miércoles, 12 de noviembre de 2008

La falacia de enfrentar Universidad vieja a Universidad nueva (3).


Tras las primeras reformas universitarias, a partir de la Transición española, en las que también se oían las mismas argumentaciones que ahora sobre lo viejo y lo nuevo, nació una Universidad que tenía, como reto fundamental, la modernización de la institución para adecuarla a los cambios sociales, su democratización interna y responder al crecimiento tanto en titulaciones, campus universitarios y número de alumnos. En gran medida, se logró.

Esta Universidad, ha tenido todos los problemas lógicos derivados de su crecimiento. De pronto, las aulas se llenaron de un tipo de alumnos que, hasta ese momento, no accedía a los estudios universitarios (este hecho tiene una explicación sociológica y ha servido para elevar el nivel medio cultural y profesional del país). La masificación provocaba que muchas titulaciones no pudieran dar cabida digna a la demanda: ni había pupitres para todos en las aulas, ni libros suficientes en las bibliotecas, ni espacios adecuados para el nuevo tipo de enseñanza, ni el ritmo de adaptación era el más conveniente. Todo ello, a pesar de la inversión económica que se tradujo en nuevos edificios y dotaciones y en el aumento considerable de la plantilla de profesorado y personal de administración y servicios. Pero la distancia con las mejores universidades mundiales era considerable y no siempre se planificó bien el gasto. La Universidad española, hablando en su término medio, no ha estado a la altura de la inversión que ha hecho la sociedad en ella, tanto económica como en confianza para la formación de los profesionales de alta cualificación. Dudo de que haya muchos países que tengan un número de campus y edificios académicos tan nuevos como los que existen en España, en los que se haya dado una renovación tan completa de los aparatos, un sistema tan completo de informatización. Y un aumento tan considerable en la plantilla de profesores y personal administrativo.

Se contrató a muchos profesores con escaso sueldo y sin experiencia, que debían adquirirla no como el antiguo Adjunto, sino a las bravas: al día siguiente de ser licenciado se daba clase en la Universidad, sin superar ningún tipo de curso formativo. La mayor parte de los profesores de este tiempo, además, se veían acuciados por su carrera académica: debían dar clase, investigar, defender su Tesis Doctoral, ir a Congresos, publicar y sustituir, sin ningún tipo de reconocimiento, a los Catedráticos y titulares. Todo ello a la vez. Como la docencia no era contemplada como verdadero mérito, la parte que se solía resentir era ésta y abundaban los profesores que daban clase con sus apuntes tomados como alumnos unos pocos años antes, de materias en las que no habían tenido suficiente tiempo para formarse ni leer las novedades. En estas condiciones, hay que tener mucho amor a la profesión para que tus clases sean todo lo buenas que deben ser. A pesar de todo, muchos profesores vencieron este reto, pero dependió más de su voluntad de hacerlo bien que de la estructura en la que se alojaban.

Las bibliotecas no pudieron responder a aquella demanda. Y, aunque ya comenzaban a traducirse y publicarse más manuales, aun no eran tantos como se necesitaban. Poco a poco, se ha conseguido que el de los bibliotecarios universitarios sea uno de los sectores que más y mejor han progresado.

La libertad de cátedra se extremó hasta el punto de que los profesores podían hacer lo que les diera la gana en sus clases sin ninguna traba: por ejemplo, dar dos o tres temas de un total de veinte, cambiar cada año el programa de sus asignaturas sin dar cuenta a nadie ni responder a una coordinación con los otros profesores de la titulación. Todo esto es posible hoy en día porque han fallado los niveles que deben controlar la docencia, desde la exigencia del alumno, más preocupado de terminar la carrera que de formarse, hasta las autoridades académicas, dedicadas sobre todo a coordinar los aspectos epidérmicos.

No había prácticas profesionales de ningún tipo, salvo en unas pocas carreras. El aprendizaje era mayoritariamente teórico y consistía en la memorización de cosas que uno no volvía a necesitar nunca en su vida profesional en muchos casos y que se aprendían de una manera que tampoco aportaba herramientas metodológicas.

La autonomía universitaria, clave para que cada Universidad mejore y sea competitiva, y que se arbitró para ajustarse a la nueva realidad política española y con la idea, entre otras, de acabar con el predominio de las grandes escuelas de cada una de las especialidades, no trajo los resultados apetecibles: las plantillas crecían a capricho, sin más criterio que las fuerzas de los catedráticos o grupos locales. Los tribunales de oposición eran propuestos en ámbitos internos y podía darse que el mismo que aspiraba a la plaza nombrara a gran parte de sus miembros, asegurándose la continuidad en la misma universidad que se había formado y dado sus primeras clases. La situación ha ido agravándose hasta que, en el momento actual, gran parte de los contratados en los últimos años proceden del mismo centro en el que van a impartir la docencia.

Se construyó, al final, una Universidad con una plantilla sobredimensionada. Una de las consecuencias fue que, cuando se reformaron los planes de estudio, ya en manos de los profesores de cada Universidad, aparecían asignaturas y recorridos más pensados para dar cabida a estas plantillas que para fomentar la calidad del conjunto.

Las dinámicas de esta Universidad han dado lugar a lo que tenemos en los últimos años, tanto en lo bueno como en lo malo. Agudizada la situación con el descenso de población, tenemos profesores que no completan su dedicación docente: es decir, que dan muchas menos clases de las que podrían dar. Una plantilla, por lo tanto, no adecuada que no se justifica ni siquiera por criterios de calidad. Con el agravante de que, en algunas áreas, sus profesores sí imparten el máximo de su dedicación mientras en otras están a la mitad de rendimiento o menos, sin que esto tenga ningún tipo de influencia en el sueldo, en el curruculum académico ni a la hora de optar a una plaza mejor. Pasa lo mismo si hacemos la comparativa por centros: en una misma titulación, según en qué Universidad se encuentre, se tendrá diferente carga docente real.

A pesar de que todos reclaman la importancia de sus áreas con el objetivo de mantener su posición, esto no se concreta en un programa de relanzamiento de su prestigio: no hay interacción real con la sociedad, ni organización de eventos que de verdad den resultados, excepto en unos pocos campos.

La investigación, que podría ser un refugio, en muchas áreas es repetitiva, monótona y tampoco tiene un efecto en la sociedad, en la economía o en la cultura. Aunque ha aumentado el número de proyectos y las publicaciones, la mayoría son prescindibles. Los resultados no justifican la existencia de cientos de investigadores en un mismo campo. Con la mitad, se podrían garantizar los mismos resultados aprovechando mejor los recursos.

Por otra parte, como el alumno que ingresaba en las aulas tenía cada vez menor formación previa, más carencias académicas (especialmente en el campo humanístico), otra perspectiva ante el estudio y menor cultura del esfuerzo, la exigencia se ha desplomado.

La situación de los últimos años es de una grisura que alarma. Nunca ha habido tantos medios para la Universidad y, por lo tanto, estamos obligados a dar un rendimiento mayor. No cumplimos como deberíamos con la sociedad.

Ahora bien, hay profesores excelentes, algunos centros magníficos, departamentos dinámicos e investigadores de una solvencia internacional. Y los titulados salen al mundo laboral y son capaces de adaptarse. Pero la inversión económica realizada por la sociedad en estas últimas décadas no se traduce en verdaderos resultados: ninguna de las Universidades españolas aparece entre las 100 primeras del mundo cuando España es la octava potencia económica. Y muy pocas entre las mejores europeas.

Si alguien se siente molesto con esta caricatura, tal y como dije en la primera entrada, no tengo inconveniente en afirmar que esta Universidad es la mejor que hemos tenido y tendremos y rectificar todo lo anteriormente dicho tanto en lo que hace a los profesores, los alumnos y los políticos responsables de la regulación legislativa.

22 comentarios:

Fernando Portillo dijo...

No sé qué decir. Como padre me siento desolado. ¡Pobre hijo mío! Espero que consiga una Erasmus cuanto antes como le machaco cada día y que no vuelva jamás; qué duro es de tragar: jamás.

Fernando Portillo dijo...

Para aumentar mi desolación, acabo de leer los comentarios que cuelgan de la noticia acerca de la frustrada fiesta de Químicas en Diario de Burgos Digital. Si esto es lo que hay, sobra lo que tenemos.

manuel de la rosa dijo...

No habría mucho material..pero había interés y sin duda una idea de lo que suponía el esfuerzo...siempre demandé el cómo hacer las cosas y no tantos conocimientos....quería saber como enseñar historia pero no tantos conotendios conceptuales...saludos

Cornelivs dijo...

Aplaudo publicamente este post, que revela un muy profundo y exhaustivo conocimiento de la situación por tu parte, Pedro.

Lo has dicho tu todo. ¿Qué mas puedo yo añadir?

Lo que sí es cierto es que me preocupa el tema enormemente, sobre todo pensando en mis tres hijos.

Y, por cierto, no creo que deba ofender a nadie este post, teniendo en cuenta la muy buena intención con la que creo que lo has escrito: con la loable finalidad de que nuestro nivel académico suba, y que lleguemos alguna vez a aparecer entre las 100 primeras del mundo.

Ojalá.

Un abrazo.

Merche Pallarés dijo...

Me ha gustado mucho tu post. Me has abierto los ojos en cómo se encuentra la universidad actual en España de la cual no tenía ni idea. Tampoco creo que ayude mucho el pique entre profesores (como el caso de García Montero)... Besotes, M.

PILAR dijo...

Me dejas PLOF, Pedro.
Seguramente tienes razón, pero me deja un poso de bajón esta entrada.
Ya he comentado aquí que he pasado por la universidad en los años 80, osea en la Transición, claramente.
Bien, yo llegué a la universidad, ahora lo pienso al volver atrás la mirada, con una ignorancia suprema acerca de la vida. Creo que mi base era buena, había sido una buena estudiante y no sentí un gran salto al pasar a la universidad. Realmente no me costó.
A mis 18 años reconozco que no me planteaba nada acerca del mundo universitario, insisto era una total ignorante en este aspecto.
Sí he de reconocer que mi primer encuentro con la universidad fue en la ventilla para hacer la matrícula, tengo un recuerdo funesto de aquella experiencia. Yo era becaria, con lo cual tenía que presentar más papeles de lo normal, y recuerdo la antipatía de la persona que me atendió. Amén de las grandes colas que teníamos que hacer para matricularnos.
Después de esto, recuerdo efectivamente que mis primeras clases eran masivas, había que llegar media hora antes para poder coger sitio, y no tener que sentarse en el suelo. Tal vez eso le daba más atractivo a ir a clase. A lo mejor por la tontería de pensar que el hecho de que había mogollón era porque aquello que se impartía era muy interesante.
Poco a poco fuí pisando suelo, y me costó poco sacar mi espíritu crítico y darme cuenta de la diferencia entre unos y otros profesores. Ya lo he dicho que he tenido de todo. Les había que tal cual iban leyendo, te daban una pequeña bibliografía y en paz. Pero, la verdad, que no sé si porque soy positiva, en general creo que he tenido buen profesorado. También recuerdo, como tú comentas, profesores recién titulados, que tendrían 5 años más que yo, esos en general no eran admirados, algunos tartamudeaban, otros titubeaban...y aquello lógicamente, y en esa edad nuestra, era fruto de mofa y burla.
En fin, no quiero alargarme...
Sabes que me encantan estas entradas. Porque creo que mis seis años como estudiante y mis doce años trabajando en ella me dan experiencia personal para poder conocer no sé si en profundidad la universidad.

Gabiprog dijo...

¿Exigencias en la calidad de la formación por parte del alumnado?
Este alumnado viene de un pozo educativo que ha sido zarandeado de acuerdo a cada viento político. Esa educación inicial es la que necesita unas directrices continuadas que vaya perfilándose en un objetivo de mejora continua. Por el contrario, ello ha sido objeto y herramienta política. Hablo de una sistemática consensuada que vaya más lejos que los periodos electorales y las promesas de campaña.
El alumnado piensa en los títulos como líneas de un CV y en la posibilidad de que ello se traduzca en más miles de euros brutos al año...
Buuufff...

DianNa_ dijo...

Que panorama, Pedro :(.

Besos bajo la lluvia :)

Francisco O. Campillo dijo...

Permitidme una anécdota breve que creo que es ilustrativa.

Para aprobar el Cálculo de 1º de Ingeniería Técnica me estudié de pe a pa el Piskunov Edit. Mir y el Deminovich (ambos de la antigua URSS). Las integrales eran de aúpa.
Yo provenía de la antigua FP y tuve que resolver más de 3.000 de aquellas integrales (una a una) para adquirir el nivel que me permitió superar la asignatura. Uno de los días, me pusé con un libro americaco, del MIT Instituto Tecnológico de Massachusetts. Los problemas me parecieron de "juguete".
El caso es que el MIT está considerado la cúspide en diferentes áreas de la ingeniería, fundamentalmente en las que podríamos considerar en la frontera del conocimiento actual. La URSS, ya sabemos todos como quedó.
¡Ah! En estos veinte años, jamás he tenido que resolver una integral para ganarme el pan ;-)

Paco dijo...

Pedro, tu post me lleva inevitablemente a esta noticia aparecida recientemente en la mayoría de los medios de comunicacion de Málaga:

Los estudiantes de la Universidad de Málaga (UMA) otorgaron al 90 por ciento de sus profesores una calificación media de notable, en concreto un 7,62, según una encuesta realizada por el Centro Andaluz de Prospectiva, de la que informó hoy la rectora, Adelaida de la Calle. El 10 por ciento restante no obtuvo un informe positivo por parte del alumnado, un porcentaje que, no obstante, ha disminuido, puesto que en el anterior estudio era de un 17 por ciento.

Las titulaciones mejor valoradas fueron Filología Clásica, Ciencias Actuariales y Financieras, Podología, Historia del Arte, Filosofía, Filología Inglesa, Audición y Lenguaje, Educación Social, Ingeniero en Electrónica e Historia. En este sentido, De la Calle afirmó en rueda de prensa que "todas las titulaciones y todos los departamentos obtuvieron la calificación de notable".

En total, se realizaron 80.1226 cuestionarios, que constaron de 39 preguntas cada uno. Así, se contabilizaron 3.124.914 respuestas y se evaluó a 1.787 profesores de 60 titulaciones y 161 áreas de conocimiento diferentes.

El director del Centro Andaluz de Prospectiva y catedrático de la Universidad de Sevilla, Antonio Pascual, señaló que un 88,3 por ciento de los alumnos aprobó el programa docente del profesor y, de ellos, un 45 por ciento le otorgó la máxima puntuación.

Pascual indicó que "en la UMA hay una buena fortaleza, ya que con una calificación de 8,6 los alumnos valoraron que sus profesores cumplen con la planificación docente, tanto en el horario fijado como en los días establecidos o la asistencia de los profesores a tutorías". En este sentido, expuso que "el 92,5 por ciento de los estudiantes consideró que sus profesores cumplen con sus obligaciones, mientras que el 7,5 por ciento opinó lo contrario".

Asimismo, declaró que "la debilidad de la UMA radica en la asistencia a tutorías por parte de los alumnos". De este modo, en el 53,9 por ciento de los cuestionarios, el estudiante no contesta a la hora de valorar el comportamiento de los docentes en las tutorías.

Aseguró que "la razón es que el alumno no es consciente todavía de la importancia de asistir a tutorías. Es una herramienta significativa para que el profesor cumplimente los conocimientos aprendidos en clase y, por tanto, para mejorar la calidad de la enseñanza", apuntó.

Por otro lado, Pascual informó de que "el 36,2 por ciento de los alumnos otorgó la máxima calificación posible (un 8,66) al dominio que el profesor tiene de la asignatura y ésta es una de las mayores fortalezas de la UMA". En este ámbito, agregó, "todos los ítems reflejan un aumento positivo con respecto a la valoración del pasado curso. Los alumnos destacan el elevado interés del profesorado por transmitir los contenidos con claridad".

MOTIVACIÓN

Además, Pascual aseguró que "la motivación de los alumnos mejora también respecto a cursos anteriores", pero alegó que "todavía queda mucho que hacer para aumentar la participación en clase". Así, el 22 por ciento de los universitarios consideró que sus profesores no les motivan en el aprendizaje, frente al 78 por ciento que aprobó esta labor. En este sentido, "los alumnos valoraron el hecho de que los profesores expongan ejemplos y situaciones prácticas en clase", manifestó.

En cuanto a las estrategias de evaluación de los docentes, destacó el cambio que se ha producido en los últimos años. Así, "el método ya no consta sólo del examen tradicional, sino que se ha implementado una evaluación continua". En este sentido, comentó que el 17,7 por ciento suspendió a los profesores en esta materia, mientras que un 82,3 por ciento les aprobó.

Por otra parte, el 90 por ciento de los encuestados valoró la relación entre el profesorado y el alumnado. Así, calificaron con un 8,4 el respeto por parte de los docentes hacia los estudiantes y el interés con el que les responden a sus inquietudes. El 10 por ciento suspendió a los profesores en esta materia.

Pascual señaló que la evolución de la nota media a los profesores es "más positiva" cada año, ya que ha pasado de un 7,31, en el curso 2004/05; a un 7,42 en el curso 2005/06; a un 7,56 en el de 2006/07, y a un 7,62 en la actualidad.

MEJORA ENTRE LOS PROFESORES

Así, indicó que un 60,4 por ciento de los profesores que tuvieron un informe negativo en el pasado curso han recibido ahora un aprobado por parte de sus alumnos. Además, destacó que "superar el cuestionario es un requisito importantísimo y necesario para que los profesores obtengan el certificado que les permita acceder a una plaza docente en la Universidad; de hecho, aprobar esta encuesta da al profesor ocho puntos de los 100 necesarios para conseguirlo.

De la Calle y Pascual resaltaron que el informe es confidencial, ya que "el objetivo es que los profesores conozcan, individualmente, sus fortalezas y sus debilidades y puedan mejorarlas para mejorar así la calidad en la enseñanza".

amador dijo...

Como no compartir todo lo que comentas en tu post, pero hay una afirmación con la que me identifico plenamente; la universidad española no ha estado a la altura del esfuerzo social y económico que se hizo en los 80 para arrancarla del túnel del tiempo en el que la había sumido la dictadura. Es cierto que hubo precipitación (urgía tener titulados fuera como fuera y abrir las aulas a los sectores que tradicionalmente no habían podido asistir a las mismas), falta de planificación, y un crecimiento excesivamente rápido y desigual, todo ello probablemente provocado por ese ideal de universalización de la enseñanza superior que pretendía así, solventar una injusticia secular. Pero pese al esfuerzo antes mencionado, la Universidad ha sido una institución poco dinámica, celosa de su status, demasiado dada a las camarillas de poder, escasamente práctica, indiferente a la necesidad de crear"auténticos profesionales" en los distintos ámbitos,....
La Universidad necesita urgentemente una segunda transición.

São dijo...

Que a Universidade de Espanha consiga resolver-se bem melhor do que a de Portugal, é desejo sincero.
Beso, Pedro.

Nerea dijo...

Ufff pues veo que la cosa esta muy mal.

Gracias por informar.

Besosss

XuanRata dijo...

Demoledor informe. Y certero, me temo. También en Asturias, como en Málaga,se han publicado hoy los resultados acerca de la satisfacción de los universitarios con su sistema docente y más de un 73% dicen estar altamente satisfechos. Si la estadística es cierta, lejos de desmentir tu analisis, Pedro, lo corrobora pues estaríamos ante una alarmante falta de espíritu crítico y un preocupante conformismo. También puede ser que éste sea precisamente el objetivo no explícito del sistema universitario en particular y educativo en general. Dios no lo quiera.
Otra estadística que sale hoy indica que Asturias es la primera región española en la compra de móviles de última generación. No sé si tiene algo que ver con el tema de hoy, pero lo dejo en el aire, como ejercicio para el espíritu crítico de nuestros universitarios todos.

Un saludo, Pedro, y que no decaiga.

Anónimo dijo...

"Chapeau" Pedro, no sobra ni falta una palabra. Genial. Un beso Isabel.

Edgardo dijo...

El problema universitario no es algo que le concierne solamente a España en particular, sino al mundo en general. Es verdad que siendo la octava potencia económica del mundo, las universidades deberían estar pasando por un mejor momento, pero, nada en estos tiempos que correr esta funcionando como debería, y la educación, o mejor dicho, la falta de la misma ha sido causa y efecto de la misma. De mas esta decir que el tipo de educación que se intento impartir ha sido asimétrico en toda su extensión, reducido simplemente a formar alumnos de poco vuelo académico, que simplemente fuera a buscar un resultado positivo a la universidad y vuelto un obrero cualificado pasara a formar parte del sistema productivo en general sin demasiada inteligencia o cuestionamiento. Por otro lado, los mas estudiosos y destacados, producto de un rectorado infantil, rencoroso y con aires de divinidad convirtió el saber, para esa elite universitaria en un saber aislado en particularismos asépticos, en saberes asilados, en formalismos lujosos y herméticos, en saberes que remiten a sí mismos y visualizan la unión con todo tipo de totalidad que los exceda como una contaminación vulgar, irracional, totalitaria o populista a la hora de engendrar efectos a partir de la educación que se les estaba impartiendo. La Universidad fue cómplice de esta realidad paupérrima en la que nos encontramos a nivel academia y a nivel mundial en general. Así, abiertas las aulas para un grupo masivo de alumnos demasiados mal formados, los docentes de poca monta se acercaron a cubrir puestos que faltaban por el solo hecho de tener un currículo como docente universitario, sin importarle demasiado el sentido de increíble vocación (es mucho mas que un trabajo). A los políticos y empresarios poco le importa esta situación, es mas, alientan la mediocridad universitaria, y amenaza al rectorado de ser populistas, en gobiernos donde lo popular es mala palabra. Así, algunos cómplices, otros culpables por omisión, y otros verdugos directos se dio una rendición no sólo incondicional sino gozosa ante las teorías de desagregación de saberes, teorías que reclamaban la insularidad del conocimiento, neokantismos como el giro lingüístico, olas “vanguardistas” que proclamaban el fin de los grandes relatos, de las ideologías, de la historia y, por fin, la globalización que se presentaba para arrasar las identidades nacionales,; de aquí que la Universidad haya perdido su condición de “Nacional”, ya que –para los protagonistas- lo nacional remite a la nación, la nación al Estado y el Estado a la totalidad y el totalitarismo. La Universidad nunca perdió la autonomía, sino que uso esa autonomía para separarse de la sociedad y de todo lo que tuviera que ver con las problemáticas nacionales. Así creció en volumen cuantitativo, pero nunca, cualitativo. Así con su saber vuelto sobre sí mismo, con su rechazo de la idea de totalidad para reemplazarla por el vértigo de los particularismos que generaron un movimiento irracionalista de particularismos absolutos que sólo se refieren a si mismos y jamás pueden ser totalizados en un totalización congnoscitiva, con su desdén por lo social, lo político, por el “barro de la historia”, por su formalismo exasperado (“no hay mas allá del texto”), por su exaltación de lo capillista la Universidad fue perdiendo el rumbo para siempre, y alumnos y docentes sin saber que hacer, estando en ese lugar de privilegio, pero estando allí por el simple hecho de estar ahí para alcanzar un titulo que les abra algunas puertas, conformaron una institución que simplemente fuera parte sumisa del sistema y no aventureros del saber.

Bueno, tengo que seguir camino y terminar un montón de cosas que debo terminar, te dejo un fuertísimo abrazo, creo que la Universidad peca de tener poca teoría, y para colmo, esa teoría esta demasiada alejada de la practica y sobre todo, de la problemática humana, lo que le reduce el campo de estudio, de acción y de razón.

HologramaBlanco

Mafi dijo...

Aquí si que me he visto reflejada, esta es la Universidad que yo he vivido, clavadica.

Kety dijo...

Menos mal que mis hijos hace años que acabaron, pero viene otra generación-mis nietos-, y espero que cuando lleguen, todo sea mejor.
Un abrazo

aaaa dijo...

Totalmente de acuerdo con lo que dices en el post.
Nosotros lo comentamos algunos profesores/as de la titulación, a veces es preocupante ver como los contenidos de algunas asignaturas se repiten; y eso se podría solucionar de manera no muy complicada y poco costosa con una mayor coordinación entre los docentes que imparten en una determinada carrera. También te das cuenta de que faltan algunos contenidos más prácticos que luego te serán de utilidad y que muchos de los profesores o profesoras manejan a la perfección y podrían facilitarte.
Un saludo.

BIPOLAR dijo...

Se puede decir más alto pero no más claro. GENIAL (aunque nos duela)

Anónimo dijo...

Leí el otro día una frase en un suplemento periodístico sobre Universidad que me llamó la atención, no recuerdo de quién: “El sistema universitario español es un sarcófago de tercera donde yace el conocimiento.” Siempre he pensado que lo mejor que le podría pasar a todas las investigaciones, trabajos o estudios universitarios es que lo conociera el mayor número de gente posible; divulgándolos en cualquiera de las posibilidades que hoy ofrecen las TICs, una vez que ya han sido amortizados en forma de méritos, créditos, sueldo o lo que sea para su autor. En Internet hay muchas cosas colgadas, pero muchas veces ocurre que están protegidas con contraseñas; es decir, tienen el acceso restringido. Pienso que sería una buena manera de abrir ese sarcófago para que más gente se pudiera aprovechar de esas investigaciones y no estar siempre empezando de cero.

Como podemos ver por tu excelente entrada no todo está mal en la Universidad: ha mejorado en edificios, bibliotecas, dotaciones, masificación… Lo que sí me parece preocupante es que la que debería de ser la actividad más importante de un docente; es decir, impartir docencia, se la adjudiquen por decreto al último que llega; o lo que es lo mismo al “pringao” de turno. Ya veo que pasa lo mismo que en mi sector: Educación Secundaria, donde lo que menos se valora son las clases que des, a pesar de que nos paguen por enseñar. Pensando en ello, creo que la mayoría de aquellas clases magistrales para cien, que nos daban en La Universidad, se habrían podido impartir por video conferencia (con posibilidad de replay, por ejemplo), descargando con ello de carga lectiva a muchos profesores, que se podrían dedicar a un tipo de enseñanza más directa con grupos pequeños de alumnos acompañados de un buen sistema de tutorías.

Respecto a que los alumnos van a la Universidad con un nivel inferior pienso que es cierto, aunque no en todos. Sin embargo, habría que añadir que el nivel de idioma es bastante mejor en la mayoría y gran parte de ellos presentan un buen conocimiento de Informática. pancho

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

FERNANDO: antes de la desolación, espera al canto de esperanza con el que intentaré cerrar esta serie. Pero en algo acierta tu desolación como padre: fuera, los hijos deben irse fuera a estudiar. Su mundo ya no es el nuestro.
En cuanto a lo que ha pasado en la Universidad de Burgos con las fiestas de los alumnos, he de decir que nunca me gustaron las celebraciones tal y como se estaban dando en los últimos años. Los alumnos tienen derecho a hacer lo que les venga en gana, pero la Universidad no debe facilitar ni tolerar determinados comportamientos en sus instalaciones.

MANUEL: eso compensaba, como dices, las carencias. Bien visto. Una de las cosas que abordaré en próximas entradas es cómo en la Universidad el alumno aprende por un estímulo de ampliación de conocimientos y esfuerzo que nace en las aulas pero no se da por entero en ellas. Pienso que es una de las cosas que se ha perdido.

CORNELIVS: me temo que si no hemos conseguido situar nuestras universidades ente las 100 primeras en un momento de bonanza económica, aun deberemos esperar un tiempo para lograrlo. Un abrazo.

MERCHE: lo que le ha sucedido a García Montero es sólo uno de los muchos ejemplos de cómo fallan muchas cosas en la Universidad española. Besos.

PILAR: esos recuerdos tuyos son los de muchos que vivimos aquella etapa universitaria con más o menos ilusión. En mi caso, era muy ilusionante: era el primero, en la historia de mi familia, que entraba en una licenciatura. Quizá la realidad me mató esas espectativas demasiado pronto.

GABIPROG: una de los grandes problemas de los estudiantes actuales es que vienen de un tipo de educación que tiene muy poco que ver con el sistema universitario actual: el desencuentro es brutal. Sus espectativas ante los títulos es la que señalas y por eso las actividades formativas que se les facilita de forma paralela -jornadas, conferencias, etc.- son seguidas por muy poquitos. Y tienen demasiadas carencias y demasiada vida cómoda. Pero aun guardan algo que les puede salvar: juventud. Tengamos esperanza.

DIANNA: es el que es. Besos.

FRANCISCO: enseñamos demasidas cosas inútiles y, además, tenemos la soberbia de pensar que nuestros titulados son los mejor preparados del mundo por esas cosas. Aunque todos los datos digan lo contrario.

PACO: gracias por la noticia, que no conocía. No puedo valorar esta encuesta de satisfacción, porque no conozco todos sus datos. Pero sí puedo decirte que la mayoría de estas encuentas están hechas, desde su confección, para que la nota sea un 7.5. Luego, necesitan ser "cocinadas" para hallar las desviaciones. En estos momentos, debemos creernos pocos de estos resultados: tanto por las preguntas, la metodología de las encuestas y su fin publicitario. La calidad va por otro sitio, como dicen todos los resultados internacionales.

SAO: esperemos que Portugal y España encuentren la fórmula. Besos.

NEREA: esperemos que mejore. Besos.

XUANRATA: podría decir mucho de cómo se hacen estas encuestas en la realidad: me gustaría saber qué porcentaje de alumnos han respondido, por ejemplo, para opinar sobre su validez.
Me temo que lo de los coches sí tiene mucho que ver. Sí.

ISABEL: gracias. Un beso.

EDGARDO: cuánta razón tienes en tus afirmaciones. La Universidad sólo ha cumplido con su papel social en el hecho de que extiende un buen número de títulos, pero ha fallado a la sociedad en muchas cosas. Debería corregirse. De ahí este análisis mío: para ser mejores.

MAFI: así hemos sido, yo también.

KETY: cada generación deberá lidiar con los sistemas de enseñanza que tienen a su disposición. Espero que todo mejore: puede hacerse. Un abrazo.

AAAA: no hay coordinación, en efecto, hay ausencias notables. Esta es una de las cuestiones que trataré en próximas entradas. Un saludo.

BIPOLAR: a veces, para reaccionar hay que provocar dolor.

PANCHO: en efecto, una de las cosas que más me duelen en el ambiente universitario actual es que la docencia se deja a título de inventario y sólo la vocación te hace esforzarte. Es una de las primeras cosas que deben corregirse: nuestras plazas son, en primer lugar, de profesores. Sólo en algunos centros hay investigación sin docencia. Los demás deberíamos convertir la docencia en nuestra principal preocupación.
Tienes razón en tu último párrafo. No me expliqué bien. Debería matizar que me refería a cierto tipo de conocimiento y motivación. Lo comentaré en otro momento.

Gracias a todos por vuestros comentarios. un abrazo.