Santervás de Campos y Melgar de Arriba se han ofrecido para acoger las instalaciones del futuro almacén de residuos nucleares de España. Ambas localidades distan pocos quilómetros entre sí y pertenecen a la comarca castellana de Tierra de Campos. Esta zona es una de las comarcas españolas más castigadas por la despoblación en la segunda mitad del siglo XX, causada por la masiva emigración a las ciudades. Muchos pueblos apenas cuentan con unas pocas decenas de residentes fijos, la mayoría de ellos jubilados. Incluso las localidades más grandes de la zona, como Villalón o Medina de Rioseco, han perdido población en las últimas décadas, a pesar de contar con mejores servicios, industria local y una oferta amplia e interesante de gastronomía, ocio y turismo, especialmente Rioseco, un lugar más que recomendable para visitar. Su economía es agrícola y ganadera, pero la tierra cada vez es menos rentable, el valor de las propiedades escaso y la ganadería decae notablemente cada año.
Hay varias causas que se han juntado para el empobrecimiento y despoblación de los pueblos pequeños de la comarca de Tierra de Campos. Una de ellas se debe a ciertas inercias tradicionales de sus pobladores, que han impedido la consolidación con éxito de un tejido de cooperativas agrícolas y ganaderas. Hay un escaso impulso innovador en esas tierras. De hecho, en los pocos pueblos en los que se ha corregido estas inercias y se han buscado nuevos factores de crecimiento, se han obtenido logros espectaculares en el entorno: basta, a veces, con una pequeña industria y una inteligente comercialización de los productos derivados de la ganadería o la agricultura. En otras ocasiones, la mejora ha venido de la mano del turismo rural o de un pequeño museo temático. O de la puesta en valor del patrimonio artístico e histórico con el que cuentan casi todos los pueblos de la zona.
Aunque algunas instituciones han sabido potenciar en los últimos años el conocimiento y las rutas turísticas -la Diputación de Valladolid es un buen ejemplo-, aun muy mejorables, en general la política de desarrollo económico rural sufre de la misma desorientación que en el resto de Castilla y León poco favorecida por el envejecimiento de la población y las pocas iniciativas locales dignas de reseña. No son pueblos atractivos para vivir a lo largo del año: no hay farmacias, a veces ni comercio, el médico pasa consulta una vez por semana y las rutas de los autocares de línea dejan mucho que desear. Sólo en verano se percibe cierta vida en ellos. De hecho, las alcaldías en estos pueblos son casi vitalicias porque no se vota tanto por signo político como por intereses familiares y de proximidad de intereses.
A pesar de esta situación y la notable destrucción del patrimonio artístico y el paisaje de la zona debida, sobre todo, al abandono y el poco aprecio de sus habitantes por lo que deberían conservar, aun es mucho lo que puede admirarse en estos pueblos y algo se viene recuperando en los últimos años. Para evitar que aumente el deterioro debería promoverse una política eficaz de patrimonio y un control más rígido de la intervención en el paisaje natural. Muchos habitantes de la zona no están de acuerdo con estas medidas y las consideran una intromisión de los de fuera en lo suyo: no son conscientes de que aquello que destruyen es lo que puede salvar sus pueblos en el futuro. Hay situaciones irremediables: muchas ermitas, iglesias, casonas, puentes de origen romano, ejemplos de construcción tradicional, etc., se han dejado arruinar; se han talado brutalmente bosquecillos, ensuciado los regatos, etc. Pero aun hay mucho que salvar. El paisaje, para quien sabe apreciarlo, es duro pero hermoso, especialmente en primavera y otoño.
Una de las consecuencias del debate sobre la instalación del almacén de residuos nucleares es que ha puesto en el primer plano de las noticias nacionales e internacionales la situación de esta comarca. Ojalá sirviera para que se hicera una política de intervención eficaz en la zona que hiciera innecesario recurrir a instalaciones de este tipo. Independientemente del debate sobre la energía nuclear, la ubicación del almacén favorecería más aun la despoblación aunque supusiera ingresar las cuantiosas ayudas económicas gubernamentales.
Hay varias causas que se han juntado para el empobrecimiento y despoblación de los pueblos pequeños de la comarca de Tierra de Campos. Una de ellas se debe a ciertas inercias tradicionales de sus pobladores, que han impedido la consolidación con éxito de un tejido de cooperativas agrícolas y ganaderas. Hay un escaso impulso innovador en esas tierras. De hecho, en los pocos pueblos en los que se ha corregido estas inercias y se han buscado nuevos factores de crecimiento, se han obtenido logros espectaculares en el entorno: basta, a veces, con una pequeña industria y una inteligente comercialización de los productos derivados de la ganadería o la agricultura. En otras ocasiones, la mejora ha venido de la mano del turismo rural o de un pequeño museo temático. O de la puesta en valor del patrimonio artístico e histórico con el que cuentan casi todos los pueblos de la zona.
Aunque algunas instituciones han sabido potenciar en los últimos años el conocimiento y las rutas turísticas -la Diputación de Valladolid es un buen ejemplo-, aun muy mejorables, en general la política de desarrollo económico rural sufre de la misma desorientación que en el resto de Castilla y León poco favorecida por el envejecimiento de la población y las pocas iniciativas locales dignas de reseña. No son pueblos atractivos para vivir a lo largo del año: no hay farmacias, a veces ni comercio, el médico pasa consulta una vez por semana y las rutas de los autocares de línea dejan mucho que desear. Sólo en verano se percibe cierta vida en ellos. De hecho, las alcaldías en estos pueblos son casi vitalicias porque no se vota tanto por signo político como por intereses familiares y de proximidad de intereses.
A pesar de esta situación y la notable destrucción del patrimonio artístico y el paisaje de la zona debida, sobre todo, al abandono y el poco aprecio de sus habitantes por lo que deberían conservar, aun es mucho lo que puede admirarse en estos pueblos y algo se viene recuperando en los últimos años. Para evitar que aumente el deterioro debería promoverse una política eficaz de patrimonio y un control más rígido de la intervención en el paisaje natural. Muchos habitantes de la zona no están de acuerdo con estas medidas y las consideran una intromisión de los de fuera en lo suyo: no son conscientes de que aquello que destruyen es lo que puede salvar sus pueblos en el futuro. Hay situaciones irremediables: muchas ermitas, iglesias, casonas, puentes de origen romano, ejemplos de construcción tradicional, etc., se han dejado arruinar; se han talado brutalmente bosquecillos, ensuciado los regatos, etc. Pero aun hay mucho que salvar. El paisaje, para quien sabe apreciarlo, es duro pero hermoso, especialmente en primavera y otoño.
Una de las consecuencias del debate sobre la instalación del almacén de residuos nucleares es que ha puesto en el primer plano de las noticias nacionales e internacionales la situación de esta comarca. Ojalá sirviera para que se hicera una política de intervención eficaz en la zona que hiciera innecesario recurrir a instalaciones de este tipo. Independientemente del debate sobre la energía nuclear, la ubicación del almacén favorecería más aun la despoblación aunque supusiera ingresar las cuantiosas ayudas económicas gubernamentales.



