viernes, 21 de agosto de 2026

Gorriones

 


Esta asombrosa temeridad de los gorriones que se acercan a comer las migas de tu mesa. Uno, dos, tres cuatro, en confiada alegría. Recuerdo cuántos en mi infancia de las afueras, como si escoltaran la memoria. Los de la barriada los cazaban con tirachinas, con carabinas de aire comprimido y en los bares de aquel barrio de aluvión los servían fritos, como tapas, con un clarete de cigales. Ponme unos pajaritos, decían los hombres, para que no cayera el vino en vacío. También torreznos y unas aceitunas. Tapas de los lugares de antes, de mostrador alto y suelo lleno de envoltorios de los terrones de azúcar y cáscaras de gambas en domingo. Yo conocí el último bar de la ciudad por la Cañada Real, en una esquina de la hilera de casas molineras, junto a la vaquería del barrio. A principios de octubre, los rebaños de ovejas pasaban hacia el sur. Ya habían recogido el circo y los carruseles de la Feria, como pasaba antes, cuando las cosas sucedían la una a la otra.

Passer domesticus, en latín. De donde passar en latín vulgar y de ahí al medieval pássaropájaro. Todos los pájaros llevan dentro un alma de gorrión, entonces. Sin el gorrión, los pájaros andarían por ahí, sin que supiéramos cómo llamarlos. Suele ocurrir que en lo que menos nos llama la atención está la llave para comprender las cosas.

Este de hoy se detiene un rato sobre la mesa, me mira, quizá me interroga sobre la soledad de este café, de tantos. Apenas 30 gramos, 15 centímetros. Cuánta energía en él, brincando de a poquitos, hasta que se aburre de mí y se marcha. Termino el café, echo un vistazo al reloj del móvil. Yo también me marcho, aburrido de mí.

3 comentarios:

Fackel dijo...

Ignoro si esa fotografía que nos ofreces es de ciudad o de campo, o de una población menor, o de las afueras de la urbe. Pero parece ser que los gorriones van desapareciendo, al menos de nuestras urbes. Ya no encuentran su propio ámbito, un ecosistema como antes favorable a ser habitado por ellos. Eso he leído por alguna parte el otro día. Y ciertamente, cada vez veo menos en el entorno.

La seña Carmen dijo...

¡Qué bien te explicas, gorrión!

Sor Austringiliana dijo...

Los gorriones nos acompañan en los cafés, atrapando alimento gigantesco para su tamaño y desafiando a las palomas. Bravos, son el alma de la ciudad. "Pasaros" que pasan por nuestra vida, que no desaparezcan.