jueves, 31 de marzo de 2011

"Ya todo me da igual" y noticias de nuestras lecturas.


Ni Benjamín Tobes, protagonista de Viene la noche, ni su amigo Cebrianitos tienen miedo al Infierno. Aquel, una de las veces que hace mención a él lo asocia con la Guerra civil. Para éste consiste en un sueño amable (hay que ver lo que exageraon los paúles de Tardajos) y se lo imagina como entrar en un hotel vetusto pero confortable. Su falta de pavor ante la posibilidad del Infierno próximo se debe, precisamente, a que han vivido cada etapa de la vida como se debe y han llegado a la vejez en su momento justo. La noche próxima, por lo tanto, es una consecuencia lógica del día y se llega a ella con resgnación -no exenta de ironía- al comprender que se han perdido las ganas de futuro:

-Sé lo que me digo. Esto se acaba para mí, Cebrianitos. Ya no me quedan esperanzas, ni alegría, ni fuerzas, ni nada. Lo de la sangre ha sido un signo: la vida se me va, Cebrianitos, se me va. Ya todo me da igual.

Como sucedía con el Paraíso -retratado en su última etapa, la de la inquietud que hace querer mirar más allá de los límites del vergel-, con el Purgatorio -el laberinto de la vida al que nos empeñamos en poner normas-, ocurre ahora con el Infierno: en el fondo, los personajes -nosotros mismos- ya lo llevamos dentro antes de que venga la noche.


Consulta aquí las recomendaciones para incorporarte al proyecto y aquí un índice de las entradas correspondientes.

Hace tiempo creé en Facebook un grupo de lectores de Óscar Esquivias (no confundir con su perfil pesonal) que se convierte también en una herramienta para seguir esta lectura. Aquellos que tengáis perfil en Facebook, podéis solicitar uniros.

Noticias de la lectura de la trilogía dantesca

Paco Cuesta vuelve al blog tras una pequeña ausencia obligada y lo hace comentando la trilogía a partir de un género de gran raigambre periodístico: la entrevista inventada. Excelente.

Manuel de la Rosa, Tuccitano, cierra su lectura de Viene la noche con un balance de la simbología de la trilogía. Me gusta mucho su visión final del personaje protagonista.

Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, comenta el capítulo segundo de Viene la noche, como si fuera un diario melancólico. No os perdáis las ilustraciones. Después aborda el tercero, con el mismo esfuerzo de reescritura ilustrada, tan preciso.

Merche Pallarés comenta entusiasmada y con acierto la carta que Benjamín escribe al autor, indignado por la visión que da de los hechos.

Cecilia continúa con su comentario ilustrado sobre los lugares reales de Madrid citados en Viene la noche. Esta perspectiva urbana, que ya vimos en el caso de Burgos, es otro de los hilos de continuidad de la trilogía. 

Pancho analiza lo que ocurre en Viene la noche del 27 al 30 de diciembre, con el momento clave de la carta que el protagonista escribe al autor. Después comenta los pasajes fechados del 31 de diciembre al 8 de enero. En su comentario hay claves de comprensión: la noche, las relaciones familiares, la tristeza... No os perdáis las ilustraciones. Tampoco la de los días de enero que comenta en su siguiente entrada, que agrupa bajo el sifnificativo título de "desorientado" para aludir a la situación de Bejamín.

J. G.vuelve a dar un ejemplo de estilo personal en su análisis de la novela. Tiene razón, viene la noche o la muerte, pero se ha disfrazado de rutina diaria en la urbe.
Firvulag hace balance de su lectura de Viene la noche -a la que considera la mejor de la trilogía-. No se le escapa ni la mención al Leteo. Acertadísima visión la suya.

Euphorbia da su visión de la trilogía a partir de la idea de la felicidad como la capacidad de tener proyectos. Su propuesta de lectura es muy sugerente y os invito a seguirla.

Os invito a participar en esta lectura colectiva y virtual de la trilogía dantesca de Óscar Esquivias, continuando la variedad de estilos, propósitos y miradas que nos han enriquecido la lectura del texto cervantino en los dos últimos años.

Si me olvido de alguien, hacédmelo saber para corregir la omisión

miércoles, 30 de marzo de 2011

El anonimato


Curiosa época esta en la que solo los verdaderamente poderosos pueden tener secretos.

martes, 29 de marzo de 2011

Mar


¿Qué lámina de agua es la última que podemos retirar para que el mar deje de serlo?

lunes, 28 de marzo de 2011

Inauguraciones, con mirada de gato.

 
Aquel alcalde en precampaña electoral, tras inaugurar una obra no finalizada aun, se dio cuenta de que le sobraban unos minutos antes de acudir a otro acto de propaganda. Como al día siguiente no podría hacerlo porque la normativa electoral no se lo permitiría, declaró inaugurada la margen izquierda del río. Se giró y declaró inaugurada la margen derecha. Satisfecho, pensó que ya era hora de que alguien hiciera algo así porque tener un río sin inaugurar en el centro de su ciudad no le parecía responsable.

- ¿Y el gato?

- Se limitó a mirarlo, perplejo.

domingo, 27 de marzo de 2011

De la felicidad como anestesia


En el último medio siglo, el mundo occidental desarrollado ha vivido en la falacia de la felicidad: el individuo debía ser feliz. No solo tenía derecho a serlo, sino que debía serlo.

El argumento, además, se contaminaba con la fiebre consumista: la felicidad se alcanzaba por gozar de cosas -tanto materiales como espirituales- a las que muy pocas personas pueden aspirar en realidad. Aunque nos parezca injusto socialmente, pocas personas pueden tener en realidad lo que se mostraba en el paraíso de la felicidad que se nos había fabricado: desde el más sofisticado electrodoméstico hasta las vacaciones con todo incluido; desde el último modelo de automóvil hasta la potencia sexual pretendidamente modélica a una edad avanzada; desde el dinero suficiente para gozar de una apetencia de ocio insaciable hasta la ausencia de mala conciencia; desde el  continuo crecimiento económico familiar  hasta la ausencia de esfuerzo para alcanzarlo; desde la posibilidad de hacer todo lo que a uno se le antoje hasta la ausencia de responsabilidad ética para alcanzarlo.

Poco más o menos que las normas constitucionales de todos los países desarrollados ponían en letras de bronce el derecho a este tipo de felicidad y aquellos individuos que no podían alcanzarlo se sentían, con razón, insatisfechos y frustrados, en especial cuando acudían a una gran superficie comercial y veían cómo otros, en aparencia, sí podían disfrutarla o se daban cuenta de que jamás podría superar con el esfuerzo honesto la brecha que le separaba de los que estaban por encima de él. La mayoría de las personas han entendido equivocadamente el concepto de igualdad de la que presumen las democracias liberales. Esto es tan perverso como seguir soñando, a estas alturas, con los logros pretendidamente igualitarios de los regímenes comunistas.

Exigido así, el individuo occidental buscó procedimientos que le depararan la felicidad si no la sentía. Por una parte, hubo una extensión de las cosas de las que parecía emanar la felicidad, pero en un nivel en el que todo era un trampantojo, una imitación de plástico de aquello a lo que verdaderamente se aspiraba: el turismo de masas, que incluyó paraísos groseros del todo incluido; objetos que hacían las veces de lo querido pero de peor calidad; simulacros de relaciones sociales o pasionales en las que todo se conseguía superficialmente; diversión sin freno para el fin de semana como derecho del ciudadano, etc.

Por otra, se extendió el uso de fármacos o drogas -muchas de ellas necesarias para determinadas patologías- que buscaban solo la felicidad entendida como bienestar y estado de tranquilidad personal, pseudoterapias que rebajaban los verdaderos avances científicos al nivel de charlatanes. Curiosamente, dado que la raíz del malestar era de otro tipo, el binestar conseguido por estos procedimientos no era más que un estado de euforia pasajero.

Ha llegado un momento en el que incluso el deseo de no desear nada para ser feliz (no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita) no es más que una estrategia publicitaria de una conocida marca de muebles para vender sus productos de diseño, baratos pero poco duraderos. En este mismo camino, se ha injertado en el mundo occidental filosofía procedente de las culturas orientales (que, además, responden a comportamientos éticos sociales y personales muy diferentes a los occidentales como puede comprobar cualquiera que contrate un viaje de quince días a la India en un operador turístico al uso), en un extraño sincretismo que, en vez de provocar felicidad consigue la anestesia.

Quizá haya muchos que prefieran vivir anestesiados con tal de gozar de la ilusión de la felicidad. Quizá haya muchos que se crean de verdad que no desear nada es la mejor forma de ser felices, fieles a la moraleja del  cuento del hombre feliz que no tenía ni siquiera una camisa para cubrir su torso desnudo. Quizá haya muchos que piensen que tienen derecho a todo sin esfuerzo, solo por haber nacido en un país desarrollado. Quizá haya muchos que, además, sientan el deber de ser felices de la manera descrita.

Desengañados, con razón, de las grandes ideologías y  su burocratización institucional y arrojados confortablemente a la ilusión del progreso de la sociedad del bienestar como derecho por el que no había que combatir dado que estaba en las promesas electorales de los partidos políticos, quizá abandonamos demasiado pronto, en occidente, la reivindicación revolucionaria y la conciencia de lo que cada uno es y a lo que pertenece.

No hace falta asaltar la Bastilla cada década, pero nada se consigue sin esfuerzo, sin participación democrática en el control de nuestros gobernantes y sin un constante estado de conciencia individual lleno de memoria biográfica y conocimiento histórico. Y siempre hay que sospechar del bienestar que nos viene regalado. A no ser que lo que deseemos sea precisamente eso, vivir anestesiados. No nos quejemos, entonces, cuando los acontecimientos nos despierten del sueño inducido.

sábado, 26 de marzo de 2011

Transitos: Subterráneos


Todos los miedos se agarran en la boca del estómago y nos destripan desde dentro. Bajarse en una estación cualquiera y buscar la salida como si esta existiera realmente entre el laberinto de túneles incomprensibles. Aquellos que piensan que saben dónde están y que tienen un plano fiable se engañan para ser felices. Todos los miedos se agarran en la boca del estómago antes de introducirse por nuestras entrañas y recorrernos.

Tránsitos es un nuevo proyecto de videoinvestigación artística
sobre la vida en relación con el  espacio y el tiempo.
   puedes ver los videos con mejor calidadd.

viernes, 25 de marzo de 2011

Tránsitos: Mercancías


Los trenes de mercancías siempre me han parecido tristes. En la noche, su marcha lenta y monótona puede esconder el crimen más horrendo, los despojos ultrajados de otros seres humanos. Deberíamos asaltarlos, romper sus cerrojos y abrir sus puertas para airear los instintos más oscuros con los que siempre cargamos. Antes de que pasen de largo y los sepultemos en el rincón más polvoriento de nuestra memoria.

Tránsitos es un nuevo proyecto de videoinvestigación artística
sobre la vida en relación con el  espacio y el tiempo.
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jueves, 24 de marzo de 2011

La literatura en Viene la noche y noticias de nuestras lecturas.


Sucedía también en los dos primeros volúmenes de la trilogía, pero en el tercero se intensifica el juego con la literatura: Benjamín Tobes es un lector peculiar; los poetas con los que se relaciona crean literatura interviniendo físicamente en la anterior -hay un inteligente guiño irónico sobre este procedimiento de vanguardia-; el espacio de la Biblioteca guarda una especial y divertida simbología. En este sentido también se encuentra la aparición cervantina de los dos primeros volúmenes en este tercero, su lectura por Benjamín y la crítica que le suscitan, que le lleva a dirigir al propio autor una carta fechada el 27 de diciembre de 2006 en la que, aparte de discutir algunas situaciones de las dos novelas le aclara para su tercera novela -es un juego metaliterario, porque la tercera es precisamente esa misma en la que aparece como personaje- que el Infierno se encontraba en el frente de la Guerra civil española.

No es extraño, por lo tanto, que los poetas se despidan de él -ya con evidentes síntomas de deterioro físico- a través de una intervención artística sobre un texto de referencia en toda la trilogía, la Biblia: Benjamín, hermano, le dicen tachando el resto de palabras.


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Noticias de la lectura de la trilogía dantesca

Antonio Aguilera continúa su análisis del tema sexual en La Ciudad del Gran Rey: del onanismo hasta la excitación sexual de uno de los relatos intercalados (de estos opina que son lo mejor de la novela).

Myriam se divierte y acierta al comparar al Benjamín Tobes de Viene la noche con el protagonista de la película Gran Torino: ambos viven un mismo mundo y tienen reaccines más parecidas de lo que pudiéramos pensar. Os sorprenderán los parecidos demostrados en este excelente trabajo.

Manuel de la Rosa, Tuccitano escribe una entrada tan acertada y llena de claves de comprensión de la obra -aunque algunas las exprese como interrogantes- que no puedo más que recomendaros que no dejéis de leerla.

Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, comenta el capítulo segundo de Viene la noche, informando a Sara, desde dentro, de las andanzas y preocupaciones de su suegro.

Merche Pallarés continúa con su diccionario de personajes de Viene la noche: llega al 23 de diciembre y los que aquí retrata, que pudieran parecer imaginarios, son más reales de lo que parece.

Aldabra termina su labor enciclopédica para ayudarnos a comprender La Ciudad del Gran Rey. Quizá se anime con estas entradas tan útiles y continué con el tercer volumen.

Pancho comenta el viaje de Burgos a Madrid de los protagonistas, desde la clave de comprensión de la conexión entre los volúmenes de la trilogía. Todo un acierto en texto e ilustraciones.

J. G. reflexiona sobre la distribución del diálogo y la narración en Viene la noche. Y traslada sus conclusiones al sanatorio de Cástulo.

Cecilia se asoma a su balcón para sumarse a nuestra lectura ahora que llega por su Madrid. En su paseo ve el paisaje y la gente de Viene la noche.


Os invito a participar en esta lectura colectiva y virtual de la trilogía dantesca de Óscar Esquivias, continuando la variedad de estilos, propósitos y miradas que nos han enriquecido la lectura del texto cervantino en los dos últimos años.

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miércoles, 23 de marzo de 2011

Proyecto agua: El silencio


Cuando nos refugiamos en el silencio, en realidad solo queremos no escuchar el rumor de nuestra mente. El mundo, a nuestro alrededor, sigue meciéndose sobre la superficie frágil del  estanque al que hemos llegado en nuestro largo paseo. Nos callamos porque queremos dejar de oírnos. Por eso, el tiempo acariciado así nos devuelve el sonido, más puro al pasar por el filtro depurador del agua.


es una videoinvestigación sobre la relación del agua
con los espacios autobiográficos
y sirve de presentación del Canal de YouTube de La Acequia,
  en el que puedes ver los videos con mejor calidad

martes, 22 de marzo de 2011

Puro mar


En el camino al descubrimiento poético, llega el momento de la esencia. Juan Ramón Jiménez ha conseguido su voz propia en este viaje iniciático poetizado en Diario de un poeta reciencasado (1916): el camino es la depuración de la poesía hasta dejarla en los elementos imprescindibles. No hay anéctoda que nos pueda apartar del goce estético: ya no es necesaria, aunque no se prescinda de lo vivido (se dejan las huellas justas que nos permiten reconstruirla, sobre todo por la condición de diario).

En el poemario hay una marina -explícitamente relacionada con la pintura como corresponde a este componente de la literatura moderna en la que se rompen las fronteras entre las artes- que lo anuncia:

CLVIII
8 de junio.
               
MAR DE PINTOR
(Al encausto y en dos mitades.)

Cuatro de la madrugada: Mar azul Prusia.
Cielo verde malaquita. –Emociones.-
   Seis de la mañana: Mar morado. Cielo gris.
-Sports.-
   Nueve de la mañana: -Lectura.-
   Una de la tarde: Mar de plata. Cielo rosa.
-Nostalgia.-
   Ocho de la tarde: Mar de hierro. Cielo gris.
-Pensamientos.-

Es un cuadro propio del impresionismo pero en el que se añaden gotas estilísticas de la época de Juan Ramón no exentas de humor (¡ese sports!), con las que se consigue dar un nuevo sentido a esa influencia.

Pero llega el momento de arrojar todo lo que sobra y quedarse tan solo con el mar como esencia, puro mar desnudo. El poeta puede ver al fin lo que ya estaba pero se le ocultaba:

CLIX
8 de junio.

                                ¡DESNUDO!

¡Desnudo ya, sin nada
más que su agua sin nada!
¡Nada ya más!

                               Éste es el mar.
¡Éste era el mar, oh amor desnudo!

Obsérvese el escaso número de palabras que necesita para contárnoslo y la importancia de ese radical presente absoluto que nos marca el adverbio ya. Palabras, además, tan cotidianas. Nada sobra en este poema. Nada falta.

lunes, 21 de marzo de 2011

Venus y la Trasatlántica


Parecería Juan Ramón Jiménez un poeta que huye del humor, tan habitual en la vanguardia. Pero no, aunque no lo frecuente como otros. En Diario de un poeta reciencasado (1916), del que ya hemos hablado, hay un texto que cumple con creces, aunque, claro está, aplicado al tema central del poemario, el de la relación del poeta con la creación poética y el hallazgo de la voz propia. Aquí se frustra por la inesperada y fea intervención del propio barco en el que va el poeta camino de Estados Unidos:

XXI
1 de febrero.
                              
VENUS
                                               A Alejandro Plana

   ¡Va a nacer también aquí y ahora! Vedlo. Nácares líquidos. Las sedas, las caricias, las gracias todas, hechas ola de espuma. ¡Ya!... ¡Allí… ¿no? ¿Será culpa del fraile?
   ¡Da ganas de llorar que el barco, ¡el oso este!, pese así, negro y sucio, sobre el agua, esa espalda de ternura! ¡A ver! ¡Que quiten de aquí el barco, que va a nacer Venus! -¿Y dónde lo ponemos? ¿Y dónde lo ponemos?-
   ¡Apolo, amigo sólo de la diosa, que vas mientras tocan aquí al rosario, con tu ramo grana –blanco en la aurora, de oro al mediodía-, a tu casa del poniente! ¡Apolo, amigo sólo mío; Venus murió sin nacer, por culpa de la Trasatlántica!

Basta la mención del nacimiento de Venus (obsérvese que en el texto se nos presenta como inminente en el tiempo y no como relatado y aplicado al género diarístico en el que se inserta el libro), tema tan frecuente en la literatura y en el arte, para que comprendamos todo el juego intertextual de estas líneas y la intención de Juan Ramón de superar todo lo dicho sobre el asunto antes con un recurso propio de la vanguardia. Usa, para ello, dos motivos centrales: el contraste de la belleza de la primera descripción con la fealdad del elemento inarmónico que imposibilita el encuentro con la belleza (en un divertido desdoblamiento entre la monstruosidad estética  y mecánica del barco-oso negro y sucio y  la moral tradicional que impide la desnudez de la diosa, con el fraile que reza el rosario -así no hay forma de nacer de la espuma del mar, por supuesto).

Apolo -dios protector de los poetas- se queda sin su diosa. Lo malo es que Juan Ramón no tenía forma, en ese viaje, de quitar de en medio el barco y sus rutinas que, seguro, le desasosegaban. Una forma divertida de contar la frustración del poeta.

domingo, 20 de marzo de 2011

Problema moral

¿Existe la guerra justa? Y si existe, ¿por qué aplicarla solo en algunos casos y en qué minuto debe detenerse?
Aun no he resuelto el dilema. Sé que soy partidario, por ahora, de esta intervención pero no comprendo por qué no en otros lugares en los que también se vulneran los derechos humanos. Y no sé cuándo dejaré de ser partidario de esta acción. Deseo no tener que planteármelo porque no tenga motivos para ello.

sábado, 19 de marzo de 2011

Tránsitos: Raíles



El viaje, en realidad, no tiene meta. Ni siquiera hay trayecto: los raíles solo existen porque los hemos fijado con el recuerdo. A pesar de su absurdo, nos empeñamos en darle una coherencia, un sentido y un tiempo. Da igual. El viaje tiene sus propias normas.

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viernes, 18 de marzo de 2011

Tránsitos: El viaje


Llega un momento en el que hay un impulso: ¡Fuera! Fuera de todo, fuera incluso de uno mismo. ¡Fuera! A echarse en proa hacia adelante. No como huida, sino como una fuerza que viene desde muy adentro, que te reclama desde las tripas y que te obliga a llenar una bolsa con lo imprescindible y ser solo horizonte. En el andén, al fin, todos somos circunstancia y tránsito. El de cada uno, además, que apenas deja hueco.


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jueves, 17 de marzo de 2011

El espacio urbano en Viene la noche y noticias de nuestras lecturas.


Una de las claves de interpretación de toda la trilogía es el tratamiento del espacio urbano. Como nota común, las tres novelas se desarrollan en las ciudades de Burgos y Madrid, con alguna escapada a los alrededores, pero que también están vinculados a lo que sucede en la ciudad, que los condiciona. Los espacios urbanos de la trilogía se convierten en lugares asfixiantes independientemente del tamaño de ambas ciudades. Tanto Burgos como Madrid terminan materializando el laberinto interior de los personajes.

Así, la capital provinciana con una vida monótona y previsible en Inquietud en el Paraíso se trasforma, según avanza la narración, en un espacio opresivo para algunos personajes que, por diferentes razones, se acogen a la única salida que tienen de ella, aunque sea tan extravagante como una expedición al purgatorio. En La ciudad del Gran Rey, la ciudad se ha trasformado y es inexplicable, no responde a las normas racionales que regían el mundo que dejaron atrás, aunque la ciudad de destino sea extrañamente similar y, bajo la apariencia extravagante, puedan reconocerse ciertas actitudes y normas.

En Viene la noche hay dos ciudades: por un lado, el Burgos recordado por uno de los protagonistas -que volverá a él en un viaje debido a motivos personales- puesto en confrontación con el narrado en las dos primeras novelas; por otro, Madrid, el espacio predominante. Pero Madrid se les ha hecho extraño a muchos de los personajes, tan incomprensible casi como el Burgos del Purgatorio. De hecho, el mundo de la gran ciudad se les ha achicado tanto en la práctica, que terminan por no salir del barrio en el que viven.

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Noticias de la lectura de la trilogía dantesca

Antonio Aguilera inicia su comentario del final de La ciudad del Gran Rey con la sensación de leer una novela con un trabajo estilístico excelente pero que no le ha atrapado como pensaba. Después, continúa su análisis sobre el sexo en esta novela.

Myriam, en su excelente análisis psicológico de Benjamín Tobes, se centra ahora sobre la percepción que tiene sobre su mundo de relaciones. Imprescindible. También excelente la continuación, en la que subraya los motivos que evolucionan en los personajes y el tratamiento de aspectos no usuales en la literatura para los personajes de edad avanzada.

Manuel de la Rosa, Tuccitano, a pesar de la perplejidad que manifiesta en su lectura de la trilogía, da muchas de las claves de Viene la noche en su primera entrada sobre este tercer volumen.

Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, continúa el comentario del primer capítulo de Viene la noche, en el que suma acertada síntesis y buen tino para la ilustración. No se olvida ni de Putin.

Merche Pallarés continúa su acertado diccionario de personajes de Viene la noche. Al ser la trilogía una acción coral, estas entradas suyas son muy útiles.

Aldabra prosigue con su diccionario de expresiones y conceptos de La ciudad del Gran Rey. No os perdáis su descubrimiento del Diccionario Lúdico Patafísico. ¡Qué hallazgo!

Pancho analiza con certera mirada sobre el tiempo narrado lo que ocurre en el capítulo fechado el 22 de diciembre.

J. G. une noches y días de Cástulo y Viene la noche: ve claridad final, a pesar del título de la novela. Interesante su punto de vista.

Ele Bergón da voz a Benjamín Tobes para poner los puntos sobre las íes y llamarnos, con toda justicia, juramentados.


Os invito a participar en esta lectura colectiva y virtual de la trilogía dantesca de Óscar Esquivias, continuando la variedad de estilos, propósitos y miradas que nos han enriquecido la lectura del texto cervantino en los dos últimos años.

Si me olvido de alguien, hacédmelo saber para corregir la omisión


Noticias de la lectura del Quijote

Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, comenta el capítulo 5 de la primera parte y da voz a un nuevo secundario: el labrador vecino de don Quijote que lo auxilia tras su doloroso encuentro y delirio romanceril.

La lectura del Quijote se convierte en proyecto permanente de La Acequia (en este enlace) al que se puede incorporar todo aquel que lo desee y, por lo tanto, seguiré  publicando, periódicamente, las noticias correspondientes.

Si me olvido de alguien, hacédmelo saber para corregir la omisión.

miércoles, 16 de marzo de 2011

La oportunidad de un verso par



El Diario de un poeta recién casado (1916) de Juan Ramón Jiménez es un poemario central en la poesía española del siglo XX al que hay que volver para comprender gran parte de lo que pasó después. Como sabemos, tuvo un impacto decisivo  en la poesía española de vanguardia -especialmente en los por entonces jovencísimos miembros del grupo del 27, a los que tanto les costó superar su influjo-. El lector actual quizá no lo perciba, pero en este poemario está la consagración moderna de las lecciones que Juan Ramón aprendiera en Bécquer y Rubén Darío. Y su superación.

Diario artístico, férrea cohesión poética del conjunto, fragmentarismo, depuración, viaje simbólico en el que se poetiza el proceso del encuentro con una nueva voz poética, etc. Pero hoy, en clase, me ha llamado la atención la oportunidad de un verso de cuatro sílabas en uno de los poemas más certeros del poemario.  No fue un descubrimiento de Juan Ramón la introducción del ritmo par en una estrofa de ritmo impar. En esta silva evolucionada, de pronto, el lector halla un verso, cual mi frente. Hoy se nos ha endurecido el oído para la poesía, pero quien escuche de verdad el ritmo del poema percibirá que algo no encaja, que se salta de los versos impares (11, 7, 9 sílabas) a uno par (de 4). La advertencia del ritmo que desestabiliza el recitado esconde el secreto: a partir de él se aclara la comparación entre el mar y el poeta y el proceso de descubrimiento de la esencia poética. A Juan Ramón le han bastado cuatro sílabas para provocar el interés de quien sabe escuchar la música del poema:

XXIX
1 de febrero.

   En ti estás todo, mar, y sin embargo,
¡qué sin ti estás, qué solo,
qué lejos, siempre, de ti mismo!

   Abierto en mil heridas, cada instante,
cual mi frente,
tus olas van, como mis pensamientos,
y vienen, van y vienen,
besándose, apartándose,
en un eterno conocerse,
mar, y desconocerse.

   Eres tú, y no lo sabes,
tu corazón te late y no lo siente…
¡Qué plenitud de soledad, mar solo!

Hay más juegos fonéticos en este poema que delatan su modernidad: la reproducción del ritmo del oleaje (paralelo al del proceso poético), el uso de palabras sencillas y cotidianas para expresar conceptos elevados y la suma de dos gerundios en un solo verso. Como sabemos, el gerundio es una forma verbal de la que huían los poetas por su cacofonía y por la dificultad en el empleo de su temporalidad (es una de las formas verbales que los hablantes usan con mayores problemas hoy en día). Dos, ni siquiera uno: bastaría ese verso  (besándose, apartándose) para definir gran parte del propósito de Juan Ramón en este poema.

martes, 15 de marzo de 2011

Vaho


Hay cierta dignidad en el vaho que se condensa en el cristal de una casa humilde. Las ventanas, de madera pintada repetidamente cada año, con la constancia de quien no quiere dejarse llevar por el abandono, tienen rendijas por las que se cuela el viento frío y húmedo de finales del invierno. La conversación se ha ido amortiguando a la vez que atardece: ya no hay más novedad que la compañía habitual de quien se quiere. Los cuerpos se sosiegan: han conseguido subir la temperatura de la habitación, calentada por una estufa de butano. El exterior ha ido difuminándose a la vez que el vidrio se iba cubriendo, como si hubieran echado la persiana sobre el horizonte para mirar hacia dentro, más cierto. Han cerrado la puerta con llave: a nadie esperan que venga del frío de la calle. Hace tiempo que se fueron los abrazos de los amigos o aquellos que llegan con un saludo protocolario y un interés de circunstancias. El teléfono ha dejado de sonar. Todos están en casa, no falta nadie. Todo es ya interior y amigable. En silencio, se hace de noche.

lunes, 14 de marzo de 2011

Noticias del peral


En un comentario a mi entrada de ayer, Merche se interesaba por un peral que los antiguos lectores de La Acequia recordarán porque fue protagonista de varios textos y motivo central del Discurso sobre las Humanidades que pronuncié con motivo de la graduación de la IX Promoción de la Titulación de Humanidades de la Universidad de Burgos, que os invito a leer a los que no lo conozcáis.

Durante unos años, este peral daba noticias de los ciclos de vida asociados a los ritmos académicos. No es un árbol magnífico, de esos que nos despiertan la admiración y nos detienen el paso, pero el lugar en el que estaba situado y su humilde constancia servía de ejemplo a todos los que pasábamos junto a él para ir a clase.

Pero desde junio de 2009 no había vuelto a traerlo a este espacio. A finales del invierno siguiente, el peral sufrió una agresiva poda que terminó por dañarlo. Desde entonces, no han brotado ramas verdes, ni flores ni frutos. Su tronco sigue firme: es un doloroso testimonio de la fragilidad de la naturaleza ante la acción humana y de la delicada situación en la que ponemos al conocimiento si no lo atendemos y cuidamos. Quizá alguien nos pode como sucedió con este peral y nos asfixien con cemento y asfalto para que no podamos continuar nuestra labor. Dejamos que se le hiciera a este árbol lo que quizá dejamos que nos hagan a nosotros. Quizá nosotros tengamos la esperanza de la próxima primavera. Si permanecemos alerta, claro.

domingo, 13 de marzo de 2011

Era yo quien no la había visto. (Los almendros.)


No había visto la noticia de la primavera próxima. Iba yo con la cabeza gacha y acogido a mis pensamientos y mis tristezas. ¡Y bastaba con levantar la mirada, como todos los años por estas fechas!

sábado, 12 de marzo de 2011

Tránsitos: La espera


Si sumara el tiempo que he pasado esperando resultaría la vida de un ser humano de otras épocas. Hay quien conoce las ciudades por las zonas de tránsito de la terminal internacional del aeropuerto. Yo recuerdo, con la intensidad de quien está allí de nuevo, estaciones de trenes, de autobuses, salas de espera de hospitales, de consultas médicas, cafeterías de tanatorios, calles por las que he paseado solo con la ilusión de encontrarme con alguien, bares de barrio que se guardan en la memoria como el lugar de encuentro para ir a otro sitio, vestíbulos, pasillos, rincones en los que agazaparse, jardines. En todos ellos, la gente siempre tiene las mismas actitudes: hay quien se inquieta en la espera, quien parece haberse detenido y no respira o dormita, quien hace un gesto y lo repite cada poco tiempo, quien aparenta leer el periódico o un libro, un niño que ríe bajo la mirada censuradora de la madre que le chista para que no moleste, una pareja de novios que se despide con la esperanza del reencuentro o la amargura de la desesperanza que no calma ni siquiera la promesa de escribirse o llamarse por teléfono.

Nuestra vida se teje con espacios en los que todo es provisional. De niños nos enseñaron que hay que tener paciencia en la espera: para un niño un minuto puede ser algo eterno porque no sabe anticipar el futuro. Es curioso cómo envejecer se convierte sobre todo en saber aguardar: esperamos la nota de un examen, la fecha de nuestra boda, el nacimiento de nuestros hijos, la muerte de un ser querido y su entierro, el regreso de alguien a quien hace tiempo que no vemos, la próxima primavera, la muerte.

Saber esperar no significa un tiempo inútil: de cómo lo aprovechemos dependerá la calidad de los retales de nuestra vida. Pero, a veces, aprovechar el tiempo de la espera es algo tan simple como contemplar  que el  espacio se llena de tiempo.

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viernes, 11 de marzo de 2011

Tránsitos: Entre la gente.



La sociedad que hemos fabricado en las ciudades es extraña, pero es la que tenemos y no podemos vivir en ella como seres huraños. Nos definimos por la pertenencia a una u otra, como si algo nos atara con los que viven en la misma ciudad que nosotros por encima de lo que nos une con los de la vecina: hay rivalidad incomprensible solo porque nacimos intramuros y los otros nos parecen siempre peligrosos por el azar del nacimiento. La ciudad es el espacio privilegiado de la sociabilidad y por eso vamos mal si la explicamos con banderas y símbolos e himnos, si juzgamos que la nuestra es siempre la mejor por encima de las otras y que es víctima de la injusticia solo por ese hecho, que nos creemos mejores y nuestros. Así amurallamos nuestra ciudad (nuestra calle, nuestro barrio) y nos hacemos esclavos de ella y de quienes se alcen como portavoces de sus valores.

La gente nos acompaña en la ciudad siempre. Desde mediados del siglo pasado, las ciudades se han trasformado: quizá no las reconozcamos, pero nos dan otras oportunidades al ampliar la piel de sus habitantes y sus idiomas y creencias: las miradas se han hecho diversas y enriquecedoras.

El individuo suele tener una relación conflictiva con la ciudad. Hay momentos en los que se nos hace insoportablemente ruidosa, en otras ocasiones la descubrimos limpia y a punto de ser estrenada. Aquellos con los que nos cruzamos tienen las mismas necesidades y emociones que nosotros. La ciudad la hace su gente: está ahí para acompañarnos en el tránsito, con todas las cosas malas y todas las cosas buenas.

Tránsitos es un nuevo proyecto de videoinvestigación artística
sobre la vida en relación con el  espacio y el tiempo.
   puedes ver los videos con mejor calidad.

jueves, 10 de marzo de 2011

El lector al inicio de Viene la noche y noticias de nuestras lecturas


Con la publicación de este tercer volumen se suscitó cierto debate sobre si Esquivias cumplía o no con lo requerido en una trilogía. Vuelvo a insistir en algo que no debería ser necesario aclarar, pero que el peso de lo fácil en el mundo editorial español obliga a plantear: una trilogía no tiene por qué ser, sin más, la continuación de una trama argumental. El lector, acostumbrado a un tipo de narración fácilmente digerible basada más en el desarrollo argumental que en la escritura, en el planteamiento temático, etc., busca los mismos personajes que dejó en el volumen anterior y la continuación de las tramas. Por eso mismo, alabo más la opción de Esquivias de no seguir el camino fácil pero hacerlo, curiosamente, de una forma que permite leer las tres novelas como seres independientes -so pena, claro, de perderse la fuerte unidad temática y estructural que hay en ellas y, por lo tanto, el planteamiento del autor.

Del primer al segundo volumen el lector descubre que está en un terreno diferente que le traslada del realismo costumbrista a la narración fantástica. Si quiere ajustar el segundo al primero debe pensar que todo es producto de la enajenación de los personajes, de una especie de locura colectiva. No es mala opción, aunque no sea la única: corresponde a la materia tratada y encaja estilo y tema.

Sin embargo, el salto al tercero aumenta su perplejidad: hasta que no se menciona el origen de uno de los personajes protagonistas y la adquisición de las dos primeras novelas de la trilogía -un guiño cervantino de alto calibre-, nada le recuerda el argumento leído hasta el momento. Por otra parte, vuelve a observar el cambio de modalidad genérica: está en una novela realista de hechos contemporáneos tratada con estilo propio de la postmodernidad. Aunque es realista, no es del mismo corte que el estilo de la primera novela, lo que refuerza la imagen de la trilogía como un presupuesto de escritura adaptado a una evolución del género a lo largo del siglo XX, entre otras cosas.

Sin embargo, hay más continuación argumental de lo que parece en una primera lectura. Pero para ello, el lector debe fijarse en otras pistas: en primer lugar, en el cuidadoso trabajo estilístico; en segundo lugar, en el simbolismo de las vidas de los personajes y su relación con el espacio en el que viven y su época histórica, además, por supuesto, de su propia carga biográfica. De todo esto, hablaremos en próximas entradas.


Consulta aquí las recomendaciones para incorporarte al proyecto y aquí un índice de las entradas correspondientes.

Hace tiempo creé en Facebook un grupo de lectores de Óscar Esquivias (no confundir con su perfil pesonal) que se convierte también en una herramienta para seguir esta lectura. Aquellos que tengáis perfil en Facebook, podéis solicitar uniros.

Noticias de la lectura de la trilogía dantesca


Myriam analiza acertadamente la psicología de Benjamín Tobes, personaje de Viene la noche, en relación con la lectura y sus ideas sobre lo que le rodea.

Antonio Aguilera, nuestro querido revulsivo que nos da la alegría de publicar siguiendo la lectura a pesar del apocamiento, ofrece, además del testimonio de lectura de La ciudad del Gran Rey, una de sus habituales entradas con análisis de la sexualidad en las obras que leemos.

Manuel del Rosa, Tuccitano, analiza con certeza -desde su distancia con el estilo- el final de La ciudad del Gran Rey y el triunfo de los secundarios. 

Paco Cuesta da vueltas al tema de la trilogía y los nexos de unión: da tantas pistas que solo hay que ponerlas una detrás de otra.

Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, inicia el comentario de Viene la noche dirigiéndose a Sara, el personaje de la novela, ilustrándolo pormenorizadamente.

Merche Pallarés constata, en su diccionario de personajes, la ruptura del tercer volumen de la trilogía con respecto a los anteriores.

Aldabra continúa con su útil y entretenido diccionario de palabras y referencias de la trilogía. Toca ahora el capítulo tercero de La ciudad del Gran Rey.

Pancho inicia su comentario de Viene la noche prestando atención a los nuevos personajes... y sus paréntesis.

Os invito a participar en esta lectura colectiva y virtual de la trilogía dantesca de Óscar Esquivias, continuando la variedad de estilos, propósitos y miradas que nos han enriquecido la lectura del texto cervantino en los dos últimos años.

Si me olvido de alguien, hacédmelo saber para corregir la omisión

miércoles, 9 de marzo de 2011

Zapatos


Encontrarme un par de zapatos abandonados siempre me ha producido desconcierto que se trasforma en honda perplejidad si el encuentro es tan solo con un zapato desparejado. Nunca pienso en la posibilidad más simple. Para mí, un par de zapatos abandonados solo puede ser producto de una tragedia. Por eso mismo, en las fotografías de los accidentes o de conflictos bélicos o matanzas, las víctimas siempre están descalzas. y hay mayor violencia si solo es un pie el que no tiene zapato. Hay una creencia que afirma que, en el momento de la muerte, los pies se achican y los zapatos se escapan: nadie piensa que, sencillamente, le podían venir grandes a su propietario o llevarlos mal atados. De niño me hacía varios nudos en los cordones de los zapatos. Quizá intuía que, al dar una patada al balón con la posibilidad de que el zapato saliera por los aires, estaba llamando a la muerte. Como si esta no viniera siempre con los pies descalzos sin necesidad de nuestro zapato.

martes, 8 de marzo de 2011

El juego de la vida en la distancia corta: Los ojos de los peces, de Rubén Abella


Las decisiones que tomamos cada día nos llevan por unos u otros caminos. No somos conscientes, pero la vida es eso: decidir, en cada momento, cuál será nuestro movimiento siguiente. Muchas de esas decisiones responden a automatismos físicos o mentales, ejercitados en el pasado y que nos sirven, en ese momento de la toma de decisión, para que nuestra vida vaya por uno u otro lado. Por el camino, nos encontramos con gente que toma las suyas propias. Si dejáramos un rastro a nuestro paso -como los hilos de las arañas-, nos daríamos cuenta de que tejemos, entre todos, una red de situaciones que, al final, termina atrapándonos. Pareceríamos libres y, en parte, lo somos, pero sin tomar conciencia de ello, es difícil que lo seamos de verdad.

Rubén Abella, un escritor de poca pero interesante obra al que hay que seguir con detenimiento en los próximos años, ha coleccionado microrrelatos que tratan sobre esto en Los ojos de los peces (Menoscuarto, 2010). Las situaciones parten siempre de motivos comunes, nada extraordinarios, personajes que pueden ser cualquiera de nosotros, calles y bares que pueden ser los que pisamos cada día,  etc. Abella trata estas vidas sin distanciarse de ellas: su estilo es de los que se pone a la altura de los personajes, sin juzgarlos en sus acciones, y los acompaña en sus toma de decisiones que terminan girando de forma sorprendente la propuesta inicial de cada texto. Recordemos que una de las estrategias del microrrelato es precisamente esa, la sorpresa final que debe partir de la misma esencia de lo narrado para resultar verosímil.

Aunque algunos de los incluidos en el volumen bajan la calidad y son perfectamente prescindibles (como el previsible Pudor), el conjunto tiene mucho que hará disfrutrar a los amantes del género. En especial, los que se encadenan a partir de personajes o lugares y que ponen de manifiesto el tejido de la red de la vida cotidiana del que hablaba al principio.

lunes, 7 de marzo de 2011

Lunes de Carnaval


A mí, el Carnaval siempre me ha parecido poco revolucionario, aparte de que lo considere estéticamente horroroso, salvo excepciones.  No hablo de su origen vinculado a los ciclos de la naturaleza o las motivaciones basadas en la disponibilidad de carne para su consumo en la dieta habitual, ni siquiera de la celebración del final del invierno y la explosión de la luz, porque todo eso ya no tiene ningún sentido en Occidente hoy día.  De lo que hablo es del tantas veces mencionado potencial revolucionario popular del Carnaval.

Tolerado o prohibido, el Carnaval no ha sido más que la diversión del esclavo que busca el desahogo en unos días en los que parece que está permitido todo. Cuando recibía la prohibición gubernativa era más para que no se escandalizaran las familias de bien y las autoridades eclesiásticas que por motivos de orden público: no hay nada más tranquilizador para un autócrata que el escándalo público circunstancial y localizado en unos pocos espacios. Curiosamente, quien más ha disfrutado siempre detrás de la máscara es el poderoso, que podía mezclarse con aquellos con los que no podía hacerlo habitualmente y permitirse desatarse de los convencionalismos.

Hoy, que todos los fines de semana en cualquier ciudad del mundo desarrollado es Carnaval y que cada mes se celebra oficialmente un festejo que se le parece porque lo copia, estos días no se celebra nada diferente, salvo la posibilidad de salir disfrazado -pero no tanto que no se nos reconozca- en cualquier televisión local.

Siempre he pensado que, en ese sentido reivindicativo, todo Carnaval que no comience o continúe el miércoles de ceniza, no merece la pena.

domingo, 6 de marzo de 2011

No hay mayor insatisfacción que lo cotidiano: El prisionero de la avenida Lexington, de Gonzalo Calcedo





Dos personas cruzan su soledad apagando y encendiendo una luz: son dos náufragos de lo cotidiano por diferentes razones. No se conocen, no tienen nada que ver el uno con el otro. Se encuentran en dos edificios de una avenida, uno enfrente de otro. Durante un tiempo existe la ilusión de poder comunicarse, de que el apagado y el encendido de la bombilla responda a un código y los dos náufragos puedan establecer un diálogo.

El trascurso cotidiano de una vida, de una vida cualquiera, no suele tener grandes tragedias ni dramas que puedan aparecer en los telediarios o en los periódicos: es un deshilacharse continuo de las ilusiones y los proyectos. Pero a veces uno preferiría que pasara algo, que se rompiera el mundo para poder tener una justificación a la frustración, la soledad, la insatisfacción. Mientras tanto, la vida sucede.

El prisionero de la avenida Lexington (Menoscuarto, 2010) es uno de los mejores libros de Gonzalo Calcedo, que le consolida (si no lo estaba ya) como una referencia indiscutible en el relato breve español. Los diez que componen el volumen -que, además, está muy bien editado- tratan de las cosas que suceden cuando parece que no sucede nada. Vidas normales, familias de clase media que dedican sus días a lo que se supone que deben dedicarlas, pero que arrastran una honda insatisfacción de la que no siempre son conscientes, una profunda incomunicación con su entorno y con su propia conciencia, una desoladora falta de afecto. Entre ellas, resaltan, por lo acertado del trazo y la indefensión propia de la edad, los personajes de los niños que sufren sus propias insatisfacciones y las de sus padres. El lector intuye que la cadena se repetirá hacia el futuro.

Todo en estos relatos es coherente con el tema central: la voz narradora, la construcción de los personajes, las descripciones y los diálogos, los argumentos. Algunos de ellos son obras maestras del género: el que da título al volumen, Suburbio, El árbol o Viaje a la luna. Ambientados en la ciudad de Nueva York, aportan un nuevo registro a la literatura española que no es usual en ella: el de las narraciones norteamericanas que indagan en este tipo de vidas de la clase media sin estridencias pero sin piedad. Calcedo, que nunca ha ocultado las fuentes de inspiración de su estilo, consigue un extraordinario libro del que sale el lector convencido de que las grandes tragedias de la vida son, precisamente, las que encuentra en estos relatos: aquellas que suceden dentro de cada uno y que le impiden la felicidad o que solo se la concede como espejismo fugaz.

sábado, 5 de marzo de 2011

Proyecto agua: El manantial

 
Pulsa para ver y escuchar el video y la narración.

es una videoinvestigación sobre la relación del agua
con los espacios autobiográficos
y sirve de presentación del Canal de YouTube de La Acequia,
  en el que puedes ver los videos con mejor calidad

viernes, 4 de marzo de 2011

Proyecto agua: La melancolía

 
Pulsa para ver y escuchar el video y la narración.

es una videoinvestigación sobre la relación del agua
con los espacios autobiográficos
y sirve de presentación del Canal de YouTube de La Acequia,
  en el que puedes ver los videos con mejor calidad

jueves, 3 de marzo de 2011

Tiempo narrativo, estructura y desenlace de La ciudad del Gran Rey y noticias de nuestras lecturas.



Hay mucho de provocación literaria en el segundo volumen de la trilogía. No para ofender al autor, que así no es el carácter de Esquivias, pero sí para proponerle sendas no usadas. Una especie de gesto de escritor, que se rebela -y hace muy bien- ante la fácil escritura de literatura histórica al uso, como si la inercia editorial hubiera impuesto una forma oficial de abordar el género. Se sentirán incómodos aquellos lectores de aventuras meramente argumentales. El argumento es importante, en efecto, pero la novela -como toda la literatura- es, primero escritura. ¿Cuánto quedará en el futuro de la oleada de novelas históricas escritas de la misma manera que nos invade?

El narrador de La ciudad del Gran Rey nunca pierde el control de lo narrado y juega con la estructura de la novela, el diseño de sus personajes y la disposición de la acción. La raíz costumbrista que se observaba en la primera novela se ve desbordada ahora por el pulso extremado en el que domina un irónico manejo del esperpento. Consigue, con ello, llevar la fábula hacia un espacio muy difícil de manejar y en el que Esquivias demuestra navegar con soltura: una ficción fantástica e inverosímil que el lector deberá tomar como realista. Esa es la razón de que el Burgos extraño del Purgatorio sea tan sorprendentemente igual y, a la vez, diferente, al de referencia. Todo parece ser producto de un delirio colectivo, pero los expedicionarios han traspasado en realidad la puerta para llegar a una ciudad dominada por un Gran Rey que la ama y la odia, que protege y destruye a sus habitantes sin ninguna razón lógica: es un dios que no obedece a lógicas ni a comportamientos  razonables y empuja caprichosamente a sus creaciones hacia la inseguridad, el sin sentido y la violencia. Aun más que en el mundo, la vida está expuesta. ¿Aun más? En el fondo, siempre he pensado que La ciudad del Gran Rey es una alegoría del mundo y, como tal, al exagerar los rasgos, lo explica mejor.

No hay razones para las muertes de los personajes, ni para sus enfermedades. Los que parecían protagonistas, mueren bruscamente, desaparecen o se encuentran enfermos y sin habla durante casi toda la novela. Frente a ellos, cobran protagonismo personajes de los que no sabíamos nada en el primer volumen. Sin embargo, todos ellos evolucionan de acuerdo a lo que llevan dentro de sí: sus secretos más ciertos y las potencias de su carácter que se desarrollan en situaciones extremas. Como en la vida. Sobre todo, como en la vida de una sociedad en conflicto en el que hay que tomar decisiones rápidas y definitivas.

Este mundo lleno de extrañas leyes que, en el fondo, son reflejos abultados de las que rigen el mundo real, está resaltado por el manejo del tiempo y la estructura narrativa en la novela. Durante mucho tiempo, como plasmación del laberinto interior de los personajes -de ahí la metáfora de la ciudad con el plano cambiante-, el tiempo narrativo parece no avanzar, se demora en extrañas circunstancias y todo parece detenido: el lector percibe que la novela da vueltas (de ahí que quien no esté habituado a este tipo de narración o no comprenda las razones del autor sienta la tentación de abandonar la lectura), que se interrumpe la narración con microrrelatos o relatos breves cuya pertienencia no comprende (son fragmentos que completan el mundo al que han llegado, pero el lector se resiste a leerlos así al principio). Pero hay un momento en el que todos los laberintos interiores de los personajes de desatan: es entonces cuando la narración toma una velocidad de vértigo hasta el sorprendente final, en el que solo atreviesan la puerta que supuestamente abre el regreso hacia la realidad española de la Guerra civil a aquellos personajes que se lo merecen. Es decir, aquellos personajes cuyo comportamiento más deja que desear y que serán, sin duda, los más capacitados para adaptarse a la nueva situación española. Esquivias, sabiamente, evita toda condena moral de estos personajes que merecen el retorno.

Curiosamente, en la Ciudad del Gran Rey quedan aquellos cuyos laberintos interiores les impide volver: unos muertos, otros definitivamente liberados de sus cadenas y un enamorado que se trasforma en ángel. Porque el amor puede calmar el mundo, pero jamás el mundo real, solo el alegórico.

Consulta aquí las recomendaciones para incorporarte al proyecto y aquí un índice de las entradas correspondientes.

Hace tiempo creé en Facebook un grupo de lectores de Óscar Esquivias (no confundir con su perfil pesonal) que se convierte también en una herramienta para seguir esta lectura. Aquellos que tengáis perfil en Facebook, podéis solicitar uniros.

Noticias de la lectura de la trilogía dantesca


Myriam escribió una entrada que se me pasó comentar y que os recomiendo: con gracia y finura propone una lectura sobre la presencia de los chinos en la trilogía y su significado. Tras ella, hace dos extraordinarias aportaciones analizando el personaje de Rodrigo y su evolución final. Comienza también su análisis de Benjamín Tobes, personaje de Viene la noche, cuya certera precisión os recomiendo.

Manuel de la Rosa, Tuccitano, escribe una magistral entrada a partir de los demonios interiores de cada uno de los que han viajado a la ciudad del Gran Rey. Os recomiendo que no os la perdáis, como tampoco lo que plantea cuando los personajes se dan cuenta de que el Burgos que ven es diferente e igual que el que dejaron.

Paco Cuesta acierta al hacer balance de las actitudes de los principales personajes justo cuando todo comienza a desencadenarse, en su forma de entender el ejercicio de escritura de Esquivias y también al analizar las claves de lectura de la obra, desde el juego con los personajes y lo esperado por los lectores hasta el desenlace final. Finalmente, lanza una sugerente propuesta en la que compara la novela de Esquivias con Rayuela.

Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, sigue en su extraordinaria documentación gráfica y comentario de la trilogía de Esquivias: el despertar en el Purgatorio, el descubrimiento de una nueva ciudad que parece la misma (no se le escapa la oportunidad de unir el Greco a Esquivias), la vida en el Burgos paralelo, hasta la topera del padre Talín y el final de la novela (no se olvida de ninguno de los aspectos esenciales).

Merche Pallarés continúa con su útil diccionario de personajes, en el que figuran hasta las tortugas que estallan. Prestad atención a los comentarios de los que no siguen la lectura... Después comenta el capítulo tercero, entre mudable y alucinógeno, para terminar con un comentario personalísimo del final de la novela.

Aldabra, tras terminar el diccionario de Inquietud en el Paraíso, prosigue su útil tarea con La Ciudad del Gran Rey, en un trabajo extraordinariamente recomendable, como muestra también su siguiente entrega.

Euphorbia, cuya vuelta a los blogs parece afirmarse, colabora en la lectura con una aportación sobre estatuas que os recomiendo.

Pancho comenta la primera salida del blocao y sugiere pistas de modelos narrativos que abren interesantes preguntas, así como la situación de la guerra. Analiza también la etapa final de la novela con una clave correcta: ya no hay clemencia.

J. G.consigue otra de sus prodigiosas entradas en la que relaciona el Burgos de La Ciudad del Gran Rey con su peculiar Purgatorio, Cástulo.

Firvulag sigue analizando el Purgatorio y sus claves para poder comentar mejor la novela de Esquivias y encuentra sorprendentes e interesantes relaciones entre el Purgatorio de San Patricio y el de la Ciudad del Gran Rey. No os perdáis esta entrada.

Ele Bergón analilza La ciudad del Gran Rey a través de la emoción que suscita su lectura: la desazón.


Os invito a participar en esta lectura colectiva y virtual de la trilogía dantesca de Óscar Esquivias, continuando la variedad de estilos, propósitos y miradas que nos han enriquecido la lectura del texto cervantino en los dos últimos años.

Si me olvido de alguien, hacédmelo saber para corregir la omisión


Quiero agradeceros la paciencia y la constancia con la que habéis seguido la lectura incluso cuando yo me he visto apartado estos últimos días. Comenzamos aquí el inicio de la lectura del último volumen de la trilogía, Viene la noche. Lo terminaremos el 29 de marzo (para los que participan en el Club de lectura de la UBU) y el 31 de marzo (para los que participan a través de Internet).

Noticias de la lectura del Quijote

Ele Bergón nos recuerda una obra de Antonio José -músico burgalés al que se dedica un sentido homanaje en la primera novela de la trilogía de Esquivas- relaconada con el Quijote. No os la perdáis.

La lectura del Quijote se convierte en proyecto permanente de La Acequia (en este enlace) al que se puede incorporar todo aquel que lo desee y, por lo tanto, seguiré  publicando, periódicamente, las noticias correspondientes.

Si me olvido de alguien, hacédmelo saber para corregir la omisión.