miércoles, 7 de marzo de 2007

ismos

Llego a casa con un tesoro bajo el brazo: la oportuna reedición del Diccionario de los ismos de Juan Eduardo Cirlot (Madrid, Siruela, 2006). Este útil diccionario, cuya primera edición se publicó en Barcelona en 1949 ha sido libro de obligada consulta desde entonces. Le acompañan ahora un Prólogo titulado "Todos los fuegos (Con algunas curiosidades de ismología)", de Ángel González García y unos Apéndices con una carta de Guillermo de Torre a Cirlot y dos reseñas de la primera edición. Estos materiales añadidos contribuyen a hacernos comprender la excelencia del trabajo ahora reeditado. Con precisión, Cirlot define todos estos movimientos que llenaron las primeras décadas del siglo XX. No hay que decir más sino que debe figurar en toda biblioteca que quiera entender la cultura de aquella etapa.
No es época ya de -ismos. ¿O sí? Leamos a Cirlot en el prólogo a la segunda edición (1956): "el arte no constituye un compartimento estanco, con solución de continuidad frente a los problemas del pensamiento puro. Por el contrario, se ve sujeto a las mismas alternativas, preso dentro de idéntico cuidado existencial y, tanto más apasionada y obscuramente emitirá sus mensajes expresivos, cuanta mayor sea su incapacidad para decir concretamente los motivos de su angustia o de su éxtasis". Pobre época aquella en la que no exista esta incapacidad. Sin -ismos no hay arte, pero tampoco auténtica vida.

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