jueves, 30 de agosto de 2007

Yo también enseño mis pies, con sorpresa gamona final.


Aun no estoy recuperado de estas raras vacaciones. No he ordenado las fotos ni los apuntes tomados, no he planchado la ropa, no he mirado la ciudad, que me aguardaba encogida, preguntándose dónde ha quedado el verano de este año. En un rincón del salón se amontonan varios periódicos sin leer entre los que me ha llamado la atención una contraportada de un ejemplar de El País con un magnífico artículo de Manuel Vicent sobre Faulkner, ilustrado por una fotografía en el que el escritor norteamericano lleva una camisa planchada sólo en el frente y en los puños; y aun no tengo ganas de debatir sobre la pobre Biblioteca Nacional, que desde hace tantos años ha perdido el rumbo, y el difunto Ministerio de Cultura: me aburren Rosa Regás y César Antonio Molina. Si tuviera fuerzas, a ella le pediría un poco de mesura en sus presupuestos y un tanto de humildad, a él un poco más de mano izquierda y que cuide el tono en sus declaraciones públicas. Me ha conmocionado, como a todos, la muerte del joven deportista Antonio Puerta. Me ha llenado de asco, de nuevo, la intención terrorista de conservarse en formol. Veo que el panorama internacional no ha cambiado y que el nacional está congelado. Me sorprende que alguien se alegre de que las cifras macroeconómicas vayan muy bien mientras que el consumo familiar ha caído. Y sube la barra de pan. Y esta meseta sigue como siempre.
Me puse la tarea de no escribir en el blog hasta el 31, pero la muerte de Umbral me hizo cambiar de idea. Estos días los he dedicado a saber dónde estoy y a leer los blogs amigos. Y he visto una epidemia de pies a la que decido sumarme. Mi estimada Isabel mostró los suyos, ibicencos y con pulsera, enredados en su sombra. He de reconocer -y espero que a él no le moleste- que son menos elegantes los de Blogófago, pero siempre originales y atentos al terreno que pisan y como lo mismo hace a la playa que al asfalto ha elegido un calzado todoterreno: ahora bien, habrá de aclararme qué han dicho en el trabajo cuando ha entrado de esa guisa y si lo ha podido justificar aludiendo al síndrome postvacacional. Caelio se ha convertido en fraile peregrino y sus sandalias y pies lo denuncian: cuánto terreno luso le habrán llevado a ver a este gran celtíbero. Ahora ya sabemos dónde se encarama para tener tan fina perspectiva. Por las rendijas asoma el Ucraniano Aniano, que nos recuerda que él ya enseñó sus sandalias pero, como siempre, enigmático e inteligente, sólo nos muestra una y en su bicicleta. Ya me gustaría que, aunque sólo fuera de medio cuerpo presente, accediera a lo que le propuse.
Tanta exhibición me arrastró hacia el no meme puesto que yo soy facilón para estas y otras cosas y muestro mis sandalias Pikolinos al frente de este post. Son regalo de Susana y por eso y porque son cómodas me han acompañado todo el verano a pesar de que desde niño no había vuelto a usar este tipo de calzado. Discretas y con los dedos protegidos, que ya voy para mayor y no tengo costumbre.
Por último, y como me aferro durante unos días a no volver del todo, quiero hacer todo un homenaje a La Voz de Gamonal, que ha descrito en varias ocasiones el traje gamón. A una sugerencia suya, corrí a comprarme unas J´hayber clásicas, unos pocos euros más baratas que las de su fotografía. Para ello deseché otras marcas y otros modelos más modernos. Tengo la esperanza de que el gesto me valga al menos una contestación al correo que les escribí hace semanas. No encontré calcetines blancos altos, así que saqué del fondo del cajón unos viejos tenis. Espero que noten los redactores de La Voz lo nuevecitas que están y que no demoren la respuesta, puesto que me ha advertido el zapatero que el poliuretano del que están hechas se degrada inevitablemente a los cinco años, independientemente del uso.




13 comentarios:

Álvaro Fernández Magdaleno dijo...

Un post fantástico, me ha animado el día.
Un abrazo Pedro.
Álvaro

Anónimo dijo...

Y no nos olvidemos nunca que los pies nos sirven para andar, que no hay mejor manera de medir la tierra que con nuestros pasos, ya lo dijo Cervantes.

Anónimo dijo...

¿Molesto?... en absoluto, las evidencias son abrumadoras.

Evidentemente en el curro no he podido, preciso mejor...no me he atrevido, a llevar los crocs, esencialmente por un motivo estetico: Corbata y sandalias como que no se llevan nada bien.
Pero los fines de semana son mios ¡¡¡¡¡

Anónimo dijo...

Hasta donde llegan mis recuerdos, el traje oficial de Gamonal eran los mocasines y elásticos negros, con calcetín blanco deportivo con rayas azul y roja, camiseta de Iron Maiden y chupa de cuero... las Jhayber las asocio más con Capiscol.
Si está dispuesto a hacer una nueva caracterización con foto, la camiseta jevilona se la presto con mucho gusto.
:D

Caelio dijo...

Pedro, pero tus sandalias no son tipo profeta, que es lo que mola .

Vaya veranito de obituarios, ahora me acabo de enterar: Villalonga.

Unknown dijo...

Amigo Pedro...

Su mail ha debido perderse en la inmensidad del cyberespacio puesto que no figura en nuestro correo, ni siquiera como SPAM transpapelado.

Cierto es que no podemos responder, mencionar ni hacer buen uso de todo lo que nos llega al correo de LA VOZ (te sorprendería la cantidad de gente que quiere colaborar a través del mail), pero en tu caso concreto, es que ni siquiera nos ha llegado.

Si era importante y no se ha desfasado, vuelve a intentarlo: miles de premios aguardan a los participantes.

doblefila (arroba) gmail.com

Nada más lejos de nuestra intención, ningunear a nuestros lectores... por lo menos hasta no comprobar que son centracas...

Saludos gamones.

G.R.I.*ta con nosotros.
*(GAMONAL, República Independiente)

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Hola a todos y gracias por vuestras palabras.
Álvaro: me alegro, hay veces que uno necesita que le fuercen una sonrisa, a mí me pasa demasiado frecuentemente en los últimos tiempos.
Fran: no entiendo otra manera de comprender las cosas. ¡Y Cervantes!
Blogófago: persevera. Si siguiéramos con las sandalias podríamos llegar a navidades con el síndrome postvacacional. Quizá para entonces haya llegado el verano por estas tierras.
Labea: vaya, vaya. Veo que hay contradicción entre los redactores de La Voz y tus recuerdos. Ahora qué hago yo con la foto... Por ahí deben andar mis camisetas de ese tipo... pero ya no me caben. Y es que de todo hace ya 20 años.
Jo, Caelio: pero ya es un paso, que yo no usaba sandalias, así que reconóceme el esfuerzo.
¡Villalonga!: estuvo tan cerca de Audrey...
SRES. REUNIDOS: siento la pérdida. Os acabo de mandar un resumen de aquel correo. Y, por favor, sacadme de la contradicción en la que me ha puesto labea sobre el traje gamón.

Anónimo dijo...

¡¡¡ Qué coincidencia !!!
Cuando he conocido la noticia de la muerte de Villalonga he recordado a Audrey y su imagen en Breakfast at Tiffany´s (Desayuno con diamantes) con aquella excelente música de fondo...

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Audrey...

Diego Fernández Magdaleno dijo...

Mi hermano Pablo (lablogse.blogspot.com) es profesor de lengua y literatura. Hizo un curso contigo, en el Castillo de la Mota.
Un abrazo,
Diego

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Tengo muy buen recuerdo de aquellos dos veranos en los que, en compañía de Irene Vallejo, dirigí el Curso Superior de Filología de la UVA. Fueron semanas agradables sobre todo gracias a los alumnos. Recuerdo a Pablo. Ya sabía que me sonaban tus apellidos. Una familia más que admirable... Y dentro de poco voy a Rioseco, sólo para recoger material para algunas entradas en el blog.

Belnu dijo...

Sí, epidemia, pero es lógico que nos fotografiemos los pies, que van siempre algo delante de la mirada y la cámara, y es la prueba fácil de que hemos estado allí, donde sea

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Tienes razón, Isabel: son la base y el testimonio de nuestra mirada.