martes, 30 de junio de 2009

Una del oeste.


Siempre me han gustado las películas del oeste. Hubo un tiempo, cuando en España sólo existía un canal y medio de televisión, en el que todos los sábados por la tarde echaban una película de este género. Me recuerdo de niño, sentado ante el aparato en blanco y negro, con una pistola de juguete al cinto, viviendo con intensidad las luchas entre ganaderos y campesinos, entre indios y vaqueros, las cargas de la caballería por enormes praderas y desiertos desfiladeros y la eterna soledad del héroe enfrentando al mal y a la cobardía de los ciudadanos de orden.

Más tarde, quise racionalizar mi pasión y reinterpreté todo aquello con mirada crítica: vi la propaganda de un imperio que inventaba su propio pasado histórico, como lo han hecho todos; comprendí la destrucción de las culturas indígenas y la violación de sus derechos naturales sobre la tierra que pisaban; consigné la discriminación de género, el maniqueísmo falsificador de la vida; comprobé con indignación la mutilación de las películas originales por el doblaje en tiempos franquistas para hacerlas aceptables a la moral gris mediocre de la época; incluso me reía de los anacronismos y las situaciones inverosímiles, todo lo que debía hacerme rechazar la gran mayoría de las películas del género y quedarme con el puñado en el que se dibujaba una impresión más cierta de lo que sucedió.

Pero aquella construcción ideológica tiene grietas que abren boquetes por los que se filtran las emociones por las que vuelvo a sentirme como aquel niño, sentado todas las tardes de los sábados, ante el monitor en blanco y negro, soñando cabalgar por praderas imposibles hacia la puesta de sol. Por eso no voy a dudarlo y ahora que un periódico lanza una colección de este tipo de películas, voy a reservarme unas horas cada sábado por la tarde. Quizá, hasta me compre un sombrero.

lunes, 29 de junio de 2009

Una siesta, retrato de Cornelivs leyendo el Quijote y noticias de nuestro Quijote


El final del capítulo de la semana pasada, nos ofrece una muestra más de la atención de Cervantes por los detalles cotidianos, que dan un toque especial a la narración. Hemos visto esto mismo en otras ocasiones y ya sabemos que su uso e debe a un doble motivo. Por una parte, alejan el relato del modelo parodiado, las novelas de caballerías; por otra, dan una visión costumbrista de su época y realismo a lo contado. Cervantes muestra, en estas ocasiones, no tener prisa por la acción y se demora en cuestiones que pueden parecer superfluas pero que no lo son cuando se pretende dar concreción humana a la historia: todos nos reconocemos en estas pausas en las que aparecen detalles que realzan la mirada cervantina.

Es un ejemplo perfecto lo que sucede en este tercer capítulo de la Segunda parte. El diálogo se ha alargado demasiado y podía fatigar al receptor y desequilibrar la extensión normal de cada capítulo y ya sabemos que Cervantes había descubierto, en un momento determinado de la Primera parte, las virtudes de la ordenación por capítulos y lo que valía, para despertar la curiosidad del lector, dejar la narración suspendida.

Así construye el diálogo para que su continuación recaiga en Sancho Panza puesto que Sansón Carrasco le pide explicaciones sobre el hurto del asno y el destino final de los escudos de la maleta encontrada. Es en ese momento cuando introduce motivos que parten de lo más cotidiano: por una parte, Sancho debe aplazar las explicaciones porque desfallece (ya nos dijo Fernando Portillo que muy posiblemente sea una de las primeras descripciones literarias de una crisis de hipoglucemia aplicadas a la estructura de un relato); por otra parte, Sansón Carrasco acepta la invitación de don Quijote para quedarse a esperar al escudero. Y la espera la dedican a la comida, para lo que deben añadirse dos pichones al banquete, y a la siesta. Curioso detalle éste, ahora que nadie invita a domir la siesta a un amigo.

Cornelivs se retrata leyendo reposado el Quijote

A mi querido Cornelivs y su constancia quijotesca le dediqué en su día una entrada, como recordaréis. Fiel lector de la obra y seguidor de esta locura, me remite ahora un retrato quijotesco que habla bien de su forma de enfrentar la vida. Como veréis, en la imagen todo respira paz y cercanía. Es como si la escena estuviera preparada para llegar y sentarse tomando un café juntos para hablar de Cervantes o de cualquier cosa que surgiera al hilo de la conversación.

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.


Noticias de nuestro Quijote

Antonio Aguilera no puede participar esta semana por cuestiones familiares. Le esperamos en cuanto pueda hacerlo, por supuesto. Y que no se escapen ni Ojito ni Óscar.

Abejita ha publicado una interesante imagen que une dos nombres que nos hacen mejores: Cervantes y María Zambrano. Después, comenta el capítulo de esta semana fijándose en el monólogo dubitativo de don Quijote. No os perdáis las imágenes de sus entradas, por supuesto. Finalmente, Sanchico, vía Ele Bergón nos cuenta algo más que interesante sobre el destino de los famosos escudos...

Ele Bergón ha publicado un buen reportaje gráfico en el que muestra imágenes de la madrileña Calle de Cervantes y su entorno, bien literario. No os lo perdáis.

Pancho enfoca de forma excelente estos capítulos, al demostrar la funcionalidad de Sancho para romper el estatismo de la situación que hubiera marcado dejar todo en manos de don Quijote, que se encuentra recuperándose en su habitación.

Jan Puerta publica un análisis que nos pone ante una de las cuestiones esenciales de este capítulo: cada uno de los que participan en la conversación propone su propio acercamiento a lo que sucedió en la Primera parte, pero sumando los tres nos darían un relato un tanto diferente, como sucede con su mirada sobre Rocinante.

Manuel Tuccitano centra su comentario en la figura de Sansón Carrasco, sus claves y su necesaria incorporación a la obra para que ésta avance. No os perdáis las dos imágenes (moderna y antigua) que aporta a nuestra colección.

Desplazados, en su última entrada, nos regala otra imagen quijotesca: un guardamecí cordobés excelente.


Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

sábado, 27 de junio de 2009

Ha muerto Victoriano Crémer

En León, a los 102 años de edad, ha muerto Victoriano Crémer. Nacido en Burgos, su vida transcurrió en León y desde allí, en la postguerra, dio ejemplo de coherencia artística y vital. Fundó, junto a Antonio González de Lama y Eugenio García de Nora, una de las revistas poéticas más significativas de la España de postguerra, Espadaña (1944-1951), que tuvo una gran importancia para la difusión de la poesía existencial y primera poesia social: uno de los hitos de la llamada rehumanización del arte. Comprometido con su tiempo, en la obra de Victoriano Crémer hay, sobre todo, una solidaridad con el ser humano como eje vital de la historia.

Cuando murió Gabriel Celaya, compañero de estética, le dedicó un poema que hoy podríamos leer para el propio Crémer:

¡Cómo nos mueren Gabriel, Santo y pobre Gabriel!
Sin encomendarnos a Dios, sin que nos canten
cenicientas plegarias destinadas a los mármoles
y sin que ni en las ventanas ni en las azoteas
ondeen pabellones con nuestra marca heráldica.
(...)
Y fue el silencio, Gabriel, el silencio rendido
del que se duele del alma partida y repartida.
Y acabaste muriéndote de tristeza.
¡Qué muerte
para quien fue clarín de la alegría y la esperanza!
¡Cómo nos mueren, Gabriel, Santo y triste Gabriel,
por los siglos de los siglos!...


Que la tierra le sea leve.

viernes, 26 de junio de 2009

Blogs y redes sociales

Desde la aparición de las redes sociales organizadas con fines comerciales en sitios de Internet (Facebook, MySpace, Tuenti, etc.), se ha establecido un debate sobre si sustituirán o no a los blogs.

Ambas herramientas son posibles gracias a las características esenciales de la web 2.0, que permite la interacción, la inmediatez y la posibilidad de que cualquier receptor se convierta, de forma inmediata, en productor de contenidos.

Las redes sociales en Internet eran la base de la web 2.0 antes ya de la aparición de estos sitios: foros, chat y los mismos blogs establecían sus propias redes sociales.

Los blogs, que comenzaron como una forma de almacenamiento y comentarios personales de lugares interesantes en Internet que cada bloguero descubría y ponía en conocimiento de sus lectores, han tenido un crecimiento exponencial, como corresponde a todo fenómeno exitoso en el mundo virtual. Su crecimiento ha provocado la diversificación: hay muchos tipos de blogs, desde el que conserva los fines originales de la herramienta, hasta los de información y debate. También se ha enriquecido con las posibilidades técnicas: publicación de fotografías, música, presentaciones y videos, que han hecho aparecer subgéneros como los fotoblogs y videoblogs.

Hoy el blog es una herramienta que soporta desde la comunicación emocional a la más compleja mirada artística, desde el mero contacto con un grupo que se relaciona a través de Internet hasta el debate ideológico. El autor de un blog tiene más posibilidades de expresión que el que participa en una red social, pero está más expuesto y, sobre todo, debe dedicar más tiempo y esfuerzo para mantenerlo.

Los sitios de redes sociales aparecieron como un intento empresarial de conseguir una rentabilidad económica ante el crecimiento de las herramientas basadas en la web 2.0. Se diseñó una herramienta de comunicación rápida y cómoda que no exigiera conocimientos informáticos de ningún tipo ni tuviera la diversidad de los blogs y que, además, planteara la apariencia psicológica de no estar desprotegido ante un mundo sin fronteras como el virtual. Los sitios de redes sociales dan la impresión de que todo está más controlado y que el que participa en ellos está menos desamparado ante el lector anónimo que en un blog. Por otra parte, la participación en estos lugares no exige el mismo esfuerzo intelectual que la construcción de un blog.

Desde luego, el planteamiento de un enfrentamiento entre blogs y sitios de redes sociales es interesado y tienes fines económicos y de control del mercado.

No son herramientas excluyentes. Es lógico que las redes sociales crezcan porque son herramientas de comunicación muy útiles para el tipo de vida actual. Quienes usaban los blogs con estos fines dejarán de hacerlo porque las redes sociales ofrecen un producto más atractivo y cómodo para establecer un contacto diario e inmediato a partir de la comunicación de situaciones personales y el intercambio de información.

La complementariedad de blogs abiertos y sitios cerrados de redes sociales es evidente. Y cada herramienta se especializará más en los próximos tiempos, hasta la aparición de alguna otra que posibilite asimilarlas y superarlas.

jueves, 25 de junio de 2009

Aparece Sansón Carrasco (Cap. 2.3).


La creación del personaje de Sansón Carrasco es uno de los grandes hallazgos de la Segunda parte.

Este personaje, magníficamente caracterizado desde antes de aparecer, tendrá una función significativamente relevante en el resto de la novela, puesto que sumará sus esfuerzos a los del cura y el barbero para hacer volver a don Quijote tras su nueva salida. Y lo hará con la misma estrategia que ellos adoptaron en la Primera: participar de la ficción del hidalgo para hacerlo regresar a la aldea desde dentro del mundo caballeresco.

Pero eso está fuera del capítulo de esta semana. Éste, con el anterior y el siguiente, pertenece a un segmento narrativo en el que el relato da un salto cualitativo de enorme trascendencia para la historia de la novela moderna. En él, el propio relato se hace parte sustancial de la escritura. En el capítulo de la semana pasada lo vimos cuando Sancho daba cuenta de la fama popular en la aldea. Ahora Sansón Carrasco viene a dar cuenta de una sorprendente noticia: en el mes trascurrido entre el regreso de don Quijote y su recuperación, se ha escrito y publicado un libro que cuenta sus hazañas. Este volumen ha tenido un enorme éxito, corre de mano en mano, se ha reimpreso en varios lugares y se ha traducido a varios idiomas, hasta el punto de que Sansón Carrasco puede afirmar que no ha de haber nación ni lengua donde no se traduzga.

Para dar lugar a la entrada verosímil del bachiller, usa de un recurso escénico del momento: el monólogo de don Quijote, inquieto por lo que haya podido contar de él el autor de la narración, la imposibilidad de que todo se haya podido dar en tan breve tiempo puesto que aún no estaba enjuta en la cuchilla de su espada la sangre de los enemigos que había muerto (con esta exageración ya nos propone Cervantes una mirada irónica a la inverosimilitud del tratamiento temporal puesto que no hemos de olvidar que la narración se plantea como parodia de los relatos caballerescos), sus dudas sobre la veracidad de lo relatado al ser moro el autor y, en especial, la forma de tratar sus amores con Dulcinea.

Uno de los problemas que ha tenido la crítica a la hora de comprender con exactitud las palabras del bachiller se debe a la caracterización de este personaje. Se ha debatido en exceso sobre lo que afirma en este capítulo -en especial sobre la existencia de algunas ediciones citadas de las que no hay ninguna constancia, pero también sobre el resto de sus afirmaciones-, sin tener en consideración que Sansón Carrasco es un bachiller de Salamanca, recién llegado de la Universidad a sus 24 años y que no demuestra tomarse la vida demasiado en serio.

Cervantes construye este personaje sobre el tópico literario del estudiante y lo hace desde la descripción física y moral. No es, por lo tanto, ni un modelo de comportamiento ni aplicación de los conocimientos adquiridos en sus estudios para mejorar la sociedad en la que vive. Más adelante lo veremos picado en su orgullo. Aquí, desde el inicio, plantea pasar un día divertido en casa del loco famoso de su aldea y no para de argumentar para jugar tanto con el hidalgo como con Sancho Panza. De ahí que a Don Quijote le salude por este nombre desde su inicio y no pare de reforzarle su fantasía: es un motivo más para impulsarlo a una nueva salida.

Además, Cervantes lo utiliza como un elemento externo a la narración de la Primera parte y, por lo tanto, apropiado tanto para repasar las principales aventuras como para cuestionar aspectos que él sólo puede conocer por la lectura de la novela:

-No se le quedó nada -respondió Sansón- al sabio en el tintero: todo lo dice y todo lo apunta, hasta lo de las cabriolas que el buen Sancho hizo en la manta.

Como ha asistido al éxito del libro, puede aportar datos a la curiosidad de sus interlocutores desde la popularidad del libro hasta el cuestionamiento de algunos aspectos de la narración: el exceso de golpes recibidos por don Quijote, la fragilidad de la motivación de Sancho Panza para seguir a su amo (la promesa de una ínsula) y la incorporación de una novela completamente ajena a la narración (El curioso impertinente).

A todo ello dan respuesta en el diálogo, pero hemos de observar cómo estas críticas son participadas por el propio Cervantes, que cuida mucho de no volver a caer en estos elementos cuestionados en su época (los golpes recibidos se reducen notablemente, el gobierno de la ínsula se hará realidad y de él se extraerá toda una lección moral y desaparecerán los relatos insertados a la manera de El Curioso impertinente).

Sin duda, Cervantes meditó mucho sobre estos aspectos, comprendiendo que representaban elementos frágiles de la novela. Su sagacidad hizo que convirtiera la polémica en materia narrativa y que, en el caso concreto de la introducción de la novelita, la recusara explícitamente a través del hidalgo como algo no propio de la materia novelada (ahora bien, recordemos que don Quijote estaba dormido cuando se leyó y, por lo tanto, para él esa parte de la historia no existió, con lo que Cervantes, para salir de la polémica, realiza un juego teórico excelente y novedoso).

Pero también, el bachiller, como lector del libro, sabe cosas que se calla para no estropear la diversión, como que don Quijote no es, en realidad, un caballero andante, que Sancho no entregó la carta, que el cura y el barbero trajeron a su vecino engañado, etc. No es -no lo olvidemos- un moralista, sino un estudiantón que se divierte.

Gracias a esta función del personaje, Cervantes puede abordar algunos de los defectos que contenía la primera edición y, en especial, dos: el hurto del rucio de Sancho y el destino de los cien escudos hallados en la sierra.

Como el capítulo se alarga, Cervantes recurre al desfallecimiento físico de Sancho, que necesita comer y beber para poder continuar la narración. Y Sansón Carrasco también, que no se hace de rogar para quedarse a comer y echar la siesta en casa del hidalgo.

Veremos qué pasa después de la siesta el próximo jueves, al comentar el capítulo IV.

miércoles, 24 de junio de 2009

La traducción que estafa: sobre las dudas planteadas en torno a Millenium de Stieg Larsson

Las dudas que se han suscitado, desde hace unas fechas, sobre la traducción al español de la trilogía Millenium, de Stieg Larsson, merecen una reflexión de carácter general sobre una mala praxis extendida en el mundo editorial español. He de aclarar que, como no sé sueco, no puedo abordar las dudas de fondo, pero las evidencias puestas sobre la mesa deberían aclararse por los especialistas y por la editorial Destino lo antes posible para evitar más confusiones.

Es evidente que los títulos españoles de la trilogía (que tanto han llamado la atención) no corresponden a los originales suecos y se parecen sospechosamente a los de su traducción francesa, lo que ha planteado la duda de si lo que leen con tanta avidez los receptores españoles es una traducción directa o una retraducción del francés. No es cuestión baladí.

Francia ha sido, durante muchas etapas de la historia de Europa, el núcleo de difusión de la cultura que se hacía en otros países. Para el caso español, este papel redifusor de Francia fue predominante -casi de forma absoluta- desde el siglo XVIII hasta mediados del XX. De hecho, grandes autores fueron divulgados en España no desde sus lenguas originales sino a partir de las versiones francesas: Shakespeare, los románticos alemanes, toda la gran literatura rusa, etc. Lógicamente, el conocimiento de estos autores venía mediatizado por su paso por lo francés, no sólo por su lengua, sino también por su cosmovisión, ideología, forma de entender las culturas de los autores traducidos, etc. Además, la intervención de los traductores manipulaba las obras, en algunos casos, de una forma grave, hecho que, en ocasiones, pasaba totalmente desapercibido al traductor de la versión española, que desconocía el original.

Evidentemente, esto habla muy bien de la preocupación francesa -desde sus poderosas instituciones, sus escritores, el mundo editorial, la creación de un mercado y un público propio y extranjero, etc.- por la cultura y su capacidad para integrar las grandes producciones intelectuales y artísticas del mundo, asimilarlas y difundirlas con posterioridad con un sello propio.

Y, por supuesto, habla muy mal de la cultura española -instituciones, escritores, editores, público-, a la que no le ha importado mucho esta subordinación -como sucede ahora, al recibir sin más el impacto de lo audiovisual desde el mundo anglosajón en formato doblado como si tal hecho fuera inocente- ni se ha preocupado, salvo honrosas excepciones, en conocer los productos desde su lengua y formato original.

Hace unos pocos años, uno de los directores de escena españoles más conocidos, presumía de que, al fin, se podía ver de verdad a Chéjov en España gracias a su montaje de una de las obras de este autor y presumía de que él lo había redescubierto para el público español. A nadie pareció extrañarle que este mismo director de escena confesara que no sabía ruso y que había trabajado con una traducción al francés de este autor.

Como sabemos, la traducción de una obra artística nunca es literal, sino que se adapta al lenguaje al que se traduce, con lo que no sólo algunas expresiones sino también muchos conceptos son modificados. También el estilo, por muy respetuoso que se sea.

Traducir de una traducción, aumenta las diferencias con el original y puede dar lugar a lecturas esperpénticas que se apartan de lo que pretendió el autor, tanto en el estilo como en lo ideológico.

Y, sobre todo, es una estafa a los lectores.

Una estafa demasiado cultivada por las editoriales españolas, que, por lo general, ponen condiciones económicas y de tiempo que imposibilitan una traducción sensata. A veces, ni siquiera se preocupan en que las traducciones se hagan desde la lengua de origen inicial. A los editores parece no interesarles mucho dignificar la figura del traductor cuando es un componente fundamental de su industria. En el fondo, sueñan con que un traductor electrónico les solucione el problema sin tener que tratar con un profesional al que desprecian y del que no se fían.

martes, 23 de junio de 2009

Encenderé una hoguera esta noche


Encenderé una hoguera esta noche y saltaré sobre las brasas, como si creyera.

Recordaré a Vicente Ferrer, santo del pueblo pobre sin necesidad de institución, cuyos restos reposan al lado de aquellos a los que dedicó su vida; recordaré a Eduardo Puelles García, asesinado por la sinrazón terrorista y cuyo mejor legado ha sido el comportamiento de su viuda e hijos; recordaré a Julio Valdeón, que nos enseñó tanto y se ha ido casi de puntillas, olvidándose primero de sí mismo en la despedida última, y que nos ayudó antes a comprender mejor nuestro pasado. Conjuraré la noche con una queimada y brindaré por ellos y por las personas anónimas que mueren cada día reclamando libertad y justicia. También por los que mueren sin saber la razón de su miseria, causada por un orden injusto y gobernantes culpables que se amparan en el silencio de la mayoría. Derramaré primero el líquido por la tierra, como si creyera, para sentirme cerca de todos ellos y rendirles mi silencioso homenaje.

Sé que mañana, tras el solsticio, nada habrá cambiado, pero esta noche, mirando el rescoldo de la hoguera que se extingue, desearé que el mundo pueda cambiar, como si aun me durara en él toda la ingenuidad y esperanza de los tiempos en los que la Historia aun podía rectificarse.

Que el amanecer me sorprenda.

lunes, 22 de junio de 2009

Un mes bien aprovechado, autorretrato de Myr y noticias de nuestro Quijote

Desde el punto de vista narratológico, una de las consecuencias más interesantes provocadas al comprimir el tiempo interno desde que don Quijote regresa a su aldea hasta el inicio de la Segunda parte, es que se provoca una situación inverosímil. Como sabemos, se nos dice -omitiendo todo un invierno-, que entre uno y otro hecho no ha pasado más que un mes. Que en este mes su aventura sea conocida y comentada en todo el lugar, es admisible y esperable: en una aldea así estos acontecimientos serían motivo de cotilleo, que Cervantes trasforma irónicamente con el motivo de la fama.

Pero que en ese tiempo haya dado lugar a que se escriba, imprima y difunda un libro que la cuente, se hace harto difícil hasta para el propio hidalgo: de ahí que tenga que recurrir, como veremos, a la intervención de fuerzas fantásticas, con lo que propone, de nuevo, la condición paródica del libro. Para desentrañar las claves, os invito a leer con mucha calma el capítulo de esta semana, en la que aparece, además, Sansón Carrasco, un personaje que tendrá mucho protagonismo en lo que queda de relato.

Myr se autorretrata con Quijote

Myr llegó a La Acequia hace unos meses para participar en nuestra lectura, pero se quedó para ser comentarista constante y cariñosa. Ha demostrado tenacidad con la aventura, porque ha leído la novela desde su inicio, aunque cuando se incorporó ya la llevábamos avanzada. Ha dejado muestra de su constancia en las entradas correspondientes, que os invito a repasar de vez en cuando para ver cómo han ido creciendo. Además, Myr, por su profesión, aporta una interesante perspectiva psicológica del personaje. Aquí se autorretrata con la cámara del ordenador y nos aporta una muestra de la universalidad de la obra. ¡Gracias, Myr!

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote

Raúl Urbina ha decidido, con acierto, desdoblar el índice de nuestra lectura. Así, en este enlace tendréis el de las entradas correspondientes a la Primera parte. Ahora, en este otro enlace, se puede acceder al de las correspondientes a la Segunda parte. Muchas gracias por tu esfuerzo, Raú.

El Sanchico le ha contado a Ele Bergón para que lo publique Abejita, la realidad del inicio de la nueva aventura de don Quijote, el Alonso, al que parece le afecta la crisis económica más que la verosimilitud narrativa... Después, Abejita inicia el comentario del capítulo segundo con metodología inteligente de parejas... y consagra otra entrada a objetivar la equivocación de Sancho al mencionar el nombre de Cide Hamete...

Juan Luis comenta el capítulo primero de la Segunda parte desde una interesante perspectiva, a partir de la lucha por los sueños. Y lo enlaza con lo ocurrido recientemente en Madrid, con la lectura del Manifiesto por la Solidaridad. También comenta el segundo, con todo acierto, a partir de cómo podemos aceptar lo que opinan los demás de nosotros. Y no os perdáis la imagen quijotesca que publica, a la que, me temo, le queda poco tiempo de vida...

Manuel Tuccitano hace una lectura del capítulo a partir de la visión de la sociedad que hay en el Quijote. Y no os perdáis las dos ilustraciones. Una es un cromo del siglo XIX con alusión a este capítulo.

Pancho comenta el capítulo de esta semana con gran acierto, sobre todo al arrancar la comparación con el teatro breve del momento. Y no os perdáis la imagen, otra más para la colección y que testimonia cómo se ha usado la iconografía quijotesca para la política...

Jan Puerta convierte la lectura en una fiesta, en la que junta amigos, libros y buen comer y beber. Qué más puede pedirse...

Antonio Aguilera ve muy bien, en su comentario, cómo arranca el dúo protagonista. Y aporta la imagen de una edición inglesa en la que ya se reconoce aquello de lo que hablábamos: la consagración de la pareja Don Quijote-Sancho.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
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Vale.

sábado, 20 de junio de 2009

Acuse de recibo: El gordo Sasamón y el lobo. El príncipe desafinado, de Fernando Portillo Hombre



Escribir cuentos infantiles que se salgan de lo común hoy en día es todo un arte. Se ha instalado en el género un canon en el que todo está diseñado para su venta al por mayor y, por lo tanto, para su fácil digestión tanto por los niños como por los padres.

De hecho, la presión es tanta que la pacatería propia de nuestra época ha modificado la trasmisión textual de los relatos tradicionales de tal manera que se han limado todas las aristas. Yo mismo, al contar por la noche estos relatos a mi hija cuando era pequeña, me descubría eliminando aspectos que quizá me escandalizaran más a mí que a ella.

La primera intervención decidida en los relatos para niños se produjo en el siglo XVIII, con las fábulas y continuó en los libros de lecturas para niños que se publicaron en el siglo XIX. En este proceso intervinieron algunos de los que fiijaron, a finales del siglo XIX y principios del XX, (Andersen, Calleja) un canon escrito de la narrativa infantil suplantando definitivamente a la trasmisión oral de estos relatos. Ya en este fase, dado el salto a la impresión masiva, se produjo una extraña simplificación de los mensajes, en los que la lección que siempre existía en ellos, propia de las preocupaciones más arraigadas en todas las culturas, pasó a convertirse en moral de una sociedad cada vez más igual, hipócrita y burguesa. La adaptación cinematográfica de muchos de estos relatos, especialmente por la factoría Disney, terminó por provocar un formato casi único de relato infantil con su propia imaginería.

Por eso nos sorprende tanto cuando encontramos versiones antiguas de los relatos que aun hoy seguimos contando a los niños: la gran mayoría son crueles, inaceptables en los códigos oficiales de buena conducta actuales, llenos de los temores irracionales más permanentes del ser humano y con una diversidad mucho más amplia de lo que se estila. De un mismo relato podían coexistir cientos de variantes.

Hoy, la extensión del mercado del cuento infantil ha matado la variedad. En apariencia nos puede parecer que no es así si vamos a cualquier librería especializada, en la que hallaremos cientos de títulos, pero un ojo experto podría reducir todos los volúmenes de las estanterías a unas pocas modalidades. Es de resaltar cómo hoy la que triunfa es el relato de la historia de un niño o una niña que es aprendiz de mago o tiene acceso a un mundo en el que la fantasía le hace vivir experiencias alejadas de la realidad. A fuerza de fomentar en la mente del niño eso que se ha llamado la fantasía, se le ha alejado del mundo en el que vive.

Especialmente sorprendete es, por ejemplo, la escasa calidad del lenguaje de la mayor parte de los escritos dirigidos a los niños. No me refiero a los muchos y buenos textos que existen para niños en la etapa de aprendizaje de la escritura (en los que parece no regir las normas de las que aquí hablo), sino a los de etapas siguientes, en los que parece escribirse pensando que el niño no debe aprender nada con la lectura autónoma. Supongo que los editores tendrán un código secreto en el que figuren las palabras que los niños dominan en cada edad según estudios sesudos de pedagogía y prohiben expresamente la impresión de toda palabra, expresión o estructura sintáctica que no encuentren en él, porque de otra manera no puedo entenderlo. Actualmente, en el mundo occidental, los niños leen más que nunca pero este hecho constatable no garantiza que sigan leyendo cuando llegan a la adolescencia. Ya he expresado en alguna entrada que uno de los factores posibles es que las lecturas que hacen habitualmente no son nada complicadas en cuestiones lingüísticas ni en conceptos: es una literatura muy directa y adaptada que no tira de ellos hacia ningún otro tipo de libro excepto hacia los best sellers, escritos con la misma intención. Algo similar ocurre con las series de televisión y las películas.

Por eso mi temor inicial cuando mi amigo Fernando Portillo me dijo que escribía un libro de cuentos por encargo de la Biblioteca Pública de Burgos y mi satisfacción cuando recibí su envío de El gordo Sasamón y el lobo. El Príncipe destronado (Burgos, Junta de Castilla y León, Biblioteca Pública de Burgos, 2009), dos cuentos llenos de inteligencia y calidad literaria. Enlazan con los cuentos de príncipes y princesas del folclore para subvertirlos de una forma aun más radical si pensamos en el canon actual de este tipo de relatos: Un gordo que se casa con una bella princesa tras cazar a un lobo y enamorarla con el humor; un príncipe insufrible que se enamora de la hermosa hija de un leñador por su único defecto. Estos dos relatos son divertidos, irreverentes en algún momento y, sobre todo, alejados de la pulcritud aséptica de tanto como se escribe. Van precedidos de una advertencia del autor que alejará a unos pero significará un tesoro para quien vaya una página más allá:

Los niños (y las niñas, sí) que deseen comprender correctamente estos cuentos, deberán tener a su lado un diccionario de la lengua española cuanto más gordo mejor. Ya que el autor, amantísimo de nuestro idioma, ha decidido dejarse de tontunas y de tratar a los niños (y a las niñas, sí) como si fuesen bobitos y ha utilizado toda la munición necesaria para contar una historia como dios manda, que no es poca.

Los relatos cuentan con otro atractivo: las ilustraciones de Juan Mons, excelente dibujante, nada correcto ni convencional, que ha sabido captar lo que pretendían las dos historias.

jueves, 18 de junio de 2009

Afirmación de pareja e inicio de debate narrativo (Cap. 2.2).


Cuando don Quijote hace pasar a Sancho, temeroso de que en su contienda con ama y sobrina sea capaz de decir lo que no conviene, se da un paso definitivo para el resto del relato. Cervantes ha madurado sabiamente las dosis argumentales con las que introduce al lector en el recordatorio de lo acontecido en la Primera parte y se preparan las bases argumentales de la Segunda.

Así, en el capítulo anterior se relataban rápidamente los acontecimientos del mes que transcurre internamente entre las dos partes y se informaba, a partir de la visita del cura y el barbero, que don Quijote seguía queriendo ser caballero andante.

Una vez que don Quijote queda examinado de loco, puede entrar Sancho, para no demorar el fortalecimiento de una imagen construida en la Primera parte a partir de la pareja de protagonistas: la novela ya no es la historia de don Quijote, sino la de don Quijote y Sancho. La recepción de la novela durante los diez años anteriores, lo que ya se puede encontrar en las relaciones entre amo y criado en la Primera parte y la meditación de Cervantes sobre su obra a este respecto, se sintetizan en la frase pronunciada por el cura:

veremos en lo que para esta máquina de disparates de tal caballero y de tal escudero, que parece que los forjaron a los dos en una mesma turquesa, y que las locuras del señor, sin las necedades del criado, no valían un ardite.

Eso mismo es lo que plantea don Quijote, que sabe que ninguna nueva aventura podrá vivirla ya sin su escudero:

-Mucho me pesa, Sancho, que hayas dicho y digas que yo fui el que te saqué de tus casillas, sabiendo que yo no me quedé en mis casas: juntos salimos, juntos fuimos y juntos peregrinamos; una misma fortuna y una misma suerte ha corrido por los dos: si a ti te mantearon una vez, a mí me han molido ciento, y esto es lo que te llevo de ventaja.

La Segunda parte ya sólo puede construirse con esa conciencia.

En el inicio de la Segunda parte, por lo tanto, deja asentados dos principios que la impulsan: la continuación de la ficción caballeresca en la mente de don Quijote; la necesidad de que todo lo que acontezca sea, en un grado cada vez mayor, una consecuencia de las relaciones entre amo y criado.

Una vez afirmadas estas bases, se lanza Cervantes a construir otro de los componentes sustanciales de su continuación: la fama de las aventuras de don Quijote y Sancho y sus consecuencias en el relato.

Asistimos, con ello, a una revolución en la narrativa, un salto cualitativo de tal nivel que aun hoy asombra. El diálogo entre amo y criado y la intervención siguiente de Sansón Carrasco introducen el relato dentro del relato a partir del debate sobre la fama popular de los hechos de ambos y la noticia de la publicación de la Primera parte. Hacer materia narrativa de esta cuestión le sirve a Cervantes para varias cosas, como veremos: en primer lugar, para jugar con los errores de la Primera parte, integrándolos como componente sustancial de la compleja construcción de una novela; en segundo lugar, para construir una reflexión teórica sobre la figura del narrador - cuya fiabilidad que queda dinamitada definitivamente para la narrativa posterior- y de las cuestiones esenciales de todo relato -tiempo, verosimilitud, etc.-; en tercer lugar, como todo esto se hace materia narrativa, para construir genialmente la novela que evidencia cómo se construye usu propio devenir ante los ojos del lector mostrando el truco y sus consecuencias.

Por ahora, en este capítulo se contenta con introducirnos a esta cuestión con la fama pública de la aventuras del hidalgo a partir del relato de Sancho -en el que no se esconden los juicios menos favorables de sus convecinos, puesto que la fama queda en cotilleo local, por evidente ironía entre la fama de los relatos épicos y el desnivel señalado cuando en las palabras del escudero se relata lo que opinan las personas de su aldea- y la noticia de que un bachiller de la localidad ha informado de que sus aventuras andan escritas en un libro escrito por un historiador moro.

De lo que cuente Sansón Carrasco hablaremos el próximo jueves, en el comentario del capítulo III.

miércoles, 17 de junio de 2009

Los silencios del parque


Hoy el parque tenía una densidad espesa, como si en él se me hubieran presentado en el paseo, juntas, la soledad y la nostalgia. Todo parque guarda retazos de emociones: risas de niños, susurros de adolescentes enamorados. A mí me alarman más sus silencios, como si la vida se hubiera hecho tan vieja ya, que no tuviera nada que decirte.

martes, 16 de junio de 2009

Abstención y desistimiento. Sobre algunos análisis del resultado de las elecciones europeas.


En las últimas elecciones al Parlamento europeo, ha llamado la atención el alto porcentaje de abstención. En España, este fenómeno general se ha leído en clave nacional: diferentes lupas para un mismo hecho. Algunos sectores sociales han visto confirmado su escepticismo ante los dirigentes de los grandes partidos y lo interpretan en clave de castigo electoral. Sin embargo, es muy difícil interpretar así cualquier tipo de abstención.

En una democracia consolidada, cuando votar no es obligatorio, no depositar el voto en una urna tiene muy diferentes interpretaciones: la más clara de todas ellas no es exactamente el descontento con los políticos que se presentan, en contra de lo que se piensa en un primer razonamiento, sino que el ciudadano confía tanto en que las cosas funcionen en los niveles básicos que, al no tener claro lo que prefiere o lo que no prefiere, se abstiene porque, en realidad, no siente amenazada la estructura política del país. No es tanto que esté indignado como que esa indignación no tiene riesgos porque la organización social en la que se encuentra y que, mayoritariamente, no cuestiona, no cambiará y, por lo tanto, al día siguiente de las elecciones seguirá teniendo luz y agua y unos mínimos de bienestar social como los tenía el día anterior. En el fondo, la abstención no es una protesta, sino una confirmación.

Desde siempre, la abstención en las elecciones ha querido ser interpretada y, según quién la analice, se piensa una cosa o la contraria: el ejercicio de una protesta social contra los dirigentes políticos de los partidos en liza; el apoyo a un partido concreto que ha hecho campaña por la abstención (en España hay tradición de este tipo de estrategias según las cuales un partido o un sector ideológico defiende no ir a votar y luego se apropian del porcentaje correspondiente como si tuvieran la certeza de que los que no fueron lo hicieron siguiendo sus consignas: ha ocurrido, singularmente con los partidos radicales que apoyan el terrorismo o la involución democrática, puesto que, en esto, los extremos se tocan, pero también en cuestiones tan importantes como en alguno de los referendos celebrados en España).

En estas últimas elecciones he oído hablar con demasiada facilidad de que la abstención debe interpretarse como un desistimiento social: la sociedad no quiere saber nada de estos políticos y no vota porque quiere castigarlos y hacer ver su protesta para cambiar la situación.

No deberían confundirse los términos. La abstención no significa desistimiento.

El desistimiento como estrategia política (llamado por ellos retraimiento) fue inventado por los progresistas españoles del siglo XIX, alejados del poder por diferentes intrigas tejidas en torno a la reina Isabel II y que vieron cómo se debilitaban sus filas por los miembros que pactaron con la Unión Liberal de O'Donnell, a la que se adhirieron unos por creerse la posibilidad de un gran partido centrista que uniera a conservadores y progresistas y otros, simplemente, por no perder el poder y sus prebendas. Al adquirir conciencia de que se les alejaba del gobierno para mucho tiempo, los dirigentes del Partido Progresista que no pastelearon con O'Donnell, especialmente los que constituyeron el sector de progresistas puros (encabezados por Pedro Calvo Asensio, un político de gran fuerza cuya muerte prematura le privó de encabezar los futuros gobiernos progresistas), optaron por la estrategia del desistimiento: retirarse de todo proceso electoral para manifestar su descontento con el sistema y tensar la situación política hasta provocar su cambio, puesto que, junto a su decisión de no participar en las elecciones, estaba la de organizar acciones que dieran visibilidad a su denuncia y a su ideario. Desistimiento no es abstención: aquél implica movilización social, ésta dejación y pasotismo.

Estas últimas elecciones europeas no han significado el desistimiento de la población, sino una desmotivación que deja en manos de los que sí participaron gran parte de la normativa que nos regirá en los próximos años. Es decir, muchos de los que decidieron no ir a votar porque querían castigar a los partidos políticos, han visto cómo su gesto no sirve en el sentido en el que lo pensaron, sino exactamente en el contrario.

La abstención electoral, a los pocos meses (en realidad, a los pocos días), no significa nada. El desistimiento, en cambio, es una política de tensión social (que sea pacífica o no depende de cómo se use) que conduce inevitablemente a una larga confrontación y a revoluciones. Los progresistas del XIX sólo pudieron salir del retraimiento, ayudados por la falta de habilidad de sus contrarios, con la Revolución de 1868, que significó, primero, la caída de la dinastía de los Borbón y, segundo, la proclamación de la I República española.

Aquellos que se han alegrado del alto porcentaje de la abstención en las últimas elecciones no pueden explicarla en términos de desistimiento. Su intención puede abarcar desde una llamada de atención a argumentos contrarios al sistema democrático actual, pero difícilmente puede apropiársela nadie de los que han hecho campaña para que no se votara. Los que sí se la apropian son los que recibieron el apoyo de los que fueron a votar y vieron cómo el resultado final de la composición del Parlamento europeo responde a sólo a la minoría de ciudadanos que sí ejercieron su derecho.

Eso sí, los dirigentes de los grandes partidos políticos deberían preguntarse por qué no han sido capaces, en un período de crisis económica y en una etapa tan importante de construcción de la Unión Europea, de movilizar a un mayor número de electores. Si su explicación es que los votantes confían en que el sistema no se desestabilizará gane quien gane o dejando aparecer, gracias a la abstención, a partidos que ni siquiera tienen una gran representación parlamentaria en sus propios países, supongo que habrán dormido tranquilos. No dormirían igual si hubieran percibido un desistimiento social.

lunes, 15 de junio de 2009

Diez años y un mes, retrato de Aldabra y noticias de nuestro Quijote


Una de las cosas más llamativas del Quijote es el manejo por Cervantes del tiempo y la recepción que causa en los lectores. Frente a la medida de tiempo mítico de las novelas caballerescas parodiadas (con algunas excepciones tan notables como Tirante el Blanco), Cervantes marca cuidadosamente el tiempo de su relato: en él amanece, oscurece o llega la hora de comer de forma natural, tan natural como la contemporaneidad de la historia relatada. Incluso se dan datos aproximados de cuántas semanas pudieron transcurrir entre la decisión del hidalgo de hacerse don Quijote y su regreso al final de la Primera parte. Tal realismo, a veces, se utiliza como recurso para indicar lo que aparta la historia del Quijote del género parodiado, como cuando don Quiiote se extraña de que Sancho pudiera ir y venir desde la sierra hasta el Toboso para entregar la carta de amor a Dulcinea.

Sin embargo, Cervantes juega con el tiempo a su manera. De hecho, la ironía que contiene la historia del hidalgo, le lleva a afirmar, en contra de la rotunda contemporaneidad de los acontecimientos, que ha encontrado todo en crónicas y leyendas y especialmente en el manuscrito de un historiador árabe, Cide Hamete. Estaríamos pues ante un relato contemporáneo que se ha escrito hace tiempo. Ya vimos cómo todo esto le servía para dinamitar la figura tradicional del narrador, componente muy relacionado con el uso del tiempo en el relato.

Al inicio de la Segunda parte se nos cuenta que ha trascurrido un mes desde que el cura y el barbero dejaron en casa a don Quijote hasta que deciden hablar con él para constatar si sigue loco. Ya hemos resaltado que con ello consigue que el lector -especialmente el que lea las dos partes después de 1615- anule o ignore los diez años trascurridos entre la publicación de la Primera parte y de la Segunda. Y todo ello se consigue con una naturalidad sorprendente. Tan sorprendente es la eficaz sencillez con la que arma todo el andamiaje que consigue que el lector no caiga en la cuenta de que si la Primera parte trascurre en verano y la Segunda parte se inicia, como veremos, en primavera, se nos han escamoteado los meses de invierno.

Cervantes, que ha reflexionado sobre la nueva fórmula narrativa que creó el Lazarillo y a la que se adhiere con tanta fuerza en el Quijote que consigue su triunfo definitivo para la modernidad, jugará con todo ello con la primera aparición del personaje de Sansón Carrasco. Sin duda alguna, mucho de lo que nos llama la atención en este aspecto del manejo del tiempo narrativo se debe a la solución más simple: un error de Cervantes inducido, sin duda, por la premura con la que entregó el manuscrito de la Primera parte y los muchos cambios estructurales que introdujo en las últimas fases de redacción. Pero las cuestiones generales se deben a una elección consciente, que lo separa del uso premoderno del tiempo en la narrativa. Es un elemento más de su apuesta por el realismo.

Retrato quijotesco de Aldabra


Aldabra me envió, hace semanas, su retrato quijotesco en el que, como veis, oculta y desvela.: está ella y está su ambiente y un espejo por el que podríamos descubrir otros espacios. Como sabéis, es una antigua comentarista de La Acequia y autora de un blog lleno de literatura y emoción que os invito a descubrir: Congo y yo. ¡Gracias, Aldabra!
Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote

Manuel escribe un acertado comentario sobre la locura-cordura de don Quijote en este capítulo y sus consecuencias como arranque de la continuación del relato. Pasa después al ámbito histórico en el que ha aportado muchas y buenas cosas a esta lectura. En este caso, analiza la referencia cervantina a los ataques del turco. No os perdáis las dos ilustraciones.

Pancho centra su comentario sobre el primer capítulo en dos elementos: la locura y la Iglesia, enfocándolo todo a partir de la indagación sobre la locura del hidalgo.

Jan Puerta, en su entrada, da con una de las ironías de partida de la continuación: son aquellos que quieren evitarla, los que provocan la nueva salida de don Quijote. No os perdáis el recuerdo cervantino-chileno de su imagen.

Desplazados nos cuenta una desgracia, que no le librará de seguir leyendo el Quijote: Cervantes pasado por agua.

Abejita inicia el comentario del capítulo de esta semana con unas imágenes muy apropiadas, a la par que veraniegas... y no os perdáis su desarrollo, acertado, como siempre. Continúa el comentario, ilustrando el chiste de locos del capítulo con una buena imagen. Por cierto, algunos se han atrevido a contar allí otros chistes de locos, quizá queráis ampliar la colección...


Antonio Aguilera celebra, como se debe, que Cide Hamete ponga las cosas en el verdadero camino, en contra de Avellaneda. No os perdáis tampoco la fotografía de Óscar que faltaba: Sancho, nuestro fiel acompañante del hidalgo.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina, aquí.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

sábado, 13 de junio de 2009

La UNAM, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2009


El pasado 10 de junio, el Jurado del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2009 acordó conceder dicho Premio a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Honra a este Jurado decidir que una institución universitaria -la más importante del mundo hispánico- sea merecedora del Premio y que lo sea antes una americana que española.

No es la primera Universidad que lo ha recibido. En 1990 se concedió a la Universidad Centroamericana José Simón Cañas (UCA). En aquella ocasión no se premiaba tanto la calidad académica de la institución como su compromiso con el entorno social y su apuesta por la paz promovida por el rector Ignacio Ellacuría, asesinado en 1989 junto a otros colaboradores de la UCA, próximos a la Teología de la Liberación, una de las líneas de pensamiento más interesantes que se ha dado en el catolicismo del siglo XX. Este asesinato conmocionó la opinión pública internacional y explica el Premio, que nos recuerda también que un centro de estudios universitarios nunca debe olvidarse de las circunstancias de su presente y de la responsabilidad social.

En otras ocasiones se ha premiado a centros de investigación como el Instituto Caro y Cuervo (1999), las grandes instituciones de promoción cultural europeas (2005) o una sociedad científica tan prestigiosa como la National Geographic (2006), pero nunca se había puesto el foco de atención sobre una institución académica por lo que esta misma representa.

Con independencia de las presiones o intereses políticos que todo premio de este tipo esconde, es un hecho que la UNAM lo merece. Desde su creación, en 1910 (como refundación de la Real y Pontificia Universidad de México, una de las primeras universidades americanas, que se creó en 1551 a imitación de la de Salamanca), ha dado muestras de ser una institución viva y permeable a las novedades, un centro de creación de ciencia y pensamiento de alto nivel.

Una de las etapas históricas más interesantes de la UNAM fue la acogida en sus centros de muchos profesores y científicos españoles exiliados tras la Guerra Civil. Ambas partes salieron notablemente fortalecidas del encuentro, pero siempre quedará el agradecimiento que debe el mundo académico español a la UNAM, como consta en el Acta del Jurado. No hay que olvidar, en este sentido, que ya en el año 2001 se concedió el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales a El Colegio de México, fundado en 1940 sobre La Casa de España en México, institución que, desde 1938 a 1940 había dado acogida a los intelectuales españoles exiliados. Al México de aquellos años y a su Presidente, Lázaro Cárdenas, la España del destierro les debe mucho. Sin duda, la Universidad española sería mucho mejor sin la sangría que supuso la Guerra Civil en el aspecto académico: algunos piensan que aun no se ha recuperado del todo y que gran parte de los males del mundo universitario español actual tienen origen en aquella laguna y lo que ocurrió durante las décadas siguientes, que han marcado unas inercias difíciles de arrancar.

El crecimiento de la UNAM se explica, en parte, por el contexto socioeconómico de México y por eso no es exportable como modelo a España, pero algo deberían aprender las Universidades españolas y de otros países de su constancia y dinamismo.

viernes, 12 de junio de 2009

Encontrar el sitio.


Uno se pasa media vida pensando que quiere llegar a un sitio: encontrar su lugar en el mundo. Construimos, con demasiada frecuencia, una imagen propia que no corresponde a la realidad, sino a un pacto con nosotros mismos: que este pacto sea amable o no y nos sirva para engañarnos es algo que cada uno tiene que mirar con calma. Algunos ni se plantean nada: si hay desajustes en la imagen, la culpa será siempre del otro o de las circunstancias. En realidad, nadie tiene un sitio fijo, puesto que la vida es cambio. Es difícil encontrar la silla adecuada, aunque sea para un rato: a veces ni siquiera es recomendable. En estas ocasiones, es mejor mirar la vida de pie, para seguir andando.

jueves, 11 de junio de 2009

Volver donde lo dejamos (Cap. 2.1).


Cervantes retoma la narración en donde la dejó al final de la Primera parte, como si no hubieran pasado diez años. Por eso, quien ha leído después de 1615 las historias del caballero, no percibe ese paréntesis.

La historia, en la mente de Cervantes, no trata de nuevas aventuras del héroe a la manera de las sagas episódicas, sino de la continuación de su vida (o de la crónica debida a Cide Hamete, al que vuelve a aludir al inicio de este capítulo como lo hizo al final de la Primera parte). No sólo se trata de un giro de la técnica narrativa de las novelas caballerescas parodiadas, construidas como sumas de acontecimientos acumulados, sino de la continuidad de una lógica interna que se encontraba desde el primer germen del relato del hidalgo manchego. Por eso, no necesita volver a presentarnos al personaje como lo hiciera en la Primera parte: la Segunda no es independiente de la Primera, sino su continuación y no puede entenderse sin ella.

El cura y el barbero, tras un mes en el que no han querido visitar a don Quijote para no interrumpir la recuperación pero durante el cual han estado al tanto de su evolución a través de su sobrina y su ama, a las que recomendaban cuidados y dieta, deciden tener una conversación con su vecino ante las buenas noticias sobre su estado de salud. Conversan, como viejos conocidos, de todo y, especialmente, de cómo arreglar el mundo sin salir de casa. Pero llega un momento en el que el cura decide hacerle pasar una prueba para comprobar su estado mental y le habla de un tema recurrente en la época: los ataques de los turcos al litoral español.

La reacción de don Quijote evidencia que sigue en su ilusión caballeresca. En un principio, el cura piensa (y hasta parece lamentarse de que así sea) que ha caído en la vulgaridad de las decenas de arbitristas que habían aparecido en la Corte española, tras la burocratización del gobierno favorecido por Felipe II, con la pretensión de tener solución a todos los males del momento:

-¡Dios te tenga de su mano, pobre don Quijote: que me parece que te despeñas de la alta cumbre de tu locura hasta el profundo abismo de tu simplicidad!

He de advertir que, aunque fueron pasto de las burlas literarias más crueles, al estilo de la que aquí hace Cervantes, algunos de ellos fueron científicos y técnicos de gran valor, aunque no se les hiciera demasiado caso en aquella imperial España que ya manifestaba tantos síntomas de debilidad. Muchos otros no pasaban de charlatanes o ventajistas.

Pero pronto queda claro que don Quijote no es un arbitrista, puesto que su solución es a la medida de su imaginario: juntar unos pocos caballeros andantes para responder al ataque turco.

Las siguientes palabras del hidalgo son aprovechadas por Cervantes para dejar a su caballero volver a defender la necesidad del código caballeresco, ante el que nadie puede objetar puesto que reúne ideales de la más alta justicia. Pero llega un momento, como sucedía en la Primera parte, que los ideales se decantan hacia la locura: cuando propone como modelos a caballeros tomados de los libros como si hubieran existido en la vida real. Don Quijote vuele a manifestar la raíz de su patología: la confusión entre realidad y ficción. Sea esta voluntaria o no es una cuestión sobre la que aún debaten los especialistas.

Sin embargo, observamos ya un matiz que nos anuncia un cambio en la personalidad de don Quijote que poco a poco se irá agrandando en el relato. No es algo nuevo, puesto que ya apareció en algún momento en la Primera parte. Don Quijote necesita dar más explicaciones, ante las evidencias que van agrietando la proyección del mundo caballeresco en el real que se propuso desde la primera salida.

En primer lugar, como quien se burla de él (a través de un cuento de locos) es el barbero y quien duda de la veracidad de las historias novelescas es el cura, vecinos de toda la vida, a los que no puede querer mal, aparte de motejarlos o ironizar sobre sus oficios (singularmente divertida es la broma sobre el secreto de confesión que pasó inadvertida a la censura), no puede reaccionar violentamente como hizo en alguna ocasión anterior y necesita incluso recurrir al testimonio de la Biblia o de unos supuestos hallazgos de huesos.

La conversación se interrumpe por las voces que profieren, en el patio, ama y sobrina: interrupción necesaria para introducir nuevos elementos en la trama, como veremos el próximo jueves, en el capítulo II.

miércoles, 10 de junio de 2009

La dramatización de textos en la enseñanza no universitaria y las Escuelas Superiores de Arte Dramático en España


Con motivo de mis recientes entradas sobre la educación se suscitó el interés por comentar la importancia que tiene la introducción de la dramatización de textos en la enseñanza no universitaria.

No es, por supuesto, una idea nueva ni pertenece en exclusiva al ámbito español. De hecho, desde siempre, se ha usado el teatro en el mundo escolar en todas las culturas. Su reconocimiento en los planes de estudio actuales no hacen más que evidenciar, en el currículum académico del estudiante, su importancia.

En la historia española deberíamos recordar, por ejemplo, que algunas teorías sugieren que el germen de La Celestina, una de las obras maestras de nuestra literatura, surgió, en realidad, en ámbitos cercanos a los estudios de Retórica de la Universidad de Salamanca, como ejercicio práctico luego continuado por Rojas; durante siglos, en los centros de enseñanza relacionados con las órdenes religiosas, se practicó el teatro bien como ejercicio de clase, bien como parte de la catequesis católica -especialmente, en las regiones pensadas como Misión-; en los seminarios e internados fue práctica habitual como parte de la metodología de aprendizaje que abarcaba también el tiempo de ocio; en los centros de educación pública no relacionados con la iglesia católica era habitual su práctica e incluso en los siglos XVIII y XIX constan instituciones privadas destinadas a su fomento entre los estudiantes tanto como herramienta pedagógica como forma de aprendizaje de una profesión.

El problema del uso de la dramatización de textos en los centros de enseñanza se da cuando se entiende tal hecho como una pérdida de tiempo o como una actividad que roba dedicación a otras materias. De hecho, en algunas épocas (todavía hoy) era habitual que se hiciera en horario extraescolar, fuera del ámbito académico. Esto se ha dado, fundamentalmente, por el mal concepto social en el que se tiene al ejercicio de las labores artísticas y, específicamente, a las relacionadas con el teatro: cosa de cómicos. Pero también porque en los centros de enseñanza es más que habitual que de estas cuestiones se encargue alguien que, por vocación, se siente atraído por el teatro pero no tiene ninguna formación para desempeñar una materia tan compleja o sólo ha adquirido, con la mejor voluntad, una escasa preparación. El resultado suele ser que tanto los alumnos como las familias se tomen la dramatización de textos como una materia menor, prescindible y carente de utilidad tanto para la formación académica del estudiante como para su futuro profesional.

El uso del arte escénico en la enseñanza exige una preparación específica y compleja. En primer lugar, parte del estudio del texto a dramatizar -o de su creación grupal- en todos sus niveles, con una metodología adaptada a la edad de los alumnos: exige, por lo tanto, el uso de conocimientos lingüísticos y literarios, además del manejo de todas las cuestiones sociales e históricas que aclaren su significado de cara a la dramaturgia buscada. En segundo lugar, requiere el conocimiento de técnicas específicas de dirección de escena aplicadas a la docencia y una preparación, al nivel buscado, de todas las cuestiones relacionadas con el hecho teatral: decorado, vestuario, iluminación, música, etc. En tercer lugar, el profesor encargado de esta materia debe tener conocimientos sobre dinámica de grupos y aplicación práctica de cada uno de los pasos de la dramatización, además de una coordinación con los demás profesores del curso.

Las ventajas de un buen uso de la dramatización de textos en la enseñanza son evidentes: se adquieren conocimientos profundos de cómo comprender y analizar un texto literario en un nivel muy superior al del mero comentario tradicional; se fomenta la creatividad del alumno, su expresividad y su capacidad de trabajar en equipo; se forma en habilidades técnicas que van desde las propias de la expresión corporal a las del manejo de circuitos electrónicos complejos relacionados con el montaje de la obra, pasando por cuestiones como la organización de cualquier actividad pública, etc.

Esta metodología, aplicada a la enseñanza, no pretende descubrir futuros talentos para la escena o gestores de compañías teatrales, sino trabajar conocimientos y habilidades imprescindibles de una manera más creativa y transversal.

No es una de las materias básicas del curriculum de un alumno de los niveles no universitarios, por supuesto, pero su uso en todo centro escolar es imprescindible. Pero, para hacerlo bien, debe procurarse una formación completa de aquellos profesores que la acometan. No basta con la vocación.

En España aun estamos lejos de comprenderlo. De hecho, los centros que imparten las titulaciones de nivel universitario que podrían formar a estos profesionales están aun en desarrollo y debe alentarse su crecimiento y orientación, en parte, hacia esta demanda social. Las Escuelas Superiores de Arte Dramático españolas deben tomarse en serio la formación de sus alumnos, una parte de los cuales tiene una salida profesional en este ámbito.

Estos días, se ha abierto el período de matrícula en ellas y pueden ofrecer una salida profesional más que aceptable si las cosas se hacen bien y las autoridades académicas y políticas entienden, de una vez, la necesidad de este tipo de enseñanzas artísticas.

martes, 9 de junio de 2009

El peral sabio, a la espera.


En estos días, miles de jóvenes españoles realizan las Pruebas de Acceso a la Universidad, unas pruebas selectivas que decidirán sus futuros estudios universitarios. La mayor parte de ellos las superarán con éxito.

La Universidad con la que se encontrarán el próximo curso se enfrenta a uno de los cambios más importantes de su historia reciente: la transición hacia el Espacio Europeo de Educación Superior. No todos escogerán titulaciones adaptadas a este Espacio y las metodologías docentes que implica, porque aun son minoría los Grados aprobados con respecto a las viejas Licenciaturas y Diplomaturas. Ya hemos debatido aquí sobre este aspecto. En varias ocasiones he dejado clara mi idea de que la Universidad española necesitaba una profunda modificación y que casi todas las reformas que yo estimaba oportunas se encuentran contempladas en los acuerdos de Bolonia y las normas que los regulaban a nivel general. Pero también he dejado claro que buena parte de esta transición no se ha hecho, a mi juicio, de la forma más correcta posible y que, en buena medida, los alumnos que comiencen el próximo curso estudios adaptados al EEES sufrirán de algunas carencias que deberían haberse previsto puesto que ha habido tiempo suficiente para ello y se enfrentarán con una serie de problemas que parten de ciertos desajustes del modelo teórico con la realidad social española y de nuestros campus universitarios. Pero no es el momento ahora de volver sobre esta cuestión. Las nuevas titulaciones que hayan hecho bien los deberes saldrán extraordinariamente beneficiadas, frente a las que partan con algunas de estas carencias no resueltas de forma eficaz. El problema es que, en este primer año de aplicación del modelo, nuestros alumnos, a la hora de matricularse, deberán moverse más por intuición e inercias que por datos de resultados. En estos casos se corre el riesgo de que una publicidad atractiva pese más que la realidad.

En estos días, en miles de hogares españoles se viven los nervios ante los exámenes selectivos de estos jóvenes. No tanto por la dificultad para superarlos, sino como por asegurarse una nota que permita estudiar la titulación querida en el centro elegido.

Ortega, al hablar de la Universidad manejaba el concepto de misión, hoy hablamos de función, un concepto menos altisonante y más moderno. Pues bien, una de las funciones que tenemos en la Universidad pública española es la de no decepcionar las expectativas de estos jóvenes que van a ingresar en las aulas el próximo curso, formarlos de la mejor manera posible y facilitar su crecimiento intelectual y profesional.

Los más viejos seguidores de La Acequia sabéis que uno de sus símbolos es un peral que sobrevive casi ahogado por el asfalto en el aparcamiento de la Facultad en la que doy clase. Este año ha sufrido una poda excesiva y apenas tiene unas pocas ramas. Espero que la intervención no le impida dar buenos frutos y que estos jóvenes de ahora puedan verlos. La Universidad siempre debe alentar la esperanza porque en ella confía lo mejor que una sociedad tiene para encarar el futuro: su juventud.