es ya el Nunca.

Y los cromos, no te olvides de los cromos. Una vez nos llevaron a la clase del colegio a ver la fábrica, cuando se hacían ahí. Hace milenios.

Andandos dijo...

El tiempo, que nos alcanza.

Un abrazo

Ele Bergón dijo...

Los recuerdos de otros tiempos se quedan ahí agazapados y listos para saltar, en determinado momento de nuestro caminar diario.

Bonito texto

Besos