jueves, 3 de diciembre de 2009

Un teatrillo de títeres que no acaba nada bien (Cap. 2.26).


Sin duda, éste es uno de los capítulos con más juegos narrativos e intertextuales de la obra. Aparentemente, es sólo una aventura en la que don Quijote demuestra, una vez más su locura. Según esto, nuestro personaje vuelve por donde se andaba: en cuanto pierde la conciencia de la realidad y se introduce en el mundo de la fantasía, se ve impulsado a la acción según las normas de la caballería. Ya hemos comentado que don Quijote está loco de literatura: no nos extraña, por lo tanto, que se introduzca en el argumento escenificado e interprete que todo aquello es verdad y salga en defensa de los amantes arremetiendo contra todos y arruinando el teatrillo. Parece ser, por lo tanto, que el capítulo viene a subrayar tan solo esa ambigüedad del personaje que a veces parece el más razonador de todos y a veces el más loco. Es verdad, pero verdad a medias.

Hay más.

En primer lugar, el uso del teatro dentro de la narración: complejidad técnica y alusiones y juicios que deja caer sobre el género teatral. Ya hemos visto que Cervantes no perdía, en la primera parte, ocasión: varias veces habla de teatro y nos lo presenta, en vivo, con la carreta de los cómicos. Ahora lo saca con una forma de entretenimiento más básica: el teatrillo ambulante de títeres. Pero el efecto, aunque sea a partir de esta fórmula es contundente: objetivación de varias de las cosas que se vienen tratando en la novela (incluida la dualidad realidad-ficción) a partir de un proceso de alejamiento por el cual los personajes se convierten en espectadores y nosotros, los lectores, en receptores en tercer grado. Además, la descripción de cómo debía ser uno de estos espectáculos es de tanta altura costumbrista que consigue meternos en situación a los lectores. A partir de ahí, deja caer alusiones significativas sobre la comedia nueva lopesca y alguno de sus recursos estilísticos.

Lo representado en el teatrillo es una historia que remite a varios de los núcleos temáticos del Quijote. En primer lugar, aborda un tema que procede del ciclo épico carolingio y será muy tratado por la literatura posterior. Pero Cervantes lo toma, sobre todo, del romancero tradicional español: de ahí su frescura y el retrato de algunos tipos (como el inicialmente olvidadizo y perezoso Gaiferos), fuente de la que había tomado mucho del motor inicial de la locura de don Quijote. En segundo lugar, se trata de una nueva vuelta de tuerca a las posibilidades del planteamiento del tema amoroso. Una más en la obra.

Por si fuera poco, tras la intervención de don Quijote destrozando el teatrillo, todo se parodia enseñando, de forma muy barroca, el truco técnico: el recurso del teatro dentro de la novela, la historia amorosa, la frontera entre ficción y realidad. La puesta en valor económico de los títeres rotos es de tanta maestría que consigue todo esto de forma natural. Este ajuste de precios es una caída tan brutal en el tono que nos devuelve, sin más a la realidad de la venta y de ese personaje tan misterioso que es Maese Pedro, de cuyas habilidades dramáticas hablaremos el próximo lunes, en las noticias de nuestra lectura.

Hay más, pero no podemos comentarlo sin desvelar un secreto que quizá veamos el próximo jueves, en el capítulo XXVII. Quizá nos enteremos también de qué pasa con el mono huido.

30 comentarios:

pancho dijo...

CAPÍTULO 2.26

El narrador es el encargado de alzar el telón de un capítulo dedicado, casi en exclusiva, a mostrarnos lo que sucede en el teatrillo de marionetas que maneja Maese Pérez. También de echarlo, con el relato de la disolución del grupo de DQ y de Maese Pérez, poniendo a los protagonistas de nuevo en el camino al rayar el día, después de la tasación y pago de los destrozos.

Un toque de trompetas acompañado de unos rítmicos timbales impusieron el silencio a los ya atentos espectadores, marcando el comienzo de la función. El retablo presenta un tema de corte Carolingio, tratado también por el Romancero. Trata de la liberación de Melisendra por parte de su marido a instancias de Carlomagno, padre adoptivo de ella. El emperador azuza a su yerno, Don Gaiferos, que ya ni se acordaba que una vez había tenido mujer, que vaya a Zaragoza a liberar a Melisendra raptada por el moro. Pide prestada la espada de Roldán, que se la deja a pesar de sus iniciales reticencias y a Zaragoza que se viene desde París.

En la Aljafería, un moro se hace merecedor, tras juicio sumarísimo, a doscientos azotes por osar besar a la cristiana retenida. Allí mismo puede ella charlar con su marido, ella se descuelga por un balcón de la fortaleza, con tan mala suerte que se hace un siete en un enganchón del faldellín con un hierro del balcón. Su marido allí presente, solícito, la monta a horcajadas en su caballo de regreso a París con toda la morisma persiguiendo a la pareja.

En vista del desequilibrio de fuerzas, salta DQ sobre el estaribel y reparte “cuchilladas, mandobles, tajos y reveses como llovidos” destrozando “en dos credos” todo el retablo con sus figuras dentro. Después del destrozo, DQ se muestra orgulloso de la defensa que ha hecho del débil y de la utilidad que aún tienen los caballeros andantes. S consuela a Maese Pedro, que también se ve huérfano de simio, por el desfigure de sus figuras: mi amo: “te lo sabrá y te lo querrá pagar y satisfacer con muchas ventajas.”

En este momento los lectores sentimos pena por este DQ que se muestra consciente de lo irracional de su ataque, frágil e incapaz de luchar contra los encantadores que le truecan las cosas, a pesar de todo el ímpetu y determinación que mostró contra las marionetas. Se compromete a pagar las hechuras desechas.

El ventero y S se constituyen en peritos tasadores para valorar el daño causado por el frenesí de DQ, que pendiente del proceso, “izquierdeaba” ante tanta menudencia, meticulosidad en la tasación. Una vez que el del mono sabio ausente observa que El Caballero Andante no es tan tonto como aparenta cuando le tocan los dineros, agiliza los trámites y rebaja los precios del daño

pancho dijo...

La tormenta del retablo amainó y todos cenaron a cuenta de DQ, que se daba por satisfecho con que D. Gaiferos y Melisendra fueran felices en París.

C se las ingenia para tramar un relato que dé la impresión de que la inserción del teatro dentro de la novela parezca un elemento natural de la acción. A ello ayuda el elemento narrador del trujamán; actúa como si fuera la voz en off del coro en la tragedia griega o el narrador de los cómics con espacio reservado en las cartelas para situar la acción en las coordenadas espacio – temporales. Este intérprete cervantino va más allá, tiene voz propia, recursos, capacidad de improvisación y de adaptación a la audiencia. Los espectadores no son elementos pasivos: son exigentes, capaces de influir en los actores y cambiar la representación.

Permite que los lectores no nos olvidemos que estamos leyendo una novela.
Su intervención, junto a la de los espectadores que rompe el ritmo narrativo del teatrillo, hacen la lectura más dinámica y atractiva.

Las intervenciones del intérprete llegan a hacerse más importantes que la misma historia, marcan el ritmo del relato con la mezcla de la realidad de la audiencia, que ya es ficción, con la ficción auténtica del teatrillo de marionetas ( me estoy metiendo en un berenjenal del que no sé si seré capaz de salir ); algo que evita el narrador del teatrillo que hace caso a DQ cuando le advierte: “…seguid vuestra historia línea recta, y no os metáis en las curvas o transversales; que, para sacar una verdad en limpio, menester son muchas pruebas y repruebas.”, referido al intento de ir contra la lentitud de la justicia, cuando con la prudencia se evita el riesgo de linchamiento al que puede llevar la inmediatez en el castigo en otras culturas. Sin embargo, no hace caso a su amo tuerto, que ya debía ver a DQ desasosegado, cuando le aconseja: “Llaneza, muchacho; no te encumbres, que toda afectación es mala.” Él sigue luciéndose provocando la cólera del Hidalgo.

Maese Pedro, que sabe de teatro, es su” modus vivendi”, critica las comedias que se hacían en aquel momento: “…como yo llene mi talego, si quiere represente más impropiedades que tiene átomos el sol.”

Más que nunca el lector siente una cierta pena por las consecuencias de la locura de DQ. Sabemos de antemano que la ventaja está de su lado, el desnivel de fuerzas es tan evidente, que por primera vez en la novela nos ponemos del lado del débil, atacado por un DQ enloquecido.

Pueden estar seguros que la culpa de la extensión del comentario es del trujamán éste que me hizo volver sobre lo escrito y reflexionar de segundas, después de haberlo entregado a la estampa.

Marina dijo...

Lo que más me gusta es tu cara leyendo el Quijote... así como de ...¿Caballero Andante?
Un fuerte abrazo.

Merche Pallarés dijo...

CAPÍTULO XXVI

Nos preparamos para ver el retablo de marionetas. Despues del sonido de “atabales y trompetas” sabemos de qué va la obra: “Trata de la libertad que dio el señor don Gaiferos a su esposa Melisendra, que estaba cautiva en España, en poder de moros, en la ciudad de Sansueña...que hoy se llama Zaragoza”. (¡Mira por donde...!)

Despues de muchas aventuras, traiciones donde entran personajes como Carlomagno “padre putativo de Melisendra” que deja “despechado a don Gaiferos”, Roldán y su espada Durindana, la cual no se la quiere prestar a Gaiferos. Un moro le da un beso en los labios a Melisendra y “priesa que ella se da en escupir y a limpiárselos con la blanca manga de su camisa...” Parece ser que el moro que la besó era pariente del rey moro, Marsilio, de Sansueña “...le mandó luego prender” y que le dieran doscientos azotes.

“--Niño, niño—dijo con voz alta a esta sazón don Quijote—seguíd vuestra historia línea recta y no os metáis en las curvas o transversales, que para sacar una verdad en limpio menester son muchas pruebas y repruebas.”

Al final Gaiferos logra rescatar a su Melisendra pero al descolgarse del balcón para ponerse “en las ancas del caballo” “...se le ha asido una punta del faldellín de uno de los hierros del balcón, y está pendiente en el aire, sin poder llegar al suelo”. De todas formas Gaifero tira de ella, se rompe el faldellín pero logra que se monte “a horcajadas como hombre” y que se agarre a él fuertemente. Se escapan. (Tachín, tachán...) Cuando se entera el rey moro, hace que suenen todas las campanas de Sansueña.

“--¡Eso no!” dijo nuestro Quijo. “...porque entre moros no se usan campanas, sino atabales y un género de dulzainas que parecen nuestras chirimías” (en la música folclórica de Ibiza aún se usan las chirimías). Dice que lo de usar campanas es un gran disparate. Maese Pedro le contesta que en toda obra hay disparates; que no pueden seguir todo al pie de la letra. Le hace ver “...cuánta y cuán lucida caballería sale de la ciudad en seguimiento de los dos católicos amantes, cuántas trompetas...cuántas dulzainas...y cuántos atabales y atambores que retumban...” Luego teme que los alcanzen y vuelvan atados “...a la cola de su mismo caballo, que sería un horrendo espectáculo”.

Merche Pallarés dijo...

Aquí ya se arma la de dios es cristo. Quijo piensa que tiene que ayudarles al oir “...tanta morisma y tanto estruendo” “¡Deteneos, mal nacida canalla, no le sigáis ni persigáis; si no, conmigo sois en batalla!” Desenvainó la espada y atacó a todas las marionetas, destruyendo el retablo de maese Pedro. Éste le ruega que pare que “...me destruye y echa a perder toda mi hacienda”. Pero, nada, Quijo no “...dejaba de menudear cuchilladas, mandobles, tajos y reveses como llovidos.” “Alborotose el senado de oyentes, huyose el mono por los tejados de la venta, temió el primo, acobardose el paje, y hasta el mismo Sancho Panza tuvo pavor grandísimo...”.

Una vez acabado el destrozo dice nuestro Caballero de los leones “Miren, si no me hallara yo aquí presente, qué fuera del buen don Gaiferos y de la hermosa Melisendra: a buen seguro que ésta fuera ya la hora que los hubieran alcanzado estos canes...”.
Maese Pedro se ve en la más absoluta miseria porque hasta ha perdido ¡el mono! Pide indemnización. Quijo se escuda en que todo fue obra de los “encantadores” que le persiguen porque “Melisendra era Melisendra, don Gaiferos don Gaiferos, Marsilio Marsilio, y Carlomagno Carlomagno. Por eso se me alteró la cólera, y por cumplir con mi profesión de caballero andante quise dar ayuda y favor a los que huían...”.

Maese Pedro le pide por el rey “cuatro reales y medio”; por Carlomagno “cinco reales y un cuartillo” que lo deja en “cinco reales”; por Melisendra “dos reales y doce maravedís”. Quijo dice que no le de gato por liebre porque la verdadera Melisendra aunque ahí esté “desnaringada” ya estará a salvo en “la raya de Francia” “holgándose con su marido a pierna tendida”. Fijan un último precio “cuarenta reales y tres cuartillos”. Tambien pidió “...dos reales por el trabajo de tomar el mono”. Quijo le ordena a Sancho que se los de “...no para tomar el mono, sino la mona”. Añade nuestro héroe que “...doscientos diera yo ahora en albricias a quien me dijera...que la señora Melisendra y el señor don Gaiferos estaban ya en Francia y entre los suyos.”

Maese Pedro le dice que eso solo lo sabe el mono (pienso que era un mandríl porque no tenía cola y sus posaderas eran de fieltro...) pero va a ser difícil atraparle. Al final todos cenaron en paz y en buena harmonía a costa de nuestro Quijo, “...que era liberal en todo extremo.” (¿Cómo es que tenía tanto dinero si salieron de la venta con una mano delante y otra detrás?) Seguro que el Cide Hamete Benengelí nos lo aclara en futuros capítulos...

Al dia siguiente se marchan todos, cada uno a su destino hasta ¡el primo! (Lástima ABEJITA).

Cabalgaremos con el XXVII. Besotes, M.

Cornelivs dijo...

Me ha encantado tu siempre estupendo analisis, Pedro. El romance sin dudsa fue fuente ("De tanto leer el romancero/ha dado en ser caballero")

Y en cuanto a lo de la implicita critica a Lope...no lo habia tenido en cuenta, pero me ha gustado leerlo; ya era hora de que Cervantes se defendiera del todopoderoso Lope y de su coro de simpatizantes.

Un abrazo.

marga dijo...

LA MIRADA; como siempre varios planos de actividad, como siempre varias miradas simultaneas: relatos con relieve
LA HISTORIA:
- Don Gaiferos: ¡Que cachaza el tio! Tranquilamente jugando al ajedrez mientras su mujer está presa. Encima chulo, no acepta ayuda considerando que está sobrao
- Melisenda, la pobre allí esperando a su marido, mientras sufre acoso.
- El encuentro entre ambos y la huida nos la ofrece a vista de pájaro, parece verlo todo desde la altura (el teatrillo obliga)
- La huida
LAS INTERRUPCIONES:
- !Dios mio!, pobre narrador interrumpido una y otra vez, no sé como no pierde el hilo
- DQ “interruptor” principal, sigue obviamente con suma atención la historia como espectador cabal, pero de pronto pierde pié y arremete contra la razón.
HORA DE SALDAR CUENTAS: Todo lo arregla el dinero, poderoso caballero.
A MIRADA: Como siempre varios

Anónimo dijo...

No comprendo como he logrado chapucear tanto lo escrito, es como si se me hubiera desordenado el texto... noooo, está vez no ha sido como siempre, ha sido sin mi conocimiento, jeje
Espero que, no obstante, se entienda lo que quería decir.
Feliz puente!!!!. Marga.

São dijo...

Muchas gracias por mais uma lição.

Bem hajas, Pedro mio.

Señor De la Vega dijo...

Mi Señor Ojeda, se le iluminan a usted los comentarios cuando tiene la oportunidad de referirse al teatro dentro del Quijote. Magníficas aportaciones las que nos ofrece y que con mucho regusto leo, para aprender de usted y de todos sus comentaristas, habituales y no, que a cada uno admiro en lo que valen.

Capítulo este ejemplificador para mí, del gusto que tenía Cervantes en aprovecharse de cada plano que le ofrece su crecido protagonista, para llevar el agua a su molino.
- Por supuesto, entretiene al que lo lee con las aparentes locuras del Quijote representando el personaje a su personaje, todo ello bastaría para saber que se está leyendo la misma obra que en la primera parte, (si se empezase con la lectura ahora), o pensar que Don Quijote ya se la había leído y le gusta en regodeo sobreactuarse (si el lector fuese ya añejo).
- Ofrece guiños y enigmas al seguidor atento, sobre los motivos y el conocimiento muto que se tienen maese Pedro y Don Quijote, que resolverá en la continuación deste capítulo, como el mejor libro de suspense que todavía tendría que nacer en el futuro, pero con todo, sin completamente resolverlo ni perder el mono al estilo Hichcock.
- Se mantiene fiel a sus principios de no-violencia, sin hacer más daño real que en lo ficticio, que se representa en descabezar a unas culpables marionetas (que no son de baladí significado).
- Pero se muestra, agudo y temible en su crítica y apreciación a lo que le interesa, partiendo en dos el teatro y teatrillo de su tiempo gracias a la espada del Quijote, antes ya lo advierte en las geniales interrupciones al narrador, donde en dos pinceladas se introduce Cervantes en el retablo con la excusa precisa, hablarnos de justicia y de verdades históricas, y así arremete contra la teatralidad de su época, apoyado por las razones del Quijote y de Maese. Y con ello casi mata virtualmente, dos pajarracos de un tiro.
- Finalmente, al no dejar títere con cabeza, (pues no solo destroza perseguidores moros), nos ofrece una lección de historia en el pago de los cuerpos cercenados y con no poca ironía social, económica y política de su época y pasadas, resuelve el argumento con clase y sorna, pero también forzado por el clamor de su estómago. Solo niega el haber acabado con los ¿amantes esposos?, únicos que a su juicio quedaban ya lejos de su estropicio.

Menciono también, como otras veces, el gusto de Cervantes en la defensa de lo defendible en las costumbres moras, bordeando los límites de lo políticamente católico, y así lo recalca en las ocasiones que estima necesarias, defensa de la virtud de Melisendra por el rey Moro a pesar que el agresor es pariente, contra crítica de El Quijote al narrador sobre la paja en ojo ajeno y no ver la viga en el propio ojo de la justicia cristiana; defensa histórica de los usos moros al cuestionar las campanadas, y a pesar de ello, todo este detallismo y conciencia morisca no extraña al lector, ya que la verdadera historia fue escrita y traducida por moros, según se recuerda de tanto en tanto. Para el lector actual, o bien Cervantes era partidario del plan ZP de la Alianza de Civilizaciones o sufría de un acentuado síndrome de Estocolmo tras su cautiverio.
Aunque en mi opinión, tan solo seguía las perfecta línea felicísima de la caballería andante, pues nunca es vilipendiando o con calumnias como impone su dominio un verdadero caballero con mayúsculas.

Suyo, Z+-----

Merche Pallarés dijo...

¡Qué genial el análisis de nuestro SEÑOR DE LA VEGA! Me ha encantado eso de que Cervan era "partidario del plan ZP de la Alianza de Civilizaciones o sufría de un acentuado síndrome de Estocolmo". Abogo por las dos cosas y la defensa soterrada, por su experiencia en tierras moriscas, de sus valores islámicos contra las hipocresías cristianas. Muy bueno. Besotes quijotescos, M.

Antonio Aguilera dijo...

Supongo que el género teatral es el que reportaba más fama -y seguro que dineros- a sus autores.

Yo no pensé en Lope, sino en Lorca, tan aficionado de niño a ver teatrillos de títeres. Ya jovenzuelo preparaba, con su madre supongo y Concha su hermana mayor, el atrezzo y personajes; él escribía el guión y lo representaba ante niños y mayores.
Bueno, Lorca triunfó en lo que no lo hizo Cervantes: teatro y poesía.
Por eso a veces yo digo de ellos dos: "monta tanto....".

SEÑOR DE LA VEGA: Usted me perdone la ingerencia, pero Cervantes a cada paso llama a los moros canes o perros, por lo que no creo que estuvira a favor de la alianza de ZP.

PEDRO: Intentarè publicar antes del lunes en la mañana.

FELIZ LARGO PUENTE A TODO EL PERSONAL PASEANTE DE LA ACEQUIA.

Abejita de la Vega dijo...

Callamos todos, tanto tirios como troyanos estamos pendientes del teatrillo. Atabales, trompetas y mucha, mucha artillería.

De nuevo estoy aquí, soy el primo del señor licenciado, el maestro de esgrima; aquel que condujo a don Quijote, hasta la mismísima cueva de Montesinos. Vuestras mercedes saben de mi gran afición a dar a la estampa ciertos volúmenes que desentrañan grandes misterios y alumbran a la humanidad. Un esforzado humanista, como yo, embobado ante un teatrillo de títeres. Mas, he de confesar que estos muñequillos movidos por una mano oculta, atraen mi voluntad cual piedra imán.

Maese Pedro, ahí dentro, alterna los atabales, rataplán rataplán, con la trompeta, tararí tararí, o con las cargas huecas de un cañón de juguete, bum bum. Coge uno, suelta otro; los espectadores no sabemos nada de esa actividad apremiante que existe detrás del telón.

¿Qué cómo lo sé yo? Pues…no lo sé, pero mi imaginación me lleva hasta mi infancia, allá en el pueblo, el de Basilio. ¿Recuerdan? Muy niño era, efectivamente, cuando, un día de mercado, un artista ambulante montó su retablo de títeres, junto a los puestos de venta. Allí los campesinos vendían o compraban animales y, ya de paso, se abastecían de lo que no daba la tierra; pero, en ese momento de mi recuerdo, la atención de las buenas gentes ya no se centraba en la vaca coja o en el bonito retal floreado que iban a comprar. En ese momento, todos los ojos permanecían clavados en la humilde función.

Todos los ojos menos los míos. Escapado de las manos de mi distraída aya y, agazapado, en los entresijos del teatrillo, miraba embobado como aquel titiritero , tirando de unos hilos, insuflaba vida a unos toscos muñecones con corona, cetro, espada o garrote. Vuestras mercedes me disculparán si sufro una metamorfosis y vuelvo a ser la criatura de ojos nuevos que fui.


Volvamos al de Maese Pedro. Alza la voz el muchacho de la varita y nos presenta la historia. Los personajes son los de siempre: el rey, la bella princesa, el héroe y el malvado. El trujamán nos asegura que sigue al pie de la letra las “corónicas” francesas y esos romances españoles que, transmitidos de padres a hijos, viajan de boca en boca, sin necesidad de estampa ni manuscrito. Les diré, con la autoridad que me da mi erudición, que sigue mucho más lo español que lo francés. Y al Carolo le dan un toque muy de aquí…

Abejita de la Vega dijo...

El héroe, don Gaiferos, yerno del emperador Carlomagno, ha de liberar a la bella princesa, su esposa Melisendra, cautiva por los moros en España, en una Zaragoza a la que llamaban Sansueña. En una relación de antiguos topónimos que compuso un amigo mío, tan docto como yo, no figura Sansueña como Zaragoza. Lo más parecido a Sansueña es Sansoigne o Sajonia…qué más da.

Mas don Gaiferos, jugando a las tablas, no tiene prisa en liberar a su esposa, un tanto olvidada la tiene y ha de ser el emperador Carlomagno, padre putativo de Melisendra, el que ha de recordárselo. La gente se ríe al oír la palabra “putativo” y sigue riéndose cuando el emperador amenaza con el cetro y el yerno recibe su ración de coscorrones para refrescar la memoria y que se entere de lo que vale una honra perdida. Toma, toma…y la chiquillería: bieeeeeeen. En realidad, no hay chiquillos en esta venta, pero estoy recordando el escándalo que se montaba en funciones como ésta, en mi pueblo.

Enrabietado, tira el tablero, le entra una prisa de mil demonios, pide prestada la espada Durandana a su primo Roldán. No se la presta, mas se presta a acompañarlo. Gaiferos. se basta él solo, además …no quiere testigos si hay cuernos. Así que coge el caballo y tocotó, tocotó, Mira, allí está Melisendra, asomada al balcón de una torre de la Aljafería. Vestida a lo moro, mira el camino de Francia y piensa en su esposo.
Por ahí viene el malo, un moro que a sus espaldas llega “callandico y pasito a paso”. Tiene la desfachatez de pedirnos silencio, con el dedo en la boca. Me veo, de chico, pataleando y chillando para llevar la contraria al del dedo. “La* da un beso en mitad de los labios”, ella escupe, se limpia con la manga, se lamenta y se arranca algunos cabellos.

Entre los malos, también hay buenos o…menos malos. Aparece otro rey, éste con turbante y más oscuro, el rey Marsilio de Sansueña. Ha visto la insolencia del besucón y, aunque sea de la familia, le manda detener y que le den doscientos azotes, llevándole por las calles, pregonando su delito. La sentencia se cumple enseguida, que en la justicia los moros no hay fórmulas jurídicas que dilaten el proceso.

Don Quijote protesta, bien está la justicia cristiana con sus alargamientos. Aconseja al niño no desviarse, seguir la historia en línea recta. Maese Pedro, desde dentro, le ordena que haga lo que el caballero manda. Así lo hará, que el que paga, manda.

Don Gaiferos aparece a caballo, habla con su esposa. Ay, que no le conoce. ¿Tan viejo está? Melisendra cree estar hablando con un pasajero y le dice aquello de “si a Francia ides, por Gaiferos preguntad”. Éste se descubre, Melisendra se descuelga del balcón para saltar sobre el caballo. Mas ¡ay! que el faldellín se engancha en un hierro y la dama queda ondeando al viento, como una bandera. Los espectadores ríen ante la embarazosa situación de la damisela.Se le ve el... La chiquillería de mi pueblo se hubiera mostrado mucho más ruidosa.


Un abrazo

(Continuará)

Mañanana cojo el hipogrifo. Enviaré lo que falta, si no es posible aquí, en camino hacia Vandalia. El hipogrifo es un animal muy paciente y no le molesta el ordenador.

Señor De la Vega dijo...

Mi Señor Antonio Aguilera, me parece que el motivo por el cual Don Miguel estaría en desacuerdo con la Alianza de Civilizaciones de ZP, tendría más que ver con la dificultad para definir Civilización, que por el motivo que usted aduce. Él veía distintas religiones, por lo demás y fuera de los ritos, las diferencias de usos y costumbres, a veces eran más cercanos que los de otras vecinas y cristianas naciones de su tiempo.

Pero ya que me cuestiona, propóngole un reto, cíteme los capítulos de los insultos (baste algún ejemplo, no me repase todo el texto, que es puente de relajo) y yo le proporcionaré argumentos que permitan la lectura contraria a los mismos.

Suyo, Z+-----

Myr dijo...

A mi, todo este capítulo me ha encantado!!!, es más, no pude dejar de leer y ya he leido también los dos siguientes. O sea, que ¡si, si!, no lo voy a decir, pero jamás de los jamases me hubiera imaginado quien era Maese Pedro, ¡es genial!.

De las cosas que más me impactaron aquí: Como Don Quijote se va metiendo gradualmente en la realidad de la representación teatral titiritera y la asume como verdadera.

Y después como DQ toma consciencia y se lamenta porque lo creyó, actuó y le salió al revés. Además asume su responsabilidad por los daños y quiere condenarse en costas.(Qué enseñanza!)

Y me parece soberbio el remate de DQ izquierdando: que no le quieran vender gato por liebre presentándole a esta Melisendra desnarigada, estando la otra [,,,] olgándose con su esposo en Fr. a pierna tendida.

(y Como Maese Pedro le rebaja enseguida de los 2 reales y 12 maravedíes pedidos a los 70 maravedies....y no hablemos del mono y la mona....)

Besos.

PD- Vuelve a surgir en este cap. el mito de Rodrigo y la cava Rumia, por la que se perdió España, lo que me recuerda a tu libro sobre Ventura García Escobar.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Amigo Pedro, en efecto me di cuenta de que los lectores hemos quedado relegados a un tercer lugar...los protagonistas se convierten en espectadores y los títeres en protagonistas...

Lo que más me llama la atención es la importancia que ha tenido este capítulo en los campos escénicos, impresionante que el mismo Falla se inspirara en él. saludos

Antonio Aguilera dijo...

Mi estimado SR de la Vega:

Difícil me sería un reto con Usted: perdido lo tendría de antemano con las armas que se gasta, así de acero como dialécticas.

He repasado el cap. en el que yo pensaba (1.41), para argumentar mis afirmaciones, y efectivamente NO se agrede verbalmente a la morería en general, sino a los turcos en particular.
En el cap. al que me refiero, Cervantes por boca de don Quijote, llama en un par de ocasiones CANES a los turcos, y no a los moros.

Lo que he hecho ha sido tomar la parte -su condición de musulmanes-, por el todo: pensar que todos son moros.
Ya sabemos cómo se la gastó el turco a nuestro ilustre Manco, y la aversión que les tendría.

De todas formas en el cap. de hoy, don Quijote arremete contra la morería que persigue a Melisendra y al rácano de Gaiferos. Es lo que enciende la llama de la cólera del hidalgo: de donde deduzco la enemistad entre ellos.

Estos motivos que le he expuesto me hacen pensar que Cervantes no hubiera sido partidario de la Zapatera Alianza de Civilizaciones, donde "el turco" tendría mucho que decir.

Por lo que debo de correegir mi afirmación, darle a Usted la razón, y reconocer que Cervantes NO ha llamado "canes" a los moros.
Pero pensarlo..., es posible: pero aquí no estamos tratando con lo imaginario.

Reciba un cordial Saludo

Abejita de la Vega dijo...

Pero en esto llega don Gaiteros a socorrerla…el piadoso cielo, también. No repara en gastos y pega un tajazo al rico faldellín. Don Quijote le diría que un faldellín puede servir para avalar un préstamo. ¡Ay, su Dulcinea arruinada!

Melisendra cae al suelo, al parecer sin lesiones importantes, gracias piadoso cielo. Gaiteros la coloca a horcajadas sobre el caballo, que no hay posibilidad de montar a mujeriegas como una dama. Tocotó, tocotó. El estoico caballo relincha contento con su doble carga, valiente y hermosa: pero carga al fin. Hiiiiii.

Los dos amantes toman la vía de París. El trujamán les desea que lleguen a salvo a su patria, sin que se les ponga estorbo. Y que vivan felices y lleguen a ser tan viejísimos. Los de mi pueblo aplaudían en momentos como éste. Aquí en la venta, silencio.

El muchacho se está encumbrando y Maese Pedro le pide llaneza, sin afectación.

El intérprete prosigue y ahora viene lo malo. Siempre hay ojos ociosos que todo lo ven, así hay quien vio la bajada y la subida de Melisendra, faltándole tiempo para ir con el cuento al rey Marsilio. El rey morenito manda tocar al arma y, en toda la ciudad, se oyen las campanas de las mezquitas. ¿Campanas en las mezquitas?

Este comentario lo escribí en el hipogrifo, ya sabes, el "ave" más veloz.
(Continúa)

Kety dijo...

¿En quién estaría pensando Cervantes en este capítulo...?
La sombra de su enemigo le perseguía.

Casualidad?
Cuando se trata de retablos, acaban siempre a palos. (El retablo de las maravillas) por ejemplo.

Antonio Aguilera dijo...

Se hizo un profundo silencio…, todos en la venta estaban pendientes de escuchar la historia del rapto de Melisendra por unos moros en Zaragoza, y su posterior liberación por el “rácano” y ludópata Gaiferos. Ésta será la trama sobre la que el “misterioso” titerero Maese Pedro basará su representación: “ sacada al pie de la letra de las corónicas francesas y de los romances españoles que andan en boca de las gentes”

Quizás recurre Cervantes, una vez más, al romancero y a los libros de caballerías para satirizarlos. Pero…¡Qué bien los conocía, el “joío”!!. Seguro que mientras los leía no le parecieron tan malos, y posiblemente estuviera bien ”enganchado” a su lectura. Sus éstas previsibles lecturas, me vinieron “a pelo”, para incidir una vez más en la frase que tomé como epígrafe en el cap. anterior:

Ahora digo -dijo a esta sazón don Quijote-, que el que lee mucho y anda mucho, vee mucho y sabe mucho”.

Y es que la frase, es un piropo que Cervantes se adjudica a sí mismo: verdaderamente, el honorable Manco, había leído mucho y se le ve un “chico” ilustrado; pues muchos son los libros de todo tipo…, geografías e historias a los que alude en el transcurso del Quijote. Constatamos, cómo existe un ente (saludos Roberto) denominado Cervantes-Enciclopedia, que aglutina y aloja en su mente, gran parte del saber de antaño y de su tiempo (como el mono del Maese); y cómo lo vuelca con suma pericia en el libro que nos ocupa. Él había recorrido la geografía española, a veces siendo joven acompañando a su familia, y posteriormente como recaudador de impuestos; él había participado en la “más alta batalla que vieron los siglos y, de desgraciado rebote, pasó una temporadita en los nada higiénicos baños de Argel.
Por lo tanto, se dan en Miguel de Cervantes, las dos premisas: el leer y el “veer” o viajar mucho.

Una vez ya metidos en la representación, resulta que Carlomagno es el suegro del “panoli” de Gaiferos. El Emperador le lía la “bulla” al yerno por estar de juegos mientras su hija anda secuestrada por los moros maños. Se “mosquea” el “tranquilo” con el suegro y sale a “calzón quitao” para Zaragoza. Mientras llega y no llega, un morillo que le pega al cariñena, empieza a besuquear a Melisendra, que no es nada melindrosa, aunque el beso en los morros del magrebí le hace vomitar a la pobre el potaje del mediodía.

Allá que llega don Gaiferos a recoger a su, ya no, olvidada amada Melisendra. Ella, que ahora está más ligera por tener el estómago vacío, salta sobre las ancas del caballo de su esposo quien, a galope veloz, coge el camino hacia París.

Continúa el muchacho que hace los diálogos a los títeres diciendo que, la morería una ver percatada de la fuga de Melisendra a lomos de Pegaso, echaron las campanas de las mezquitas al vuelo para alertar de la fuga a todo moro viviente. A lo que don Quijote respondió, que eso no podía ser, que los moros no tienen campanas sino atabales y dulzainas.
Lo cual oído por Maese Pedro, dijo que no se debería de fijar don Quijote en tantas niñerías ni llevar las cosas tan a rajatabla; más añadió: "¿no se representan por ahí, casi de ordinario, mil comedias llenas de mil impropiedades y disparates, y, con todo eso, corren felicísimamente su carrera, y se escuchan no sólo con aplauso, sino con admiración y todo?.
-Así es la verdad -replicó don Quijote."
Nótese en esta observación hecha por Maese Pedro a don Quijote y aprobada por éste, el leve lamento de Cervantes por un género, el teatral, por el que nunca pudo ser reconocido. En cambio otros autores pareciese ser que, con un mínimo esfuerzo, conseguían la fama y el reconocimiento de sus, en algunos casos, endebles obras.
SIGUE

Antonio Aguilera dijo...

Continúa el mozo con el relato de la fuga diciendo que toda la caballería morisca sale en persecución de los católicos amantes, y que mucho se temía que le darían alcance y que luego: "los han de volver atados a la cola de su mismo caballo, que sería un horrendo escarnio".

Al oir esto don Quijote, empezó a echar azufre ardiendo por las orejas, y, cual dragón enfurecido, fuego por la boca; y sin mediar palabra con los actores, actrices ni espectadores, desenvainó su espada: "y de un brinco se puso junto al retablo, y, con acelerada y nunca vista furia, comenzó a llover cuchilladas sobre la titerera morisma, derribando a unos, descabezando a otros...".

Concluida la escabechina, todos miraban atónitos el estropicio que don Quijote había causado. Maese Pedro se lamentaba por el daño recibido: "...y agora me veo desolado y abatido, pobre y mendigo,y, sobre todo, sin mi mono...". "Enternecióse Sancho Panza con las razones de Maese Pedro, y díjole:-no llores Maese Pedro, ni te lamentes, que me quiebras el corazón...".
Sancho le asegura a Maese Pedro que su amo le va a pagar todos los "tiestos rotos", porque su amo es muy cristiano y escrupuloso (cosa rara en estos creyentes que quieren para ellos lo propio y lo ajeno); don Quijote acepta condenarse en costas y apoquinar. De esta forma inician la tasación de los desperfectos: que si éste vale tres cuartos, que si el otro cuatro menos cuarto, si el de más allá medio y mitad...; hasta que toca la valoración en daños de Melisendra, la que se encuentra con mermas en la vista y el olfato, o sea, sin narices y con un ojo menos.
Protesta don Quijote, porque, cómo ha de cobrarle por Melisendra si ella ha de estar ya en Paris de la Francia, holgándose con su esposo a pierna suelta.
- ¡Me quieres dar gato por liebre "presentándome aquí a Melisendra desnarigada"!!, le replicó el hidalgo a Maese Pedro.
Notando éste cómo don Quijote "izquierdeaba y que volvía a su primer tema". ¿Quiere esto decir que los que gustan de políticas de izquierdas están algo -o mucho- locos?. Yo había escuchado decir lo de que "el que de joven no es de izquierdas, no tiene corazón; y el que de mayor no es de derechas, no tiene cerebro".
Ya veremos, al final del libro, cómo cuando don Quijote recobra el cerebro -la razón-, irremediablemente... muere. Izquierdeó hasta la muerte: y es que nuestro hidalgo se dedicó a hacer, lo que hoy se llamarían "Políticas Sociales".
Aparte de este pequeño incidente de”izquierdeo”, no hubo ningún atranque más entre ellos; incluso le entregó don Quijote al damnificado dos reales para la búsqueda del mono, aunque parece que los empleó, según algunos indicios, en "coger la mona”: durmió borrachito..., y olvidó.

Señor De la Vega dijo...

Gustosa y superior suerte es que cuente usted con el Don de la humildad y la enmienda, Señor Don Antonio Aguilera, que de esa pasta solo están amasados los ricos en sabiduría y buen entendimiento, y ya solo por eso le envidio, pues de ambas virtudes ando yo escaso.

Sobre sus otras razones, es cierto que Don Quijote en el capítulo del teatrillo en el retablo, se refiere a los moros como 'canalla y canes', pero no por ser tales moros, sino por la desproporciona y mala intención que tenían contra unos desvalidos enamorados (a horcajadas en una sola montura), por lo que en mi opinión es el hecho del abuso lo que le enerva locamente, y se esconden muchos abusos bajo el mencionado retablo...
Véase además que como bien le advierten "estos que derriba, destroza y mata no son verdaderos moros, sino unas figurillas de pasta", pero igual que al Rey Moro descabeza, parte por la mitad la corona y cabeza del Emperador Cristiano Carlomagno...¿no le parece extraña tan mala suerte, liquidar de igual o peor manera a casi el resto de los títeres que no son moros?.
Así que poco puedo deducir usando la lógica de los hechos y las palabras de este capítulo y menos con este sobre actuado o fingido Don Quijote, sin que al menos dos lecturas opuestas pueda yo encajar y aún una tercera que me guardo.

Tiene razones en su vida Don Cervantes, sobradas y físicas, para arremeter en insultos contra el Turco y sin embargo, NINGUNA vez lo hace en boca de Don Quijote, sí lo hace el padre de Zoraida que es un principal moro de Barbería y resulta que si fuese cierta o biográfica la historia, no era excusa de Cervantes, sino descripción de como entre tales se juzgaban (Agi Morato llamó canes a los turcos y también perros a los cristianos españoles). Así que el liderato Turco y Español para dicha Alianza de Civilizaciones, sería más vista como Zapatiesta por los vecinos musulmanes del Magreb que como foro, al menos en el s. XVI.
No creo ver mofa racista ni odio, de Don Miguel en el asunto moro, morisco, ni turco, y sí igual tratamiento literario al de otros asuntos delicados que trata en la obra; y aunque fue constante la presencia mora en la obra, también lo era en su tiempo en España y Cervantes como lo vive lo narra.
También me parece que muestra el autor sobrado conocimiento de la cultura y tradiciones moras, como respeto por el Gran Turco, pues a pesar de los cambios geopolíticos del mundo, eran ellos quienes poseían el más poderoso imperio conocido en la época y de eso era consciente el manco y así lo expresa, aunque fue España natural enemigo.
Por otro lado sobre los moros y los cristianos, en los dos volúmenes existe mucha ironía tanto para lo bueno como para lo malo, pero con múltiples lecturas que se contraponen dando una de cal y a continuación otra de arena.

Por ejemplo, sí me parece abusivo el uso que se da en el Quijote de Avellaneda, donde en mi opinión se carga en la parodia sobre practicas moras y/o turcas, buscando con ello mofa de sus distintas tradiciones y religión, pues es largo el trecho donde se le convierte a Sancho Panza en moro buscando solo la caricatura y la risa con ello, pero deberé releerlo detenidamente, antes de finalmente asegurarlo.

Dicho todo lo anterior, supongo que abundantes eruditos trataron este tema del que tratamos, y sacarían sus sabias conclusiones, y fuesen cuales fuera, como usted bien dice, la posibilidad de cualquier posición de Cervantes sobre el tema, queda dentro de nuestro imaginario, pues solo él quizás supo el verdadero fondo que sus palabras escondían.

Suyo, Z+-----

Abejita de la Vega dijo...

Don Quijote no soporta el disparate: los moros no usan campanas sino atabales y dulzainas. Y no dice nada del moro , en lo alto del minarete, que llama a la oración voceando: Alaaaaaaaaa. Maese Pedro no da importancia a esas “niñerías” y lo relaciona con las comedias, ésas que se representan hoy en día. ¿No están, acaso, llenas de impropiedades y disparates? ¿Impide que sean aplaudidas, admiradas y que corran su carrera? Aquí le doy la razón al Maese del Mico, tuve en mente un libro con la lista de impropiedades cometidas por el llamado “Fénix de los Ingenios”, lo dejé porque, a pesar de ello, le admiro mucho. Y lo que importa es llenar el talego. Y Don Quijote, sin ganas de polémica, también termina dándole la razón.
Sigue el muchacho y rectifica sobre la marcha. Cuánta caballería persigue a los amantes y cuántas trompetas, dulzainas, atabales y tambores. Ay, que les atrapan, estamos todos en ascuas, les atarán a la cola de su caballo, morirán horrendamente torturados.
Don Quijote ve y oye a la morisma y se ve obligado a ayudar; no, no lo consentirá, manda detener a la “mal nacida canalla” y desenvaina la espada. Acuchilla, derriba, descabeza, estropea y destroza. Y si el titiritero no se agacha, termina decapitado, como un títere más. La famosa espada Durandana se queda corta al lado de ésta.
Vocea, con terrible voz, el dueño de tanto muñeco sin cabeza, advirtiendo que son figurillas, que no son auténticos moros. ¡Esto es su ruina!
Don Quijote sigue menudeando y, ahora, la emprende con el retablo, con el mahometano Marsilio y el cristianísimo emperador Carlomagno. El mono toma las de Villadiego y, a mí, me tiemblan las piernas. Reina el pánico y Sancho asegura no haber visto nunca a su señor así.
Se sosiega un poco el colérico caballero y, ahora, le toca el turno a destacar la importante labor de la heroica caballería andante. Los que no creen en ella, que vengan aquí y miren qué hubiera sido de Gaiteros y Melisendra, en manos de aquellos “canes”.
Maese Pedro se considera tan desdichado como el último rey godo, don Rodrigo, el que pasó de tener toda España a no poseer ni una almena, ése al que una culebra le comía por donde más culpa había. Qué bellos los viejos romances, todavía no he publicado un libro sobre ellos…Bueno, a lo que iba.

Abejita de la Vega dijo...

Este nuevo don Rodrigo manifiesta que, antes era dueño y señor de reyes, emperadores, caballos y galas. Ahora es un desolado mendigo. Y se ha quedado sin mono, que no volverá, antes le sudarán los dientes que poder atraparlo. Hipérbole enorme. En cuanto tenga hambre el animalillo.

Ahora hay que conmover a don Quijote para que le recompense generosamente por las pérdidas. Y coloca el dedo donde más le duele, un caballero andante que ampara, endereza y hace obras caritativas…el de la Triste Figura desfigurando figuras. Se enternece Sancho y ahora el escudero es el que remata la tara de ablandar el corazón de su amo. Su señor, “tan católico y escrupuloso cristiano”, si comete un agravio te lo pagará. No llore…
Maese Pedro le hace saber que fue la fuerza de su brazo la culpable del destrozo y don Quijote confiesa que, para él, todo era real y no fingido, Melisendra era realmente Melisendra… Tuvo que cumplir con su deber de caballero andante y ayudar a los que eran perseguidos. Si le ha salido al revés, no es su culpa, sino de los encantadores que le persiguen y mudan y truecan las cosas a su antojo.
El caballero está dispuesto a pagar en buena moneda, qué le diga Maese Pedro cuánto debe. Qué bueno es este hombre y cómo le brillan los ojos de codicia al titiritero que nombra al ventero y al “gran Sancho” como “medianeros y apreciadores” del valor de lo deshecho. El “gran Sancho” se derrite.
En un curioso tira y afloja, van tasando todas las figuras. Maese Pedro sale bien parado, recibe cuarenta reales y tres cuartillos más dos reales por el trabajo de buscar al mono. Don Quijote, irónico, ordena darle para el mono y para la “mona”. Menuda borrachera. Y estaría el generoso caballero a dar doscientos , en albricias, a quien le dijera que Gaiteros y Melisendra están en Francia, con los suyos.
El Maese no tiene empacho en añadir que eso quien mejor puede decírselo es su mono, que vendrá enseguida, por el hambre y por el cariño. Y está dispuesto a recibir los doscientos de las albricias, en nombre del mono…Esto da que pensar sobre la codicia humana, sí señor.
Todos cenamos en paz y buena compañía, a costa de la liberalidad de don Quijote. Al día siguiente, me despido y tomo el camino de regreso a mi pueblo, muy a mi pesar porque este don Quijote es un ser humano muy interesante para un docto humanista como yo.
Con esto, me despido de vuestras mercedes, esperando les haya gustado mi participación.

María Ángeles Merino me dio voz.

Antonio Aguilera dijo...

SEÑOR DE LA VEGA:

Admiro su sapiencia y su excelente "puesta en escena".
Y le agradezco todos los datos que ha tenido la amabilidad de aportar. Huelga decir el gran conocimiento que tiene de estos "textos sagrados".
Creo que Cervantes apoya la tesis de llamar CANES a los turcos, como usted también demuestra, y deja "tranquilos" a los moros.
La humanidad desde que existe ha estado, y seguirá estándolo, inmersa en contínuas guerras. Ésto hará imposible una
Alianza de civilizaciones: los odios, intereses económicos, miedo al "OTRO" al de diferente cultura y raza; No, no es posible un entendimiento.

Le invito, y estoy seguro de que no soy el primero, a que nos acompañe en la aventura-lectura quijotesca semanal, publicándolo en su blog:
todos se lo agradeceríamos. Ya sabe del aprecio que se le tiene por aquí.
Reciba un abrazo

Señor De la Vega dijo...

¡Qué cumplido es Usted mi Señor Antonio Aguilera!
Tiene razón sobre mi puesta en escena, es original y mía, pero no se deje confundir, porque aunque no lo aparente por mis modos grandilocuentes, mis conocimientos están siempre en huelga.

Por otro lado, quiera ser mi protagonismo tan esquivo como el río Guadiana, ya que las más de las veces, el agua apareció en escena para anunciar las pasadas lluvias. O en palabras más poéticas del Sr. de la Vega, 'nació el Zorro para ser sombra en su cueva y no estrella en el firmamento para navegantes'.
Pero dicho lo anterior, también le diré, por si no lo sabe, que todos los comentarios que hago, no solo en la Acequia, sino en cualquier otro balcón, yo los publico en la sección 'los balcones del Zorro' siendo esas entradas el Arca de Noe de mis dislates líricos en Blogosfera; pues no hay balcón donde solo salude, ni palabra escrita por mí en blog ajeno que tenga un grado inferior al de mis propias entradas. (Por cierto, todo mi webblog es periódicamente grabado, pues las cuevas son propensas a los derrumbes, sean gratis o financiadas, e Internet no esta hecho de granito y el 2012 se me antoja muy lejos con la de rayos que caen y empresas que se hunden).
Sobre mi opinión en relación a las Civilizaciones y sus Alianzas, soy descreído, primero de los términos y después de las alianzas que en el pasado se dieron en nombre de supuestas civilizaciones. Sin embargo, soy confidente y confío en los hombres y mujeres que las habitan y siempre me encontré en los cuatro puntos cardinales del mundo, más ganas de entender que miedo, más mano tendida que recelo, claro que como usted decía, no quiero caer en tomar o mostrar mi parte, por el todo.
Pero quiero creerlo, igual que creo con espada en alto, en Internet libre, en cultura gratuita libre, sin cercas, infinita, Mayúscula y solo en minúscula el signo del $, creo en la sabiduría contrastada y crítica, en el poder de la palabra, pero aún más, en palabras de poderoso amor, ¿y qué le diría?... entre otras muchas cosas creo en la redención de las patentes y derechos, la resurección de los héroes andantes y en una ecosfera mejor tratada, amén.

Por supuesto, El Quijote para mí, no es un texto sagrado (ninguno lo es) y solo desde el punto de vista histórico, se me representa único; pues nada es inmejorable y estoy seguro que es hoy y mañana cuando se escribirán las mejores historias humanas por genios desbordantes.
Se me ocurre también, ¡cuántos Miguelitos o Miguelones online hoy día!, usan blogger gratuito para expresarse y que si fuese de pago en maravedíes contantes, jamás osarían a publicar sus letras, al no entender ni creer que lo que escriben vale el gasto de un centavo o un real para que otros lo lean, pues ven en sus letras, solo sopa de pasta y como mucho al dente.

Pido falsas excusas a los presentes, pues ya salté de tema en esta entrada de la intercomunicada Acequia y acabé hablando donde no debiera de lo que quise... dichosa sea, mi ignorancia selecta.
Suyo y honrado queda, Z+-----

Antonio Aguilera dijo...

Leìdo, y agradezco su respuesta Sr. de la Vega.
No dude que visitarè su predio-sección "los balcones del Zorro".

Celebro y comparto la declaración de principios que relata: acceso libre y gratuito a la cultura para todos.

Le reitero mi agradecimiento

Suyo revulsivo y lateral:......

BIPOLAR dijo...

Entretenidísimo guiñol en el que DQ se embebe y participa como un niño que hace real un cuento.

Se deduce que en aquellos tiempos un moro no tenía un juicio justo ¿no?

Tengo una duda sobre la cantidad de efectivo que lleva DQ, porque me pareció entender que no poseía dinero en el capítulo de la Cueva de Montesinos

Asun dijo...

En este capítulo por un momento me he sentido Melisendra, y no precisamente porque nunca nadie me haya rescatado de la torre de la Aljafería a lomos de un corcel, sino porque así como Melisendra, en ciertas ocasión quedé con el vestido enganchado colgando de una verja. Y todo por ahorrarme unos pasos y en lugar de ir por el camino natural, intentar atajar saltando la verja.

La diferencia es que en mi caso la tela acabó rasgándose y el porrazo que me dí no fue pequeño. Eso sin contar con la vergüenza que pasé ya que era a la salida del instituto (yo tenía 15 o 16 años) y no me vio "casi nadie" jajajajaja

Ahora me acuerdo y me da la risa.

Besos