miércoles, 31 de mayo de 2017

De la dificultad de cargar con un santo subido a la peana


Es difícil convivir con el santo que uno lleva siempre encima cuando se sube a la peana. Los diablos que uno carga suelen ser más cojuelos y zarrapastrosos y no se elevan tanto.

14 comentarios:

São dijo...

Como concordo com as tuas palavras, Pedro!

Buenas noches, amigo mio

María Perlada dijo...

Muy cierto lo que dices, Pedro.

Besos.

Edurne dijo...

¡Ahí le has dado!
Seguimos paseando por los infiernos...

Besos.
;)

Myriam dijo...

De la peana baja
y vuelve a La Aguilera,
San Pedro Regalado,
allí en los verdes prados,
de espigas ya colmados;
que en la ciudad las miasmas
multiplican sus odores
y suben hasta el trono.

Myriam dijo...

Besos

Myriam dijo...

Muy buena la foto, besos

Emilio Manuel dijo...

Cuando nos subimos a una peana, no nos creemos santos, nos creemos dioses.

Abejita de la Vega dijo...

Al santo se la suelen liar.

XuanRata dijo...

Y tal parece que ya está soltando un discurso.

LA ZARZAMORA dijo...

Demasiado calvario...
No podría.
;)

Besos sin penitencias.
Ni amén.

Luis Antonio dijo...

Por eso tienen tantos acólitos. Me refiero a los diablos...

La seña Carmen dijo...

Déjate de milongas, que por la peana se venera al santo.

impersonem dijo...

Entre santos y diablos anda el juego... y,sin duda, tienes razón en lo que dices...

Abrazo

Andandos dijo...

Convivir con las propias incoherencias, algo tan natural.

Un abrazo