lunes, 26 de octubre de 2009

Una boda es más que una boda, Marina con el Quijote en Béjar y noticias de nuestra lectura.

No debemos despreciar el Quijote como reflejo de costumbres de época, sino todo lo contrario. Si en el siglo XVII se leyó la novela sobre todo como parodia cómica de los libros de caballerías, en el XVIII y buena parte del XIX, el Quijote era un libro que se leía en clave costumbrista: reflejo y crítica de las costumbres de tiempos de Cervantes. Esta forma de leerlo creció hasta que, a finales del XIX y principios del XX, el Quijote se tomaba como simbolización clara de una España en decadencia y la propuesta de formas de superación de la atonía.

En los capítulos que leemos estos días, nos aparece una boda y este motivo argumental nos puede servir como ejemplo de la forma de trabajar de Cervantes a la hora de reflejar costumbres de su tiempo. En primer lugar, por su contextualización viene inmediatamente después de las costumbres silenciosas y limpias del Caballero del verde gabán. Se acentúa, así, el contraste entre la moderación de don Diego y el derroche de Camacho: un hidalgo de un buen pasar sin lujos y un labrador rico que quiere que se note su dinero en sus actos (entre ellos, llevarse a la joven más atractiva de la comarca). Cervantes, como muchos escritores del momento (singularmente, Quevedo), señalaban cómo el dinero subvertía los valores sociales y la moralidad, alteraba las decisiones de los poderosos y predominaba sobre los sentimientos y el sentido común. Además, compraba voluntades, como la de Sancho.

Es decir, la presentación de una boda de labradores ricos -en las que sabemos que el derroche era tan abundante que se criticaba desde los púlpitos (en realidad, los párrocos católicos de entonces y de ahora han criticado estas costumbres mientras las toleraban)- le sirve a Cervantes como forma de crítica a una costumbre del momento y a la visiblidad de la riqueza en la sociedad del momento. Cervantes no dejó de ser nunca un moralista, no lo olvidemos.

Pero Cervantes no usa una única aproximación a este motivo argumental. Como hace siempre en el Quijote, cualquier aproximación a la realidad está tejida con motivos literarios y culturales (para las bodas de Camacho hemos visto la presencia de poemas míticos, relatos folklóricos, la objetivación del tema en el enfrentamiento dialéctico entre don Quijote y Sancho y en el combate de esgrima entre el licenciado y el bachiller, la representación escénica de contenido simbólico, etc.). Este es uno de los rasgos característicos cervantinos: transita cualquier tema desde diferentes aproximaciones, pero con un pie siempre en la realidad de su tiempo.

Marina, con el Quijote en Béjar

Desde Béjar, Marina me remite una serie de fotografías que publicaré aquí en los próximos días. Como sabéis, es autora de un blog muy recomendable y ya hizo una extraordinaria aportación a nuestra colección quijotesca. Ella misma me cuenta su hallazgo un viernes de septiembre, mientras cenaba con su marido en el mesón El Quijote de Béjar:

(...) hemos idos muchísimas veces, pero en esta ocasión, mi lugar en la mesa me permitía ver el mostrador relativamente cerca. Me fijé que entre las botellas asomaban libros, algunos pequeños y desvencijados, otros grandes y poderosos, protegiendo a los demás de terminar en el suelo o entre las botellas. Me acerqué a la barra y pedi ver los libros; el dueño encantado depositó sobre el mostrado varios Quijotes, una caja de puros con motivos del Quijote, un breviario en latín, claro, y varias curiosidades quijotescas más. Pero mis manos se fueron a recoger un Quijote pequeño, amarillento, que parecía, más bien, un cuento infantil... y lo era, ¡claro que lo era! Se trataba de un ejemplar editado por Saturnino Calleja, el editor de cuentos (por aquello de "tienes más cuento que Calleja") fechado en 1905.

Llamé a mi fotógrafo particular (Manolo Casadiego) que se colgó la cámara, pidió dos cañitas, con sus tapas correspondientes e hizo estas y varias fotos más que seguro te manda en cuanto las procese. Me pareció un buen sitio para leer el Quijote; la barra de un bar, con la tapa de magro humeante y una caña (sin alcohol). ¡Un Quijote para niños y una maestra! no está mal la combinación.

Querida Marina: ¡Mil gracias y saludos a todos los amigos bejaranos, a los que espero ver pronto!

Las fotos se deben a otro buen amigo de Béjar, Manuel Casadiego, buen fotógrafo, amigo y bloguero que ya aportó su retrato quijotesco.

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestra lectura

Abejita comenta la noticia que di aquí hace unas semanas, sobre su posición en Google cuando preguntamos por Tomé Cecial y luego nos enseña su biblioteca quijotesca. Después comenta el capítulo en dos partes. En la primera, se fija en la introducción al tema, en la que Cervantes hace que don Quijote alabe la serenidad de Sancho mientras duerme. No os perdáis las imágenes. En la segunda, el cocinero de tan festivo convite es el protagonista toma voz (¡qué galería de secundarios nos regalas, Abejita), qué hambre. Y para remate, nos difunde la quijotesca viñeta de Forges de hoy lunes. Forges podría hacer varios volúmenes con las viñetas geniales que ha dedicado al motivo del Quijote.

Alatriste ha escrito una utilísima entrada sobre el Alcaná de Toledo: nos sitúa en uno de los lugares más importantes del Quijote, como sabéis, donde el personaje Cervantes (que ya ha confesado no ser el autor de la obra) encuentra el manuscrito que le permite continuar con el relato. No os la perdáis.

Jan Puerta comienza a verse quijotizado y no sé si lo teme o no, pero como muestra vaya la perspectiva desde la que comenta las bodas de Camacho, la imagen del ceramista chileno y la que extrae de la hemeroteca de la Vanguardia.

Cornelivs afina en su comentario: el cruce de las opiniones de don Quijote y Sancho, que cambian su opinión inicial sobre lo que pasa es clave para entender a ambos personajes y la construcción de un personaje según las técnicas de la narrativa moderna. Publica, además, una ilustración que pertenece a su ejemplar mecanografiado.

Pancho también ve este cambio de ambos personajes con respecto a su punto de partida y la especial inclinación de Sancho hacia las ollas... No os podéis perder la selección de imágenes que ilustran el capítulo: muy buenas.

Manuel Tuccitano nos regala una entrada en la que comenta cómo comer puede cambiar la opinión de alguien y cómo en aquella España unos comían en exceso mientras otros pasaban hambre: de ahí el simbolismo de la boda. Las imágenes son bien ilustrativas.

Desplazados nos tiene reservado un notición: ha terminado el cuadro quijotesco. Qué maravilla y qué constancia. ¡Gracias!

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

17 comentarios:

DESPLAZADOS AL PARAISO dijo...

El pobre Sancho no ha visto tanta comida junta en su vida jajajaja.
Se vá a poner las botas comiendo, como se suele decir.
Besotes, muaaakkkcs

Anónimo dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:

Un abrazo a Marina y a Manuel Casadiego. ¡Los amigos de Don Quijote son mis amigos!.

Saludos. Gelu

mojadopapel dijo...

Menudo par hacen Marina y Manolo, lo que no se les ocurra a ellos!!!!

Marina dijo...

Un abrazo Pedro. Una enorme alegría tener un foto en tu blog leyendo el Quijote... este Quijote.
Besos.

Merche Pallarés dijo...

Muy bonitas las fotos de MARINA. Ahora solo me falta leer a ALATRISTE y CORNELIVS, lo cual haré en cuánto pueda (ando muy liada con los de mi quinta, el Imserso...). Besotes, M.

Adu dijo...

Vaya par: la pelirroja y el linx. Lástima no haber estado allí para compartir las cañas, que no el Quijote...
Besis a todis.

Silvi (reikijai) dijo...

...Muy buena las fotos de Marina...
Aunque me esta faltando tiempo,lei todos los blog...muy ricos los aportes.Besitos.Silvi.

Isabel Huete dijo...

Marina es que tiene un puntazo, y el Manuel con su cámara no se queda a la zaga. ¡Vaya dos monstruos de la vida!
Bsazos.

Alatriste dijo...

Pedro, hablando de moralismos; llevo un tiempo con la lectura del Guzmán y me está pareciendo una obra soberbia; ya me leí en su día el Lazarillo y el Buscón, pero esta otra se lleva la palma. Las otras obras parecían más aventurillas, sin embargo el Guzmán es toda una guía del buen obrar cuyos consejos siguen siendo hoy día bien útiles.

La única pega que le he visto es que al principio cuesta un poco más su lectura; y es allí donde uno se da cuenta del porqué el Quijote es un ejemplo de claridad y llaneza en el uso del castellano.

Un saludo

pancho dijo...

El Quijote nos ofrece en muchas de sus páginas un retrato de los tipos sociales y maneras de vivir de la gente de los distintos estratos sociales de la época. Pocos tan bien dotados para hablar de la sociedad en la que vive. Él la tiene que sufrir.

El labrador rico actúa como los nuevos ricos de todas las épocas: la gente se tiene que enterar quién tiene el dinero. En esta época estarían bien representados por los poceros que se hicieron ricos al amparo de la demanda del ladrillo, antes de que la burbuja les explotara en las manos de los que tenían los pies cimentados en barro.

Una boda por todo lo alto, donde aparte del exceso de comida y bebida, igual que ahora, hubo representación de danza hablada cuyo tratamiento le gustó al Hidalgo, que no tenía mal gusto en temas teatrales.

Béjar es una ciudad pequeña donde Cervantes ocupa su lugar; a pesar de que sea difícil que estuviera alguna vez en ella. Su tiempo ha sido tan estudiado y tasado que ya no entran más espacios por visitar en la vida que vivió. Dos de sus habitantes, Manolo y Marina, son un buen ejemplo de colaboración bloguera.

Un abrazo.

Abejita de la Vega dijo...

Mi enhorabuena a Marina por su quijotesca foto y a Pilar, de Desplazados, por haber acabado su Quijote en punto de cruz, menuda paciencia.
No despreciamos,en absoluto, al Quijote costumbrista. Es uno de los ingredientes del Quijote y nos gusta.
Ante tan interesante entrada, un abrazo opíparo como las bodas de Camacho.

Alatriste dijo...

Por cierto, bonita la historia de las fotos, anda que uno no se espera encontrar tal muestra quijotera en un bar, jejeje. Con respecto a la caña mmm, a mí parece me parece que lleva limón ;b

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

La sociedad y sus costumbres poco han cambiado, solo han dado un giro... aún existen las bodas de interés (y muchas) y las bodas de comdumio abundante y de las que sales y te vas al McDonal más cercano...

Como alguien dijo, lo lunes tambien son muy quijotescos...las fotos simpáticas y el cuadro...precioso

Selma dijo...

Me sabe mal llegar tarde pero Tiempo y gripe se han aliado en mi contra...
Felicitar a esta Linda Amiga Quijotera, Marina y a todos nuestros magníficos Enlazados..
Para tí Pedro,y para todos, besitos, con mascarilla, no vaya a ser...

Myr dijo...

Lindas fotos y lindo relato.

¡Claro que si! El Quijote se puede leer en cualquier lado....es buen compañero de andanzas. Saludos

BIPOLAR dijo...

Olé Marina valiente. (¿Lo de tomarse una cerveza sin alcohol es un condicionante obligado?)

El transcurso del tiempo hace valorar las cosas desde distintas perspectiva, aunque el hecho sea el mismo. Por lo tanto cambia el pensamiento, no el hecho que perdura hasta nuestros días.

Benditas apariencias.

Juan Luis G. dijo...

Vaya, tampoco han cambiado tanto las bodas desde entonces. Será por eso que sigo soltero.

Saludos.