martes, 8 de abril de 2014

Playas de las que nunca saliste


Sin embargo, hay playas que son profundos arañazos cuyas cicatrices solo sanan con sus propias aguas saladas. Como la eterna sacudida de las olas cuyo peligro reside, exacta y fríamente, en que no podemos dejar de mirarlas.

8 comentarios:

Myriam dijo...

Con mucho salitre, barro y tiempo.

Besos y abrazos

São dijo...

A foto está espectacular.

O sal conserva, não é?

Bons sonhos, meu querido amigo

José Núñez de Cela dijo...

Tener cerca una y visitarla día tras día, eso nos cicatriza a nosotros mismos.

Saludos!

María dijo...

El agua salada sana, no solo las cicatrices del cuerpo, sino las del alma, ¡sería un gozo tenerla cerca!

Un beso.

lichazul dijo...

yo muero por una como sea
el mar , las olas, el retumbo, las rocas, las dunas, hasta las gaviotas incluidas

bss

LA ZARZAMORA dijo...

De ahí nuestros delirios, y su encanto.
Besos, Pedro.

Abejita de la Vega dijo...

con las amarguras viejas blanca cera y dulce miel

Rarra dijo...

De esas playas no te curas nunca. Nos hacen daño Y, al mismo tiempo, ejercen una hipnótica fascinación sobre nosotros. Hay periodos en que podemos dejar de mirarlas. Pero son círculos viciosos que nos gusta revisitar o que trae el vaivén de las olas, sin que las invoquemos, sin que alcancemos a explicarnos qué inconsciente estímulo nos ha llevado esta vez hasta ellas.