miércoles, 23 de septiembre de 2009

El sueño de la Arcadia (2)


Hay sectores de población que sufren llamativamente la aceleración del proceso de globalización de las últimas décadas, arrumbados por su vértigo, y que la sociedad suele tratar como desechos en su relación al conjunto, una parte prescindible para el futuro: los ancianos son el más numeroso. En los países en los que la cobertura familiar o las redes públicas de atención socio-sanitarias funcionan, estos sectores aparecen cuidados, protegidos, pero nunca tendrán la consideración de sujetos de la historia porque su número final y sus circunstancias no afectan al resultado. Es mucho más dramática su situación en los países en los que, además, no existe una red pública de atención.

Hubo un tiempo en el que la gente podía nacer, vivir y morir en un mismo lugar sin que en su entorno se produjeran grandes cambios: no siempre era bueno, es más, casi nunca, pero la agradable sensación que transmite la seguridad del orden conocido bastaba para que los mayores se sintieran bien. Se generó, por lo tanto, la idea de que el auténtico refugio era ese lugar inalterado que permanecía fiel a unas señas de indentidad, unas tradiciones y unas determinadas maneras de pensar y hacer las cosas. En realidad, se soñaba con el paraíso perdido de la infancia y se mentía uno a sí mismo con la ficción de seguridad y estabilidad.

Algunos teóricos contrarios a la globalización ensalzan aquella época (aquellos espacios) de una manera en la que nunca existió: la falta de movilidad solía darse por el control ideológico férreo, un reparto de la propiedad de la tierra y el capital que depositaba todo en manos de unos pocos sin apenas clases medias y el escaso horizonte de la mayor parte de la población, que sólo salía de su patria chica para el servicio militar o la guerra. Un espacio de vida poco permeable y controlado. A la mujer, en ese estado de cosas, nunca se le otorgaron grandes derechos.

En su lugar, que apenas comprendía unos pocos quilómetros cuadrados, la mayoría de los habitantes eran dominados por las llamadas fuerzas vivas económicas e ideológicas, que patrocinaban una moral única. Por eso, cuando alguien levanta como bandera esos tiempos para enfrentarse a la globalización y proponer el refugio en los llamados nacionalismos, sin más, defiende intereses del poder tradicional frente a las nuevas formas de poder internacional. Hay nacionalismos modernos que no se ajustan a esta descripción, por supuesto, pero todos, hasta los más modernos, fabulan con un pasado que jamás existió como justificación sentimental de sus propósitos.

Me sorprendo a menudo, en los últimos años, hallando en algunos sectores de lo que antes se llamaba progresismo de izquierdas una visión idílica del pasado muy cercana a lo que he descrito cuando se enfrentan a la globalización, sobre todo en ciertos sectores de nacionalismos europeos y algunos populismos de los varios que hay por el mundo. A menudo he oído una defensa de retorno masivo a lo rural y lo ancestral en estas ideologías, sin explicar todo lo que ese retorno implica y que suelen definir lo ancestral a su conveniencia y no como fue. En gran medida también también se detecta en una parte de las ideologías indigenistas, que suelen esconder los aspectos de la realidad histórica que menos favorecen el retrato, más voluntarista que cierto. Curiosamente, sus programas de actuación hacia el futuro no suelen corresponderse con esta visión del pasado que sostienen: porque, sencillamente, no se puede. No me choca tanto verlo en ideologías que tradicionalmente se definían como derechas, que siempre han justificado gran parte de sus acciones en el fervor de lo patriótico, una de las construcción mentales colectivas más perjudiciales de la Historia humana. Se necesita repensar urgentemente las claves del progresismo para proponer modelos válidos en la nueva realidad para no dejar el campo abandonado a las fuerzas más activas del mercado global puesto que, como se ha demostrado, éste no corrige solo sus defectos, tal y como sostienen los defensores del neoliberalismo que ha campado en los últimos años en el mundo.

Hoy, las personas que por edad, enfermedad u otras circunstancias, quedan apartadas del ritmo de productividad económica en las ciudades suelen caer en la ficción del barrio. Esto aún es válido en localidades muy pequeñas, porque en el resto se han alterado tanto los barrios residenciales que han generado una patología geriátrica que estudian los psicólogos: la desorientación de nuestros mayores. En las ciudades, muchos viejos no salen de sus barrios o de sus calles casi nunca: la ciudad se les ha vuelto hostil, a pesar de que sus condiciones de salud son mucho mejores que los que tenían su misma edad cuando ellos eran unos niños. Guardan la esperanza de lo seguro, del refugio en el último fuerte que ponga dique a los cambios que los desorientan. Cuando salen de los límites de sus calles conocidas, todo ha cambiado: las luces, los comercios, las gentes, el mobiliario urbano.

Sin embargo, ya no hay posibilidad de refugio. A los cambios radicales en la tecnología, se suma que, en pocos años, sus vecinos se han muerto o han vendido sus casas para marchar a barrios mejores, con sus hijos o a residencias y ciudades construidas para su atención en el final de su vida y, en su lugar, llegan personas de otras culturas, color de piel, religión y lenguas. Las tiendas cambian sus rótulos y se hacen incomprensibles. Y en sus estanterías, aparecen productos que no son los de siempre. En los parques se reúne gente para cantar músicas de otras tierras. Y su calle se les ha convertido en un laberinto.

El arte se ha vuelto sensible a estos cambios y los intenta reflejar desde diferentes ángulos. Citaré dos ejemplos recomendables: la lúcida novela de Óscar Esquivias Viene la noche y la película de Clint Eastwood Gran Torino. Desde ángulos y soluciones muy diferentes surge la misma realidad.

Pero el fenómeno no es sólo algo relativo a los viejos reflejados en estas dos obras de arte: hay formatos sociales, propuestas políticas y tipos de gobierno que sufren la misma desorientación y que, ante la globalización han decidido buscar el último fuerte en la ficción de un pasado que ya no existe y que ni siquiera es el que diseña sus decisiones. Seguirlos implicaría ceguera e irresponsabilidad, porque suelen generar fricciones y enfrentamientos, a veces guerras, como en los nacionalismos extremos o en los fanatismos religiosos. Los políticos que defienden estas posiciones suelen jugar con las emociones más fácilmente manipulables de la población: en realidad no son parte de las soluciones, sino de los problemas.

32 comentarios:

Isabel Huete dijo...

Lo peor es enquistarse en una idea para que sirva de refugio ante una realidad que se muestra árida, sin duda. En lo económico, la globalización, de momento, ha servido fundamentalmente para abismar las diferencias entre las partes del mundo más ricas y las más pobres, con las consecuencias visibles de la diáspora de la gente del tercer mundo hacia el primero buscando una prosperidad en ningún caso garantizada y provocando la pérdida de la vida en demasiadas ocasiones al intentarlo.
En el mejor de los casos han conseguido un trabajo casi siempre precario e incapaz de igualar su nivel de vida al nuestro. Quizá mejoren su situación respecto a sus países originarios pero en ningún caso salen ganadores de nada. La globalización de la competitividad es una falacia: si seguimos el camino actual, nunca los países pobres podrán competir con los ricos, todo lo más conseguirán que se instalen cada vez más multinacionales ajenas en su territoria para aprovecharse de unas materias primas que ellos no pueden explotar por falta de recursos, formación y tecnología.
Y es que la globalización, que podría ser tan positiva (y, de hecho, para muchas cosas lo es) para erradicar el hambre y la pobreza, fue una idea que surgió de la caja fuerte de los grandes capitales cuyos intereses nada tienen que ver con los del común de la población. Otra cuestión es que ello haya contribuido a que se vayan globalizando muchas otras cosas beneficiosas, como la cultura, la investigación, la industria, la sanidad, los transportes, etc. Pero es innegable que hay quienes disfrutamos de sus avances positivos y quienes no se benefician en nada sino todo lo contrario. Y siento decirlo: va a peor para estos últimos.
Cuando uno, por muy querido que sea, ve que en su familia hay problemas, que las cosas pudiendo ir bien sin embargo van mal, viendo defraudadas sus expectativas, tiende a encerrarse en su cuarto para no sentirse afectado, con sus cosas, con sus recuerdos de lo que fue y ya no es, con sus miedos. Es una forma de huír de la realidad por el rechazo que le provoca.
Eso pasa a las pequeñas comunidades: se sienten más seguras manteniéndose en la endogamia, como si eso las salvaguardara de todo lo ajeno que no les satisface, como si manteniéndose en lo pequeño, en la corta distancia, se sientieran más fuertes. Y para la inseguridad que genera la vejez no hay nada más rentable que potenciar el localismo y adoctrinar a distintos grupos para que hagan de coriferos.
A la parte peor de la globalización, que es grande, no hay que negarla sino combatirla mediante pequeños actos guiados por grandes principiosa.
El enrocamiento es la versión negativa de la solidaridad, es la defensa numantina de un espacio tan pequeño que a la larga acabará asfixiándonos.

Se nota que este tema me pone, eh?
Jajaja.
Besucos gorducos.

KAZAKHSKAYA dijo...

Hace 26 años,creí que la URRSS duraria otros cien. Así que no veria su colapso.

Apareció internet años depues y a la gente del barrio (la acequia)le enseñé la foto de estos soldados de la república de KAZAKHSKAYA de visita en la capital.

Cornelivs dijo...

Perfectamente entendido, Pedro.

Es cierto: algunos politicos se estan reinventando ahora la historia, a fin de justificar algunos injustificables postulados.

Curiosamente, algunos de esos postulados han contado con el apoyo de la iglesia: curioso, ¿no? El triangulo de oro de la sociedad rural: maestro, medico y cura del pueblo. Triste es perder poder, pero hay que saber asurmirlo.

Esta gente...uff.

Estupendo analisis, repito.

Un abrazo.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

la globalización..es que nunca aprenderé a distinguirla al progreso...cuando tiende al bien común bendita sea...pero al contrario hunde a los pobres en la pobreza más absoluta...

Todo como dices a derivado al abandono, a la velocidad, al no tiempo, a las prisas, al egocentrismo, a la impersonalización...volver al indigenismo...al pueblo sin luz artificial...aulgún día me lo plantee con mi pareja..dejarlo todo y cambiar a la paz, a la calma, a saborear el tiempo... es el tiempo que nos tocó, y lo peor es que vamos encaminados a engrandecer dicho globo.

saludos

elisa...lichazul dijo...

globalización, es buena , es mala, es correcta, es absoluta, es , es , es

todo y mucho más sin duda, todo depende de la subjetividad con la que se usa y como se maneja:=)

la historia , es otra verdad que se refacciona cada ciertos tiempos, lo que ayer era concluyente, hoy es todo relativo, y lo que hoy es relativo, mañana será lo que será para cambiar según la marea dominante jajaja

el hombre a través de toda su existencia a tratado de imponerse y lo seguirá haciendo porque es su naturaleza, es así de simple y habrá quienes cedan y quienes resistan
ley de vida jajajja

bsitos primaverales:=)

Merche Pallarés dijo...

Se acaba de borrar mi comentario...grrr... Lo repito.
Decía que la vejez, que es una putada, y yo que soy una pre-anciana y he sido globalizada antes de la globalización, no echo de menos un barrio ni las cuatro esquinas de mi entorno porque no las he tenido nunca. Simplemente dejaré que el viento me lleve y el sol y sus lunas me iluminen. Solo pido SALUD para ir capeando el temporal y afrontar el incierto futuro de la mejor manera posible. Besotes, M.

Merche Pallarés dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Merche Pallarés dijo...

Perdona, Pedro, he querido borrar ese segundo comentario (el primero no se grabó y el segundo ha salido dos veces...) pero no puedo. Se ve que Google está haciendo de las suyas... Besotes de nuevo, M.
P.D. Igual luego se borra y no sabes de qué hablo y pienses que ya estoy gagá...

Anónimo dijo...

Todo el mundo anda quejándose de lo mal que está todo, de lo injusto, de lo deshumanizados que nos estamos volviendo, de los poderosos, de los políticos etc... pero a la vez nos vamos dejando llevar por la corriente porque decimos que no nos queda otra opción, ¿será verdad? o es que en el fondo nos importa todo un bledo mientras a nosotros nos vaya bien. Por cierto, la película Gran Torino me gustó muchísimo. Besos Isabel.

Merche Pallarés dijo...

Ves ¡se borró! Ay, este Google va acabar conmigo... Besotes, M.

sedemiuqse dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
sedemiuqse dijo...

grrrrrr uuufff fue un error repito je

Me ha encantado tu exposición. Patriotismos, independencias,razones. ...nos dominan. Yo pienso que la evolución esta en la unión y no en la desunión. Está claro que nada ha funcionado hasta hoy: religiones, política,etc, etc...

Todas las creencias traen conductas, no se puede cambiar las conductas si no cambiamos las creencias.

Otro problema es la razón (hacemos cualquier cosa por llevar la razón) y esa razón solo existe en el pensamiento y los pensamientos se basan en las creencias.
¿Tendremos que cambiar las creencias?
besos y amor
je

Manolo dijo...

Suscribo toda tu exposición, Pedro.
Un abrazo

Hernando dijo...

Hasta la tercera edad está globalizada, leyendo tú entrada me ha venido a la cabeza el libro de Delibes, "La hoja roja" es la metáfora del librillo de liar tabaco que cuando quedaban solamente 10 hojas blancas salía una roja para avisarte que el librillo se acababa, la jubilación también nos avisa que ya no somos unos niños, por aquél entonces la preocupación era llegar a la jubilación y cuánto se iba a cobrar de jubilación, ahora según el partido que gobierne te dicen que la seguridad social está en bancarrota, (que no vamos a cobrar esa jubilación soñada) y los otros que hay superavit, mientras tanto jubilaciones anticipadas de gente muy valiosa y que aún quiere seguir trabajando. Si la globalización es eso y llevarse la produción a otros países no para que haya un desarrollo y un bienestar sino para que el producto final salga económicamente más barato y venderlo en los países desarrollados más caro, creo que es una nueva forma de imperialismo, sería un imperialismo económico donde las metrópolis vivirán y viven estupendamente con una buena cohesión social y las colonias seguirán malviviendo y con un yugo en el cuello como siempre se ha hecho.

Anónimo dijo...

Un tema verdaderamente apasionante Pedro. Siempre me ha gustado un retorno a lo rural sin despreciar ni alejarse de los avances de la ciencia, como un retorno a los ciclos naturales.

Nunca me ha gustado que esto pertenezca a una ideología. Al menos a las actuales.

Un abrazo admirado por tu clarividencia.

Goathemala

Jan Puerta dijo...

En los últimos cinco años he tenido la oportunidad de vivir la globalización desde diferentes países, ámbitos e ideologías. Si los abuelos -de las grandes ciudades o poblaciones que por su número de habitantes creen serlo- están desorientados con tanto cambio e innovación cíclica, imagínate un pobre habitante del interior de cualquier país centro o sudamericano cuando ve las noticias en un canal por cable. Personas que nunca han visitado la capital de su país o simplemente nunca han visto el mar o inclusive jamás han llegado a tocar la nieve.
Somos unos privilegiados en este aspecto amigo Pedro. A pesar de estar desubicados por nuestra manera de pensar ser u obrar, tenemos el sufriente raciocinio lógico para analizar que esquina es la mejor para nuestras tardes sombrías o bien que animo es el necesario para capear nuestro presente.
Hay una generación más perdida de lo habitual. A caballo entre la tecnología y el trabajo con sus manos. Una generación donde la lógica era que si uno no se levantaba para ver el sol y se acostaba al oscurecer, no comía en invierno.
Hoy todo parece más simple. Es el peaje insustancial que uno paga por tantas modernidades evolutivas. Quizás uno debería de haber evolucionado hacia la comprensión de las cosas mediante la lectura y nuestra capacidad asimilativa nos sería mucho más favorable.
Tu análisis, metódico, concreto y demoledor con la clase política a pesar de la sutil pincelada con la que la acaricias merece mi respeto y mi total consideración. Espero que cualquier esquina laberíntica en la cuan crucemos nuestros pasos nos sirva para reírnos jocosamente de tanta globalización.
Un fortísimo abrazo

Silvia_D dijo...

No sólo los viejos están desubicados... yo, también lo estoy y cualquiera que no entre en los cánones "normales"... por eso, me escondo aquí ;)
Besos

Selma dijo...

Me siento muy pequeña ante tu magistral Exposición y los Comments que se van sucediendo...
Enhorabuena y gracias, es un lujo leerte, Pedro.
Un beso.

Mafi dijo...

Hay que ponerse un vestido para cada ocasión, aunque a veces se puede repetir el modelo, nunca conviene abusar. Lo peor, disfrazarse de lo que uno no es para engañar y hacer ver lo que no hay, esto es lo que nos va a conducir a la ruina, el engaño, la trampa y la prepotencia. :(

FERNANDO SANCHEZ POSTIGO dijo...

Gran artículo. Invitas a reflexionar. "GRan Torino" viene muy al caso, es una obra maestra. Un abrazo.

Myr dijo...

Que importante es repensar junto contigo, las claves del progresismo para poner modelos válidos en la nueva realidad y no dejar campo orégano...a x.

Sólo comprendiendo que éste es un proceso que no puede detenerse,y entendiendo como funciona, es que podremos asumir la nueva realidad y cambiarla desde adentro, entre todos, con vistas al bien común. Es decir, cambiar lo malo, porque también hay cosas buenas.

Un abrazo vacacional

pancho dijo...

De momento la globalización nos ha traído el hundimiento de muchos sectores de producción. En España se traduce en cinco millones de personas que han quedado fuera del sistema (esperemos que sea temporal, por el bien de las barbas propias). Ellos son los que realmente sienten el efecto directo. El indirecto lo sentimos todos al ser imposible bajarse de un vagón en marcha, tampoco ético que los que nos hemos beneficiado de la bondad del sistema nos queramos ahora desligar que pueden venir mal dadas.

Antonio Aguilera dijo...

Los ancianos, junto a los niños y jovenzuelos, son los eslabones màs fràgiles de esta cadena globalizadora.
Como muestra un botòn: Los japoneses estàn llenando las residencias de ancianos de la Costa del Sol con sus respectivos ancianos. Aquì los tienen bien calentitos. Conectados con las ùltimas tecnologìas, con las que hablan y se besan a diario.
El ritmo de trabajo japonès no puede albergar allì a sus mayores.

Concluyo con tus siguientes palabras, que nos debieran de obligar a realizar una profunda autocrìtica y revisiòn de este caduco sistema:
"Se necesita repensar urgentemente las claves del progresismo para proponer modelos válidos en la nueva realidad para no dejar el campo abandonado a las fuerzas más activas del mercado global puesto que, como se ha demostrado, éste no corrige solo sus defectos, tal y como sostienen los defensores del neoliberalismo que ha campado en los últimos años en el mundo."

Buenos dìas

Antònia Pons Valldosera dijo...

No existen los paraísos perdidos. Y nadie con dos dedos de frente querría volver atrás. Eso debe ocurrir porque la memoria es frágil y selectiva.
Sigo atentamente estos post.
Te deseo un buen día y te mando un abrazo.

marga dijo...

Lo primero, me quito el sombrero por “el gran torino” y clint eastwood
Seguidamente vuelvo a quitarme el sombrero (voy a coger frío en la cabeza con tanto desnudo nucal) por la entrada de hoy.
Es un tema de mil prismas, así que yo, voy a fijarme en las personas mayores-mayores.
Vivo cerca de una Residencia de ancianos, los veo pasear por el jardín como troncos a la deriva.
Cuándo la capacidad de aprender es escasa ¿cómo enfrentarse al mundo cambiante? el euro les sumió en un mundo sin precios, el móvil les acercó a sus hijos (con suerte) y les alejó del resto del universo, internet no existe.
Los cambios se suceden supersónicos ¿en qué momento dejaremos de poder atisbar lo que llega? ¿Cuándo nos tocará a nosotros tirar los remos?

São dijo...

Clint Eastwood é alguém que muito aprecio, sabes?
Acho-o inteligente e teve a arte de saber envelhecer , o que nem toda a gente consegue.

Um abraço, amigo mio.

Euphorbia dijo...

Lo difícil hoy en día es no estar desubicado y la gente mayor más que nadie, porque cuanto más mayores nos hacemos más nos cuesta afrontar el cambio en este mundo nuestro que jamás había cambiado tan deprisa como lo hace ahora.

Me he acordado de La caverna de Saramago, del artesano que va con su mercancía a venderla a un gran centro comercial y ya no se la quieren comprar porque los compradores piden otras cosas, más baratas aunque uniformes. Aquí entraría el tema "made in China" que ha dejado ya a muchos en el paro.

jg riobò dijo...

Magnífica Gran Torino.

La globalización nos ha traido los no lugares; no sabemos donde estamos pues todos son iguales. Con las personas pasa igual.

jg riobò dijo...

Magnífica Gran Torino.

La globalización nos ha traido los no lugares; no sabemos donde estamos pues todos son iguales. Con las personas pasa igual.

Fernando Portillo dijo...

Tienes razón de principio a fin. Por mi parte, hago mía la frase del periodista catalán Ramón de España en su libro "España mon amour" cuando dice. "De todas las ideas a las que el hombre se ha agarrado desde el principio de los tiempos para esquivar el horror de la existencia, el nacionalismo es probablemente la más estúpida". Y la más peligrosa, añado yo.
Y sí; a pesar de que aún no he llegado al límite de la tercera edad según los cánones oficiales, yo me estoy aislando en mi barrio porque el resto de la ciudad cada vez se me hace más horrenda, extraña, inaccesible, y repleta de elementos extraños que me repelen y de prohibiciones que la hacen intransitable. Y también: mi barrio, en el que nací y he vivido toda mi vida, se me está volviendo poco a poco hostil y desconocido, socialmente degradado, lleno paulatinamente de personas y establecimientos que me suenan (literalmente) a chino. Y yo me voy replegando como un caracol y cada vez salgo menos de casa porque la calle y el mundo y la gente cada vez me gustan menos. No sé si esto tiene que ver con la globalización, pero es lo que me pasa y lo has descrito perfectamente

Kety dijo...

Habría que matizar lo que se echa de menos del pasado y lo que no.

Tienen que desaparecer varias generaciones para que las cosas se vean con más claridad. Sobre todo, respecto a los derechos de la mujer.

BIPOLAR dijo...

En el Show de Truman sucede lo mismo. La felicidad reside en el universo conocido: el decorado del pueblo. Sin embargo, la vida del protagonista es artificial

Nuestra generación quizá tampoco sea capaz de reaccionar a la evolución del mundo y nos sintamos tan perdidos como los ancianos de hoy en día, pero está claro, que como individuos se nos exige una mayor capacidad de reacción y adaptación. Adaptarse o morir.

Desconozco esas teorías indigenistas, pero sí creo que tarde o temprano, habrá que recuperar el contacto con la naturaleza.

Una entrada enriquecedora y que merece varias lecturas más. Los comentarios muy nutritivos. Especialmente me ha encantado el de Isabel por su víscera escrita y el de Merche por su optimismo. Hasta te ha escrito un señor prisionero de Azkabán.