Y así se sucedieron muchos días,
extrañamente iguales,
después de la visita de la muerte.
No solemos pensar mucho en la muerte, pero es lo que nos dimensiona como humanos. También es lo que nos rodea. Tiene mucho de despedida cada día que vivimos y no es algo necesariamente malo. Si lo pienso, uno de los grandes problemas de nuestra época es negar la muerte: no hay peor muerto que el que solo vive en el presente.
En Comala todos estaban muertos. Juan Preciado acude al pueblo para encontrarse con su padre cumpliendo una promesa a su madre moribunda. No sabe que va a morir en las calles de Comala porque ya estaba muerto al emprender el viaje.
Debería apuntar en una libreta las personas que quiero que me sobrevivan.

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