jueves, 26 de noviembre de 2015

San Juan de la Cruz y la ballena y noticias de nuestras lecturas.


Como a Jonás, en El mudejarillo hay un momento en el que una ballena se traga a San Juan de la Cruz. Antes ya había tenido una advertencia: un monstruo de esas dimensiones lo atacó cuando se bañaba siendo un muchacho en el río Zapardiel pero pudo escapar, azorado y sin atreverse a contarlo. Pero esta ballena se lo traga y, capítulos después, lo vomita. Pero no antes que del fraile no deje rastro de nada. Jiménez Lozano nos lleva al asunto casi con un juego infantil que contiene un prodigio vanguardista. Del fraile no queda nada después de que se lo tragara la ballena: la narración se adelgaza tanto para contarlo que, en efecto, el capítulo siguiente es un capítulo en blanco: Ni rastro de nada.

La ballena aparece en un momento en el que a San Juan y a todos los reformadores del Carmelo les persigue la jerarquía eclesiástica, que comienza a ver en el impulso puesto en marcha por Teresa de Jesús una peligrosa forma de socavar lo establecido, de poner en evidencia la hipocresía del sistema mantenido entonces por la Iglesia católica y su alianza con el poder. Aquella persecución casi logra poner punto final a la reforma. Solo la reacción inteligente de los sectores sociológicos que la apoyaban y la firme actuación de los implicados consiguió que la reforma continuara. Pero ya no sería lo mismo, evidentemente, se sentían amenazados, perseguidos y bajo la mirada vigilante de la jerarquía católica aliada con fuertes sectores del poder civil y controlados por la Inquisición. Todo esto simboliza en la obra la ballena. San Juan queda más frágil, más espiritual, más intensamente místico y poco hablador. Esta intensificación de la personalidad del fraile está magníficamente lograda por Jiménez Lozano casi de una forma indirecta. El fraile, poeta y místico no da lecciones, no explicita sus visiones ni sus creencias espirituales, solamente las pone en práctica, sin darse importancia, acentuando su humildad y su afán por no ser.

La próxima semana termino con el comentario de la novela de Jiménez Lozano y comenzamos el día 10 con la lectura de Los pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán.


Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte escribe un acertadísimo análisis del estilo de El mudejarillo, de su arriegada concepción por parte de Jiménez Lozano y de cómo se usa para acercarnos al personaje del que se trata.

Mª Ángeles Merino continúa narrando desde dentro la visión de San Juan y así lo lleva a estudiar latines, claro. Un libro tan pequeño en apariencia que nos da tanto...

Gelu ha conseguido hacerse con el libro y se lanza con acierto, como siempre, a seleccionar citas que subrayan lo importante de la novela e ilustrarla de tal manera que no enriquece la lectura.


Pancho demuestra, en su comentario sobre esta lectura nuestra del Coloquio de los perros que Cervantes hasta cuando habla de perros habla de los seres humanos... y, como casi siempre, llegó Sabina.


Luz del Olmo nos prepara la nueva lectura, que dará comienzo aquí el 10 de diciembre. Y lo hace de forma muy interesante: publica el anuncio de la novela que apareció en La Época el 27 de octubre de 1886. Conviene leerlo en su integridad para comprender el contexto: el auge del género novela y la afirmación del naturalismo de la obra.

Paco Cuesta también calienta motores con esta novela: y nos sitúa con acierto en la perspectiva de un autor (autora, en este caso) de novelas naturalistas.

Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os  agradezco que me lo comuniquéis.

4 comentarios:

Omar enletrasarte dijo...

El mujedarillo o la virtud de la prosa poética, eso tan difícil de conseguir con brillo y para deleite del lector
un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

Tiene muchas capas "El mudejarillo". Como dices, un libro pequeño que nos da tanto. Las historias laterales nos ensanchan el paisaje y el paisanaje, completando la hermosa historia de un hombre sabio y amante de lo natural y sencillo.
El hospital de bubas, el Estudio de latín, el castillo de la Mota con el enanillo que recuerda la huida de César Borgia, la huida del mismo mudejarillo, Salomón, Virgilio, Fontefrida y la avecica que se mira en el agua, el frailecillo que estudia lo que le mandan y no le mandan lo que más le gusta, Fray Luis y sus secretos, con su cátedra y su huerto, la imaginación de un niño que ve una ballena en un río sin agua y la ballena metáfora del monstruo de la Inquisición que se lo traga y luego lo vomita...Todo un universo el de este mudejarillo. ¿Cómo cabe tanto en un pueblo como Fontiveros? ¿Cómo cabe tanto en un libro tan pequeño? Estaríamos todo un curso con él, pero doña Emilia pide paso.
Voy escribiendo la crónica de la lectura presencial del martes. La publicaré para la semana que viene. Y a la siguiente, me iré al ambiente bárbaro de la Galicia rural que Emilia Pardo Bazán bien conoció. Será una buena lectura también, segura.
Un abrazo, Pedro.

São dijo...

Já li obras de San Juan de la CRuz e , realmente, o seu misticismo é muito visível.

Amigo mio, besos

Gelu dijo...

Buenos días, profesor Ojeda:

Leyendo en esta entrada suya, las 'Noticias de nuestras lecturas', he comprendido muchísimo mejor la alegría de la mujeruca, y la importancia de encontrar una letra.
Y sí, en ocasiones se pierden letras.
..."y se la había devuelto en seguida, porque la había visto caer y sabía que era suya. Aunque no sabía qué letra era, ¡eso no!, porque ella no sabía leer; pero que era una letra."
En mi caso, he valorado la "s".
¡Qué afortunados por saber leer y poder disfrutar de libros como éste!.

Abrazos