lunes 31 de octubre de 2011

Disolución de noche (Truco o trato)


¡Ah, la noche! Cuántas sorpresas aguardan a quien sabe contemplarla en todos sus minutos en este otoño extraño. Alguna te muerde en el punto exacto de la boca del estómago que la necesitaba: el cuello.

domingo 30 de octubre de 2011

El miliciano que saltó sobre Gadafi


Lo peor de esta fotografía no es la fotografía en sí misma. Omran Shaban, el miliciano libanés que ha declarado ser uno de los miembros del grupo de perseguidores que capturara finalmente a Gadafi cuando intentaba esconderse en una alcantarilla, posa con las pistolas que pertenecieron al dictador: una de ellas, la famosa pistola de oro. ¿Serán de oro sus balas también? Quizá Gadafi quisiera defenderse de los hombres lobos al no reconocerlos como hermanos o precisamente por reconocerlos de su condición. ¿Omran Shaban adoptó esta pose voluntariamente o fue el fotógrafo quien se la sugirió? Hemos visto a este milliciano en vídeos, tras el linchamiento del dictador. Dejaba que otros tomaran por un momento la pistola dorada, siempre atento a recuperarla para conservarla como trofeo. Posiblemente haya ensayado este gesto decenas de veces antes de hacerse esta foto: cuando llegó el fotógrafo la sangre se le había enfriado ya. Seguro que había contado en cientos de ocasiones su relato hasta hacerlo cada vez más lejano de la realidad. Lo peor de esta foto no es Omran Shaban. Quizá este joven miliciano haya visto muchas cosas en esta guerra que le hayan endurecido la mente, más que el rostro, que aun conserva la juventud necesaria para que le quede mucha vida por delante en la que esta foto pueda pesarle como una losa que lo aplaste o pueda llevarlo a ser considerado un héroe nacional. O simplemente, sea olvidado poco a poco y hasta sus amigos más íntimos huyan de él dentro de unos años para que no les vuelva a relatar cómo capturó a Gadafi en una alcantarilla. El azar le puso en el lugar adecuado para saltar sobre Gadafi cuando este quería huir. Quiénes somos nosotros para cuestionarle. Nosotros mismos podríamos encontrarnos en una situación de este tipo y dejarnos llevar por la sed de venganza colectiva: al llegar ahí sabríamos de torturas de amigos y familiares, habríamos visto morir en el frente a nuestros compañeros de armas y Gadafi se habría convertido en algo más y algo menos que una persona (un símbolo y una rata), arrebatándolo toda la humanidad sin dejar ni el gramo que hubiera bastado para tener piedad de él y entregarlo a la justicia. Lo peor de esta fotografía no es el fotógrafo, Cristóbal Manuel, que vio la oportunidad de hacer una fotografía histórica y la hizo aunque todo en ella sea previsible y recuerde a fotografías de otros ejecutores de dictadores o de aquellos héroes del oeste americano -ladrones de bancos o sus captores- o los personajes de decenas de películas de ficción que hemos visto tantas veces que podemos confundirlas unas con otras. Lo peor de esta fotografía no es que un medio de comunicación como El País la haya publicado en primera página: todos los periódicos del mundo lo hubieran hecho (esta sí, porque no todos quisieron publicar las fotografías o el vídeo del linchamiento en primera). Lo peor de esta fotografía no es que todos los lectores nos hayamos parado a mirarla en la portada del periódico, con la curiosidad de saber más detalles, incluso los menos relevantes y más miserables, de la muerte de Gadafi, cuyo tiranicidio no tuvo nada de la belleza de los que nos han transmitido las leyendas históricas.

Lo peor de esta fotografía es que el rostro de Omran Shaban se parece demasiado al nuestro y lo hemos visto cada mañana al peinarnos frente al espejo y que nadie, ni los tiranos, ni los grandes poderes que gobiernan el mundo, ni nosotros mismos, evitará que dentro de unos años vuelva a publicarse porque en otra parte del mundo haya sido imposible sacar del gobierno a un dictador sin que Omran Shaban haya tenido que saltar sobre él para capturarlo.

sábado 29 de octubre de 2011

Disparos certeros


Cuando un disparo es certero, rompe el alma y deja el cuerpo como un saco que camina. Son curiosas las marcas que deja en la pared que está detrás del agredido. Habría que aprender de ella.

viernes 28 de octubre de 2011

El vídeo de Juan Ramón Jiménez.

Ha corrido la noticia del hallazgo de la única -hasta ahora- película en la que podemos ver, en movimiento, a Juan Ramón Jiménez, uno de los escritores más importantes en lengua española y que tanto influyó en la creación del lenguaje de la modernidad. Se ha desatado un júbilo enorme por la noticia.

A mí me ha llenado de tristeza pensar en lo poco que se cuida el patrimonio cultural español: han sido necesarios más de ochenta años para el rescate. Solo un consuelo: al menos, en este caso, el documento (interesante para documentar no solo al personaje sino también la época) no se ha perdido para siempre.


(Por cierto, ayer, día 28 de octubre fue el aniversario del nacimiento de Valle-Inclán.
Buen motivo para sumarte a la lectura de sus Sonatas que hacemos en este blog los jueves.)

jueves 27 de octubre de 2011

El placer y el pecado y noticias de nuestras lecturas.


Valle Inclán, en las Sonatas, usa la religión católica con varios fines. He de decir que a mí nunca me pareció que Valle tuviera una intención ideológica de defensa del catolicismo como algunos pretenden -hay quien insiste demasiado en que el Marqués de Bradomín era una máscara de Valle, como si el escritor necesitase más máscara que la suya propia-. Valle quiere, en primer lugar, caracterizar una sociedad bien alejada de la modernidad que ya se apuntaba. El juego estético que con ello consigue es de gran altura: los personajes están llenos de creencias ancestrales que se agarran al paisaje -no olvidemos que estamos en el modernismo y esta es una de las claves del movimiento- y que dotan de un cierto grado de atemporalidad a la historia, cuando no de una textura onírica. Pero no se para en ello: el choque entre el deseo y la sensación de pecado que implica es una de las características de la relación del Marqués y Concha. No solo de ellos: de todos los que las conocen y amparan, como las mismas hermanas monjas de la amante. Con ello consigue Valle algo muy díficil de hacer tan correctamente en la literatura: una fuerza erótica que se instala en el centro de la obra. Evidentemente, la época y la publicación en la prensa, impiden que Valle sea explícito. Pero también por el lirismo en el que instala la narración (de hecho, en otras obras decantadas por lo grotesco, Valle lo es). Solo puede entenderse este choque de fuerzas en una cultura católica como lo era la España del momento: la sensación de culpa por disfrutar libremente del amor con toda la intensidad de la pasión. Qué bien juega Valle con todo esto para construir la novela y condicionar la recepción del lector.



Noticias de las Sonatas

Firvulag paladea, nada más comenzar la lectura, el estilo de Valle y envida la experiencia de los primeros lectores cuando publicó estos fragmentos en la prensa.

Paco Cuesta da toda una lección en la aproximación a la forma en la que Valle trata el paisaje a la manera de los pintores impresionistas de su época.

Merche rebautiza al marqués de Bradomín, nada más comenzar el comentario -me temo que tendrá suerte, como sucedió con don Quijote- y nos lleva hasta las flores de una tumba que, por ahora, tardará en llenarse...

Pancho escribe un interesante panorama para situar a Valle en su época y un exacto y jugoso comentario del viaje de ida del Marqués para reencontrarse con Concha.

Myriam avisa y da explicaciones -no tenía por qué- de la razón de su retraso en el comentario de Valle. Merece la pena que miréis la entrada.

Entre mirtos y laberintos se mueve Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, para comentar -sin que se le escape ninguna de las palabras mágicas y musicales de Valle- el viaje del Marqués hasta la casa de Concha.

Noticias de las lecturas anteriores

Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, nos devuelve al Quijote para satisfacción de todos al comentar el capítulo 10 de la Primera parte de la novela. Y no le hacen falta secundarios para hacernos disfrutar, no.

J.G. nos habla de la casa de prostitución como lugar de refugio, que hallamos en Riña de gatos. Un excelente texto.

miércoles 26 de octubre de 2011

Cómo un gesto indica una obra maestra

Por la voluntad de alguien, el azar o el deterioro, el único manuscrito del Cantar de Mio Cid conservado comienza abruptamente. Como todos saben, le falta la primera hoja. No era la voluntad de su autor, por supuesto: en la época no se estilaban estos comienzos sino que se ponía en antecedentes al lector. Esta pérdida, sin embargo, le dota al inicio del Cantar de una modernidad sorprendente y de un impacto plástico inigualable hasta el punto de que lo mejora: quien lee o escucha los primeros versos se encuentra, de golpe, con el rostro del héroe. Más precisamente, con un gran primer plano de los ojos de Rodrigo Díaz, que llora abundantemente:

De los sos ojos tan fuertemientre llorando

Muchos héroes clásicos habían derramado lágrimas en la literatura épica clásica o medieval, pero ninguna de esas lágrimas adquiere la condición humana que tienen las del Cid, que llora como cualquier de nosotros lo haría cuando contempla la estampa de su casa, que debe abandonar para marchar al destierro dejando las puertas abiertas y las estancias vacías y en desorden. El dolor del Cid es bien humano, pero lo que definitivamente le otorga ese carácter es un gesto que describe con toda precisión el autor. Justo cuando va a entrar en Burgos:

Meçió mio Çid los ombros e engrameó la tiesta,

Este es un gesto que todos recordamos e identificamos. Al menos, todos los que tenemos cierta edad escuchamos a nuestros padres, cuando niños, que en los momentos de mayor pesadumbre, antes de entrar en un lugar público, hay que secarse las lágrimas y levantar la cabeza. Este gesto, tan universal, tan cercano, hace al Cid -perfecto en todo según el modelo de un noble castellano medieval- muy humano, muy próximo. Por sí solo podría bastar para otorgar al texto la condición de obra maestra de la literatura. Porque las obras maestras lo son, en especial, porque prestan atención a estos pequeños detalles, tan exactamente humanos.

martes 25 de octubre de 2011

Camino de Santiago


La peregrinación no es la ida, sino el regreso. El año pasado dejé una deuda pendiente que se me fue enredando entre los pies y hoy se me ha removido hasta hacerme el daño preciso -incisivo, exacto-  y recordarme su presencia.
 
No sé si en el algún momento he comentado que junto a mi Universidad transcurre un tramo del Camino de Santiago al atravesar Burgos y que todos los años veo cientos de peregrinos al entrar o salir de clase. En ocasiones me he preguntado sobre lo que les mueve a dejar sus casas y arriesgarse al frío o al calor o a lo desconocido. Sé que no todos los motivos son espirituales pero que terminan siéndolo de una extraña manera, no siempre dentro del libro ortodoxo del caminante, si es que existe. Yo mismo, en algún momento, me comprometí a llevarlo a cabo porque tenía un buen motivo aunque luego no hubiera lugar para ello porque se acabara la esperanza. El Camino se ha construido sobre un conjunto de creencias, oportunidades e intereses, pero permanece en su esencia: siempre es hacia adentro de uno mismo por muy hermosos que sean los paisajes que pisemos.

El caminante se lanza y comienza paso a paso -no hay otra forma- con la energía del ingenuo, pero bastan unos quilómetros para enfrentarse con el dolor físico y con las dudas. Algo le pide que se detenga, otra parte le obliga a seguir: se encontrará con este dilema cada vez que cumpla su jornada y todas las mañanas al despertar sin haber descansado lo suficiente. De hecho, el Camino está lleno de personas que lo abandonan para quedarse en él, como en la ribera de un río, viendo pasar a otra gente. También de aquellos, que, en una cuneta, lloran porque las heridas de los pies -o de muy adentro- les impiden continuar. A las pocas jornadas se descubre que se hace extrañamente en soledad acompañada y que todo, en realidad sobra: qué poco se necesita para la vida, qué ganas de abandonarlo todo en la primera revuelta del sendero. Incluso la mochila con la que cargamos al inicio y en la que habíamos procurado ordenar meticulosamente todo aquello que nos parecía imprescindible antes de la partida. Una vez cumplida la meta, hay quien prosigue el Camino hasta que se acaba la tierra, junto a la mar del fin del mundo y aun más allá, con la mirada. Al regreso a casa, todo es emoción: necesitamos compartir la experiencia y en los ojos nos chispea la vida en explosión de entusiasmo. Es la alegría de lo realizado, es la satisfacción de compartir junto a los que queremos lo que nos ha trasformado por dentro. Una costumbre actual traiciona, en este sentido, la realidad del peregrino -sea cual sea su meta-: compramos, al salir de nuestros domicilios, la concha que pensamos nos acredita como tales. Pero esta concha no deberíamos llevarla en la ida, sino en la vuelta, porque todos los caminos solo comienzan, en realidad, al regreso. Y duran el resto de nuestras vidas.

Hace un año adquirí una deuda ante unos ojos llenos de vida. No sé cuáles serían mis motivos para lanzarme hoy al Camino -quizá solo uno, el mismo que entonces-, pero sí sé, con toda certeza, que hay deudas que se le clavan a uno muy adentro y que, gota a gota, se hacen paso hasta la superficie para llamar la atención del deudor y dejar una sensación de amargura en la boca.

domingo 23 de octubre de 2011

El final de ETA

En España, la noticia de la semana pasada fue el comunicado de ETA anunciando el final definitivo de la violencia terrorista. Como han señalado los analistas, aun faltan muchos pasos: la disolución de la banda, la entrega de las armas, los procesos judiciales que correspondan, la situación de los presos etarras, etc. En el momento de satisfacción que provoca el saber que comienza un tiempo en el que nadie se sentirá amenazado por los terroristas, todos debemos acordarnos, en primer lugar, de las víctimas antes de cualquier análisis. Ha sido mucha la sangre vertida.

Aunque, por la experiencia con esta organización terrorista y otras similares, aun cabe la lógica reserva y el miedo ante posibles escisiones internas que provoquen nuevos atentados, el final es inevitable: hace mucho tiempo que ETA estaba acorralada por las fuerzas policiales y contaba con un soporte sociológico dispuesto a la violencia cada vez menor. A esto hay que añadir la asfixia económica y el anacronismo que representa una organización de este tipo en Europa, lo que le privaba de cualquier simpatía y apoyo internacional.

Lo de menos es la retórica con la que se han despedido y la insistencia en hablar de conflicto armado y de igualar a las víctimas. Quien se quede con el texto literal de su discurso, solo puede entrar en una espiral de sordera.

De todas las formas, el final de los atentados terroristas y la previsible extinción de ETA voluntaria o no, anunciada o no, nos deja ante el problema político. Y aquí, por mucho que nos duela, ya no pueden prevalecer las víctimas sino la eficacia de la negociación política y la apertura de miras para favorecer la convivencia incluso entre los intransigentes. Esto estará en manos del partido que gane las próximas elecciones generales que se celebrarán el 20 de noviembre. Previsiblemente, este partido será el conservador Partido Popular. De cómo gestionen sus dirigentes los próximos meses en este aspecto dependerá la forma en la que sanen las cicatrices.

sábado 22 de octubre de 2011

El tiranicidio solo es hermoso en la distancia histórica

Todos hemos visto las imágenes de la muerte del dictador libio, Muamar el Gadafi. Es difícil alegrarse por una muerte así. La conciencia democrática siempre pide un juicio y una condena. En cambio, en la historia (antigua y reciente) ha sido frecuente el linchamiento de los tiranos: la violencia con la que se han mantenido en el poder y, en especial, si se han aferrado a él hasta los últimos momentos provocando un baño de sangre lleva a su asesinato violento.

La leyenda y la literatura recubren de grandeza estas muertes: César fue asesinado y la leyenda le otorgó una frase que es toda una sentencia moral. Pero hoy la tecnología nos lleva en directo al centro del grupo que dispara al dictador después de golpearlo y arrastrarlo. El tiranicidio ha perdido toda altura trágica.

viernes 21 de octubre de 2011

Y, por fin, el otoño.


Se ha hecho esperar, pero llegó y es hermoso este otoño. Hagámoslo nuestro.

jueves 20 de octubre de 2011

Forzar los límites y noticias de nuestras lecturas.


En Sonata de otoño, Valle experimenta con el lenguaje: construye la narración a la manera de una novela sentimental desbordada. Con habilidad prodigiosa lleva la expresión de los sentimientos al límite de lo posible. Tan solo un centímetro más allá hubiera incurrido en el ridículo (ya de por sí la historia podía decantarse hacia allá al narrar, hace un siglo, el amor de dos personas a punto de entrar en la vejez). La contención última viene dada por el ritmo musical de las frases, el simbolismo de lo narrado, la huida del realismo, la visión plástica de las imágenes, la teatralidad de las situaciones pero, sobre todo, porque no se detiene en anécdotas narrativas. No duda en arriesgar Valle y jugar con el lector, que reconoce el terreno de una literatura sentimental -erótica, en aquella época, pecaminosa para la moral general- pero no identifica el lenguaje. Además, Valle suprime toda valoración moral externa y deja la carga de conciencia para los mismos personajes que no dudan en trasgredir las normas sociales. De ahí el inicio de la narración: una carta en la que Concha reclama a su antiguo amor sin tapujos al saberse morir (otro detalle esencial para situar el juego intertextual de esta Sonata): -"¡Mi amor adorado, estoy muriéndome y sólo deseo verte!". Solo conozco un inicio similar de una novela, que juegue tanto con el riesgo de caer en la ladera de lo ridículo para salvarse: Lolita, de Vladimir Nabokov.

Noticias de las Sonatas

No os perdáis el comentario de Merche Pallarés del comienzo de la Sonata de Otoño: del disfrute por el lenguaje a la represión sexual...

Pancho contextualiza las Sonatas para que podamos entrar en ellas en buenas condiciones.

Ele Bergón nos trae a Francisco Brines y, de su mano, una reflexión poética sobre Concha, su amor por el Marqués de Bradomín y el otoño de las rosas...

Mª Ángeles Merino comenta e ilustra el comienzo de la Sonata de otoño y, en especial, la caracterización de Concha, con su entrega febril al Marqués...

Noticias de las lecturas anteriores


Como ya nos sucediera con la lectura del Quijote, en muchas ciudades españolas hay locales que rinden homenaje a Bécquer, uno de los poetas más populares en español. Estrella me remite una nueva muestra: la servilleta de una cafetería con el nombre del autor de Peñarroya-Pueblonuevo, Códoba. Su envío me ha recordado que yo, de niño, coleccionaba estas servilletas de papel.

Pancho comenta el capítulo 17 de Riña de gatos y llega a la descripción de las reuniones falangistas y las averiguaciones sobre el cuadro de Velázquez.

miércoles 19 de octubre de 2011

Limón amargo


Que no se me olvide anotar, en la libreta, huir de la gente que viste la vida de limón amargo.

martes 18 de octubre de 2011

La esperanza tras el sufrimiento. El viaje de Güendolina, de Carmen Santamaría


A veces la vida nos pone en lugares límites. A todos, aunque no siempre lo vivamos de la misma manera. La soledad, una pérdida, la marginación, el sufrimiento por la enfermedad o el maltrato que recibimos...  Cuando caemos en estos estados nos parece que solo nosotros estamos en esa situación: la tendencia primera es el aislamiento porque pensamos que nadie nos puede comprender, nadie nos puede ayudar o todos pueden hacernos daño. Es parte del duelo, una parte necesaria pero solo la primera. Si no superamos esa fase nos convertiremos en seres sufrientes de por vida. Si no aprendemos de esa experiencia, repetiremos el error con frecuencia.

De eso trata El viaje de Güendolina (Equipo Sirius, 2011), de Carmen Santamaría, una novela que plantea el encuentro de personajes que arrastran carencias emocionales: una alta ejecutiva incapaz de mantener una relación sentimental estable; una madre y una hija unidas por el sufrimiento de un pasado traumático; un profesor de instituto solitario que no sabe luchar por aquello que le gusta. El hilo que les unirá será el encuentro con un libro que cuenta la fábula de Güendolina, una joven que inicia el camino simbólico de la vida para regresar más fuerte y, sobre todo, con una identidad definida tras todas las experiencias que le surgen. El libro ejerce una fuerza irresistible sobre todos ellos y les sirve para agruparse, para ayudarse mutuamente y formar un grupo al que sentirse unidos: el círculo necesario para que ninguno de ellos se vuelva a encontrar solo. Abandonan su dolor propio para cooperar y ayudarse unos a otros.

Quizá la tesis de la novela peque un poco de ingenua en la solución, pero eso le permite exponer la apertura de estos personajes solitarios -muy bien caracterizados en el relato- que viven la existencia con tantas carencias de inicio. La obra, sin duda, plantea una forma óptima para salir adelante ante los retos de la sociedad contemporánea, que tanto nos aísla los unos de los otros y que tanto convierte en extraños a los que conviven en un mismo edificio.

El viaje de Güendolina, segunda obra de la autora tras Balcones, caminos y glorietas de Madrid. Escenas y esceanrios de ayer y de hoy (Sílex ediciones, 2005), se lee con facilidad y despierta la empatía con las vidas de los personajes a partir de una estética realista que presta minuciosa atención a los pequeños detalles de la vida cotidiana: ruidos, aromas, conversaciones.

lunes 17 de octubre de 2011

Mordías el hielo de mi cuarta copa. Herminio's Jazz



Mordías el hielo de mi cuarta copa mientras Pedro Navaja cruzaba la calle hacia su destino. Era ya, definitivamente, una noche extraña y hermosa de un otoño remansado en verano en la que la vida daba sorpresas, ay Dios, que entraban con una sensación de algodón y mariposas en la boca del estómago. Se clavó un puñal de mirada ardiente,  se oyó un disparo que resonaba por las avenidas de adentro. Tu boca sabía dulce y suave. Quién sabe si, en un momento, tu cabeza paró de pensar para hallar algo en mi hombro y dejar en él la huella de un mordisco necesario. Puede no haber mañana o puede que se haya abierto una ventana al mar de todas las esperanzas, pero esa noche no nos la quitará nadie. Porque ya nos pertenece.

domingo 16 de octubre de 2011

Un 15 de octubre necesario






La persistencia en el tiempo del movimiento que comenzó en España el 15 de mayo pasado y del que ya hablamos aquí y su extensión internacional en los últimos meses como modelo de protesta (especialmente en Israel, Bruselas y Nueva York) se ha concretado en la última convocatoria de ayer sábado 15 de octubre, que ha sido un éxito tanto en España como en el resto de los países en los que se ha convocado. El movimiento no pretende responder a quienes en mayo insistían en su carácter episódico y tampoco a quienes le exigían propuestas concretas definidas en programas políticos al uso. Esto ha quedado para los comités de los partidos políticos tradicionales que han acogido, con oportunismo evidente, algunas de las quejas manifestadas por los que han participado en las asambleas y en las movilizaciones.

Este movimiento no es una revolución tradicional sino la manifestación de una evidente indigación contra el desarrollo de los sistemas parlamentarios actuales en un formato radicalmente moderno. Sin embargo, no es un movimiento antisistema sino la evidencia de que los partidos políticos y los representantes elegidos democráticamente por los ciudadanos se han olvidado de la extensión del concepto de democracia en tiempos como los que vivimos a principios del siglo XXI, con singular claridad en los países como España, en donde la clase política se ha alejado cada vez más de sus representados generando una peculiar política de ficción burocratizada, algo así como el tópico ideal ilustrado de todo para el pueblo pero sin el pueblo, que pone en riesgo evidente la respetabilidad del mismo sistema, con los peligros que eso ha supuesto siempre en la hsitoria de las democracias liberales. La degeneración lógica de esta situación se ha puesto de manifiesto tanto en los años de abundancia con la corrupción generalizada basada, en el caso español, en el suelo urbanizable y el sector inmobiliario, como en la crisis puesto que la clase política se ha demostrado incapaz de cooperar por el bien común y de hacer propuestas que vayan más allá de las medidas exigidas por los mercados financieros. En el caso español, la mediocridad intelectual del debate político es alarmante y demuestra que no se debe a electoralismo sino a que, sencillamente, nuestros políticos no dan para más.

Los ciudadanos se han cansado ya, como ponen de manifiesto estas movilizaciones. Evidentemente, son más las personas que se quedan en casa, pero eso siempre ha ocurrido, por lo que no podemos manejarlo como evidencia crítica. A la calle se lanzan los más concienciados de querer participar en la vida pública para mejorarla. Es decir, aquellos que están en condiciones de plantear las posiblidades de cambio.

El desarrollo de las concentraciones ha vuelto a ser ejemplar y sitúa de nuevo en el debate sociopolítico al movimiento del 15 de mayo, en especial ante la inminencia de las elecciones del 20 de noviembre. No porque vayan a cambiar su previsible resultado: es todavía muy pronto para que un movimiento de este tipo encuentre la forma de canalizar en votos el descontento de una manera eficaz en el entramado de la ley electoral. Pero su regreso a las portadas de los periódicos auguran que, ante la profundización en la crisis que parece previsible en el próximo año y el también esperable resultado electoral que dejará prácticamente todo el sistema político español en manos de un único partido, el 2012 el movimiento del 15 de mayo tendrá una presencia mayor y, con la experiencia, más eficaz.

Por ahora, la jornada de ayer sábado queda como un recordatorio necesario de que hay un gran sector de la población española -y mundial- descontento e indignado y que comienza a hallar la manera de intervenir en la vida política no solo como manifiestación de la opinión pública.

jueves 13 de octubre de 2011

Las Sonatas de Valle Inclán y noticias de nuestras lecturas.


Hoy podemos leer las Sonatas de Valle Inclán en su versión final y en la ordenación que sigue el orden de las estaciones del año (primavera, verano, otoño e invierno). Sin embargo, os propongo bucear en ellas para ir más allá de la construcción final del texto para encontrarnos con la ordenación según las primeras publicaciones de los tomos que las componen: Otoño (1902), Estío (1903), Primavera (1904) e Invierno (1905). Dado que las historias narradas en ellas son independientes entre sí -aunque vinculadas a la biografía de su protagonista, el Marqués de Bradomín- no perderemos nada del hilo argumental ni dejaremos de comprender la conexión simbólica establecida por el autor entre las etapas vitales del ser humano y las estaciones del año. Lo que os propongo, como intento hacer siempre, es que vayamos más allá del argumento, de las historias de los amoríos y aventuras de este protagonista, un Don Juan feo, católico y sentimental, por las tierras de Galicia, México, Italia y Navarra a finales del siglo XIX. No es que el argumento no sea importante -Valle no renunció nunca en estas novelas a atrapar al lector con la historia, sino todo lo contrario puesto que jugó con los recursos propios de la novela popular aunque al hacerlo quiso acercarlo a una nueva forma de escribir, bien diferente al realismo imperante-, sino que quiero que tengamos la experiencia de los lectores de la época y que, además, vayamos un poco más allá de la mera lectura argumental. Aunque nos entretenga la historia de este aristocrático personaje de una España decadente y sus relaciones amorosas más o menos turbias, debemos dar un paso más hacia adentro del texto y disfrutar con las claves técnicas de una tetratología que reúne lo que para muchos es la mejor prosa modernista en español.

Porque las Sonatas son muchas cosas, pero en primer lugar son una réplica a la forma narrativa realista. Valle quiso trabajar los textos cuidadosamente para alejarse de esa estética para hacer una obra nueva, como les gustaba decir a los modernistas, más propia de ese siglo XX recién inaugurado que de la estética decimonónica. Desde el título está clara esa intención: la aproximación a un lenguaje musical, cargado de literatura y lejos del prosaísmo. Todo, en las Sonatas, desde la construcción del personaje hasta la idealización de los espacios y de las acciones, la reducción de los detalles narrativos a la mínima expresión, etc., tiene el mismo sentido. A este minucioso trabajo le añade Valle algo que llevaba muy adentro y que explotará en los años siguientes: la teatralidad de las acciones. Valle escribía visualmente, como buen amante del teatro. De ahí que el lector actual, al aproximarse a estos textos, tenga una sensación de que está leyendo como si asistiera de espectador a una proyección cinematográfica.

Dado que se han retrasado algo nuestros planes, la lectura de la Sonata de Otoño nos llevará hasta mediados de noviembre.

Noticias de las Sonatas.

Firvulag confiesa que será su primera experiencia como lector de Valle Inclán y muestra su ánimo para comenzar la aventura.

Paco Cuesta analiza la experiencia lectora de quien se enfrenta por primera vez a la lectura de la Sonata de otoño: de la música a la magia de las palabras de Valle.

Noticias de las lecturas anteriores

Pancho comenta el momento en el que parece que todos quieren que el inglés de Riña de gatos se marche pronto y en su entrada se observa el tratamiento de algunas escenas y personajes por el autor para buscar en el receptor la sensación de cosas ya vistas y leídas. En su comentario al incidente que conduce al encañonamiento del protagonista, se aprecia magníficamente la tensión cinematográfica de la novela.

J.G. llega, en su comentario de Riña de gatos, al momento en el que toda la acción se desencadena en vértigo acelerado hacia el final.

Mª Ángeles Merino, tras comentar la opinión del inglés protagonista de Riña de gatos sobre Velázquez tiene un sueño en el que el pintor protesta y con razón.

martes 11 de octubre de 2011

Cinco años de La Acequia


El 11 de octubre de 2006 publiqué la primera entrada de este blog, Incertidumbre. Dentro de unos días, si todo va medianamente bien, publicaré la entrada número 1600. Como sabéis los más asiduos a La Acequia, este espacio ha sido muchas cosas: lugar de investigación sobre la comunicación en las redes sociales; divulgación de mis textos y fotografías; refugio personal en tiempos difíciles; solidaridad con algunas causas nobles; ampliación de mis clases en la universidad; reseñas de lecturas, encuentros, películas, exposiciones y actos culturales en los que he participado; comentario de la actualidad de estos años y reflexión sobre el mundo que nos ha tocado vivir.

A estas alturas, después de cinco años y 1600 entradas, sé que La Acequia es parte esencial de mi vida y que si no existiera el formato del blog, haría algo parecido en cualquier otro que estuviera a mi alcance puesto que la escritura (académica, divulgativa o creativa) es algo que llevo muy dentro de mí. Lo de menos es el formato. Pero el blog -como otras posibilidades propias de la web 2.0- aporta algo sustancial de lo que ya he tratado en muchas ocasiones aquí: el contacto directo con quien te lee y la corriente de afinidad emocional e intelectual con él. Sois vosotros, los seguidores y lectores habituales de La Acequia los que habéis hecho posible varias cosas que no tenía hace cinco años: una ampliación notable de mi horizonte personal y la colaboración en iniciativas de otros espacios y de este mismo. Sin los que os prestasteis a ello, por ejemplo, no hubiera sido posible la primera lectura colectiva y virtual del Quijote que se ha hecho en el mundo y que terminó en una comida digna de la imaginación del escudero cervantino, ni su consodilación en el club de lectura de los jueves.

Por lo demás, aquí sigo, con un poco menos de pelo, algo más delgado, con más años -y, por lo tanto, más cicatrices pero también más sabio gracias a ellas- pero más joven. Eso sí, con la misma incertidumbre de la primera entrada: es lo que me impulsa a seguir buscando.

Gracias a todos por estos cinco años.

domingo 9 de octubre de 2011

Déficit ecológico


A finales del mes de septiembre pasado, el planeta entró en déficit ecológico, es decir, se habían destruido ya más recursos naturales de los que se generan en un año. Según los creadores del Día de la huella ecológica, desde el 27 de septiembre vivimos a crédito, como cuando una familia, para llegar a fin de mes usa la tarjeta porque lo que se gasta no será cargado en la cuenta hasta el mes siguiente.

Incluso concediendo una parte de razón a los críticos de las organizaciones ecológicas y del ecologismo como pensamiento y sistema cultural, todos sabemos, desde hace décadas, que esto iba a suceder o sucederá en breve no solo como estadística anual sino como dato irreversible: llegará un punto de no retorno, como el que cada vez sitúan con más precisión la mayoría de los científicos que abordan seriamente el cambio climático. Siempre hay voces esperanzadoras que nos hablan de que las grandes corporaciones -en especial, las petroleras y quienes las gobiernan- tienen en cajones secretos planes tecnológicos que solucionarían el problema o que, incluso, los desarrollan en lugares ocultos a la información pública para ponerlos en práctica en pocos días cuando sea necesario. Ya es demasiado tiempo el que ha pasado para creer en estas conspiraciones: no todo es posible ocultarlo siempre. Simplemente, la teconología que podría evitar que terminemos de saquear las últimas migajas del planeta no ha sido desarrollada o bien porque no se ha invertido lo suficiente en ella o bien porque nadie ha dado con la clave de su implantación barata y eficaz. O ambas cosas.

A los que tenemos una cierta edad, nuestros padres nos educaron en una cuenta simple: no gastar más de lo que se tiene y saber ahorrar un poco para los tiempos difíciles. Occidente pensó, durante mucho tiempo, que podía despilfarrar sin tasa los recursos naturales de la Tierra gracias a que el ahorro venía de lo que no destruían los países pobres. Era un pensamiento sencillo: si dominamos el planeta, las cuentas las hacemos nosotros y las estadísticas encajan siempre. Pero desde hace un tiempo, otras zonas del planeta se han apuntado al depilfarro ecológico. Occidente no puede evitarlo: en primer lugar, porque ya no tiene la capacidad de frenar a las nuevas potencias emergentes; en segundo, porque carece de legitimidad moral para pedir que otros no hagan lo que los países occidentales hicieron y hacen a pesar de todas las alarmas. Uno de los problemas del pensamiento occidental es que sigue pensando que es el centro del mundo y así es imposible entenderse con nadie.

Como no he visto a ninguno de los grandes políticos occidentales ocuparse de este asunto en estos días y la noticia no ha ocupado más que un breve en los periódicos, he de concluir que esto no le importa a nadie. Supongo que nos pasará como a la familia que vivía de su tarjeta de crédito sin fondos en el banco con la esperanza de que cambiara su fortuna en unos pocos días y se extraña al recibir la carta de apremio en el buzón, con amenaza de embargo o desahucio.

jueves 6 de octubre de 2011

Mendoza, un inglés y los preparativos de la guerra civil española y noticias de nuestras lecturas.


Sin duda caben muchos tratamientos sobre la Guerra civil española y sus meses previos. Eduardo Mendoza opta, en Riña de gatos, por el distanciamiento a la hora de afrontar los hechos, que relata sin implicación personal ninguna (o consigue que lo parezca, por lo menos). Lo consigue gracias a la personalidad y los avatares del inglés protagonista, pero también a la construcción de un argumento policíaco (la historia tejida sobre el cuadro) enredado con situaciones propias del vodevil (enredos amorosos con giros inesperados en los que se ve implicado también José Antonio Primo de Rivera) y pellizcos de sainete costumbrista (en el retrato de los personajes populares).

A pesar de los muchos párrafos dedicados a la situación política del momento y que la trama se ve salpicada continuamente por acciones que solo pueden acontecer en esos meses previos a la Guerra civil, el lector intuye que esto no es lo verdaderamente importante de la novela, sino  el telón de fondo. La mirada de Mendoza sobre los hechos históricos es voluntariamente distanciada porque la intención del autor es hacer la novela que finalmente hace.

Riña de gatos no es una novela sobre lo que ocasionó la Guerra civil española, sino una entretenida trama policíaca construida de forma inteligente para un lector amplio que busque entretenerse con un argumento fácil de seguir y con giros inesperados que le sorprendan y le animen a la lectura. No es criticable, desde luego. Hace tiempo que Mendoza optó por este tipo de novela y lo que hace lo hace muy bien, mucho mejor que la mayoría de los autores de éxitos de venta. Además, maneja con mucha soltura el humor, la intriga y los tiempos de la narración, sin importarle demasiado la verosimilitud de determinados hechos que un experto en arte o en historia puede poner en evidencia. De ahí lo mejor y lo peor de esta novela: a muchos les gustará pero a otros les hubiera gustado un poco más de profundidad sin necesidad de alterar la trama principal.

¿Ha llegado ya el momento de que veamos la Guerra civil española como podemos ver la Guerra de Crimea? Leyendo a Mendoza, parece que sí.

Noticias de Riña de gatos
Pancho comenta el deambular del protagonista por el Madrid entre convulso y costumbrista retratado por Mendoza y su construcción a partir del lenguaje.

Paco Cuesta concluye su lectura de tal manera que no puedo más que asentir en todo tanto por la forma como por la intención.

Firvulag cierra la lectura con unas conclusiones bien acertadas. No os perdáis los enlaces que incluye, que facilitan y mucho seguir el argumento.

J.G. trae una sonrisa de nuestro inglés y el gusto por el conflicto que parece tan arraigado. Una perspectiva más que interesante a partir de una escena que puede pasar desapercibida.
María Ángeles Merino, Abejita de la Vega, plantea una oportuna comparación entre Riña de gatos e Inquietud en el Paraíso. Las circunstancias han hecho que hayamos leído muy próximas ambas obras y de esta proximidad hace nuestra amiga oportunidad virtuosa.

Lecturas anteriores



La lectura del Quijote se convierte en proyecto permanente de La Acequia (en este enlace) al que se puede incorporar todo aquel que lo desee en cualquier momento y, por lo tanto, seguiré  publicando, periódicamente, las noticias correspondientes.

Próximas lecturas
De octubre a enero: Sonatas de Valle Inclán. El orden de lectura de estas novelas no corresponderá con el de la cronología interna de la obra sino con el de su publicación, para experimentar cómo construyó Valle la biografía de su personaje y cómo lo recibieron los lectores de su época

martes 4 de octubre de 2011

Passio y la continuidad de Las Edades del Hombre.


El próximo 6 de noviembre se clausura la exposición Passio. Por primera vez, el proyecto de Las Edades del Hombre se montaba en dos sedes: Medina del Campo y Medina de Rioseco, las dos localidades de la provincia de Valladolid, tan cargadas de historia que, por sí solas, merecen ser conocidas.

Hay pocas cosas originales que se puedan decir de Las Edades del Hombre a estas alturas. La idea, que se puso en práctica en 1988 con la primera exposición en Valladolid, ha cosechado éxito de crítica y público. Es indiscutible su labor en la restauración de piezas artísticas, la difusión del patrimonio castellano y leonés y la promoción turística de las localidades en las que se ha celebrado desde entonces. El interés artístico, cultural e incluso la reflexión sobre aspectos técnicos -la forma de proceder en la restauración del patrimonio, la concreción de una idea museística aprovechando grandes templos- y culturales -las relaciones del mundo espiritual cristiano con el arte, la historia y el pensamiento occidental-, ha sido más que relevante.

Si las localidades en las que se han celebrado las exposiciones de Las Edades del Hombre se han visto beneficiadas, la iglesia católica no puede quejarse del apoyo institucional y económico que han recibido de la administración pública y las entidades colaboradoras. Puede decirse que, en Castilla y León, han sido el proyecto más beneficiado en este sentido. Este hecho, por sí mismo, cuestionaría muchas de las quejas que desde la iglesia se pronuncian continuamente sobre sus relaciones con las administraciones públicas.

Todas las exposiciones han servido para reflexionar profundamente, a partir del patrimonio artístico, sobre claves espirituales que, aunque vistas desde la perspectiva católica, son temas universales. En el caso actual sobre la Pasión, eje fundamental de la creencia cristiana.

No pienso que deba repetirse la experiencia de las dos sedes paralelas de la exposición. Desorienta al visitante y tampoco se encuentran tantas diferencias en la propuesta de una y otra, por mucho que las guías insistan en ellas. Es inevitable también que se produzcan enojosas comparaciones. En este caso, la exposición de Medina de Rioseco es mucho más recomendable que la de Medina del Campo: tanto en coherencia, en sentido y equilibrio de lo expuesto. Sin embargo, bien vale la pena un viaje a cualquiera de las dos Medinas con este motivo: ciudades que conservan mucho de lo que les hizo grandes en el pasado y que cuentan con proyectos que las revitalizan, especialmente Rioseco, que parece haber encontrado una idea sobre la que desarrollarse como localidad turística de interior.

Cuando terminé de ver ambas exposiciones me surgió la misma duda sobre la continuidad del proyecto. Tal y como está solo puede decaer. Por mucho que sirva para restaurar, conservar y exponer el patrimonio artístico, la idea parece agotada, todo es muy previsible y algunas piezas suenan demasiado a vistas varias veces. Más aun en momentos de crisis económica.

domingo 2 de octubre de 2011

Hundir el rostro en el cabello de la amada. Recetas para capear tiempos de crisis.


Cuando la casa está ya en calma y la cabeza se llena de rumores en los que el mundo parece hundirse, al apagar la luz y tumbarse en la cama, la única certeza es el cuerpo de la amada abrazado con delicada fuerza. Fuera quieren que todo sea convulso para especular con nuestros miedos. Al menos, durante unas horas, sumergir el rostro en su cabello moreno, de una hermosa espesura casi negra, hasta rozar con los labios la nuca de quien ya se ha arrojado, confiada, al sueño justamente ganado en el afán del día. Y dejarse ir hasta que la mañana reclame para una nueva lucha.