viernes, 4 de septiembre de 2009

La gestión de los teatros públicos

En España, país que cada dos o tres décadas descubre que tiene teatro clásico, se cuenta con un considerable número de locales teatrales gestionados por organismos públicos o cedidos por la administración a empresas privadas tras el conveniente procedimiento de contratación.

Muchos de ellos se asocian en redes de teatros subvencionadas por las administraciones autonómicas de cuyos pocos logros y grandes errores ya he hablado en este blog.

Estos locales teatrales suelen ser antiguos teatros restaurados con dinero público (tras dejarlos en ruina por abandono durante un tiempo) con un montante económio excesivo y decisiones arquitectónicas cuestionables. En algunos casos se trata de edificios de nueva planta no menos costosos y con deficiencias inexplicables que sólo pueden ser fruto de la falta de control del proyecto inicial, además de la poca pericia de los arquitectos y técnicos. En casi todos los casos, pecan de megalomanía.

Pues bien, el número creciente de teatros gestionados de esta manera no dan el resultado esperable. Muchos de ellos no pasan de programaciones anodinas y con un número pobre de representaciones: la mayor parte del tiempo no tienen actividad. Pocos son los que tienen una programación propia y actividades que conduzcan a un aspecto exigible al gestionar dinero público: la promoción del teatro como hecho cultural en todos los niveles de la sociedad.

Una de las primeras cosas que hago cuando veo la programación de una de estas salas es marcar los días en los que no hay ninguna actividad y pensar en el coste económico y cultural que supone mantener un teatro vacío. El siguiente paso es constatar, en la programación, la ausencia de impulso propio, a pesar de que todos ellos cuentan con una gerencia o dirección bien pagada que debería promoverlo y buscar las fuentes de financiación adecuadas. En lugar de esto, se contentan con la circulación de las compañías agraciadas por su inclusión en una pobre red de teatros y en la contratación de compañías en unas condiciones sorprendentes: pocos días de representación, sin importar la taquilla. La mayor parte de las compañías hacen desplazamientos costosos para una o dos representaciones, aunque el teatro esté vacío -nadie pide responsabilidades y todo está previamente pagado- o quede gente en la calle sin poder acceder a una entrada por la política de abonos y la deplorable costumbre de la administación de repartir un gran número de invitaciones cuyos afortunados receptores no siempre ocupan la localidad a la que se les ha invitado. No menos llamativa es, en la programación de un teatro público, cómo se ocupa la escena con actividades no teatrales que deberían tener otros espacios y que ni siquiera se justifican por su rentabilidad económica.

Al hablar con los profesionales en la gestión de estos locales, se percibe mucho conformismo ante la situación: todos hablan de las dificultades políticas y las trabas administrativas que les impiden la libertad en la gestión para la que fueron contratados. Se cuenta, incluso, con la frecuente intervención del concejal de turno en la programación, aunque el concejal no tenga ni idea de teatro. Todo el mundo sabe que según quién gobierne habrá artistas con más contratos que otros -o incluso habrá quien no tenga contratos hasta que no gobiernen los suyos-. También se detecta mucho de divismo en los gestores, sobre todo en aquellos casos en los que coincide que, además, es un afamado director de escena o un profesional famoso que suele incorporar, además de la alta idea de sí mismo, políticas culturales de clan. Por otra parte, hay muchos gestores a los que se les ha subido el cargo a la cabeza y han perdido el contacto con el suelo al salir cada poco tiempo en los medios de comunicación locales: la vanidad es mala consejera y suele juntarse con una escasa capacidad para la autocrítica.

A estas alturas, uno piensa que todo alcalde quiere tener su teatro público sólo porque hay que tenerlo y se reciben subvenciones para construirlo o reformar uno existente, pero ahí se le acaba el gusto por el teatro: en la fachada.

Salvo excepciones, la mayor parte del dinero invertido en la gestión del teatro público español es un gasto inútil. No porque no deba apoyarse el sector, sino porque no produce los rendimientos culturales exigibles. Se juega con la poca costumbre que hay en España de pedir cuentas al administrador: y no me refiero sólo a los números. A mí me da mucha envidia constatar cómo en otros países la gestión de los teatros públicos tiene una antigüedad y unas dinámicas bien diferentes, no se les ha olvidado que la cultura es algo que no puede descubrirse en cada proceso electoral y que debe gestionarse con responsabilidad y con la idea de que es un bien público necesario.

23 comentarios:

Manolo dijo...

Pones el dedo en la llaga, Pedro. Pero quienes tienen la responsabilidad son poco responsables, nada más les interesa lo que tú apuntas: la fachada y salir en la foto.
Un abrazo

Myr dijo...

Venía para el Coloquio de los Escuderos y me encuentro con ésto que nos relatas sobre la gestión del Teatro, muy ilustrativo y a mi me sorprende mucho porque debiera _ como dices_ser un bien público necesario y..... floreciente, en España, la cuna de la Civilización Hispanoparlante.

Como anécdota cuento aquí algo que me impactó en Londres. Al lado del Museo de Arte Moderno, está construido el Teatro réplica exacta del original de Shakespeare, que se usó durante la Filamción de la película" Shakespeare in Love".

Hoy en día está en pié y funcionando para regocijo de los Británicos y de los turistas.
Todos los días había ( y supongo que sigue habiendo) representaciones de las obras de Skakeaspeare... por 5 Liras Esterlinas. ( Un
Musical cualquiera bueno o malo está (o estaba) en los 70- 80 L.E.

Como disfruté con mi hermana, a la salida del Museo " Las alegres comadres de Windsor" ..... y por 5 L.E. cada una, ¡¡¡¡Una gloria!!!!

Saludos

Myr dijo...

PD- y no conseguimos más entradas que sino....

Anónimo dijo...

Los políticos y su especial forma de gestionar las cosas...que pocos me gustan. Isabel.

São dijo...

Meu querido amigo, tens a certeza de que abordaste só Espanha? É que poderias escrever exactamente o mesmo sobre Portugal, sabes?

Um abraço forte.

Isabel Huete dijo...

Reconozco que voy poco al teatro, no porque no me guste sino porque me parece caro, pero creo que esa situación se da sobre todo en capitales o ciudades pequeñas en las que es más fácil controlar políticamente la situación y hacer cosas sólo para salir en la foto. Aparte de eso, las compañías o los productores de obras de teatro (tengo familia que se dedica a eso de forma esporádica) no ven rentable, según el tipo de obra, estrenar en ciudades pequeñas porque van a porcentaje de taquilla, y si lo hacen, no se arriesgan a estar más de 2 o 3 días.
En Madrid, creo yo, hay teatro todo el año donde elegir, y por lo que observo en los que tengo cerca de mi casa (que son varios) se producen bastantes colas, sobre todo en las obras más importantes que casi siempre son las clásicas.
En todo caso, se habla algo de la supuesta decadencia del teatro pero poco sobre la actividad de las salas y de sus programaciones.
Un post muy interesante.
Besazos.

Antònia Pons Valldosera dijo...

Me pasa como a Isabel que hace siglos que no voy al teatro porque en Lleida no hay, no existe, sólo una sala de cine que se habilita cuando se deja caer alguna compañía.
Cuando hay alguna gira y te enteras ya no hay entradas.
En fin... estamos en la periferia que es como decir en el espacio exterior.
Un abrazo.

pablo miguel simón dijo...

Cuánta razón, amigo Pedro. Lo peor es que estamos acostumbrando a las nuevas generaciones a vivir escasamente el teatro. Y eso es una verdadera lástima.

Merche Pallarés dijo...

¡Qué desastre lo que nos cuentas! Aquí en Ibiza tenemos bastante actividad teatral y el teatro que está gestionado por el Ayuntamiento es muy prolífico. Siempre programan obras actuales y muy interesantes. Éste se ve que funciona... Besotes, M.

Antonio Aguilera dijo...

Pedro, yo creo que en las palabras que escribes como colofòn, en esta interesante reflexiòn sobre el teatro, se encierra el meollo del problema:
"A mí me da mucha envidia constatar cómo en otros países la gestión de los teatros públicos tiene una antigüedad y unas dinámicas bien diferentes, no se les ha olvidado que la cultura es algo que no puede descubrirse en cada proceso electoral y que debe gestionarse con responsabilidad y con la idea de que es un bien público necesario.".

Una vez màs, la mayorìa de gestores pùblicos, y detràs de ellos los polìticos, son el autèntico inconveniente para que las cosas puedan marchar bien.

Revulsivos saludos

JESUS y ENCARNA dijo...

Buenos dias Pedro, pasaba a saludar y de paso agradecer tu visita y tus palabras.
Cierto!, al pie del cañon y cargado de colores, aunque hay dias que no encuentro la mecha para dispararlo, en fin, en eso estamos.
Por otra parte, como siempre veo que tu cañon cultural, nos trae un nuevo disparo certero, en ese repetitivo asunto que los politicos y tecnicos dedicados a lo cultural nos quieren acostumbrar con sus erroneos quehaceres, es mas, creo que lo hacen por impulso sin ningun tipo de analisis constructivo, solo, por el mero hecho de figurar y convencer. Cosas de la Politica mal enfocada.....Salvo excepciones.
No soy Cinofilo ni del Teatro, es decir, soy de los que, una vez al año no hace daño, por decirlo de alguna manera, pero estoy convencido y desde siempre que es un Arte y necesario, la manipulacion teatral es otra cosa.
Espero que hayas empezado con buen pie este nuevo curso academico, te deseo lo mejor y sobre todo que tus criterios docentes, que sabemos que son amplios, el personal , los recoja y haga buenos trabajos.
Abrazos cordiales.
Jesus

Silvi (reikijai) dijo...

Pedro...La politica y los politico ahi esta la respuesta...De la mano de españoles(abuelos),me hice adicta del teatro,solo me falta ver "Medea"que recién esta en cartel.Los clasicos son mi fuerte.
Y realmente lo lamento.Besitos Silvi.

eva-la-zarzamora dijo...

Tienes toda la razón del mundo, Pedro.
A mí me gusta mucho el teatro, pero eso que queda en bambalinas, es tal y como lo describes.
También es cierto que cada vez se va desarrollando un teatro independiente y sin tanta parafernalia...

Un abrazo, y pasa un buen fin de semana.

Selma dijo...

Curiosamente las mejores obras que ví es en el municipio( más modesto) vecino de Girona, en Salt.

Entre cine y teatro no dudo ni por un momento, teatro de todas, todas...

Triste pero real panorama el que describes, Pedro.

Un beso.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

MANOLO: lo malo es que se lo consentimos.

MYR: el ejemplo que pones es certero y no único. Hay países en los que se ama el teatro y lo respetan desde siempre.

ISABEL: también somos culpables, por dejarles hacer.

SAO: ay, compartimos algunas de las pores cosas.

ISABEL: en Madrid tenéis más ofertas, en efecto, que en provincias, pero la realidad es similar, excepto algunas excepciones. Incluso algunas de las mejores compañías dejan mucho que desear si se comparan con lo que sucede con sus equivalentes de otros países. Algún día hablaré de la CNTC, por ejemplo.
No, Madrid tampoco es un buen ejemplo.

ANTÒNIA: y es bien triste que en una ciudad como Lleida no tengáis más oferta teatral. Bien triste.

MIGUEL: en efecto: si los niños y jóvenes de hoy no conocen el teatro, mal favor les hacemos. Ésa es una de las tareas más necesarias que deberían llevar a cabo los teatros públicos.

MERCHE: me alegro de que por allí no suceda. No conozco esa realidad.

ANTONIO: y no hay que inventar nada: basta con ver lo que se hace fuera.

JESÚS: gracias por tus buenos deseos, esperemos que el curso comience bien para todos.

SILVI: Buenos Aires ama el teatro. Espero que siga así.

EVA: tienes razón en lo de las compañías independientes, pero hay que pedir cuentas a los que gestionan el dinero público. Necesitamos esa responsabildiad social.

Gracias a todos por vuestras palabras. Un abrazo.

pancho dijo...

Magnífica reflexión del hecho teatral en este país de alguien que conoce la situación desde dentro (al menos de cerca). Qué bien nos viene a los que lo más que hacemos es asistir a alguna representación de esas subvencionadas, cuando uno se entera y puede conseguir entradas, que por aquí suelen estar rifadas.

Ahora, la red de teatros suele ser la única oportunidad que tienen los pueblos y ciudades pequeñas de poder asistir a una representación sin necesidad de desplazarse a la capital.

Recuerdo de pequeño las compañías que iban por los pueblos representando teatro en una carpa parecida a un circo. Todavía recuerdo cómo, además de la obra de teatro, recitaban poemas de García Lorca y cantaban copla. Aquello desapareció, como el cine rural etc. Me sorprendió saber que en el XVII había ocho compañías autorizadas para representar en España. Número nada desdeñable, si tenemos en cuenta que la población rondaba los siete millones. Creo que el teatro se está recuperando en España, después de la decadencia en que lo sumió el cine y la TV. Hay compañías de un nivel muy alto en este momento.

Fernando Portillo dijo...

Querido Pedro: Acudir a estas a estas alturas a las comparaciones con lo que hacen en el extranjero es un tópico que no lleva a ninguna parte: en el extranjero cuidan más desde siempre el teatro, el ballet, las orquestas, la ópera y hasta los burdeles. Y respecto al teatro, en España este género ha ido de capa de caida (de capa caída y espada en el mejor de los casos) desde los tiempos de Zorrilla. Por alguna razón los entes públicos se han dedicado a invertir dinero y espacios en un tipo de teatro que aburre a las ovejas mientras Lina Morgan y Paco Martínez Soria llenaban las salas comerciales. El cine de arte y ensayo tuvo su momento y luego se vio que ese no era el camino. El teatro, en cambio, sigue siendo una aspiradora de dinero público a base de petardos infumables con el pretexto de que esa es la única manera de mantenerlo vivo, falacia evidente ya que cuando un grupo o una obra divierten al público pasan inmediatamente al circuito comercial de las grandes capitales. Que se lo pregunten a Boadella.

Fernando Portillo dijo...

Perdón: me olvido de las encomiables compañías "amateur" de la tercera edad que mantienen vivo el teatro de Jardiel Poncela, de Arniches y de los hermanos Álvarez Quintero y que llenan hasta la bandera cada vez que se presentan en la Sala Vigón de Caja Burgos.

Y un cero patatero para el sistema educativo que tiene proscrito el teatro de los colegios y los institutos.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

PANCHO: en efecto, las redes de teatros están bien -aunque debería corregir ciertas cuestiones-, pero no debería ser lo único que se pueda ver en muchos sitios. Hay otras acciones que deberían acometerse desde los teatros gestionados por las administraciones públicas y una de ellas es la de la promoción y eduación.
Como bien señalas, en los últimos años está mejorando la situación, pero no tanto como parece al calor de los resultados de los musicales...

FERNANDO: y es que a uno le dan ganas de que le gobiernen los que en esos otros países han garantizado que las acciones culturales sean constantes y eficaces.
El teatro aficionado es una muestra de que el teatro gusta. Y no es tan difícil comprender esto. ¿O sí para algunas mentes de políticos?

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

SELMA: veo ahora tu comentario, que se me debió pasar porque llegó cuando contestaba a los anteriores.
En efecto: aquellos que hemos ido al teatro de niños, siempre recordamos su magia, más que la del cine. ¿Seguirá siendo así en estos tiempos?

Aldabra dijo...

Tienes muchísima razón en todo lo que explicas Pedro. No debería ser tan dificil una buena gestión ¿verdad?, pero cuando pesan el egoismo y la vanidad todo se echa a perder.

biquiños,

Silvi (reikijai) dijo...

Pedro. Si sigue siendo así. El Teatro jamás perderá su magia. Y el buen gusto se trasmite de generación en generación… como todas las cosas. Mis hijos(19) también lo eligen… Besitos. Silvi.

Gabiprog dijo...

Particularmente me gusta la expresión multifuncional que reza en los nuevos auditorios municipales, también estaría bien que estuvieran ‘multiutilizados’, sería un signo de buena gestión.