jueves, 9 de mayo de 2013

Propósito inicial de Campos de Castilla de Antonio Machado, balance final de La marca del meridiano de Lorenzo Silva y noticias de nuestras lecturas


Campos de Castilla de Antonio Machado -de cuya primera edición se cumplía el año pasado el primer centenario- supone uno de los avances más significativos en la construcción de una de las líneas poéticas de la modernidad española que más han perdurado. Este poemario, que iba a ser una cosa y terminó siendo otra tiene, precisamente en ese giro, la clave de muchas cosas que iremos desgranando en este mes que dedicaremos a su lectura.

Cuando Antonio Machado compone los poemas primeros de Campos de Castilla, cuando concibe el plan inicial del libro, está inmerso en las ideas que circulan en aquel momento en España. La evidente decadencia del país, su pérdida de peso en el contexto internacional y las manifestaciones de que el sistema creado por la Restauración borbónica era insuficiente están en la gestación inicial.

Machado, que va a Soria por motivos laborales (acaba de obtener la cátedra de francés y ocupa la vacante del instituto de Soria), profundiza en una de las ideas claves del modernismo: la mirada al paisaje como símbolo de la historia, de una historia en la que coinciden pasado, presente y futuro. Comprendiendo el paisaje y la relación que con él guarda el ser humano que lo habita, se hallarán, según piensan, las claves de lo que sucede, las razones de esa decadencia española y la forma de superarla. Unamuno lo había llamado intrahistoria y publicó en 1895 un ensayo fundamental que se convirtió en herramienta metadológica de todos: En torno al casticismo. Puede decirse que Campos de Castilla cerraba en poesía el ciclo que había abierto Unamuno en ese ensayo, aunque ambos libros tengan tonos y posiciones ideológicas -y, sobre todo, actitudes vitales- diferentes como diferentes eran ambos autores.

Pero entre 1895 y 1912 había ocurrido algo: Ortega y Gasset había regresado de Alemania y, a pesar de su juventud, consiguió un gran impacto en el pensamiento español por los años en los que Machado escribía Campos de Castilla. Gestaba Ortega su teoría sobre las generaciones como método de análisis histórico y polemizaba con Unamuno sobre la posición de España en Europa y la forma de modernizarla. De hecho, los famosos artículos de Azorín sobre la Generación del 98 -tan llenos de ese impacto que supuso en él el pensamiento de Ortega- se publican en el ABC en 1913. Campos de Castilla es, inicialmente, la aportación de Antonio Machado a este debate abierto sobre España desde unas décadas antes y que se había agudizado por aquellos años porque llegaba, pujante, una nueva generación, más moderna, más libre de trabas y que aspiraba, con ambición, a una modernización española basada en la introducción de los elementos nuevos que cambiaran sustancialmente lo que había predominado hasta ese momento en el país.

Pero la vida tiene sus propias reglas. Antonio Machado se enamora de Leonor y Leonor enferma y muere. Machado se va de Soria. Y el libro se trasforma y gira. Y Antonio Machado no renuncia a construir el poemario con ese material autobiográfico ni hace dos libros diferentes, como hubieran hecho otros: comprende que deben ser uno mismo, enlazado todo por el paisaje. La irrupción literaturizada de lo biográfico en el propósito filosófico inicial de Campos de Castilla lo ensancha por el lado de la intimidad de la voz poética. De esa tensión entre la reflexión histórica y el sentimiento biográfico, en la que triunfa finalmente la voz poética en su drama íntimo de la expresión del duelo a través del paisaje, nace una de las revoluciones más importantes de la poesía española.

Balance final de la lectura de La marca del meridiano




La marca del meridiano es la obra de un verdadero profesional de la escritura que ha sabido crear su público. El lector de esta obra encontrará las marcas tradicionales de la novela policiaca y la contextualización histórica en la España actual de una manera suficiente, enhebrada con facilidad pero sin que llegue, en ningún momento, a molestarle. La lectura se hace amena y rápida. El personaje protagonista -más aún si lo conoce de las novelas anteriores- tiene la suficiente humanidad como para que podamos empatizar con él -marcado aquí con el hecho de que cada vez nota más la edad y el esfuerzo físico que le supone su trabajo. No esconde nada: la corrupción policial, las desavenencias entre los diferentes cuerpos de seguridad, los problemas burocráticos, la presencia del mundo criminal en la vida cotidiana, los problemas políticos planteados por el nacionalismo catalán, etc. Nada está presentado con la suficiente hondura como para que moleste al lector medio que lee para entretenerse pero todo está presente para que no se eche en falta. No hay ningún experimento formal que aparte de la lectura al no avisado como tampoco hay caídas en el ritmo narrativo que aburran. Un término medio precisado en balanza. Silva consigue lo que busca: dar una novela más a su público.

Noticias de nuestras lecturas

Coincidiendo con nuestra lectura de Campos de Castilla, se ha inaugurado en el Monasterio de San Juan de Burgos hoy día 9 de mayo la exposición Campos de Castilla. Hoy es siempre todavía, que se había mostrado con anterioridad en Soria y Segovia para celebrar el centenario de la primera edición del poemario machadiano. Ha sido organizada por el Institituo Castellano y Leonés de la lengua en colaboración con la Institución Fernán González, depositaria de un imprescindible fondo machadiano.

Paco Cuesta comenta con acierto el poema inicial de Campos de Castilla -verdadero prólogo- de una forma inteligente y sutil, que os soprenderá.

Mª Ángeles Merino comienza presentandonos el autorretrato del autor de Campos de Castilla y comenta e ilustra el poema Campos de Soria, desde el ritmo hasta la ideología. Todo un magnífico arranque para 
centrar en el poemario.


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Pancho cierra su comentario de La marca del meridiano con una entrada sobre la acción final, que precipita el desenlace. No os perdáis su referencia cervantina, en la que da un verdadero pase de pecho... No es de extrañar que sus aportaciones hayan llamado la atención del mismo autor, Lorenzo Silva: aquí tenéis lo que dice.

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Pancho, en su lectura de Aurora roja, comenta ese estado crítico en el que comienzan a despertar ideas peligrosas sobre hombres mesiánicos que saquen a los países de los atolladeros...  Después,  llega al momento en el que Manuel, el protagonista de Aurora roja, opta por el eclecticismo en su posición ideológica y en su actitud vital. Baroja nos ha conducido certeramente hasta ese momento. No os perdáis ni las ilustraciones de esta entrada ni el video con el que termina. Excelente.

Os pido disculpas por el retraso en la publicación de esta entrada. Como sabéis los lectores habituales de La Acequia, he tenido circunstancias que me lo han impedido. Hemos fijado fecha definitiva para el cierre, por este curso, del Club de Lectura de La Acequia. Como recordaréis, en junio leeremos El hereje de Miguel Delibes. Con este motivo, nos veremos el sábado 13 de julio en Valladolid. Haremos la ruta teatralizada de El Hereje que se organiza en la ciduad por los lugares citados en la novela y tendremos una comida. Aquellos que queráis participar, escribidme un correo electrónico.

11 comentarios:

Gelu dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:

- Una suerte poder participar en estas lecturas colectivas. Agradecemos su esfuerzo diario y continuado.
- Comparto lo que dice de Lorenzo Silva, que ha demostrado que además de premiado y buen escritor es una persona sencilla.
- El modo elegante de trabajar de pancho ya lo conocemos los seguidores de sus blogs.

Abrazos.

Merche Pallarés dijo...

Enhorabuena a todos los que estais siguiendo estas lecturas especialmente a los análisis tan concienzudos de nuestro querido PANCHO, al igual que a los de PACO CUESTA, ABEJITA, GELU, ELE BERGÓN, MYRIAM, etc. Disfruto mucho leyendóos aunque no haga muchos comentarios... Besotes machadianos, M.

Paco Cuesta dijo...

La gran aportación de Campos de Castilla resulta de ser poesía histórico biográfica.

Omar enletrasarte dijo...

me entusiasma, quisiera conocer el Duero, que tanto surcan los versos más perfectos que he conocido.
un gran abrazo

pancho dijo...

Excelente y útil texto a modo de introducción para encajar Campos de Castilla en la poética de Machado y en su tiempo. Ahora podemos entender mejor los motivos de ese aspecto un tanto deslavazado o falto de unidad de la obra. El paisaje y los paisanos que lo habitan también era un tema recurrente en Unamuno. Los dos entablan diálogo con la aridez y los colores pardos de la llanura castellana, quizás Machado le pone más emoción y versos más fluidos, más naturales, para eso era andaluz, pero los dos igual de entregados, cargando la suerte de verdad.
A ver si tengo tiempo de terminar un pequeño comentario a Retrato, que me está costando porque hay otras cosas que hacer y el poema requiere la concentración que falta, y mira que la mayoría de los versos del poema pertenecen al conocimiento general de casi todo el mundo.

Silva es un auténtico profesional de la escritura, como Pío Baroja dedicado a escribir en exclusiva, solo así se entiende que lleve más de cuarenta publicaciones.

Tus reseñas de las entradas propias, pertenecientes al grupo de lectura son agradecibles.

Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

Me alegro de que Machado cambiara de rumbo, no puedo evitar que me caiga algo gordo el Machado que proclama aquello de "Castilla miserable ayer dominadora envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora".

Por eso me fui desde el Retrato hasta "Campos de Soria", no sabía como meter mano a esos primeros poemas.

Siempre me enamoró el "huerto claro donde madura el limonero"...quiero uno así en Burgos, pobre arbolito, qué frío.

Acabo de visitar la exposición del Monasterio de San Juan, son los manuscritos que conserva la institución burgalesa Fernán González, producto de la donación que hizo la viuda del otro Machado, Manuel, el de derechas, el que pasó la guerra en Burgos y tan a gusto.

Me ha interesado el borrador de algunos de los versos de Campos de Castilla. Haré alguna foto.

Besos, gracias por tus palabras.

Myriam dijo...

¡Yuppi ya le llegó el turno a Machado y obvio que ando con Machado en la maleta, mira que me entró toditico el señorito!

Besos voladores y andariegos de esta nómada planetaria pero con el corazón en nuestra querida Sefarad y en unos pocos lugares más.

Seguiré juiciosamente tus clases como siempre, ya lo sabes.

Myriam dijo...

AH, y por una cuestión de logística ubicacional por volatilidad escobatil, pido se me exima de presentar trabajos, que mi casa está en descanso y yo aereando neuronas, cuerpo y alma.

Marijose dijo...

Buenísima introducción del poemario Campos de Castilla. Me ha sido muy útil y lo agradezco de corazón.
Me gusta el Machado poeta, el Machado comprometido.
Y no creo que lo de Castilla miserable lo escribiera por falta de amor a Castilla, al contrario, él se identificó con el paisaje, se sintio parte. Lo que ocurre es que para arreglar un problema, primero hay que reconocerlo.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Seguim la lectura.

Petons, Profe!!

/Codecola

José Luis Ríos Gabás dijo...

Gracias por esta introducción, creo que me viene muy bien.

Un abrazo