domingo, 17 de junio de 2018

Anochecer rojo.


Hoy, desde el tren, he asistido a un anochecer rojo en la llanada de Castilla. Uno de esos atardeceres que incendian el horizonte durante unos segundos como si la meseta entonara el canto del cisne. La más hermosa manera de cerrar un día. Mañana será otro, los días no se repiten jamás más que en nuestro tedio. Tomé algunas fotografías y al pasarlas al ordenador comprobé, de nuevo, que todo relato de lo vivido es metaliteratura. Frustración, en todo caso. Como todo poema.


6 comentarios:

mojadopapel dijo...

La belleza se encuentra en el ojo que ve más allá de la imágen.

María Perlada dijo...

Has escrito todo un poema con las imágenes tan bellas. Me encantaron y también tu reflexión.

Besos.

Emilio Manuel dijo...

A mi me recuerda algo inexorable, el tiempo que pasa y que nos hace más viejos.

Myriam dijo...

Ojalá todos los atardeceres fueran así, después de un fin de semana especial. No hay mejor broche, que no 🍢 brocheta como se empeña mi móvil en escribir.

Besos
Me gusta eso de metaliteratura
Sobre 📩 la experiencia 😊

XuanRata dijo...

Metaliteratura y metafotografía. Esa segunda foto donde el objetivo de la cámara es el ojo abisal de un pez en las profundidades de la tarde nos incluye en el paisaje del que en realidad nunca estuvimos ausentes.

Ele Bergón dijo...

Sí, por Castilla hay unos atardeceres tan bellos que su representación en las fotos, se quedan cortas.

Me das pie para una entrada en el blog que lo tengo abandonado.

Besos