jueves 31 de diciembre de 2009

Con los Duques (Cap. 2. 30).


La llegada de don Quijote y Sancho a tierras de los Duques introduce a nuestros personajes en un mundo completamente diferente a lo que habían vivido hasta ese momento. Cervantes ha preparado sutilmente este encuentro desde el inicio de la segunda parte para que cobre un significado central en el argumento.

En primer lugar, ambos protagonistas han tenido conocimiento de que son personajes de un libro que cuenta sus andanzas, pero no lo han leído. Sansón Carrasco sí lo había hecho y lo usa tanto para divertirse como para conseguir la vuelta a casa tras la nueva salida: los Duques también e inmediatamente identifican a ambos con el libro. Pero los Duques -como cada uno de los lectores- tienen su propia imagen de don Quijote y Sancho y quieren que ambos se ajusten a ella, incluso con cierta crueldad porque sólo buscan entretener su tiempo de ocio. Sin embargo, desconocen su evolución posterior a lo narrado en la Primera parte. Se percibe en la narración esta tensión: por una parte, lo que los Duques quieren de don Quijote y Sancho; por otra, lo que ellos son a estas alturas de la novela. Incluidos, por supuesto, los motivos del encantamiento de Dulcinea y la cueva de Montesinos.

En segundo lugar, cuando se encuentran con los Duques han ocurrido determinadas cosas que influyen en ella. Está claro que el engaño de Sancho a su amo convirtiendo a Dulcinea en una labradora y la venganza de éste con la cueva de Montesinos serán usados por los Duques. Pero todo ello es la manifestación de un nuevo juego establecido entre los protagonistas, que desarrolla la esencia de su relación como pareja hasta adquirir carácter de tema central ahora. Como hemos visto, Sancho ha crecido como personaje y a don Quijote cada vez le resulta más difícil vencerlo tanto en el diálogo como en la fantasía. De hecho, el encuentro con los Duques viene justo después de que Sancho quisiera abandonar a su amo. Como sabemos, don Quijote hubo de recurrir al chantaje emocional para frenarlo. Pero tras la aventura del barco encantado, Sancho vuelve a cuestionarse la aventura común:

ASAZ melancólicos y de mal talante llegaron a sus animales caballero y escudero, especialmente Sancho, a quien llegaba al alma llegar al caudal del dinero, pareciéndole que todo lo que dél se quitaba era quitárselo a él de las niñas de sus ojos. Finalmente, sin hablarse palabra, se pusieron a caballo y se apartaron del famoso río, don Quijote sepultado en los pensamientos de sus amores, y Sancho en los de su acrecentamiento, que por entonces le parecía que estaba bien lejos de tenerle; porque, maguer era tonto, bien se le alcanzaba que las acciones de su amo, todas o las más, eran disparates, y buscaba ocasión de que, sin entrar en cuentas ni en despedimientos con su señor, un día se desgarrase y se fuese a su casa. Pero la fortuna ordenó las cosas muy al revés de lo que él temía.

Justo en ese momento aparecen los Duques, que reciben a don Quijote como si fuera un verdadero caballero andante y lo acogen en su Corte. La realidad parece confirmar todo lo que don Quijote se propuso y Sancho se comporta, a su manera, como un escudero ejemplar:

-Por cierto, buen escudero -respondió la señora-, vos habéis dado la embajada vuestra con todas aquellas circunstancias que las tales embajadas piden.

Como veremos, la larga estancia con los Duques reordena toda la relación entre amo y escudero: se subraya ya en este capítulo, cuando la Duquesa pide a Sancho que la acompañe y éste se pone a la misma altura que su amo. Se cumplirán todos los sueños pero ocurrirá algo excepcional: a pesar de todo -a pesar incluso de que todo lo que ocurra sea una broma de los Duques-, la relación de don Quijote y Sancho ha accedido a un nivel superior y no necesitarán ningún contrato ni ninguna promesa cumplida para mantenerse.

Todo esto se ha preparado en los capítulos anteriores. Así que, cuando aparece la Duquesa como Diana cazadora, se replantea de nuevo la historia, como si se tratara de un nuevo comienzo. Para dar la razón a lo que los Duques esperan de los personajes que conocen por la lectura de la primera parte, Sancho tropieza y su caída provoca también la de don Quijote. Los Duques han leído el Quijote como una novela de humor, al igual que la mayor parte de sus contemporáneos. Cervantes lo sabía: no niega el humor ni la risa, por supuesto. Pero al hacer caer a amo y escudero de forma tan vergonzosa y risible sorprende al lector de la segunda parte, que había percibido el cambio. Ni siquiera sirve que lo preparara con el final de la historia de la barca encantada. Con todo ello, Cervantes subraya una de las maravillas de la novela: sin negar su condición de libro humorístico, profundiza en otras posibles lecturas de una manera más evidente, por si no hubiera quedado suficientemente claro en la primera parte.

Continuemos junto a lo duques el próximo jueves, en el comentario del capítulo XXXI.

miércoles 30 de diciembre de 2009

escritura digital


Hay varios elementos esenciales en el proceso de escritura electrónica. En primer lugar, la conciencia del acto físico de la escritura es distinta. Hay algo físico, pero su condición es muy diferente a la que ha protagonizado la historia de la escritura: tanto que a veces el que escribe se olvida de ella. Incluso podemos escribir con la voz directamente en el ordenador: los programas más avanzados pueden escribir con impulsos de la retina del ojo o movimientos del párpado, lo que ha servido de única forma de comunicación a muchos enfermos. De niños todos hemos sacado punta al lapicero o las pinturas, olido la goma de borrar y hemos manchado nuestros dedos de tinta, no sé si los niños actuales serán de las últimas generaciones que tengan estos recuerdos de forma masiva.

En segundo lugar, en el antiguo proceso de escritura se estaba sólo ante la hoja en blanco, mientras se mordía el lapicero o se jugaba elegantemente con la pluma estilográfica, cosa que ya no sucede en el ordenador, en el que hay una variedad de barras de herramientas y una infinidad de utilidades -desde el diccionario hasta la música de fondo- que antes procedían de fuentes diversas al soporte sobre el que se realizaba la escritura.

En tercer lugar, la escritura antes se hacía con el alfabeto convencional de la lengua propia: el papel se poblaba de letras y signos que uno aprendía a diferenciar y dominar con el tiempo. En el proceso de escritura electrónica, en realidad yo no escribo con letras ni mis signos de puntuación son los mismos que en el proceso convencional: sólo lo parecen. Debajo de ellos, hay combinaciones del sistema binario: el mismo que sirve para digitalizar las imágenes y los sonidos. Cuando escribo ya no uso un código diferente al de los músicos, los fotógrafos o los cineastas que usan soportes digitales, sino el mismo. No es sólo el resultado final del proceso: también puede ser el inicio de una nueva creatividad artística.

martes 29 de diciembre de 2009

escritura


A veces me pregunto si no escribo para saber lo que pienso: la mano es sabia. En ese proceso de objetivación he detectado, por ejemplo, que estaba harto de ciertas situaciones que llenaban mis días y que urgía un cambio. Una técnica de vanguardia dejaba correr las palabras. Escritura automática, la llamaron. Era una forma que procuraba la inhibición de la consciencia del escritor para buscar asociaciones libres del subconsciente desatado. También se ha usado en algunas terapias de enfermedades mentales como medio diagnóstico y sanador.

A veces me pregunto si no escribo para saber lo que pienso: busco enigmas que me expliquen en los signos ortográficos. Escribir en el ordenador anula parte del proceso, puesto que ya no se tienen rasgos caligráficos personales, pero hay otros indicios quizá más ricos en sugerencias.

A veces me pregunto si no escribo para saber lo que pienso: lo malo es que cuando repaso el texto redactado percibo que los blancos son siempre más abundantes. Así que quizá para lo que escriba es para guardar los silencios entre el rumor de las palabras.

lunes 28 de diciembre de 2009

Por tierras de Aragón, derrumbe de un muro cervantino en Béjar y noticias de nuestra lectura.

Este capítulo, ya lo sabemos, supone un giro en la narración.

Todo nos lleva a analizarlo así: cierra un tipo de aventuras reactualizando el motivo de los molinos/gigantes de la primera parte pero dándole un nuevo significado; Sancho ha estado a punto de abandonar a su amo y éste ha tenido que usar todos sus argumentos emotivos para impedirlo (de hecho, podríamos interpretar que el esfuerzo de imaginación que hace en la aventura del barco encantado es para seguir afirmando ante su escudero que el impulso inicial es válido todavía, aunque la tensión debe resolverse de otra manera, puesto que Sancho ya no es el mismo del comienzo). Pero, sobre todo, ha cambiado el paisaje: nos adentramos en tierras de Aragón.

Y estas nuevas tierras tienen un significado en la obra. Como sabemos, Cervantes, al enterarse de la continuación de la obra escrita por Avellaneda, decide cambiar el camino de sus héroes: ya no los llevará a Zaragoza, sino a Barcelona. Desde que pasan el río Ebro profundizan en los cambios que percibimos desde los primeros capítulos de la segunda parte. Entrar en Aragón hace que estos cambios sean más visibles en un nuevo paisaje. El mundo de la Corona de Aragón era distinto al de la Corona de Castilla: otras costumbres, otras gentes, otras leyes. Es curioso que sea aquí en donde la obra, sin dejar el juego con sus referencias literarias, abandone el costumbrismo tal y como se había planteado hasta este capítulo para reflejar con más contundencia elementos de la realidad peninsular del momento. Es cierto que muchas de estas cuestiones ya estaban apuntadas en la primera parte, pero entonces se tapaban demasiado en literatura. Lo comprenderemos capítulo a capítulo y sabremos apreciar cómo una obra, sin dejar de ser la misma, puede crecer y cambiar a lo largo de sus páginas.

Derrumbe de un muro cervantino en Béjar


Luis Felipe Comendador me envió hace unos días esta foto, a través de Facebook. Gracias a él y a mi amigo Javier García Riobó conocí este espacio, junto al Teatro Cervantes de Béjar. Podéis comprobar su estado anterior en esta foto de Pancho, que publiqué en su día. Me informa Luis Felipe, con tristeza, de que la lluvia y el viento se aliaron con lo que debió ser una mala intervención técnica cuando se hizo la remodelación de la zona y la degradación del material de construcción y el resultado es el que podemos apreciar en la imagen. Lo malo es que también, según me comenta, un anciano que vivía en ese inmueble falleció al ver cómo había quedado su casa. Duele que sucedan cosas así.

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestra lectura

Antonio Aguilera aprovecha el tirón y suma Cervantes y Navidad y nos felicita, en tal ocasión, las fiestas. Después, se saca la espina del retraso con un divertido y acertado análisis del capítulo de la semana. Por cierto, acierta en mi gusto por el de Rute, pero en dosis justas.

El Sanchico, vía Ele Bergón, según nos dice Abejita, nos felicita las fiestas de forma bien original y después se preocupa por su padre, pero se le nota que va mal en geografía, perdón, cono. Amenaza con ser un poco gamberro al no estar su padre, pero sé que es un buen chaval. Después, Abejita comenta el capítulo -aunque hace trampa en la foto- con la aventura, como ella dice, del barco de socorro para caballeros andantes. Lo termina con piojos y aceñas -qué foto más certera- y una sensación de tristeza.

Paco Cuesta analiza el capítulo a partir de lo que significa de cambio en el paisaje y la acción y lo vincula, con acierto, a lo que pasa en la actualidad.

Manuel Tuccitano se fija en el paralelismo de esta aventura con la de los molinos y en la actitud de Sancho. Además, nos regala una ilustración y un enlace bien oportunos.

Jan Puerta señala, en su comentario del capítulo, la forma tan natural en la que Cervantes cierra la aventura. También comprende cómo tras el chantaje emocional del capítulo anterior, Sancho vuelve a caer en las redes de su amo, lo que ilustra con una excelente fotografía que aumenta nuestra iconografía quijotesca, que crece con tres ilustraciones sacadas de un ejemplar de la novela de 1719.

Pancho acierta en todo en su comentario. En especial en resaltar el truco técnico, que Cervantes toma del teatro, por el que los lectores saben más que los personajes. Aprovecha que el Ebro pasa por el Quijote para felicitarnos la Navidad. No os perdáis las imágenes.

Alatriste escribe una buena y documentada entrada sobre lo que significa la entrada en Aragón de nuestros protagonistas. Acierta en las motivaciones, en el objetivo y, por supuesto, en la documentación. No os la podéis perder: una gran aportación.

ACTUALIZACIÓN.

Cornelivs, en su entrada del viernes, comenta con acierto las diferencias entre esta aventura del barco encantado y las de la primera parte: Don Quijote ha evolucionado, ve la realidad y ésta le gana un pedazo a su aventura en cada capítulo.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

sábado 26 de diciembre de 2009

Acuse de recibo: sERPIENTEs, de Teresa Arroyo


Lo sabemos: Teresa Arroyo, Bipolar, es de los nuestros. Recuerdo cómo comenzó a comentar en La Acequia y construyó a partir de ahí su pseudónimo, pero sus intervenciones eran reconocibles antes incluso de que se bautizara como tal. El paso siguiente fue publicar en su blog, No digas que sólo fue un sueño. O, más exactamente, dejarnos leer sus escritos haciéndose visible en el mundo de la Burgosfera. Pero yo aún no sabía quién era. Y me costó semanas conseguir que se identificara como Mayte, a quien conocía desde hacía años por motivos profesionales. No escondo mi sorpresa puesto que yo no sabía que Mayte escribía. Luego supe que siempre lo ha hecho, pero nunca había tenido la decisión suficiente para lanzarse a la escritura con la constancia y valentía que ésta merece.

Éste es un fenómeno de los más enriquecedores que han ocurrido gracias a las herramientas desarrolladas en la web 2.0 y una realidad que ya no tiene marcha atrás, mal que les pese a muchos que quieren guardar celosamente la llave del secreto o a aquellos que desprecian lo que ignoran, como dijo el poeta, o les da miedo. Muchos escritores se han frustrado por la tradicional inercia del mundo editorial bien por razones personales bien por cainismo artístico. Internet ha abierto las posibilidades y trasformado, para siempre, el mundo de acceso a la cultura y los formatos de publicación y creatividad. Muchos aun permanecen ciegos, pero lo que no sea artesanal y único no tendrá fácil hueco fuera de Internet.

Mayte encontró su lugar y su ánimo en la red. Comprobó que aquello que llevaba dentro gustaba a gente tan diversa como un profesor de Universidad y una dependienta en un supermercado que, bien pensado, se dedican al mismo negocio. Y eso la afirmó primero ante sí misma como escritora. Porque para ser escritor es necesario, primero, creérselo. Y luego echarle horas.

Los relatos breves de Bipolar se ajustan perfectamente al mundo de los blogs, pero también a una de las facetas más desarrolladas en la narrativa actual. En esta línea se insertan en la imaginación desatada: en sus textos todo puede girar en cualquier momento a partir de una fantasía desbordante y, en ocasiones, gamberra y desenfadada. Hay mucho humor en sus textos, incluso algunos son sólo chistes desarrollados, como Catetos a babor. Pero lo habitual en su escritura es que con el humor se profundice en temas amargos: quizá sea la mejor forma de abordar cuestiones como la soledad, la necesidad de amar y ser amado, el tiempo, etc. A mí siempre me ha parecido que Bipolar hace humor para romper el nudo en el estómago que todos llevamos dentro y que volveremos a sentir después de la sonrisa que nos provoca. Este tipo de humor es necesario y de él saca Bipolar algunas de sus situaciones que mejor llegan al lector y lo divierten o incluso pueden llegar a incomodarlo. O por eso mismo. Para comprobarlo, les pido que lean dos veces y con calma el relato inicial del volumen, Tramos de pasión.

Tienen otra virtud estos relatos: comienzan muy bien. Bipolar, Teresa Arroyo, nos atrapa en la primera línea, que siempre esconde una imagen que nos acompaña a lo largo del texto, incluso cuando se vuelve intencionadamente incorrecta: "Me levanté prontito por la mañana con una mano en el culo y otra en el pelo" (Narcolepsia). También crea personajes identificables, a los que reconocemos en el mundo cotidiano, aunque se hallen en las situaciones más extravagantes; algunos son memorables, como Errol el Largo.

Pero no es sólo espontaneidad y fantasía lo que esconde Bipolar. Hay mucha lectura dentro y juegos con referencias literarias, cinematográficas y televisivas. El lector se halla en un mundo que conoce porque también ha leído esas obras o visto esas películas o series de televisión, pero el tratamiento de todos esos referentes es poco convencional y lo llevan al mundo personal construido por la autora.

Pondré sólo un ejemplo: si leemos el extraordinario relato La importancia de escribir con propiedad, inmediatamente reconocemos a Borges actualizado.

Es de agradecer que los lectores alejados de Internet puedan tener entre sus manos una selección de los textos de Teresa Arroyo para disfrutar con ellos.

Teresa tiene otro libro en preparación, con una similar propuesta a sERPIENTEs (Eleje ediciones, 2009), volumen editado con esmero. Difícil camino tiene a partir de ahora: seguir escribiendo y buscar nuevas fronteras estilísticas. Por de pronto, saludemos con alborozo la difusión en papel de sus textos de los últimos años.

viernes 25 de diciembre de 2009

En bronce.


Nada es, mas el camino.


Os deseo unos días tranquilos y felices. O inquietos, pero vuestros.

jueves 24 de diciembre de 2009

A las orillas del Ebro (Cap. 2.29)


En su camino hacia Zaragoza, don Quijote y Sancho llegan a las orillas del río Ebro. Todo ha ido cambiando sutilmente en su historia con respecto a la Primera parte, pero aquí hasta el paisaje se trasforma para demostrarlo: caballero y escudero se adentran en una tierra diferente. La llegada al Ebro es una puerta que les conducirá hacia lugares en los que Cervantes querrá probar nuevas formas de entender su aventura.

Lo apreciamos ya en la historia del barco encantado. Supone un inteligente contraste con la de los molinos de la Primera parte. Ambas parten, inicialmente, de los mismos supuestos: don Quijote confunde la realidad y fantasea con aventuras que le hacen trasformar el tiempo y la distancia. Ambas llegan a similares conclusiones: don Quijote ve frustrada su fantasía cuando la realidad se impone y ni la barca esconde encantamiento alguno ni la aceña es una fortaleza con gente prisionera a la que liberar, al igual que los molinos no eran gigantes.

Pero todo nos dice que ya no es lo mismo, que este don Quijote no es el mismo. El diálogo se despeña por el lado de la comicidad en cuanto se menciona el nombre de Ptolomeo, que Sancho trastoca, o se aborda el motivo de los piojos. Al final, aunque don Quijote se empeña en mantener la ficción caballeresca dirigiéndose a los presuntos prisioneros de la fortaleza, ni discute con los molineros pretendiéndolos vestiglos ni regatea la cantidad económica para resarcir los daños de la barca a los pescadores.

Se diría que don Quijote salda no sólo sus deudas económicas sino sus deudas con su propio pasado: paga a los dueños de la barca y se despide de los encerrados al reconocer que esa aventura ya no es para él.

Si esto es ya así, qué les deparará el camino a don Quijote y Sancho por estas tierras desconocidas y tan lejos de su tierra natal. Lo veremos el próximo jueves, en el comentario del capítulo XXX.

miércoles 23 de diciembre de 2009

martes 22 de diciembre de 2009

Conversaciones de alta velocidad.

En los trenes de alta velocidad me han ocurrido cosas que no me han sucedido en ningún otro tipo de trenes. Desde que se sumó la alta velocidad a los móviles, los viajes son de todo menos tranquilos y privados. Aún recuerdo cuando en un trayecto entre Madrid y Sevilla, en los últimos tiempos de la especulación del ladrillo que nos ha conducido derechitos a la crisis actual, tuve que soportar a un inaguantable ejecutivo de ventas que, con una hoja de cálculo en el ordenador y una conversación telefónica, me puso al día de los precios del hormigón y los distintos tipos de acero como si estuvera en su oficina y nadie lo escuchara. Lo sorprenderte es que hablaba en un volumen de voz muy alto y sin ninguna reserva proponía formas de engañar a Hacienda, a los otros socios de su cliente, de presupuestos falsos y de cómo se podía construir con el mínimo de calidad posible y un precio que garantizara una buena ganancia económica. Perfectamente visible, en la pantalla del ordenador, el logotipo de su empresa.

Hoy no se trataba de ningún ejecutivo. En el trayecto entre Madrid y Valladolid –inferior a una hora- una joven de pelo castaño con mechas rubias se sentó a mi lado. Había llegado en el último minuto, cargada de todo tipo de bolsas. Supongo que estudia en Madrid y volvía a casa de sus padres por Navidad. Antes de llegar a Segovia había hecho varias llamadas telefónicas, consultado su tuenti y enviado varios mensajes por su móvil de última generación.

La primera llamada fue a su novio de Valladolid, al que riñó por mostrarse tan frío en las últimas semanas: no la había llamado lo suficiente, decía, y no la había escrito. Así que ella había decidido pagarle con la misma moneda. “Una da lo que recibe”, le dijo. Abel, al otro lado del teléfono, se debió mostrar molesto por la conversación. Pero quedaron en que él iría a recogerla a la estación y que pasarían varios días juntos en vacaciones.

La segunda llamada fue a alguien de su familia, informándole de que había salido el tren y de que Abel iría a buscarla.

La tercera fue a Jose. Según le dijo, no hacía más que pensar en él, le echaba mucho de menos y estaba muy triste porque haría cosas con otro que querría hacer con él. Después le pidió que no llamara, que ella lo haría cuando pudiera. Por supuesto, en cuanto colgó, le envió un mensaje diciéndole lo mismo pero cerrándolo todo con un TE QUIERO y pidiéndole que tuviera paciencia.

La cuarta llamada fue a una amiga. Le explicó todo el lío sentimental que tenía y que su amiga, según parece, ya conocía. Que Jose marchaba a trabajar a Mallorca dos meses y que se sentía muy triste porque no podría verlo, pero que él, gracias a la empresa, viajaría a Madrid para verla los fines de semana. La amiga le debió recriminar que jugara a dos bazas y le advirtió de que podrían descubrirla. “Jose lo sabe todo y me dice que esté tranquila, que todo se puede resolver poco a poco y que él sabe esperar”. Además, ella se proponía dar una nueva oportunidad a Abel puesto que comprendía que no ha pasado unos días con él desde hace tiempo, aunque ya casi lo tiene decidido todo a favor del otro que, además, trabaja. Como su amiga vive en Palma, con esa excusa ella se propone viajar hacia las isla de vez en cuando para verlo poniéndola como excusa. Sin embargo, reconoció que había muchas posibilidades de que a la vuelta de vacaciones todo siguiera sin decidir.

Jose llamó un poco más tarde y ella le confirmó que había estado buscando vuelos baratos y que estaba segura de que podría ir a verlo. Le volvió a pedir paciencia y se enteró de que el padre de él ya sabía que salía con ella. También llamó Abel, para confirmar la hora de llegada del tren y decirle que él ya estaba allí, esperándola. Por supuesto, al bajar del tren él la estaba esperando y hubo un beso lleno de pasión por ambas partes.

Los nombres de los afectados están cambiados, pero la conversación es real. Lo que le sucedía a esta joven no es nuevo: es muy viejo y repetido. En demasiadas ocasiones, uno de los miembros de la pareja se siente mal, solo, distante o, simplemente, con ganas de buscar cosas nuevas. En todas las gamas del asunto (desde un tonteo hasta el sexo) hay una ruptura de la confianza y una traición a la relación y al otro, que es más grave que lo que pasara después. En ocasiones, estas cosas refuerzan la primitiva pareja tanto si hay sinceridad como si no. En otras, no son más que un paso para romper la vieja relación de la peor manera posible.


Lo nuevo es esto: la forma en la que esta joven comentaba todo sin ningún pudor en las llamadas telefónicas. En primer lugar, yo no tenía por qué aguantar una hora de viaje en la que no pude concentrarme en mi lectura. En segundo lugar, no le importó que varias personas escucháramos la conversación puesto que hablaba lo suficientemente alto. Tampoco miró con precaución a uno u otro lado para ver si había algún conocido. Simplemente, no le importó ser escuchada ni la mala educación que eso suponía. Ni siquiera las consecuencias que ello podría tener sobre ella su adicción al teléfono móvil.

No sé qué habrá sido de aquel ejecutivo del cemento en la crisis de estos meses. No sé qué será de esta joven: si se quedará con uno, con otro, con ninguno o con los dos. A mí me gustaría que pudieran llegar a entenderse todos y ella tuviera un amor en cada ciudad. Por qué no si todo se hace de forma sincera.

Pero, por favor, dejadme terminar el libro en mi próximo viaje en tren.

lunes 21 de diciembre de 2009

La cápsula de tiempo que contenía un Quijote, Miguel Vivanco me remite un Sancho y noticias de nuestra lectura.

Hace unos días se procedió a la apertura de una urna hallada junto a la estatua de Cervantes que se halla frente al edificio del Congreso de los Diputados de Madrid. Como sabemos, existe una vieja tradición de enterrar en primeras piedras o junto a estatuas, monolitos y otros tipos de monumentos, urnas con muestras representativas del momento en el que se erigieron. En este caso, la llamada cápsula del tiempo -una de las decenas que hay sembradas en Madrid- contenía, junto a otros documentos, los cuatro tomos del Quijote editado por la Real Academia en 1819. Parece lógico que junto a esa estatua se enterraran los volúmenes: pero alguien tomó esa decisión. Y se lo agradecemos como si hubiera pensado en nosotros. Qué otros mensajes contendrán el resto de las cajas.

Miguel Vivanco me remite un Sancho



Miguel Vivanco, con razón, llama la atención sobre nuestra entrada del lunes pasado. A él le gusta más este Sancho, más real, menos intencionado y muy contrario al de Picasso. Y aquí lo pongo. Se trata de un grabado de 1830, para una edición inglesa del Quijote.

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestra lectura

Abejita nos muestra otra imagen de don Quijote y Sancho como reclamo comercial en Burgos. Después inicia el comentario del capítulo con un ejemplar de la antigua colección Austral deshojado y saca provecho a la situación para afirmar lo indefendible de la defensa de Benengeli. Lo continúa con el dolor de espinazo de Sancho y un buen pan con queso. Después publica el lamento del Sanchico (vía Ele Bergón) aun con la mano mala, por todos los golpes de su padre: buen chico éste.

Cornelivs analiza con gran corrección la estrategia narrativa cervantina y el uso en ella del díalogo como forma de hacer avanzar la historia profundizando en la caracterización de los personajes.

Pancho centra su comentario en el uso del diálogo como método narrativo en el que avanza la narración y las reacciones de los personajes. Y no os perdáis las imágenes, algunas muy divertidas.

Jan Puerta nos da un matiz original en su propuesta de lectura oriental de la actitud de don Quijote. Luego analiza el diálogo y en especial su uso para la caracterización de los personajes. Su imagen central nos da la clave de la lectura lenta de la obra para saborearla. También nos regala la portada de la edición inglesa de 1620 de la Segunda parte.

Manuel Tuccitano analiza el capítulo de una forma sagaz y divertida a través de preguntas más que de respuestas. No os perdáis las imágenes que ilustran -y bien- el capítulo.

Antonio Aguilera nos pide perdón por no publicar el comentario del capítulo semanal: y lo perdonamos. Está con el inventario. Que no le salga un inventario cervantino...

Myr analiza el chantaje emocional que esconde el diálogo del capítulo de esta semana y que explica buena parte de las relaciones entre don Quijote y Sancho. No os lo perdáis porque contiene claves imprescindibles para comprenderlos con rigor academico. Gracias por recoger el guante, Myr.

Paco Cuesta reseña un nuevo libro que intenta averiguar el lugar más probable en el que Cervantes fijara la casa de don Quijote: hay decenas de propuestas, como sabemos, incluso alguna que dice que la referencia a La Mancha no es más que otro juego literario cervantino, puesto que Cervantes estaría pensando en otra región. No resolverá el asunto, pero la técnica con la que procede da para hablar, al menos. En el comentario del capítulo, va de Miguel Cervantes a Miguel Hernández, aparte de fijarse en la llamada de atención para leer con calma.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
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Vale.

jueves 17 de diciembre de 2009

El diálogo y el sueldo del escudero (Cap. 2.28)


De nuevo delega Cervantes en Benengeli la responsabilidad absoluta sobre lo que se dice en este capítulo, como observamos en su título. Y lo hace por dos razones: la primera porque para negar la evidencia del comportamiento cobarde de don Quijote hace falta mentir; la segunda, porque desea llamar la atención sobre la sutil propuesta teórica que esconde.

En la primera lectura del capítulo observamos cómo, a través del diálogo, se ponen de manifiesto las personalidades de los protagonistas y sus relaciones: no están en el mismo plano amo y escudero.

Si en alguna ocasión Sancho ha conseguido sobreponerse a don Quijote ha sido bien por el lado del afecto bien por un engaño tan directo y tan poco elaborado que don Quijote sólo podría desmontarlo declarando la falsedad de su propia ficción como caballero andante. Por ejemplo, para desmontar la mentira del encantamiento de Dulcinea, don Quijote no puede afrontar el problema directamente: debería llamarse a sí mismo mentiroso y abjurar de la excusa del encantador que le ha servido para justificar todas las veces que lo que él se empeñaba en fantasear acababa torciéndose (como los molinos/gigantes, las ventas/castillos o los rebaños/ejércitos). Por eso mismo fabrica una mentira más sutil que la de su escudero: la cueva de Montesinos, que tendrá consecuencias más tarde al enredarse con la participación de otros personajes en este juego de mentiras y verdades.

En efecto, no ocupan el mismo plano: don Quijote es superior en el uso del diálogo como arma retórica. En primer lugar, intenta enredar a Sancho con los motivos de su huida cuando éste era apaleado; después procura razonar con él y cuando comprende que la conversación se le comienza a escapar porque su criado decide abandonarlo y ponerse un salario que compense tanto los días que ha estado con él como la promesa no cumplida de la ínsula (en este motivo se esconde un ingenioso juego con el tiempo interno de la narración que intenta anular los años trascurridos entre la publicación de la primera y la segunda parte -los dos meses mencionados por don Quijote- pero dejando rastros del tiempo externo de redacción -los veinte años, tres días más o menos, aludidos por Sancho), en ese preciso momento en el que teme perder a su compañero de aventuras, usa del chantaje emocional. Este aspecto del diálogo entre don Quijote y Sancho bien merece un estudio psicológico de cómo se pueden manipular las emociones de una persona. Don Quijote sale triunfante a pesar de que todo había partido del descarado abandono en el que había dejado a su criado. Cervantes quiere a sus personajes, pero no esconde sus debilidades: porque no son arquetipos heroicos, sino caracteres completos para lo bueno y lo malo.

Pero ahí no se acaban las aportaciones de este capítulo. Hay, en efecto, una sutil construcción metaliteraria: el diálogo entre ambos habla de cómo se construye el mismo diálogo y de su función narrativa. Para ello, el primer procedimiento es esconder al narrador: aparece al inicio y al final. Esconderlo, pero no eliminarlo, porque preside todo el capítulo desde su título. Después, se menciona expresamente la necesidad de la palabra y del diálogo entre ambos cuando don Quijote alude al efecto terapéutico que produce en Sancho hablar, lo que le sirve para perdonar lo que él llama impertinencias y que no son otra cosa que comprensibles demandas:

-Haría yo una buena apuesta con vos, Sancho -dijo don Quijote-: que ahora que vais hablando sin que nadie os vaya a la mano, que no os duele nada en todo vuestro cuerpo. Hablad, hijo mío, todo aquello que os viniere al pensamiento y a la boca; que, a trueco de que a vos no os duela nada, tendré yo por gusto el enfado que me dan vuestras impertinencias.

El diálogo se convierte aquí en núcleo de la narración: no hay nada más, sólo diálogo entre los personajes, pero diálogo que hace avanzar el argumento, que reflexiona sobre su misma función narratológica y que caracteriza la evolución de don Quijote y Sancho y sus relaciones. Esta es una habilidad cervantina que muy pocos novelistas han podido igualar.

Veamos, el próximo jueves, qué nos depara el capítulo XXIX.

miércoles 16 de diciembre de 2009

Salir al aire.


Esos días en los que uno firmaría por dejar de pensar y salir al aire frío del invierno, a ver cómo nieva hasta tapar todas las cosas. Y que mañana sea otro día.

martes 15 de diciembre de 2009

Hoy era Machado


Hoy el frío en Burgos tiene un sabor metálico. Ha venido con violencia de mordisco, agarrándose a la piel como si necesitara hacerse notar ante su larga ausencia. Entrar en clase lo alivia. Hoy tocaba Antonio Machado: Campos de Castilla. Qué mala vida han dado a este poemario los defensores del noventayochismo: de tanto forzar la lectura lo han dejado en el esqueleto y se han olvidado de que el libro creció, como el poeta. Machado participaba de una nueva idea sobre la obra, entendida como algo vivo que no se cerraba nunca.

Llega un momento en que Machado gira el volumen: el famosos poema A un olmo seco es la bisagra. Fue escrito en Soria el 4 de mayo de 1912, es decir, después de la primera edición de Campos de Castilla. A partir de ahí se introduce lo autobiográfico, una de las claves de la poesía moderna (no en vano el volumen se iniciaba con un autorretrato a lo Rubén Darío). No es ya la vida cronológica del poeta la que se pasa al verso como se hacía antes, sino el centro mismo de la existencia la que llega al núcelo de lo poético. Y ahí descubre Machado, para la poesía contemporánea, una línea que aun perdura. Y para hacerlo recoge como estrofa la silva más humilde, esa que esconde ser poesía para llegar a serlo de la forma más certera. La poesía española ya no podrá ser la misma: algunos se empeñarán, pero Machado ha encontrado su voz más auténtica y nos la lega.

La clave, lo sabemos, es la muerte de su esposa Leonor el 1 de agosto de 1912 y su marcha a Baeza. Desde allí se ensueña la Castilla soriana. Y sobrecoge:

Allá, en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños...
¿No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?
Mira el Moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.
Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo.


La poesía española cambia en estos poemas. El paisaje se ha teñido de algo que llega desde muy adentro del poeta. Sentimos con él ese contacto de la mano amada:

Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campaña virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y mi mano
en sueños tan verdaderas...!
Vive, esperanza, ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!


Sólo podremos salvar de todos los naufragios la experiencia sensorial, sublimada con la ausencia: las manos que se enlazan, el sonido de la voz amada en el oído. Perderemos los rostros, pero no el recuerdo de los sentidos. Qué se salvará de nosotros si nadie nos recuerda así.

lunes 14 de diciembre de 2009

Maese Pedro y Ginés de Pasamonte, un retrato joya cervantino-picassiana de Hernando y noticias de nuestra lectura.

Como dijimos en su día, el personaje de Ginés de Pasamonte que nos ha aparecido disfrazado ahora como maese Pedro, el titiretero, no es un secundario más de la obra. Los investigadores han visto en él alusiones a un autor de la época, Jerónimo de Pasamonte, cuya vida presenta algunas similitudes interesantes con la del propio Cervantes y varias diferencias.

Aparte de que sus apariciones en la novela cervantina escondan puyas personales y alusiones literarias, su trasformación en personaje y las acciones que lleva a cabo, tanto en la primera como en la segunda parte, lo convirtien en un recurso narrativo de alto calado. Recordemos que en la primera le servía a Cervantes como procedimiento de actualización de la picaresca pero también como lección sobre la caída brutal en la realidad del impulso caballeresco que lleva a don Quijote a liberar a los galeotes: Ginés, que es el más peligroso de ellos, encabeza el apedreamiento y después roba el burro a Sancho -intención un tanto trastornada por los errores de imprenta-: criminal, desagradecido y ladrón.

Su aparición en la Segunda parte también ha suscitado varios análisis por diferentes motivos.

En primer lugar, el hecho de que maese Pedro sea un titiritero y monte un espectáculo cuya exhibición sirva para aludir de forma irónica a determinadas características de la comedia nueva construida por Lope de Vega. En segundo lugar, porque llega en un momento en el que ya queda claro que Cervantes ha vuelto sobre sus pasos tras tener conocimiento de la publicación de la Segunda parte del Quijote por un tal Avellaneda. En esta continuación se cumple el anunciado viaje de don Quijote a Zaragoza; en cambio, como veremos, en la de Cervantes intencionadamente se aparta a los personajes de Zaragoza para llevarlos a Barcelona.

En contra de lo que la crítica tradicional había dicho, Cervantes no se conforma con variar el proyecto a partir del momento en el que recibe el volumen de Avellaneda: debió volver sobre sus pasos y cambiar algunos pasajes anteriores tanto para preparar el giro argumental como para aludir, de forma indirecta, a la obra y la identidad de Avellaneda. De ahí que se haya sospechado de que la reaparición de Ginés de Pasamonte contiene algunas de las claves de estos cambios.

Martín de Riquer fue el primero que lanzó la idea de que tras Avellaneda estaba Jerónimo de Pasamonte, es decir, Ginés de Pasamonte, cuestión ampliada recientemete por Alfonso Martín Jiménez. Aunque no sabemos con certeza si esto es cierto, es razonable pensar que Cervantes lo creyera o tuviera alguna noticia de que fuera así ciertamente (Jan Puerta buscó y me envió el enlace a un trabajo de Martín Jiménez que os recomiendo).

Por lo tanto, la reaparición de Ginés tendría, como motivo, volver a degradar al aludido en primer lugar y sacarlo a la escena cuando ya ha decidido variar el argumento para diferenciarse de él: de hecho, siempre se han visto en la aparición del titiritero y su espectáculo una ingeniosa parodia de la aventura de don Quijote con unos comediantes en la obra de Avellaneda. Además, si en éste hay un cierto elogio de Lope, en Cervantes no se esconden las críticas, que ya estaban en la Primera parte. Algunos han visto en Avellaneda un defensor de Lope frente a lo dicho sobre él y su obra por Cervantes.

Por lo tanto, la motivación de Jerónimo de Pasamonte sería clara, según esta teoría (hay otras que veremos sobre la identidad de Avellaneda): castigar tanto la vanidad como escritor como sus aspiraciones económicas (cuestiones claramente aludidas por Cervantes en su prólogo a la segunda parte) continuando su obra, en castigo a su literaturización tan poco positiva como galeote. De paso, desde el mismo corazón de la creación cervantina, destruir la construcción estética que se hallaba en la primera parte y rectificar las alusiones a escritores y géneros del momento. Una especie de voladura de las propuestas de Cervantes desde dentro: sin duda, un plan muy ingenioso que hubo de dolerle a don Miguel, no sólo porque le robaran a los personajes. o el posible beneficio económico Muchas de las cosas que pasan en estos capítulos y en el resto de la obra se debe a una rectificación en toda regla que consigue desmontar la propuesta de Avellaneda. Asistimos, por lo tanto, a un juego de destrucción y reconstrucción del que aun no poseemos todas las claves para interpretarlo. Pero sí para disfrutarlo como lectores.

Un retrato joya cervantino-picassiana de Hernando

Hernando nos regala una joya con esta fotografía en la que lo vemos contemplar un grabado de Picasso con motivo quijotesco. La imagen es muy sugerente: nos hace observarlo a él, que contempla la obra de Picasso que reflexiona sobre el Quijote. Un excelente juego de perspectivas, sin duda que, además, contiene un valor añadido: este grabado sólo se ha visto con motivo de una exposición en Sevilla que conmemoraba el cuarto centenario de la obra cervantina. Qué gran regalo nos has hecho, querido amigo.

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestra lectura

Manuel Tuccitano se fija en las dos partes del capítulo, pero comenta en especial la segunda, con los golpes a Sancho que, en efecto, nos devuelven a situaciones de la Primera parte. Nos documenta también la historia del rebuzno con un enlace que os recomiendo, así como las imágenes con las que lo ilustra todo.

Cornelivs vuelve a proponernos los enigmas que están detrás de maese Pedro como centro de su apasionada entrada. Muy sugerentes sus propuestas, que os recomiendo.

Jan Puerta analiza las dos partes del capítulo y resalta, con gran acierto, la importancia del motivo religioso para iniciar y cerrar el texto. Nos regala también un magnífico autorretrato quijotesco que no podéis dejar de admirar y un texto publicado en el Diario Clarín. Excelente entrada la suya.

Abejita comenta el capítulo en varias partes. La primera viene bien ilustrada de acuerdo a las fechas en las que estamos, con ironía cervantina. La gran novedad es que, especilizada en dar vida de forma tan atinada a los personajes secundarios de la novela, esta vez Mª Ángeles Merino nos habla con su propia voz, pero pronto se encuentra con Ginés de Pasamonte, quien le cuenta su versión de los hechos. Después vuelve a su propia voz para terminar el comentario. Termina su comentario con las claves del enfrentamiento del rebuzno y una imagen bien pillada.

Pancho analiza de forma brillante el capítulo y, a su paso, aporta sobre el tema de los conflictos armados como forma de enfrentarse a los problemas una perspectiva tan correcta que debéis leerla.

Paco Cuesta lee de forma muy inteligente alguna de las claves del capítulo. Me gusta, en especial, cómo señala las contradicciones del protagonista.

Antonio Aguilera escribe un divertido y acertado análisis del capítulo, pero no os perdáis, de ninguna manera, la foto que encabeza su entrada, bien traída, sin duda.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
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Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

sábado 12 de diciembre de 2009

Acuse de recibo: Imágenes secretas. Picasso y la estampa erótica japonesa



Reconozco que, cuando recogí el paquete en el que Hernando me enviaba el catálogo de la exposición Imágenes secretas. Picasso y la estampa erótica japonesa (Musseu Picasso, Barcelona, hasta el 14 de febrero de 2010) y vi su contenido, tuve una cierta sensación de hartazgo al pensar en una exposición más sobre los motivos eróticos de Pablo Picasso, un tema muy manido y que, en demasiadas ocasiones, ha sido tomado desde una perspectiva fácil. Que me había equivocado en mi sospecha me quedó claro desde el prólogo de Pepe Serra, el Director del Museo.

Esta exposición y su catálogo son un ejemplo de cómo debe ser una parte de la política museística actual, quizá la más acertada: una divulgación que parte de una investigación profunda en ámbitos que hacen avanzar el conocimiento sobre lo que se expone. Y hacerlo de tal manera que sea fácilmente comprensible para todos.

Del erotismo -y la pornografía- en la obra de Picasso hay cientos de páginas escritas, no siempre afortunadas. La raíz artística que subyace en la eterna confrontación entre Eros y Tánatos, fue releída para la modernidad por Sigmund Freud y captada en sus nuevas perspectivas por los artistas desde finales del siglo XIX. La expresión de esa tensión dialéctica entre la sexualidad y la muerte (no hay forma de traducir adecuadamente al español la dualidad griega) tomó, de forma habitual, en aquella época los motivos de los mitos grecolatinos y un cierto toque romántico en la manifestación de las pasiones. Y así osciló en el arte: de la tragedia al drama. Sin embargo, hubo un grupo de artistas que buscaron fórmulas que se salieran de este origen occidental en el que se vivían las relaciones entre ambos elementos de forma tan conflictiva y, casi siempre, destructivas. Es decir, buscaron un lenguaje en el que relacionar la sexualidad y la muerte sin tanto peso de la moralidad y sin el sentido de culpa que implicaba. Picasso fue el que llevó la expresión de este nuevo camino hacia sus manifestaciones artísticas más memorables.

Para hacerlo, Picasso no tuvo que inventar nada, sólo estar con la mirada despierta y descubrir las posibilidades de lo que veía. Lo que el Musseu Picasso ha conseguido con esta magnífica exposición es devolver a su origen lo que el tiempo había hecho olvidar: es una forma excelente de investigar en la Historia del arte.

En efecto, en tiempos de Picasso había un auténtico furor por lo oriental. Causado por el neocolonialismo, junto a las materias primas, los barcos llegaban a Europa cargados de objetos de todo tipo procedentes de Asia en respuesta a una demanda comercial. Eran especialmente aprecidos los productos artesanales y artísticos -a veces es difícil separar ambos conceptos- refinados y lujosos procedentes de China y Japón. Algo menos, India. Su exhibición causaba furor en las exposiciones internacionales -singularmente las de Londres y París- y se conviertieron en objetos deseados por la burguesía acomodada: a veces sólo por moda. La literatura, desde mediados del siglo XIX, es una prueba palpable de lo que digo, pero es, sobre todo, con el modernismo, cuando se llega a su máxima expresión. Curiosamente, los modernistas, en especial los que rompían con la moralidad decimonónica, tomaron aquellos objetos orientales -y los motivos culturales que expresaban- desde su faceta sensual: exploraban sus efectos en los sentidos y, también, en la sexualidad.

De aquellos tiempos proceden los fondos fundacionales de algunas de las colecciones más interesantes de arte oriental europeas: incluso de las que pertenecen a órdenes religiosas, como el famoso y recomendable Museo Oriental de Valladolid, uno de los mejores en su especialidad.

Sabemos que una buena parte de la revolución artística protagonizada por Picasso -junto a otros artistas del momento- se basa en buscar expresiones artísticas anteriores o externas a la cultura europea tal y como se formuló a partir del renacimiento y experimentar con ellas para formular un lenguaje nuevo: arte prehistórico, arte tribal, culturas alejadas del ámbito europeo, etc. En el teatro, Antonin Artaud propuso sus nuevas teorías a partir, en gran medida, del descubrimiento de fórmulas escénicas orientales que pudo ver en París; en poesía hacía furor la imitación de la poesía china y japonesa; incluso en los objetos cotidianos, todo el que podía, adquiría productos de origen oriental que implican lujo y refinamiento -así, el famoso mantón de manila en España causa auténtico furor entre las mujeres-, etc.

La mirada de Picasso descubrió las posibilidades de las estampas japonesas: en ellas estaba una fórmula que coincidía con lo que buscaba en su exploración sobre el erotismo en lo temático y el grabado en lo técnico. Lo que hasta ahora era una intución queda demostrado con esta exposición del Musseu Picasso, que ha indagado en los fondos menos conocidos de la colección particular del pintor para demostrar el interés del malagueño por las manifestaciones artísticas japonesas.

viernes 11 de diciembre de 2009

Sentarse


Sentarse a tomar un respiro en el camino y ver cómo corre el mundo, es todo un arte.

jueves 10 de diciembre de 2009

Ginés de Pasamonte en medio de un prodigioso juego de escritura (Cap.2.27)


Este capítulo esconde uno de los más ingeniosos juegos de escritura de la novela. Además, tiene algunas claves secretas de la estructura de la Segunda parte y de cómo influye en ella el conocimiento de la continuación de Avellaneda. A todo ello los cervantistas dan vueltas desde el siglo XVIII. Y todo ese juego parte de dos hechos argumentales que desvelan el truco al estilo barroco, es decir, mostrando y ocultando las claves de resolución.

El primero, es la aparente sencillez con la que se nos desvela que maese Pedro no es otro que Ginés de Pasamonte, uno de los galeotes liberados por don Quijote y que le pagó, además de apedreándolo, robándole el burro a Sancho. Con habilidad, Cervantes delega la identificación del titiritero en Cide Hamete, pero no deja de hacerlo de tal manera que destruye la veracidad del dato: Cide Hamete lo jura como católico cristiano. Ya hemos visto cómo Cervantes había profundizado en el cuestionamiento del narrador tradicional como eje de construcción de la novela moderna. Dentro de la narración no podemos creer a Cervantes porque nos ha dicho que él no es el autor de la novela, pero tampoco a Cide Hamete. Así que todo es cuestionable. Para reforzar esta sensación de inseguridad se nos vuelve a dar otra versión del robo del asno. De paso, se nos desvela cómo toda la historia del mono ha sido un engaño. Así que abordamos, una vez más, la cuestión de la verdad y la mentira en la narración. El lector queda soprendido por la ingeniosa forma de hacerlo y, además, debe tomar partido sobre si aquello que se le cuenta es o no verdad: no olvidemos que todo esto sucede después del episodio de la Cueva de Montesinos, que no es más que un desarrollo del encantamiento de Dulcinea. Como vemos, el entramado de hilos se hace cada vez más complejo pero con tanta naturalidad que no nos soprende.

El segundo es la forma en la que se nos anuncia que don Quijote va hacia Zaragoza, para interrumpir el camino y cerrar la historia de los rebuznos que viene desde capítulos atrás. Don Quijote interviene en la contienda ante los ofendidos con palabras tan esmeradas que, una vez más, hacen dudar de su locura: pero no olvidemos que se presenta como caballero andante. Esta vez es la intervención de Sancho la que gira la situación que parecía arreglada: al rebuznar, se indignan los que le escuchan, que se sienten injuriados, y lo apalean. Su amo quiere protegerlo, pero al verse superado en número, huye de forma cobarde del campo de batalla. La resolución del conflicto, que ya de por sí era bufo, termina como entremés cómico, mal que nos pese a los lectores que hemos tomado cariño a Don Quijote y Sancho.

Pero para saber qué significa esta interrupción del camino a Zaragoza debemos esperar al próximo jueves, con el comentario del capítulo XXVIII. Eso sí, el lunes trataremos las razones que han visto los cervantistas para que aparezca justo en este momento Ginés de Pasamonte.

miércoles 9 de diciembre de 2009

Herida


Se taponó la herida para que no vieran que lo habían vaciado. Siguió viviendo: se convirtió en contrafigura de sí mismo.

martes 8 de diciembre de 2009

Algunas respuestas a preguntas que hice.


porque víctor jara sigue en la voz de aquellos que lo quieren
y sus asesinos yacen ya para siempre en la más oscura de las tinieblas
porque aminetu haidar, con la sencilla voluntad de no comer,
ha vuelto del revés las tripas de la diplomacia internacional,
porque ahora sabemos que todos somos los hijos de aminetu
y los hijos de sus hijos
porque ahora todos sabemos que somos hijos de amanda
y que cinco minutos es toda la vida eterna que podremos alcanzar
y que debemos pasear por las calles mojadas hacia el final de la avenida,
hasta la arena del desierto que nos aguarda

lunes 7 de diciembre de 2009

Los títeres de Maese Pedro, retrato cervantino enmarcado de Silvia y Antón y noticias de nuestra lectura.

Ya hemos comentado la atención que le dedica Cervantes al teatro en el Quijote: no es sólo que hable sobre él, sino que lo integra en la narración de dos formas más. En primer lugar, muchos de los pasajes, motivos y personajes del Quijote se inspiran en el teatro y se nos presentan de una manera que remite directamente a la escena; en segundo lugar, como ya vimos en el caso de la carreta de comediantes y ahora en el retablillo de maese Pedro, su presencia en el argumento de la novela sirve para jugar con las fronteras entre la realidad y la fantasía, una de las claves temáticas del Quijote y esencial para su correcta lectura teórica. Es decir, son una forma atractiva y plástica de objetivar la lección estética cervantina.

El retablillo de maese Pedro es esto y más. Como tendremos que volver a hablar de él el próximo lunes, conformémonos por ahora por llamar la atención sobre algunas cosas. En primer lugar, la atención prestada por Cervantes a un tipo de diversión escénica muy básica pero de gran elaboración que a España llega a través de Italia, en donde siempre estuvo más desarrollado el teatro de títeres y marionetas que aquí: quizá Cervantes pudiera verlo en su estado más floreciente en su etapa italiana. De ahí los italianismos que vemos en el capítulo.

En segundo lugar, el relato de cómo era una función típica de este tipo de retablillos: tanto en su preparación, en su desarrollo como en su degradación irónica cuando pone precio a las figuras destrozadas.

En tercer lugar, el retablillo le sirve para hacer consideraciones sobre la comedia en general y sobre la comedia lopesca en particular. De ahí la afirmación de don Quijote de que el argumento debe ir al grano del asunto:


-Niño, niño -dijo con voz alta a esta sazón don Quijote-, seguid vuestra historia línea recta, y no os metáis en las curvas o transversales; que, para sacar una verdad en limpio, menester son muchas pruebas y repruebas.


También dijo maese Pedro desde dentro:


-Muchacho, no te metas en dibujos, sino haz lo que ese señor te manda, que será lo más acertado; sigue tu canto llano, y no te metas en contrapuntos, que se suelen quebrar de sotiles.

O la intervención de maese Pedro reclamando naturalidad en la expresión en una frase que ha quedado como proverbial:

-Llaneza, muchacho; no te encumbres, que toda afectación es mala.

En ese mismo sentido, las críticas de don Quijote a las inverosimilitudes:

-¡Eso no! -dijo a esta sazón don Quijote-: en esto de las campanas anda muy impropio maese Pedro, porque entre moros no se usan campanas, sino atabales, y un género de dulzainas que parecen nuestras chirimías; y esto de sonar campanas en Sansueña sin duda que es un gran disparate.

Lo cual oído por maese Pedro, cesó el tocar y dijo:

-No mire vuesa merced en niñerías, señor don Quijote, ni quiera llevar las cosas tan por el cabo que no se le halle. ¿No se representan por ahí, casi de ordinario, mil comedias llenas de mil impropiedades y disparates, y, con todo eso, corren felicísimamente su carrera, y se escuchan no sólo con aplauso, sino con admiración y todo? Prosigue, muchacho, y deja decir; que, como yo llene mi talego, si quiere represente más impropiedades que tiene átomos el sol.

-Así es la verdad -replicó don Quijote.

Como vemos, una vez más Cervantes parte de un elemento costumbrista para usarlo en una gradación de niveles que lo llevan hasta el núcleo mismo de la narración moderna.

Pero maese Pedro nos deparará más sopresas que explicarán definitivamente alguna de las frases aquí copiadas. Lo veremos en el comentario del próximo jueves y en las noticias del lunes.

Retrato cervantino enmarcado de Silvia y Antón

M muy querida Silvia (a la que en estos días todos enviamos un fuerte abrazo y ánimo) me remite un retrato cervantino suyo acompaña de Antón de Muros. Ambos son bien conocidos por los lectores de La Acequia, puesto que ya he hablado aquí de ellos y nos han regalado imágenes y palabras. Sus blogs, además, son muy recomendables. Silvia me dice que a ella le gustó más el retrato con fondo de estación y a Antón el de la revista. Como a mí me gustan los dos, aquí los publico, para que elijáis vosotros. ¡Mil gracias, Silvia! ¡Mil gracias, Antón!

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestra lectura

Paco Cuesta se incorpora en la publicación de comentarios de nuestra lectura. En su blog, El Alfoz, comenta el pasaje del titiritero a partir de la costumbre de motejar al otro.

Silvi publica una entrada a partir de una frase cervantina en la que se reflexiona sobre el amor, presente siempre en el Quijote en varios niveles.

Pancho comenta el capítulo sin que falta nada, señalando la importancia de la narración y del personaje de Maese Pedro. No os perdáis las ilustraciones: todo un ejemplo de hallazgo.

La Abejita divide su comentario en varias partes y lo deja en manos -en la voz- del primo famoso, al que al final vamos a coger cariño. La primera comenta el teatrillo de títeres de forma acertada y lo ilustra con no menor acierto (y hasta nos da un enlace sobre el leísmo en el Quijote). Después toma el hipogrifo (en ancho europeo) y continúa el comentario de la historia de Melisendra para terminarlo a pie de playa, ahora que los demás pasamos frío.

Jan Puerta acierta al subrayar la calidad de la locura de don Quijote como eje moral de la trama de este capítulo. Después nos presenta a Ivón y su Quijote y nos regala el enlace con un artículo que os recomiendo leer. Como siempre, una completa entrada.

Cornelivs, además de documentar el origen de la aventura dramatizada en el teatrillo, lanza una hipótesis que os hará pensar y con la que podéis aventuraros a leer el próximo capítulo.

Manuel Tuccitano publica una excelente y útil entrada, que contiene muy oportunos materiales para comprender la génesis y la creatividad del teatrillo de títeres de Maese Pedro. No os la podéis perder de ninguna manera.

Kety extracta del capítulo uno de los núcleos más exactos para comprender la poética cervantina.

Antonio Aguilera hace una de sus entradas más inteligentemente divertidas: no os perdáis sus apuntes sobre un Cervantes presumidillo e izquierdoso, puesto que va a tener razón...


Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
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Vale.

Algunas reflexiones sobre la gratuidad en Internet a partir de los problemas detectados ayer

Parece ser que el problema con los comentarios del que hablaba en mi entrada de ayer se debe a un fallo generalizado de Blogger aun no bien explicado: no se ha informado suficientemente sobre sus causas, pero se ha detectado desde hace unos días. Los comentarios desaparecen y, en ocasiones, han reaparecido sin explicación. En otras ocasiones, no han aparecido.

Como bien me dice David Alonso, estas cuestiones inciden en una de las raíces de cómo entendemos hoy Internet la mayoría de los consumidores.

Aunque no es cierto, pensamos que Internet está bajo el concepto de gratis total. No es cierto: porque pagamos la forma de acceso -o la pagan, con nuestros impuestos, las instituciones que luego nos prestan el servicio-; porque compramos máquinas cada vez más sofisticadas y caras que nos permiten el acceso a Internet -desde el ordenador hasta un móvil o una consola de juegos de nuestros hijos-; porque la red está llena de publicidad.

Nos hacen creer que Internet es gratis pero no lo es. Sí es necesaria: cada vez más es la única opción de acceder a las cosas. Hoy, por ejemplo, muchas publicaciones oficiales sólo pueden leerse en red; nuestras relaciones con la administración se dirigen a este sistema, en algunos casos de forma exclusiva -por ejemplo, muchas ayudas y subvenciones sólo pueden procesarse telemáticamente y no hay manera de solicitarlas en la ventanilla de registro de forma tradicional.

Es algo bueno, útil y universal: pero cada vez está más claro que los gobiernos deben protegerla. Si aceptamos que no sea así, la mayoría de los usuarios nos entregamos en las manos de aquellos que nos ofrecen lo gratuito pero con fines comerciales propios o con la intención de controlar el mercado. Los usuarios rechazan de forma masiva la regulación de Internet. Aceptado esto también debemos aceptar sus consecuencias: excepto aquellos que tengan los suficientes conocimientos informáticos, el resto de los usuarios se encontrarán desprotegidos ante las decisiones de las grandes compañías. Éstas nos ofrecen gratis una herramienta de la que ellos sacan un beneficio económico muy alto. En el fondo, cuando escribimos un blog, accedemos a un periódico a través de la red o buscamos cuál es la película que ponen en el cine de nuestro barrio, trabajamos para aquellos que soportan Internet: les damos unas ganancias. ¿Cuál es el punto razonable de equilibrio en la balanza? Si yo busco el título de esa película que quiero ver y la hora de comienzo, acepto que el buscador genere un perfil de mis gustos y publique en esa misma página que veo publicidad selectiva dirigida, en exclusiva, a mí sobre otras películas similares o cuestiones relacionadas con su tema o el anuncio de una revista sobre cine. ¿Pero estamos dispuestos siempre a regalarle a ese mismo servidor o la plataforma que sea los contenidos que yo genero a cambio sólo del uso gratuito de la herramienta? ¿No me sentiría más cómodo pagando cierta cantidad a cambio de que se garantizaran mis derechos de propiedad del contenido o, al menos, que se me indemnizara si ese material resultara dañado o perdido por culpa de quien me presta el servicio?

Las polémicas sobre la gratuidad de Internet se focalizan en exclusiva en las descargas ilegales de películas, música o copias digitales de libros. Pero esto, que afecta gravemente a los creadores como ya he tratado en alguna ocasión, es sólo el aspecto mínimo del problema.

Cuando pedimos que todo sea gratis aceptamos, sin más, estar al sevicio del que nos da lo que pedimos: es él el dueño verdadero del soporte que nos pemite expresarnos y comunicarnos. Con él, consigue hacerse un perfil perfecto de nuestras necesidades de consumo. Y muchas veces, sin que lo sepamos, también es dueño de los contenidos que generamos y con los que se lucra sin que seamos conscientes de ello.

Como decían nuestros mayores, lo barato sale caro.

Quiero agradeceros a todos los que me habéis escrito a partir de mi entrada de ayer. Y, en especial, a María, que fue la que me puso en la pista correcta sobre lo que estaba pasando.