domingo, 22 de julio de 2018

Odio eterno a los romanos


Aníbal juró odio eterno a los romanos, atravesó la península ibérica, pasó los Pirineos y los Alpes con un ejército en el que había treinta y siete elefantes preparados para la guerra y atacó Roma. Hoy se conformaría con tener Twitter o Facebook y se hubiera ahorrado el penoso viaje de vuelta.
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Cuando la gente se ataca en las redes sociales y se desfoga como si estuviera en una taberna aumenta la cuenta de beneficios de quien domina el algoritmo. Y también provoca que el atacado pueda sumar ingresos publicitarios por cada visita a su página. Es una de las reglas sobre las que se construye el tinglado y que el odio impide ver con frecuencia.
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Nos dan un juguete para comunicarnos y lo estropeamos nada más estrenarlo. ¿O era para tenernos entretenidos?
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Hay quien se queja de las normas de Facebook o de Twitter como si fueran servicios públicos y no empresas privadas. Es una de las estrategias de negocio más interesantes  y exitosas de estas redes sociales. Da que pensar mucho sobre lo que vendrá en el futuro.
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Siempre ha habido duras polémicas en el mundo de la literatura, algunas penales, pero nunca tan binarias como ahora.
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Hay escritores populares más insultados que leídos.
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Cuando se leía en papel había menos tiempo para insultar por escrito.
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Algunos escritores parecen exigirse opinar en las redes sociales sobre todo lo que ocurre en la actualidad y posicionarse sobre las polémicas del día. Como si alguien se lo hubiera pedido.
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Cuando alguien me exige mi opinión sobre algo que ha ocurrido en la actualidad o que me manifieste en la polémica de turno en una red social me pregunto cuándo ingresé como militante en su organización.
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En las redes sociales, para opinar de los escarabajos del desierto del Gobi basta con ver un par de tutoriales en vídeo. A veces ni eso, porque opinar es un derecho que está muy por encima del esfuerzo que hay que realizar para saber de algo.
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Es imposible pasar una temporada en una red social y no encontrarse con un policía de la moral, alguien que te quiere vender algo y un poeta para casos de autoayuda.
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En un par de líneas destruyó la reputación de la persona que odiaba. Apagó el ordenador y continuó con su vida anónima.
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La ira en internet se expresa con bits. La alabanza también. Y una vez amortizado el equipo informático y el acceso a la red todo es gratis y líquido.
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Atacar a alguien de forma anónima en una red social es desconocer 1984 y sus secuelas. Un doble delito.
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Era de aquellos de adhesiones inquebrantables en las redes sociales. Pero cuando apagaba el ordenador tenía la memoria tan frágil...
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Apoyaba fervorosamente a sus amigos en las redes sociales siempre que no le costara un euro en la vida real.
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Apoyaba fervorosamente causas en las redes sociales que contradecía nada más retirar la vista de la pantalla.
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En el número de caracteres de Twitter no caben matices. En algunas mentes tampoco.
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Hay poetas que han declarado odio eterno a la poesía. Como Aníbal a los romanos, pero sin los treinta y siete elefantes.

5 comentarios:

La seña Carmen dijo...

"Cuando se leía en papel había menos tiempo para insultar por escrito."

No nos olvidemos de aquellas tertulias en los bares, cafés, mentideros varios... en los que despellejar al que no estaba era el primer punto del día.

En esas disputas, alguno llegó a quedar malherido... o al menos eso cuentan las leyendas.

São dijo...

Gostei imenso , porque diz a verdade do que se está passando na actualidade, infelizmente .

Besos, amigo mio, boa semana

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Brillante, Pedro. Imperdible cada una de las reflexiones.
=)
Un abrazo

Andandos dijo...

Deje Facebook y Twiter hace unos meses, y no me arrepiento, aunque no esté a la última. He perdido amistades, eso también hay que decirlo.

Un abrazo

Ele Bergón dijo...

Después de leer tus aforismos sobre las redes sociales, llenos de ironía, se me ocurre esto:

" La mayoría de las amistades virtuales están solo precocinadas, aún les falta el último hervor"

Besos