jueves, 8 de diciembre de 2016

Don Quijote en Manhattan y noticias de nuestras lecturas


Sin haberlo pretendido intencionadamente, podríamos enlazar esta lectura con la precedente. En el capítulo XXXIII de Niebla, el protagonista, Augusto, pregunta a Unamuno, ya autor-personaje: ¿Cree usted posible resucitar a don Quijote? Unamuno se ha dormido y Augusto se le aparece en sueños para hablar con él. Aquel amenaza con resucitarlo por haberse muerto sin su permiso. Imposible, afirma el autor al contestar a la pregunta de su personaje. Quizá Cervantes matara a su don Quijote, entre otras cosas, para evitar que alguien lo continuara como hiciera Avellaneda y sacara provecho a su costa desvirtuando el personaje como lo hizo el apócrifo. Partidario del realismo narrativo, dejaba imposible esta resurrección a no ser que se recurriera a la ficción no verosímil o a la fábula. No consiguió del todo, sin embargo, su propósito. El personaje ha sido recreado, llevado y traído desde el momento mismo de su primera lectura hasta el presente, con mejor o peor fortuna. Es condición de los clásicos, por otra parte.

Continuaciones del mundo quijotesco ha habido muchas desde que se publicara en 1605 la primera parte escrita por Cervantes. En algunas de ellas se retoma la situación justo tras la muerte de don Alonso. Así, por ejemplo y por no ir más allá, Andrés Trapiello en dos narraciones escritas con la ocasión del cuarto centenario de la publicación de la primera parte y de la segunda (Al morir don Quijote y El final de Sancho Panza y otras suertes). Trapiello llevaba a los personajes cervantinos hasta América -a donde parece que quiso ir el propio Cervantes sin conseguirlo-. Y en América aparecen de nuevo de la mano de Marina Perezagua en la novela que nos ocupará en este club las próximas semanas. Pero en una América distinta. No es la de su tiempo, sino la actual. Y no en la América hispana sino en Manhattan, como reza el título que debería siempre citarse completo: Don Quijote en Manhattan (Testamento yankee). Esto de llevar los personajes cervantinos a Nueva York no es nuevo. Ya lo  hizo Albert Boadella con Els Joglars en Un lugar de Manhattan, escrita por encargo para conmemorar el cuarto aniversario de la primera parte y estrenada el 4 de noviembre de 2005 en el Teatro Salón Cervantes de Alcalá de Henares. La obra partía de un planteamiento inteligente, aunque algo fallido en su desarrollo: contrastar a los dos personajes cervantinos con la sociedad contemporánea y comprobar cómo esta estaba incapacitada para comprenderlos y aceptarlos. Jugaba Boadella al metateatro y la parodia de actitudes contemporáneas y nos presentaba unos Quijote y Sancho fontaneros en Manhattan. En ella, además, se construía una escena en la que se presentaba a dos actrices encarnando un don Quijote yankee y un Sancho hispano con la música de fondo de La guerra de las galaxias. Esta última referencia también está presente también en la novela de Marina Perezagua, aunque esto no tiene por qué significar ni que la autora conociera esta referencia ni que influyera en su novela.

Marina Perezagua hace aparecer a don Quijote y Sancho en Manhattan sin preguntarse inicialmente sobre su conexión con el argumento de la novela cervantina ni las razones de su presencia allí ni de su conocimiento del inglés o del manejo de las tarjetas de crédito. No importa: la razón inicial de esta novela es su condición de fábula. Partir de un elemento inicialmente inverosímil es característica de este género. Algunos lectores pueden sentir cierto rechazo inicial a esta situación pero es una convención literaria perfectamente asumible. Una inteligente manera de hacer pasear a los personajes cervantinos por la ciudad-metrópoli más significativa en el último siglo y permitir el contraste de su visión con la realidad contemporánea. Diego de Torres Villarroel rescató a su admirado Quevedo y lo acompañó por la corte madrileña en sus Sueños morales. Visiones y visitas de Torres con don Francisco de Quevedo por Madrid con la misma finalidad.

Don Quijote es una novela de camino y, como tal, una revista de la sociedad de su tiempo (entre otras muchas cosas, claro). Marina Perezagua rescata esta condición para que don Quijote y Sancho pasen revista de la nuestra. Pero de la estructura, los personajes y los temas hablaremos en las próximas entradas.

Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte entra en materia como la misma autora de la novela y así nos pone todos los principios para comenzar a leerla, paseo por Manhattan y muchas otras cosas...

Paco Cuesta arranca su lectura de la obra de Marina Perezagua con un inteligente guió que la une con la intervención de Sancho Panza al comenzar la segunda parte del Quijote. Como debe hacerse, claro.

Mª Ángeles Merino se lanza a la aventura de comentar la novela de la mano de Austri y el propio Cervantes... comienza en La Isla de Burgos y no me extrañaría que nos llevara hasta Manhattan mismo...


Pancho continúa con Niebla, el título que hemos leído estas pasadas semanas. En esta ocasión presta atención a la estructura que se repite en algunos capítulos y el ritmo que impone en la lectura... y termina con Coldplay.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.

4 comentarios:

Abejita de la Vega dijo...

Aceptamos lo inverosímil pero es inevitable que, al principio, nos preguntemos de dónde salen estos dos y qué transmigración es esa que incluye tarjeta de crédito y seguro médico, aunque sea caducado.
De esas continuaciones que citas, conozco la de Trapiello que leí con gusto.
Hay que tener valor para nadar entre tiburones y también para escribir una novela cuyos protagonistas sean don Quijote y Sancho. Marina Perezagua se mete en una aventura literaria de la que sale airosa. La novela se disfruta, con sus altos y bajos, como es normal.
He soñado un Cervantes condescendiente con la escritora sevillana, aunque podía haber imaginado un Cervantes furioso por ver resucitado a un personaje al que tuvo que matar para impedir el paso a los Avellanedas. Y en unas tierras que ningún español había pisado en
1616, creo.
El mundo puede arreglarse, ahí va don Quijote.
Besos Pedro.

pancho dijo...

Vaya trabajazo el de El Joglars para esta adaptación del Quijote. No faltaría si la volvieran a representar. No podían faltar un Quijote torero y Sancho banderillero aunque la experiencia del encuentro con el encierro de toros bravos les fuera regular.
El Quijote como revista de sociedad, qué certero un Cervantes revistero.
En Manhattan hay demasiado poco horizonte para don Quijote, acostumbrado a los espacios anchos de la Mancha. Don Quijote nunca llevaba dinero encima, bastante tenía con el pesazo de la armadura, pero tampoco quería dejar a deber nada en las ventas. Parece divertido imaginar a Sancho echando mano de la credit card para evitar que lo manteen...
Ahora que nos hemos metido en nieblas, no estaría bien dejar a Unamuno, Augusto y la cuadrilla a medias. Así empalmamos con el otro don Migue.

JL Ríos dijo...

Como tengo algunos compromisos que no puedo evitar dejaré esta novela para el verano, aunque os leeré igual, claro está.

Un abrazo

Myriam dijo...

La verdad es que si Don Quijote y Sancho panza han sido recreados en una obra de teatro en Tel Aviv, Israel, como lo informé en una entrada en mi blog, no me extraña en absoluto que hayan reaparecido por Nueva York de la mano acuático-plumífera de Marina Perezagua y más habiendo estado, incluso antes ya con otros. Es más, me atrevería a hipotétizar que estando Cervantes discurriendo con San Pedro, una tarde con mucha niebla y pocas pulgas, mandó a pasear a Dn Quijote y a Sancho Panza para que no lo importunaran con sus entuertos y desentuertos y estos haciéndole caso, se marcharon y hete que aquí , creyendo que de una venta se trataba, ingresaron por una puerta al Ministerio del Tiempo, previo surtido de tarjetas de crédito y una Biblia protestante, salieron por la que los llevó al Manhattan Siglo XXI de la ciudad de Nueva York.

Besos