miércoles 30 de septiembre de 2009

Ha muerto José Antonio Muñoz Rojas. Ha muerto Félix Antonio González.


A mí me ha sucedido muchas veces
ir caminando y encontrarme
de pronto una palabra que había dicho
hace tantos amores a estas horas,
hace tantos latidos y amarguras,
cuando la adolescencia. Ella tenía
aproximadamente dieciocho
años, y unos cabellos que las brisas
adoraban, diciéndole al oído:
Nunca los tuve iguales entre mis dedos.

(...)

A merced de las horas, sin derecho
más que a un poco de aire, de hermosura,
nacemos, y es bastante. A veces sobra.
Todo en fin es amor. Me ha sucedido
encontrarme a menudo que no peso,
que esto que llaman por llamar no tiene
más que un nombre, querencia. Va a lo alto
inevitablemente. Va a lo alto
como el chopo y el bien. Sigue a lo alto.

(José Antonio Muñoz Rojas: Canciones, 1933-1940)

Ayer murió en Antequera José Antonio Muñoz Rojas, poeta.

Ayer murió en Valladolid Félix Antonio González, periodista, escritor y pintor.

Cada vez la línea delante de nosotros es más delgada. Que la tierra les sea leve.

martes 29 de septiembre de 2009

El deseo fácil

Lo sé. Era inevitable. Pero ha comenzado el otoño y la melancolía. Y el paseo bajo la luz amarilla de la tarde cuando Irina no aparece ni escribe. No pude resistirme. ¿Se puede añorar el deseo o éste sólo existe en absoluto presente? Quizá las marquesinas de las paradas del autobús urbano sean ahora demasiado evidentes y fáciles y uno se pregunta a quién se dirigen.

lunes 28 de septiembre de 2009

El otro, el doble y Don Quijote. Un lugar quijotesco en Londres gracias a un ochentero y noticias de nuesta lectura.

Durante toda la Segunda parte aparece un tema recurrente: el del otro como desdoblamiento del yo. Cervantes, que en pensamiento debe mucho a las ideas renacentistas, como escritor es barroco. En este sentido, usa con inteligencia el recurso del espejo tan frecuente en su época: aquí expresamente mencionado hasta en el disfraz de Sansón Carrasco.

Es tan moderno su tratamiento de este recurso del otro como espejo de uno mismo que Cervantes es uno de los primeros autores en abordar con una complejidad psicológica sorprendente uno de los más difíciles tratamientos del otro: el otro como doble, aunque, lógicamente, no puede llegar a la conceptualización que hará el siglo XX.

Todo nace de la construcción misma del personaje de don Quijote como la parte más libre de inhibiciones de un viejo hidalgo de aldea que decide imitar (ser el otro en espejo) personajes novelescos que, a su vez, son la proyección literaria de una construcción mental de una época que los necesita como ideal y que los crea a partir de unos personajes mitad reales mitad míticos, dado que la realidad camina por otros senderos bien distintos. La complejidad de planos que hay en este inicio del Quijote es tal que sorprende aun hoy.

Si en la Primera parte había jugado con este hallazgo, no será hasta la Segunda cuando Cervantes demuestre todo el potencial narrativo del tema. En parte, por evolución misma del personaje una vez que se ha decidido introducir la popularidad del libro como parte esencial del argumento (lo hemos constatado en el capitulo de la semana pasada cuando el mismo don Quijote lo utiliza como carta de presentación ante don Diego), en parte por la aparición de la continuación de Avellaneda.

En estos últimos capítulos hemos visto cómo el bachiller enfrenta a don Quijote con un otro que le imita tal y como él hace con sus héroes caballerescos y que, además, afirma haber vencido a alguien llamado don Quijote (los lectores sabemos que es una estrategia de Sansón Carrasco, pero don Quijote no lo sabe). Volverá Sansón Carrasco más adelante. Ahora aparece don Diego, el caballero del verde gabán, un hidalgo que bien podría haber sido nuestro don Alonso si hubiera sido un ciudadano ejemplar y no haberse dedicado a la lectura nocturna de ficciones caballerescas: es una nueva forma del otro como doble, aquél en el que podría haberse convertido si hubiera tomado otras decisiones en la vida, una posibilidad paralela no vivida.

Estemos atentos a este tema, que reaparecerá hasta alcanzar su máxima intensidad cuando se tengan noticias de otro Quijote.

Cafetería Don Quixote en Londres gracias a BlogochentaBurgos


Blogochenta, autor de un recomendable blog que es todo un manifiesto generacional, se ha ido a Londres y no pudo quitarse a don Quijote de la cabeza: por eso cazó esta magnífica imagen de la cafetería Don Quixote y me la envía para que podamos disfrutarla. ¿Cervantes se sentaría a mirar personajes en esa terraza? ¡Gracias, amigo!

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote

Abejita se marchó a Vandalia pero no dejó de pasar por La Mancha, así que allí comió, bebió y charló. Nos regala un reportaje del viaje con fotografías bien al caso. De paso, publica, gracias a Ele Bergón, texto del Sanchico, que parece que se queja un tanto de su padrino Tomé Cecial. El pobre chico acaba de comenzar las clases...

Después, Abejita vincula el capítulo de esta semana a un recuerdo personal que os pido leáis con calma porque da miedo el fanatismo político -sea el que sea- aplicado a la enseñanza y al uso de las lenguas. Luego comenta la primera parte del capítulo con todo acierto: desde el miedo a la sopa de piedra hasta el silencio de Sancho. Continúa con la segunda parte, bien ilustrada con gabanes y acertada en las razones de Sancho para admirar a don Diego. Su hijo, el Sanchico, nos cuenta, vía Ele Bergón, que sigue sin churri, que conoce al hijo de Don Diego y que éste, que ya sabéis que es poeta, dedica a esta lectura un rap que no podéis dejar de leer. Finalmente, termina Abejita el comentario del capítulo con una excelente entrada que habla de su amor a la poesía al hilo de la defensa que hace don Quijote de este género literario.

Manuel Tuccitano realiza una oportuna reflexión sobre la defensa de la poesía que hace don Quijote en el capítulo de la semana que no tenéis que perderos. Además, aporta ilustraciones para comprender qué es un gabán y las ropas que lo complementan. En su siguiente entrada nos regala una nueva entrega de los cromos quijotescos de Lloveras.

Pancho hace un excelente comentario del capítulo en el que quiero poner de manifiesto, además, sus enlaces e imágenes: seguidlos y completaréis una maravillosa entrada.

Jan Puerta, en su comentario, acierta brillantemente cuando afirma lo que afirma sobre el tiempo en el que se publica el Quijote y lo vincula a los recursos literarios. En sus aportaciones a la iconografía cervantina nos regala un cobre y una noticia más de La Vanguardia.

Cornelivs nos plantea, de forma inteligente, un cambio de actitud de Cervantes con respecto a don Quijote, que ya no es igual que en la primera parte. Para leer con calma y reflexionar.

Antonio Aguilera agarra bien al pobre don Diego: y lo llama lechuga, espero que no en ensalada. Se acompaña de foto de Óscar con busto cervantino en Herencia, del que yo no tenía noticia.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

sábado 26 de septiembre de 2009

El muro del Atlántico. Fotografías de Juan Medina


Siempre me ha sorprendido una faceta del debate sobre los movimientos migratorios sostenido en las últimas décadas: la falta de memoria que nos lleva a mantener una apropiación del territorio como si nuestra sangre fuera la más antigua y pura de todas. Si alguna familia tiene raíz desde hace varias generaciones en el mismo lugar en el que vive, seguro que muchos de sus miembros se dispersaron por el mundo. Pero, ¿cuántos pueden contar varias generaciones de antepasados en el mismo lugar? ¿Y de qué sirve contarlas? Es cierto que todos somos emigrantes. Por eso me sorprende que se haya pretendido construir las fronteras como muros impermeables: no pueden serlo, nunca lo han sido, nunca lo serán. A lo largo de la Historia de la Humanidad, las grandes migraciones son un hecho: por cuestiones políticas, por necesidad económica, por huir de la enfermedad o de la guerra o de la sequía o el hambre. Dentro de unas pocas décadas, el cambio climático provocará el movimiento de millones de seres humanos. La ficción de estabilidad en la que Occidente ha vivido desde el siglo XX se derrumba.

Me soprende la hipocresía del llamado Primer Mundo, que intenta regular estos movimientos según sus necesidades. Acepta al emigrante sólo cuando lo necesita para engrasar la maquinaria del desarrollo económico, lo desprecia cuando una crisis frena el crecimiento. Se asombra con la emigración ilegal, causada por la voracidad con la que se ha destruido el mundo con el llamado neoimperialismo, causante de países entregados a Gobiernos corruptos, fácilmente manipulables. La política internacional es una farsa en la que las víctimas son gente como nosotros. Y cuando llegan a la puerta de nuestras casas les pedimos, sin más, que no hablen sus lenguas, que olviden sus creencias y que no se vistan como lo hacían sus padres. Y que si no lo hacen, sean invisibles.

Hay países que construyen muros para que no entren los otros, pero con las puertas suficientes para poder salir a dominarlos. Nunca se acepta que los otros seamos nosotros. Pero no quiero hablar hoy de las guerras.

No hay muros ni verjas lo suficientemente altos y permanentes para contener al otro lado a aquel que no viene a invadirnos sino a tener una oportunidad en la vida de alcanzar el bienestar de que gozan los países desarrollados. Siempre encontrarán la grieta: a veces, se la muestran los que quieren comerciar con su vida.

Desde hace unos años, la inmigración ilegal en Europa ha tomado el traicionero atajo del Estrecho de Gibraltar o la búsqueda de las Islas Canarias como promesa de un mundo mejor. No sabemos cuántos no lo han logrado: no hay estadísticas fiables que cuenten los cadáveres que han quedado flotando en el Océano Atlántico. Y estos muertos no tienen voz.

Pero cada año, unos cuantos miles de personas lo logran. Sus rostros, sus miradas, sus manos, nos hablan de un camino lleno de dolor y esperanza. El fotógrafo Juan Medina (Buenos Aires, 1963), de la Agencia Reuters, ha tomado algunas de las imágenes más conocidas de estos rostros, publicadas en periódicos y revistas de todo el mundo. Ahora las muestra en esta oportuna exposición: El Muro del Atlántico.

Las fotografías son de una calidad magnífica: técnica y mirada. Pero sobre todo, testimonio. Testimonio de algo que muchos quisieran ocultar bajo las mullidas alfombras de sus despachos.

viernes 25 de septiembre de 2009

La Biblioteca Cervantes Virtual se hace del todo virtual


Una buena noticia. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, la más importante en este ámbito del mundo hispánico, que lleva 10 años digitalizando textos literarios y académicos en una labor encomiable, se hace del todo virtual. Es decir, da entrada definitivamente al ámbito en el que tan bien se movía hasta ahora y abre un portal dedicado exclusivamente a la creación virtual y la reflexión sobre ella. Por ahora, con la sorprendente limitación de hablar sólo de literatura en su título: la realidad superará ese concepto limitador inicial en poco tiempo, así como alguno de los matices con los que ha sido presentada la iniciativa. Ya he afirmado que hasta que los creadores -y los estudiosos del fenómeno- sigan pensando con formas tradicionales en la nueva realidad, no se podrá explotar todo su potencial: por ahora muchos insisten en una traducción limitadora de lo analógico a lo virtual y un enfrentamiento entre ambos mundos cuyo planteamiento conceptual ya ha caducado. Pero esto es algo que pasará con el tiempo. De hecho, lo que está ocurriendo ya ha desbordado todas las previsiones, especialmente las de los más reticentes.

Una buena noticia, sin duda.

jueves 24 de septiembre de 2009

Todo es artificio y traza, hasta un santo a la jineta (Cap. 2. 16).


En tres partes divide el capítulo Cervantes. Ya hemos hablado de este uso de la estructura en capítulos y los ajustes con la trama desde que Cervantes, en la Primera parte, se da cuenta de cómo puede jugar con lo que espera el lector, dejando asuntos sin terminar y obligando a encadenar la lectura.

En la primera parte se muestran las reacciones de don Quijote y Sancho tras la batalla con el caballero de los Espejos. Aquél se ufana de la victoria y se cree ya el mejor caballero de todos los tiempos. Sin embargo, Sancho no puede dejar de plantearse dudas ante la verdadera identidad del caballero derrotado y su escudero. A pesar de que la aventura de su amo lo ha ganado, él no es hombre que abandone la realidad de forma tan fácil: ve lo que ve y sólo el interés o su simplicidad (como le dice el nuevo personaje que aparece en este capítulo) le pueden llevar a creer una explicación fantástica de lo visto.

Ante las dudas de Sancho, don Quijote echa mano del sentido común en su argumentación. Le explica que no hay ninguna justificación para que su amigo el bachiller salga tras él y concluye:

-Todo es artificio y traza -respondió don Quijote- de los malignos magos que me persiguen, los cuales, anteviendo que yo había de quedar vencedor en la contienda, se previnieron de que el caballero vencido mostrase el rostro de mi amigo el bachiller, porque la amistad que le tengo se pusiese entre los filos de mi espada y el rigor de mi brazo, y templase la justa ira de mi corazón, y desta manera quedase con vida el que con embelecos y falsías procuraba quitarme la mía. Para prueba de lo cual ya sabes, ¡oh Sancho!, por experiencia que no te dejará mentir ni engañar, cuán fácil sea a los encantadores mudar unos rostros en otros, haciendo de lo hermoso feo y de lo feo hermoso, pues no ha dos días que viste por tus mismos ojos la hermosura y gallardía de la sin par Dulcinea en toda su entereza y natural conformidad, y yo la vi en la fealdad y bajeza de una zafia labradora, con cataratas en los ojos y con mal olor en la boca; y más, que el perverso encantador que se atrevió a hacer una transformación tan mala no es mucho que haya hecho la de Sansón Carrasco y la de tu compadre, por quitarme la gloria del vencimiento de las manos. Pero, con todo esto, me consuelo; porque, en fin, en cualquiera figura que haya sido, he quedado vencedor de mi enemigo.

La argumentación puede ser válida para otro menos para Sancho: él ha sido el encantador de Dulcinea, como sabemos. La mentira que urdió a las afueras de El Toboso para ocultar otro engaño, comienza a complicársele al bueno de Sancho: esta cuestión no parará de crecer a lo largo de la Segunda parte.

Sancho, pues, tiene el argumento definitivo para desbaratar la explicación de su amo, pero no puede usarlo sin confesarse mentiroso, toca callar:

-Dios sabe la verdad de todo -respondió Sancho.

Así que la victoria de don Quijote sobre el bachiller deja más afirmado al hidalgo en su aventura y desorientado a Sancho.

En eso están cuando aparece uno de los personajes más estudiados de la Segunda parte del Quijote: el caballero del verde gabán, don Diego de Miranda. Este hidalgo es el envés del protagonista: buen ciudadano, de moral intachable, razonador en todo, hombre de familia atento a sus negocios, etc. Don Diego es un ejemplo sin tacha de sensatez y sentido común y de respeto al otro: un hombre de bien. En su biblioteca, por ejemplo, no hay libros de caballerías ni conoce la Primera parte del Quijote (observemos que don Quijote usa ya, como carta de presentación y justificación de su oficio de caballero andante, la popularidad de este libro que recoge sus hazañas y que él conoce sólo por referencias). Es tal su carácter de hombre de bien que ni siquiera don Quijote puede enfadarse por la crítica radical que hace el del verde gabán de las novelas que tanto le gustan.

Los estudiosos han visto en el caballero del verde gabán el modelo cervantino del buen súbdito según los principios del erasmismo latente en su pensamiento. Y es innegable que así lo usa Cervantes y se rastrea en su caracterización, en especial en cuanto a las lecturas que confiesa y su forma de enfocar la religión, aparte de su preocupación por la familia. Además, su aparición viene justo detrás de un momento burlesco, el de la farsa del bachiller, lo que refuerza el carácter de don Diego.

Pero cabe quizá una lectura más profunda que, sin contradecirla, la complemente y vincule con la propia biografía cervantina: don Diego es tan perfecto en su condición de modelo -hasta en la preocupación en la que le tiene su hijo poeta, lo que es aprovechado por don Quijote para defender la poesía- que cabría construir una sociedad perfecta y razonable a partir de él, aunque un tanto aburrida. Pero esa sociedad no es la real, que es injusta. La vida de don Diego siempre me ha parecido propia del hombre de familia que no quiere meterse en líos, y que no hará nada por cambiar las injusticias que pueda contemplar a su alrededor para no trastornar su vida y el bienestar de los suyos: de tanto emplear el sentido común acabará por respetar siempre el orden imperante aunque no esté de acuerdo con él, preocupándose sólo porque su hijo estudie una carrera que le dé un futuro sólido. No sé por qué, pero me ha parecido siempre ver en don Diego un respetuoso retrato del padre de Cervantes: y una contestación no menos respetuosa con algo de rebeldía tantos años después. Por eso mismo don Diego no puede comprender el propósito de don Quijote.

El próximo jueves, veremos en el capítulo XVII qué nos anuncia el final de éste y la carreta con las banderas reales que aparece.

miércoles 23 de septiembre de 2009

El sueño de la Arcadia (2)


Hay sectores de población que sufren llamativamente la aceleración del proceso de globalización de las últimas décadas, arrumbados por su vértigo, y que la sociedad suele tratar como desechos en su relación al conjunto, una parte prescindible para el futuro: los ancianos son el más numeroso. En los países en los que la cobertura familiar o las redes públicas de atención socio-sanitarias funcionan, estos sectores aparecen cuidados, protegidos, pero nunca tendrán la consideración de sujetos de la historia porque su número final y sus circunstancias no afectan al resultado. Es mucho más dramática su situación en los países en los que, además, no existe una red pública de atención.

Hubo un tiempo en el que la gente podía nacer, vivir y morir en un mismo lugar sin que en su entorno se produjeran grandes cambios: no siempre era bueno, es más, casi nunca, pero la agradable sensación que transmite la seguridad del orden conocido bastaba para que los mayores se sintieran bien. Se generó, por lo tanto, la idea de que el auténtico refugio era ese lugar inalterado que permanecía fiel a unas señas de indentidad, unas tradiciones y unas determinadas maneras de pensar y hacer las cosas. En realidad, se soñaba con el paraíso perdido de la infancia y se mentía uno a sí mismo con la ficción de seguridad y estabilidad.

Algunos teóricos contrarios a la globalización ensalzan aquella época (aquellos espacios) de una manera en la que nunca existió: la falta de movilidad solía darse por el control ideológico férreo, un reparto de la propiedad de la tierra y el capital que depositaba todo en manos de unos pocos sin apenas clases medias y el escaso horizonte de la mayor parte de la población, que sólo salía de su patria chica para el servicio militar o la guerra. Un espacio de vida poco permeable y controlado. A la mujer, en ese estado de cosas, nunca se le otorgaron grandes derechos.

En su lugar, que apenas comprendía unos pocos quilómetros cuadrados, la mayoría de los habitantes eran dominados por las llamadas fuerzas vivas económicas e ideológicas, que patrocinaban una moral única. Por eso, cuando alguien levanta como bandera esos tiempos para enfrentarse a la globalización y proponer el refugio en los llamados nacionalismos, sin más, defiende intereses del poder tradicional frente a las nuevas formas de poder internacional. Hay nacionalismos modernos que no se ajustan a esta descripción, por supuesto, pero todos, hasta los más modernos, fabulan con un pasado que jamás existió como justificación sentimental de sus propósitos.

Me sorprendo a menudo, en los últimos años, hallando en algunos sectores de lo que antes se llamaba progresismo de izquierdas una visión idílica del pasado muy cercana a lo que he descrito cuando se enfrentan a la globalización, sobre todo en ciertos sectores de nacionalismos europeos y algunos populismos de los varios que hay por el mundo. A menudo he oído una defensa de retorno masivo a lo rural y lo ancestral en estas ideologías, sin explicar todo lo que ese retorno implica y que suelen definir lo ancestral a su conveniencia y no como fue. En gran medida también también se detecta en una parte de las ideologías indigenistas, que suelen esconder los aspectos de la realidad histórica que menos favorecen el retrato, más voluntarista que cierto. Curiosamente, sus programas de actuación hacia el futuro no suelen corresponderse con esta visión del pasado que sostienen: porque, sencillamente, no se puede. No me choca tanto verlo en ideologías que tradicionalmente se definían como derechas, que siempre han justificado gran parte de sus acciones en el fervor de lo patriótico, una de las construcción mentales colectivas más perjudiciales de la Historia humana. Se necesita repensar urgentemente las claves del progresismo para proponer modelos válidos en la nueva realidad para no dejar el campo abandonado a las fuerzas más activas del mercado global puesto que, como se ha demostrado, éste no corrige solo sus defectos, tal y como sostienen los defensores del neoliberalismo que ha campado en los últimos años en el mundo.

Hoy, las personas que por edad, enfermedad u otras circunstancias, quedan apartadas del ritmo de productividad económica en las ciudades suelen caer en la ficción del barrio. Esto aún es válido en localidades muy pequeñas, porque en el resto se han alterado tanto los barrios residenciales que han generado una patología geriátrica que estudian los psicólogos: la desorientación de nuestros mayores. En las ciudades, muchos viejos no salen de sus barrios o de sus calles casi nunca: la ciudad se les ha vuelto hostil, a pesar de que sus condiciones de salud son mucho mejores que los que tenían su misma edad cuando ellos eran unos niños. Guardan la esperanza de lo seguro, del refugio en el último fuerte que ponga dique a los cambios que los desorientan. Cuando salen de los límites de sus calles conocidas, todo ha cambiado: las luces, los comercios, las gentes, el mobiliario urbano.

Sin embargo, ya no hay posibilidad de refugio. A los cambios radicales en la tecnología, se suma que, en pocos años, sus vecinos se han muerto o han vendido sus casas para marchar a barrios mejores, con sus hijos o a residencias y ciudades construidas para su atención en el final de su vida y, en su lugar, llegan personas de otras culturas, color de piel, religión y lenguas. Las tiendas cambian sus rótulos y se hacen incomprensibles. Y en sus estanterías, aparecen productos que no son los de siempre. En los parques se reúne gente para cantar músicas de otras tierras. Y su calle se les ha convertido en un laberinto.

El arte se ha vuelto sensible a estos cambios y los intenta reflejar desde diferentes ángulos. Citaré dos ejemplos recomendables: la lúcida novela de Óscar Esquivias Viene la noche y la película de Clint Eastwood Gran Torino. Desde ángulos y soluciones muy diferentes surge la misma realidad.

Pero el fenómeno no es sólo algo relativo a los viejos reflejados en estas dos obras de arte: hay formatos sociales, propuestas políticas y tipos de gobierno que sufren la misma desorientación y que, ante la globalización han decidido buscar el último fuerte en la ficción de un pasado que ya no existe y que ni siquiera es el que diseña sus decisiones. Seguirlos implicaría ceguera e irresponsabilidad, porque suelen generar fricciones y enfrentamientos, a veces guerras, como en los nacionalismos extremos o en los fanatismos religiosos. Los políticos que defienden estas posiciones suelen jugar con las emociones más fácilmente manipulables de la población: en realidad no son parte de las soluciones, sino de los problemas.

martes 22 de septiembre de 2009

Piedra y palabra


Sospecha siempre de lo que se escribió sobre piedra: sirvió para borrar palabras.

lunes 21 de septiembre de 2009

Vuestra generosidad, Don Quijote en Almería y noticias de nuestra lectura.

Esta aventura de leer el Quijote de Cervantes cada semana sólo es posible gracias a vuestra generosidad. Es una locura inédita, una experiencia que nadie había intentado antes y que se hace gracias a todos los avances tecnológicos de Internet y, singularmente, a los que ha proporcionado la web 2.0.

No ha hecho más que crecer: en número de lectores, de comentarios, de aportaciones. Aparte de los comentarios a cada capítulo que se recogen en este blog o en los de aquellos que siguen la lectura, aquí se han publicado vuestros retratos quijotescos, imágenes de lugares relacionados con el tema, su iconografía, su popularidad universal, también excelentes momentos de creación personal. Desde grandes monumentos a los cachivaches amontonados en un puesto callejero. Como sabéis, estoy emocionado por estas muestras de colaboración: la lectura la construimos entre todos y nos ha deparado desde lo académico a los recuerdos personales, desde el descubrimiento de bellos rincones quijotescos hasta pequeñas anécdotas.

Quiero agradecer también hoy muchas aportaciones que, por unas cosas u otras no he publicado. Continuamente me enviáis correos electrónicos con enlaces a páginas y recursos de internet que tienen relación con nuestra lectura. No siempre puedo publicarlo, pero en todo momento los tengo en cuenta y os lo agradezco porque contribuyen a aumentar nuestro archivo quijotesco.

Como ejemplos, recientemente Ana me envió el enlace con algo que ha pasado casi desapercibido: la concesión por el Consejo de Ministros de la Orden de las Artes y la Letras al traductor del Quijote al chino, el profesor Dong Yansheng (Pekín, 1937); Roberto, un activo bloguero conocido como El Ente, me remite un útil enlace a un audiolibro con el texto del Quijote para que nadie pueda excusarse por no poder leerlo.

Son muchas las aportaciones que me hacéis y a todas las daré salida en estas Noticias. Mil gracias.

Don Quijote en Almería

Mojadopapel, autora del muy recomendable blog Mirada verde [Un color para ver la vida] me remite unas imágenes que nos vuelven a recordar la popularidad de los personajes cervantinos. Aquí, Don Quijote como gigante -quién se lo diría a él- en las fiestas de Almería. ¡Gracias!

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote

Jan Puerta da con las claves del breve capítulo y la suerte de Sansón Carrasco. Y nos regala dos ilustraciones, la habitual de La Vanguardia y otra en la que nos entrega un Sancho cambiado.

Pancho analiza el capítulo de esta semana con vinculación al trabajo léxico que publica de forma habitual en su blog. No os perdáis las ilustraciones, en especial la del ex-libris por partida doble.

Abejita da voz a Tomé Cecial, que aclara cosas sustanciosas, hasta de su apellido, con ilustración y todo.

Cornelivs, buen lector del Quijote, como todos sabéis, hace una magnífica aportación sobre el carácter y la función del personaje de Sansón Carrasco. No os la perdáis.

Antonio Aguilera comenta el capítulo XV alegrándose de la derrota del bachiller. Y nos regala con una imagen: un metálico y espléndido don Quijote de Puente Genil.

Kety da un paso más allá en su blog y publica un carta de Dulcinea para Sanchico. Qué maravilla la red de voces que se están tejiendo. Y en la foto veréis un buen coloquio a tres.

Manuel Tuccitano comenta el capítulo de la semana fijándose en el carácter del bachiller, que tan mal nos está cayendo, y nos hace un buen regalo: da cuenta de unos cromos de los años 60 y publica unas imágenes que os recomiendo amplair para apreciarlas.

Desplazados nos da noticia de la calle de Don Quijote en Córdoba. Será por loco.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

sábado 19 de septiembre de 2009

Acuse de recibo: The-Leznables Ratas Almizcleras y Presuntos Impotentes.


Caín Santamaría, compañero de la Burgosfera que un día fue el más joven de todos nosotros, autor de un blog excelente de texto e imagen y de aventuras tan recomendables que llegarán a exponerse en los museos de arte contemporáneo y en las que os invito a participar, me comunica que está disponible la obra del ya desaparecido grupo que inventó el sonido rock de Gamonal (de la que aconseja descargarse el disco entero En el país de los ciervos por sus extras y no hacerlo canción a canción), The-Leznables Ratas Almizcleras (según propia confesión, no están muertos, sólo mal enterrados). Sobre sus cenizas (las del grupo, no las de Caín), se ha constituido Presuntos Impotentes.

Dejo constancia aquí, para los que aman el rock hasta en sus facetas más gamberras y saben cómo en todos los barrios de los de antes nace un batería que merece la pena. No apto para gente sin humor.

Pasad un buen fin de semana.

viernes 18 de septiembre de 2009

Piedra y palabra


La escritura del tiempo permite conocer nuestras dimensiones: ni la piedra sirve para fijar nuestras palabras.

jueves 17 de septiembre de 2009

Cuál es más loco (Cap. 2.15)


Este breve capítulo puede parecer innecesario, pero no lo es. Cierra -por ahora-, la intervención de Sansón Carrasco con promesa de retorno vengativo y el inicio de la nueva salida de nuestro hidalgo, para afirmar a don Quijote y lanzarlo a nuevos horizontes.

En efecto, por si alguien aún dudara sorprendido por la trasformación del caballero de los Espejos en Sansón Carrasco y su escudero en Tomé Cecial, el narrador nos confirma que es el mismo bachiller que apareció en los primeros capítulos, que había urdido una trampa junto al cura y el barbero para obligar a don Quijote a regresar a casa. De ahí que conociera todo lo necesario para disponerle una ficción caballeresca a don Quijote. Pero el resultado es bien distinto de lo que se imaginaba: por una parte, un castigo a la soberbia de los cuerdos, que piensan siempre ganar porque se creen en posesión de la verdad; por otra, la alegría de don Quijote, que había iniciado su tercera salida demasiado melancólico y con la dura espina clavada del encantamiento de Dulcinea.

Sansón ha resultado derrotado y molido por su vecino: se pensaba más joven y fuerte y menos loco. Su escudero, Tomé Cecial, analiza tan bien y con tanta ironía lo que ha pasado que sólo cabe citarlo:

-Por cierto, señor Sansón Carrasco, que tenemos nuestro merecido: con facilidad se piensa y se acomete una empresa, pero con dificultad las más veces se sale della. Don Quijote loco, nosotros cuerdos: él se va sano y riendo, vuesa merced queda molido y triste. Sepamos, pues, ahora, cuál es más loco: ¿el que lo es por no poder menos, o el que lo es por su voluntad?

A partir de este momento, el motivo fundamental que mueva a Sansón ya no será el inicial, sino la venganza de la humillación y los golpes recibidos. Cervantes completa así la caracterización de este personaje, burlón y demasiado humano. Tan humano que, si bien podríamos comprender qué pretende, no compartiremos ya de ninguna manera su forma de actuar: el autor ha predispuesto, sabiamente, al lector contra el personaje y lo empuja definitivamente del lado del loco don Quijote. Ante la parodia de la parodia, nos quedamos con el primer modelo.

Éste toma aliento: ha vencido en combate a otro caballero. Bien poco importa que resultara verdadero o encantado bachiller, porque la victoria es inapelable y se ajusta a las normas de la caballería (aunque con matices burlescos que hacen caer la aventura en la realidad). Don Quijote, que había salido un poco mustio al camino, de pronto se nos crece por dentro y por fuera. De ahí la importancia del próximo capítulo, el XVI, que comentaremos el próximo jueves. Y por eso el respiro que nos concede éste que, sin duda, leímos seguidamente del anterior.

miércoles 16 de septiembre de 2009

El sueño de la Arcadia (1)


La abrumadora realidad de la globalización ha provocado una disparidad de formas de reaccionar contra ella o, al menos, contra sus efectos más negativos. Aunque la más popular son los llamados movimientos antiglobalización (debería siempre usarse el plural), no es sobre esto de lo que tratará mi entrada de hoy, sino sobre algo más extendido: la creencia de que el refugio en lo local, regional o nacional salvará de los muchos ángulos perversos de la globalización.

Junto a la inevitable extensión de lo global -porque es un componente más del fenómeno- ha aparecido lo local como concepto relacionado y/o enfrentado. No es una revisión, como piensan algunos, de la vieja dualidad corte/aldea, aunque rescata alguno de sus principios.

No todas las personas pueden resistir el vértigo de vivir en una aldea global: psicológica y sociológicamente aun no estamos preparados, en especial aquellos a los que, por edad o por lugar de nacimiento, les ha sobrevenido la situación y han saltado de los solares urbanos en los que jugaban a los grandes centros comerciales en los que hallan el ocio sus hijos o de un pueblo en el que todos eran como él a una ciudad multicultural. Incluso aunque su lugar de residencia no se haya alterado mucho en las últimas décadas, todo es diferente por el efecto de la globalización.

Parece una paradoja, pero allá donde más se ha extendido la globalización, más fuerza han adquirido las comunidades pequeñas, la información local (de la ciudad, de la comarca en la que se vive) y más se ha procurado cuidar un cierto sentido de la vida tradicional. Una lectura superficial puede llevar a la conclusión de que es una reacción de oposición, pero estudiando detenidamente el fenómeno se puede apreciar que no es así, dado a que no hay dique lo suficientemente alto que contenga la globalización. La vuelta a lo local es algo complementario y ya no puede tener la misma definición que en el siglo XIX y ni siquiera se trata de un retorno a hace cincuenta o sesenta años.

Algunos teóricos ven en este camino una contestación al peligro de la globalización. Sin embargo, no es más que un elemento propio de lo global. A la globalización no le afecta que la información que se consuma sea fundamentalmente local o que se conserven las tradiciones o se reinventen (que es lo que sucede más a menudo): siempre se hará sobre un paisaje en el que cualquier fotografía recoja un anuncio de una cadena de comida rápida o una marca de ropa cuya franquicia encontramos igual en cualquier parte del mundo y el medio de comunicación que nos lo trasmita pertenecerá a una empresa de fuera. A veces, lo local está patrocinado por una multinacional que fabrica un refresco, con el impacto que esto tiene. Es más, en gran medida, el refugio en las realidades de sociabilidad pequeñas es un fuerte aliado de la globalización, como veremos en otra entrada, tanto por la debilidad para enfrentarse a ella como porque no hay nada que facilite más la extensión de lo global que la fragmentación, por muy extraño que parezca.

Suele ocurrir, además, que los mayores en edad, que son los únicos que pueden recordar las viejas tradiciones tal y como eran, sueñen su recuperación al verlas reaparecer con más fuerza que hace unos años. En casos así aparecen los guardianes de la tradición, como si ésta les perteneciera o como si las tradiciones hubieran sido siempre de una manera determinada y no se vieran influidas en su formato por el paso del tiempo o la fragilidad de la memoria de quien las recuerda. No hay nada más mentiroso que la fijación de una tradición como algo inamovible.

Sin embargo, estas tradiciones recuperadas o fortalecidas ya no son, no pueden ser, las que conocieron de jóvenes (tampoco la memoria individual o de grupo garantiza que la tradición deba entenderse de una sola manera): la sociedad es otra, menos homogénea y más conocedora de lo que se hace fuera de la tradición, más poliédrica y menos dada a aceptar las cosas porque sí. Querer recuperar o mantener una tradición tal y como era en estas condiciones es un imposible.

En gran medida, en la recuperación de las tradiciones, aparte de un componente ideológico interesadamente fomentado para conseguir una rentabilidad política y económica construida sobre la emotividad de los que vivieron aquello que ahora vuelven a ver, hay mucho de parque temático y trampantojo. Suele ocurrir que estas tradiciones pasan de inmediato a ser un reclamo turístico de la localidad, que ven desbordadas sus calles con una afluencia exterior que destruye cualquier posibilidad de vivir la tradición en su esencia. Hasta el punto que en muchas fiestas los que menos participan son los naturales de la localidad, que huyen del alboroto. En ocasiones se percibe también una instrumentalización de los sentimientos en cuyas estrategias coinciden, curiosamente, ideologías enfrentadas en el espectro político.

Por otra parte, también ocurre que aquella tradición debe adaptarse a la nueva sensibilidad, como siempre ha sucedido: hacerse menos tosca, más presentable, actualizarla, aunque luego se intente vender que es la tradición de siempre. Y en esta recuperación se contamina de las nuevas ideas, enfoques sociales y perspectivas políticas: aparece entonces la tradición como dogma y como consigna a partir de la cual discriminar, de forma maniquea, a los que son o no son buenos amantes de la localidad, región o nación.

Una de las mejores formas de recibir la recuperación de las tradiciones o su fomento, si no han desaparecido, es la prevención: hasta la más inocente de ellas se convierte en arma ideológica. Si las asumimos, que no sea sin darnos cuenta. En algunos lugares, no participar de esta fiebre por lo tradicional supone convertirse en un apestado.

Este fervor tradicionalista suele implicar la crítica a las tradiciones de los otros: no admitimos que se critiquen nuestras tradiciones porque son las que nos definen pero criticamos abiertamente las de otros, que nos parecen extravagantes cuando no bárbaras. Y cuando estos otros están en nuestro barrio, en nuestra ciudad, en nuestra comarca, los percibimos como peligrosos: es lo que sucede con los emigrantes, a los que aceptamos como mano de obra en los oficios que nos sobran o que consideramos indignos pero no permitimos que alteren nuestras tradiciones con las suyas, ni toleramos cuando manifiestan las suyas en nuestras plazas o parques: exigimos que aquellos que trabajan en nuestros viñedos, en nuestras fábricas, cuidando de nuestros mayores se adapten a nuestras tradiciones, nuestras costumbres, nuestra lengua, nuestra religión porque para eso están aquí, en nuestro territorio. Y, si no lo hacen, que conserven su identidad pero sin molestar demasiado: y que nunca aspiren, en esas condiciones a ser parte de nuestra historia, con lo que se convierten en una realidad oculta, como si no estuvieran compartiendo las mismas calles que nosotros. Inventamos un argumento falaz: no quieren integrarse. Es una nueva forma de esclavitud en la que quien la sufre tiene todos los derechos en el papel pero, a pesar de contribuir a la economía del lugar que lo recibe, no puede ejercerlos en su totalidad ni se cuenta con él como sujeto histórico.

Recuperar una tradición como seña de identidad de un lugar es un sueño reconfortante, una emoción indescriptible para muchos y una seña de identidad para los que buscan la comodidad de la certeza en la vida, pero no afecta, en absoluto, a la globalización sino que la fortalece. Y el fervor por mantener las tradiciones impide casi siempre tener los ojos abiertos a las nuevas realidades. Lo local, que es una parte esencial del ser humano, debe entenderse de otra manera para que sea efectivo y nos ayude a combatir los efectos negativos de la globalización: la sociedad actual es diferente a la de hace un siglo.

Seguiremos con este tema.

martes 15 de septiembre de 2009

En esquema


Un androide, en esquema, es la mejor caricatura de la mayoría de los seres humanos.

lunes 14 de septiembre de 2009

Bipolar y don Quijote y noticias de nuestra lectura



Dejadme que hoy me extienda un poco más de lo que suelo al publicar vuestros retratos quijotescos y que lo haga sin párrafos previos. El motivo es porque he perseguido éste desde el inicio de nuestra aventura -que ya son meses- y, al fin, cuando ya desesperaba, me ha llegado doblado.

Mayte, nuestra querida Bipolar, autora de un blog que, si no conocéis es un delito, al fin ha caído en postura quijotesca. A Bipolar la estimo por muchas razones, pero aquí sólo confesaré que porque me gusta su ingenio como escritora. Ahí andamos muchos insistiendo en que nos regale un libro con sus relatos, que se lo merecen.

Aunque me pide que elija, no lo haré porque, como ella misma dice, el conjunto no tiene desperdicio: aunque no tienen mucha nitidez, se aprecia en uno la sonrisa de Bipolar y el rostro de esta estatua humana, quién sabe si Quijote resucitado; en el otro, quizá don Quijote quería comprobar que esta Dulcinea fuera de carne y hueso y, además, cuenta con disolución de coche infantil. Estoy seguro de que esta Dulcinea no saldría encantada ni desencantada del encuentro con su enamorado caballero y don Quijote abjuraría de Aldonza Lorenzo.

Me pide Bipolar, además, que acompañe las fotos con este texto y yo, cumplidor, así lo hago:

-Eso puedes tú decir bien, Sancho -replicó don Quijote-, pues la viste en la entereza cabal de su hermosura, que el encanto no se estendió a turbarte la vista ni a encubrirte su belleza: contra mí solo y contra mis ojos se endereza la fuerza de su veneno. Mas, con todo esto, he caído, Sancho, en una cosa, y es que me pintaste mal su hermosura, porque, si mal no me acuerdo, dijiste que tenía los ojos de perlas, y los ojos que parecen de perlas antes son de besugo que de dama; y, a lo que yo creo, los de Dulcinea deben ser de verdes esmeraldas, rasgados, con dos celestiales arcos que les sirven de cejas; y esas perlas quítalas de los ojos y pásalas a los dientes, que sin duda te trocaste, Sancho, tomando los ojos por los dientes. (Cap. 2.11)

Me gusta la risa de ambos, porque, como bien dice Bipolar, Reírse de uno mismo será siempre la mejor aventura. Salgamos, con ese lema, al mundo. A ver si de una dichosa vez lo mejoramos.

Mil gracias y mil besos, Mayte.

Por supuesto, el fondo de las imágenes es su amada catedral de Burgos.

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote

El Sanchico vuelve de vacaciones con ganas y tiene amables palabras para todos. Este chaval es bien majo. Nos lo cuenta Ele Bergón vía Abejita. Después, el chaval comenta el capítulo y dice que él, como su padre, tampoco quiere líos... ni cuando se va de botellón.

Abejita comienza el comentario del capítulo de esta semana fijándose en la idílica descripción del amanecer que sirve a Cervantes como juego para contrastrar con la fealdad del narigudo y lo acompaña con una foto del alba desde su casa. ¡Qué envidia de amanecer!

Jan Puerta comenta la extraña impresión que le causó su primera lectura de este capítulo: algo que comparto con él. Lo ilustra con dos imágenes que hablan de la popularidad de la figura de don Quijote.

Pancho escribe un comentario muy recomendable, en el que desvela claves de la técnica de Cervantes para atrapar al lector y ve la clave de todo en las narices del escudero... Como siempre, una buena ilustración dieciochesca le acompaña y otra misteriosa pero que aclara el capítulo.

Antonio Aguilera acierta en su comentario, hasta con el título. Y se da por aludido -como no podía ser de otra manera- y nos explica la historia de la sima de Cabra citada en el capítulo con historias que os gustará conocer, sin duda. Y lo ilustra todo con imágenes bien comestibles.

Manuel Tuccitano, en su comentario del capítulo de la semana, nos pone ante dos tesituras: primera, si Sancho es cobarde o sabio al no querer batirse con el otro escudero; segunda, el lirismo de la descripción del amanecer. Lo acompaña de una ilustración más de su serie.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
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Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

sábado 12 de septiembre de 2009

Acuse de recibo: Antonio Gómez, El tocador de pitos.


Antonio Gómez es uno de los mejores representantes de la poesía experimental española de la segunda mitad del siglo XX. Desde la década de los setenta del pasado siglo, ha producido una obra rigurosa, coherente y de gran calado, en la que podemos hallar todas las variantes del poema nacidas tras la experimentación de la vanguardia de entreguerras, desarrolladas por los autores experimentales de los años cuarenta y cincuenta e impulsadas por la postmodernidad a partir de los sesenta: texto, poesía objetual, poesía visual, acciones poéticas, etc.

En su obra hay una profundidad y una coherencia reconocible. Por eso mismo, siempre ha estado presente en todas las antologías, encuentros y estudios dedicados a este tipo de poesía. Suele trabajar Antonio Gómez con la descontextualización y el juego a partir de elementos cotidianos que cobran nuevo significado en la creación poética, lo que produce un impacto en el receptor que le lleva a cuestionarse no sólo el formato de la poesía o de la materia de las cosas, que se cree inmutable o firmemente asentada como principio social. En efecto, en la poesía experimental de Antonio Gómez siempre hay una carga ideológica que cuestiona las cosas y provoca la reflexión a partir de la denuncia, la inversión y un humor serio, que es uno de los sellos de este poeta.

El libro que presento, El tocador de pitos (Badajoz, Diputación Provincial, 2008), parte de una acción creativa desarrollada durante los meses que van de mayo de 2006 a mayo de 2007. Durante ese periodo, Antonio Gómez realizó 26 pitadas, todas ellas documentadas gráficamente y certificadas. De hecho, el libro es eso: la publicación de las fotografías en las que se observa al poeta con el silbato en la boca en los espacios en los que llevó a cabo la pitada y los certificados de los organizadores o de los responsables de dichos espacios. Cuenta con un prólogo del poeta en el que aclara el punto de partida de las acciones. Desde 1987 hasta 2005, Antonio Gómez fue representante sindical y delegado de CC.OO. Durante ese tiempo, participó en huelgas, manifestaciones, encierros y protestas sindicales en las que el silbato -el más cotidiano y humilde, el de plástico que usan los niños en sus juegos- fue una herramienta de protesta. Según confiesa, guardó dichos silbatos en una caja. Una vez terminada su vida como delegado sindical, decide darles un nuevo uso en espacios públicos como "museos, galerías, institutos, programas de radio, de televisión, encuentros, congresos y charlas literarias". A partir, pues, de la descontextualización del objeto usado en manifestaciones sindicales provoca una nueva carga de sentido en las acciones, puesto que el objeto, inevitablemente, lleva en sí parte de su significado original. Todo sin perder su origen de juego infantil y enfrentado a la formalidad oficial de los espacios en los que se desarrolla la acción.

Hay en estas acciones un cruce de hilos que tejen una complicada red: de la infancia a la madurez, del juego al compromiso, de la protesta a la acción creativa, de la formalidad de los espacios -muchos de ellos cargados de literatura y academicismo- a su trasformación por un mero acto que a muchos parecerá carente de sentido o mera provocación, de la multiplicidad de análisis a la simplicidad de alguien que sólo un toca un pito durante unos segundos. El libro no es más que el testimonio de las acciones llevadas a cabo por Antonio Gómez (efímeras y sin afán de permanencia), pero, en sí mismo, es un juego irónico con el objeto libro, como esos certificados oficiales son una reescritura que dinamita la seriedad del certificado administrativo.

Quizá todo en nuestra existencia se pueda explicar por ese acto: un poeta que toca un pito.

viernes 11 de septiembre de 2009

Un pingüino, Stefano Marcaccini y el Inca Garcilaso.


No todo iba a ser fácil: salí a buscar un pingüino con el calor que hace todavía por aquí y me costó encontrarlo. Cuando uno se echa a las calles sólo debe llevar los ojos abiertos y degustar lo que la vuelta de la esquina le depare.

Cada día tiene su afán, dice una amiga mía y bien dice. Por eso, después hay que dejarse guiar por las circunstancias. Cumplida la captura, mi amiga María me presentó, en un encuentro casual, a Stefano Marcaccini. Como buen científico (es un extraordinario químico italiano), es también un humanista.

Pronto la conversación derivó hacia una de sus últimas lecturas, la traducción italiana de los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega. Me alegró la noticia: se ha traducido de nuevo al italiano un clásico español que ya apenas se lee en España. Comentamos las circunstancias que rodearon al Inca, la complejidad psicológica de un hombre que era un perfecto ejemplo de parte de la sociedad nacida tras el encuentro de los peninsulares con las poblaciones americanas. El Inca era hijo de un capitán español caído en desgracia y de una princesa inca: en su educación infantil recibió el cruce de ambas culturas, lo que se refleja en los Comentarios Reales. Y cuando llega a España su principal objetivo es rehacer el nombre de su padre y hacerse un hueco en la sociedad española.

Tuvo toda la grandeza de un mundo que se reinventaba y en el que cada uno debía buscar su propia historia, pero también todas sus contradicciones, como la participación en la represión de los moriscos de las Alpujarras. Como escritor fue extraordinario y merecería mejor fortuna editorial hoy. Eso sí, hay que advertir que en muchas de sus obras, incluidas los Comentarios Reales le conduce un afán reivindicativo de sí mismo y su familia, por lo que no hay que tomar como certezas todo lo que dice. Esta advertencia no es una crítica: en toda escritura con elementos autobiográficos pasa lo mismo.

Nunca sabe uno qué le depara un día. Salí a cazar un pingüino y conocí a un gran tipo con el que terminé hablando de un personaje extraordinario de la literatura española del siglo XVI tan atractivo que se encuentra debajo de la creación del carácter de Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas, obra maestra del romanticismo español. Debería salir más a buscar pingüinos. A ver si me vuelvo a encontrar con Stefano.

jueves 10 de septiembre de 2009

Un conflicto de identidades entre parodia y burla (Cap. 2.14)


El capítulo de esta semana, aparte de la intriga argumental con la sorpresa de que bajo el caballero del Bosque (finalmente de los Espejos, ambos nombres muy significativos temáticamente) y su escudero narigudo se hallen el bachiller Sansón Carrasco y Tomé Cecial, ambos vecinos de nuestros protagonistas, se centra en un juego de identidades que resume parte del conflicto de don Quijote y lo lanza a un nuevo horizonte, mucho más amplio y profundo de lo que hasta ahora habíamos estudiado.

En efecto, la trama se va embrollando. Del coloquio de los escuderos pasamos al de los caballeros. Gracias a él el lector va tomando conciencia del aspecto paródico y burlesco de la nueva aventura. El caballero del Bosque no sólo está enamorado, sino que su dama le ha impuesto trabajos inauditos que advierten de que este caballero o está tan loco como don Quijote o guarda algún secreto: así debe leerse la divertida aventura de la Giralda o la inverosímil de los toros de Guisando. Y, de pronto, la sorpresa va en aumento tanto para el lector como para don Quijote: afirma haber vencido a un caballero llamado don Quijote, del que da tantas señales (de su físico y condición, de su escudero y caballo y de su amada -de quien conoce tanto su nombre de ficción como el real-) que no cabe dudar de lo afirmado.

Observemos que, hasta ahora, don Quijote se había visto necesitado de justificar su identidad sólo como ficción: es decir, el hecho de que un viejo hidalgo de aldea se haya convertido en caballero andante, la invención de una nueva identidad construida literariamente a partir de la real pero sin olvidarla (su casa sigue siendo la misma, así como su familia y su amada se construye a partir de la moza de otra aldea vecina). Pero la nueva realidad que vive don Quijote desde la primera salida es reconocible: el cruce del mundo existente con el de la ficción caballeresca. Pero el salto que se da en el capítulo es profundo y muy moderno, de un cariz muy diferente: se enfrenta al otro, alguien que tiene su misma identidad, pero no es él. O, al menos, no puede serlo.

En primer lugar, el otro es el caballero del Bosque o de los Espejos: es como él, enamorado y loco a partir de una identidad real -la del bachiller quien, como veremos, tiene sus propios motivos para parodiar a quien parodia-. El dominio que tiene Sansón Carrasco de las aventuras de don Quijote a partir de su lectura de la primera parte y las conversaciones mantenidas en los primeros capítulos de la segunda, le permite enfrentar a don Quijote con otra versión del otro, de mucho mayor calado psicológico: el doble.

El caballero del Bosque afirma haber vencido a don Quijote. En su construcción imaginaria -y en el contexto cultural de Cervantes-, la única salida posible para don Quijote es echar mano del socorrido encantador, pero algo queda en el aire, como se verá cuando, más adelante, se tengan noticias de la continuación escrita por Avellaneda. Como don Quijote no sabrá la verdad de lo acontecido en este capítulo, para él siempre habrá un doble suyo, idéntico (con su misma fisonomía, dama, escudero y caballo), por los caminos de La Mancha. Un planteamiento tan radicalmente moderno cuya intensidad, en el siglo XVII, debió dejar pensativos a los lectores más conscientes.

Siempre he tenido la duda sobre cuándo introdujo Cervantes este elemento en la redacción de la novela, si antes o después de que le llegaran las noticias de la difusión del falso Quijote de Avellaneda. Si rehizo el capítulo para anticipar, en un interesante juego argumental, lo que vendrá, la capacidad técnica de Cervantes es maravillosa. Si se escribió antes, la profundidad de pensamiento que conlleva es, sencillamente, una genialidad.

Todo son identidades escondidas en este capítulo a partir de la técnica de la parodia entreverada aquí con burla carnavelesca (objetivada en los disfraces del bachiller y de su escudero): el hidalgo en don Quijote, el bachiller en el caballero del Bosque, Tomé Cecial en su escudero. El único que no finge identidad es Sancho. Por eso tiene mayor importancia su duda final: está tan imbuido de la ficción de su amo, a pesar de saberlo loco, que termina dudando de sus sentidos (mas la aprehensión que en Sancho había hecho lo que su amo dijo, de que los encantadores habían mudado la figura del Caballero de los Espejos en la del bachiller Carrasco, no le dejaba dar crédito a la verdad que con los ojos estaba mirando). El pobre Sancho hace mucho que cruzó la línea de no retorno y duda de su sentido común.

Un capítulo tan complejo en su profundidad como atractivo en su resolución argumental (especialmente en la parodia y burla de la lid entre caballeros) que atrapa de tal manera que estoy convencido de que ninguno de vosotros ha podido resistir la trampa cervantina y ya ha leído el capítulo XV, que comentaremos el jueves de la próxima semana, con las consecuencias de la victoria de don Quijote en la contienda.

miércoles 9 de septiembre de 2009

Un gato entre líneas.


Cuando Miguel Delibes dirigía El Norte de Castilla, aparecían entre las columnas del periódico, sin un lugar fijo, pequeñas viñetas con fotografías de gatos. Acostumbrados los lectores de aquel tiempo a la lectura entre líneas, se corrió el rumor de que las viñetas contenían mensajes secretos que pretendían burlar la censura de la dictadura franquista y que transmitían textos cifrados a la oposición: un código felino. Hace tiempo, Delibes aclaró que los gatos eran sólo gatos y que fueron una ocurrencia para completar los espacios vacíos en la maquetación de las páginas. Aún así, algunos integrantes de aquella prodigiosa redacción recuerdan cómo tuvieron que echar mano de los gatos para suplir párrafos censurados y la creencia popular se niega a aceptar la versión más fácil.

Por eso mismo, ahí va un gato, capturado en las calles de Barcelona.

martes 8 de septiembre de 2009

De alcaldes demagogos en verano. En defensa de la propiedad intelectual.


Antes, los veranos informativos se llenaban de serpientes. Ahora, como ni siquiera hay ingenio para fabricarlas, se han sustituido por el altavoz de tonterías: un político (o política), medio de vacaciones, hace unas declaraciones como si estuviera conversando con sus amigos en la barra del chiringuito playero, las graba con un equipo pagado por su partido y, sin admitir réplica alguna, acusa sin pruebas y sin importar las repercusiones que implican sus declaraciones. Confía en que, a la vuelta de septiembre, la actualidad informativa se llevará las palabras sin que nadie le pida responsabilidad.

A la búsqueda de información con la que llenar tiempo en los informativos, los periodistas a los que les toca el turno de verano se encuentran con que un alcalde se echa al monte y, sin ningún conocimiento legal o cultural, atropella la propiedad intelectual. Ni al periodista se le caen los anillos por dar una información sesgada sin presentar todo el horizonte a sus receptores ni al alcalde o concejal se le piden responsabilidades por no querer cumplir la ley. Actúan con la impunidad que da el verano.

Este verano hemos oído en España las declaraciones de varios alcaldes de pueblos en los que se localiza la acción de algunas de las mejores obras de teatro clásico español (El alcalde de Zalamea, Fuenteovejuna y El caballero de Olmedo) y que se piensan con más derechos que nadie por la mera razón de que se menciona el nombre de la localidad en la pieza. Se indignaban ante la pretensión de que la SGAE les pidiera el pago económico por los derechos generados con motivo de la representación correspondientes a los últimos años. En pocos informativos se dio la noticia completa: las obras representadas no eran las originales, que ya no tienen derechos de propiedad intelectual y se consideran un bien público, sino adaptaciones más o menos recientes, sometidas, por lo tanto, a la legislación correspondiente.

En España siempre se ha pensado que cualquier producto cultural o artístico no pertenece a nadie y puede tomarse como propio. Según las estadísticas, somos uno de los países del mundo con más descargas ilegales de contenidos contemplados en la legislación sobre propiedad intelectual. Para justificarnos, aludimos, sobre todo, a a lo caro que resultan estos productos. Es fácil desmontar esta excusa dado que cualquiera gasta más en ocio en un fin de semana de lo que supone pagar una copia original del producto pirateado. Somos así, no le demos vueltas: pensamos que lo que en estos campos ha producido otro no es de nadie y podemos apropiárnoslo sin más. Y ni siquiera tenemos mala conciencia. No nos importa la repercusión que puede tener esto en el mercado cultural ni en los propietarios de los derechos. Ni siquiera pensamos cómo nos dolería que entraran a robarnos en nuestras casas, que es lo que hacemos cuando descargamos ilegalemente una canción, un libro o una película. O cuando tomamos un texto que ha trabajado otra persona para nuestro propio beneficio, sea éste el que sea.

No voy a defender a la SGAE. Su Junta Directiva y portavoces más significados no me merecen demasiada buena consideración. Actúan con demasiada frecuencia con prepotencia y chabacanería y suelen cometer errores sobre todo por su falta de tacto, su ansia recaudadora y la pésima campaña de información. Como grupo de presión han fomentado normativas injustas, como el canon que graba cualquier sistema de grabación digital, considerando a toda la sociedad como criminales en potencia.

Pero que no me guste la SGAE no significa que los autores intelectuales no tengan derechos y que juzgue la vulneración de estos derechos tan grave como cualquier hurto. A nadie le gusta que le roben la cartera. Y si yo no voy a trabajar gratis no le puedo pedir a un autor (músico, escritor, etc.) que lo haga.

El clima es favorable para que unos políticos irresponsables hagan declaraciones populistas que cuentan con el aplauso fácil. En vez de ello, deberíamos reclamarles que dejen de cobrar por ser alcaldes o por acudir a los plenos, en justa aplicación de lo que ellos mismos piden de los autores. O que el concejal de cultura se ponga a hacer la adaptación de la obra de teatro clásica ambientada en su pueblo en un par de fines de semana y se la regale a sus electores, si tan fácil es la cosa que no le merece ninguna consideración el trabajo ajeno. Y que el que tenga la concesión de la barra en las fiestas regale las bebidas. Al fin y al cabo, es lo mismo que demandan de quien pretende cobrar lo que es suyo. O que, cuando contraten a alguien para generar un producto intelectual, negocien un contrato en el que el autor renuncie a sus derechos por amor al arte, a la tierra chica o a la humanidad.

Los medios de comunicación deberían tomarse en serio esta cuestión y no tomarla por su lado más demagógico. Y toda la sociedad pensar seriamente las consecuencias de nuestra voracidad de pirata en lo que hace a las obras intelectuales. A no ser que queramos acabar con lo poco de creatividad cultural que nos queda y contentarnos con unos parches grises para tapar las vergüenzas.

lunes 7 de septiembre de 2009

Sobre una condesa hideputa, retrato quijotesco de Hernando y noticias de nuestro Quijote.

A muchos les sorprende que en el Quijote se utilicen palabras que hoy consideramos malsonantes, como sucede con "hideputa" en el capítulo de la semana pasada. Ya hemos hablado en esta lectura de cómo hay una tendencia a pensar que los clásicos deben ajustarse a la moral bienpensante. De hecho, suelen expurgarse los textos para disminuir su impacto (como esa tendencia a corregir los cuentos tradicionales para convertirlos en digeribles descargando todo el valor sociológico y psicológico que llevan dentro).

Pero Cervantes se resiste a crear una novela amable. No, el Quijote no es una lectura amable: es más, el fragmento en el que ambos escuderos debaten sobre el uso de la expresión hideputa es conscientemente usado por el autor para escarbar en la mente del lector y jugar paródicamente con el lenguaje elevado de las novelas de referencia. Se nos olvida que la condición paródica del texto usa también del lenguaje para marcar las diferencias.

Es admirable el juego de ida y vuelta que se establece en el diálogo a este respecto: de la sorpresa inicial, que ofende a Sancho para llegar a reconducirlo en elogio. Mientras tanto, la atención se centra en una palabra que no se podría encontrar en una novela de caballerías tradicional, lo que decanta de nuevo hacia el realismo la narración y provoca que dos extraños escuderos debatan sobre cuestiones filológicas.


Retrato quijotesco de Hernando


Hernando
, comentarista habitual de La Acequia que ya ha aportado varias y buenas cosas al discurrir del blog, se ha decidido a retrato veraniego y quijotesco. Eso sí es disfrutar del verano, sin duda alguna: con buena lectura y a la sombra. ¡Gracias, Hernando!

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote

Jan Puerta resalta la fuerza del diálogo entre los escuderos del capítulo de esta semana y elige algunas frases que lo confirman. Ilustra la entrada con el retrato de dos personajes bien quijotescos que, sin duda, están detrás de más de uno de los objetos que fotografía en esta serie. Y una noticia de La Vanguardia de hace un siglo, con noticias sobre el verdadero Quijote...

Abejita comenta el capítulo a partir de la insistencia de vuelta a casa e ilustra su entrada con algunas que bien podían ser la de Sancho, abandonadas ahora. La segunda parte de su comentario se centra en los sueños de Sancho para su familia, en especial para su hija -a la que ilustra Abejita a la moda-. La tercera parte se centra en cómo ve Sancho a su amo, los cien ducados y cómo dan cuenta de comida y bebida los escuderos.

Pancho ve bien cómo se pasa de un capítulo dinámino a otro sin acción, basada ésta sólo en el diálogo entre los escuderos. Y el uso del vino, que no es para desatar la lengua de Sancho, sino su sueño compartido.

Alatriste ha escrito una entrada muy recomendable, con un cotejo muy interesante entre La Araucana y el Quijote que seguro os interesará y quizá os lleve a leer la obra, la mejor muestrade la poesía épica del Siglo de Oro.

Manuel centra su comentario del coloquio en la comparación acertada entre la actitud de Sancho y la del escudero del Caballero del Bosque. Y lo acompaña con fotografías de objetos bien quijotescos.

Antonio Aguilera comenta, en vivo y en directo al aprovechar la fiesta local, con gracia oportuna, la división en clases (caballeros y escuderos) para el coloquio. Y lo hace a pelo, porque Ojito no aparece.

Kety ha comentado los aspectos esenciales del coloquio entre escuderos a partir de su solidaridad de oficio. Y lo ilustra muy oportunamente, como podéis ver.

Desplazados al paraíso, que está a punto de alcanzarnos en la lectura, promete visitar un Museo cervantino en Baena y dar cuenta de lo que allí vea. Por ahora, podéis verlo en Internet.

Los libros de caballerías que parodió Cervantes tuvieron una gran difusión e influyeron en la mentalidad popular, incluso de aquellos que no los leyeron. De ahí su interés en la conquista de América. A pesar de que estuvo prohibida la impresión, venta y circulación de novelas en el Nuevo Mundo, llegaron de forma clandestina o dentro de la cabeza de conquistadores y colonizadores. Os recomiendo la lectura de una bien documentada entrada en el blog Historia infinita.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
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