domingo, 14 de enero de 2018

Un puñadito de días


Algunos días, qué sé yo, unos pocos, un puñadito que hay que atesorar como cuando éramos niños y llevábamos las monedas muy apretadas en las manos -tan chicas- para que no se perdieran. Algunos días te levantas de la cama y antes de pisar la alfombra ya sabes que es una de esas jornadas en las que te sientes ligero, en las que todo parece hecho de infancia. Como aquellos días en los que no había colegio y abrías los ojos y la casa olía al arroz con leche que la madre preparaba en el fogón de la cocina económica. O a chocolate de hacer que comerías con una generosa rebanada de pan blanco del día anterior, del buen pan candeal de canteros, con tanta ansiedad que terminarías con la lengua abrasada. Te levantas así un puñadito de días, como si hubieras dormido de un tirón toda la noche. Y aprietas el puño para no perderlos en los recados de la mañana.

12 comentarios:

José A. García dijo...

Debería de estar prohibido hacerse mayor.
De ahora y para siempre.

Saludos,

J.

Rita Turza dijo...

Me encantan tus retratos de interior. Apretaremos bien las manos para que no se pierda ni un segundo.

Un fuerte abrazo.

Emilio Manuel dijo...

¡¡Jo!!, que suerte poderse levantarse así.

Edurne dijo...

¡Cómo quisiera recuperar esa sensación de llevar bien <pretados en el puño de la mano esos días de la infancia, eoas meriendas de pan con chocolate, esas galletas rellenas de mantequilla que se escapaba por los agujeritos, esas tardes de saltar a la comba, ala goma y terminar con las coletas desehechas, la cara sofocada y los ojos no verdes, amarillos de la juerga que habías tenido...!
Necesito recuperar un pequeñoo puñadito aunque sea...

Gracias mil, Pedro,por llevarnos un ratito a nuestras infancias!

besos.
;)

Abraham Cuesta dijo...

Ese puñado de días, que convierten al día en juego, ese juego de un niño que es juego, sea a lo que sea que juegue,sin desvirtuarlo de su esencia.. Así, así deberían ser todos los días y no tan sólo un puñado, pues no hemos de perder la esencia de ser niño...

Abraham Cuesta dijo...

Ese puñado de días, que convierten al día en juego, ese juego de un niño que es juego, sea a lo que sea que juegue,sin desvirtuarlo de su esencia.. Así, así deberían ser todos los días y no tan sólo un puñado, pues no hemos de perder la esencia de ser niño...

Abejita de la Vega dijo...

Así deberían ser. Uy cómo huele ese arroz con leche. Disfruta de los días.

Fackel dijo...

Y una congoja te sorprende atravesándote axial e implacable. Qué bien lo expresas.

Mavi dijo...

Como me gustan tus relatos tan vivos en el tiempo.
Gracias Pedro.
un besico
Mavi

Andandos dijo...

Por experiencia sé que eso ocurre a partir de los cincuenta y cinco. Pero, y esto es lo interesante, se prolonga muchos años, atenuado, más.

Un abrazo

Ele Bergón dijo...

Esos días son una delicia, como el recuerdo que se tiene de cuando éramos pequeños y jugábamos, jugábamos hasta que ya no había más sol para calentarnos.

Besos

Myriam dijo...

De tan ligero tú, ya saeta.

Y por otro lado, que lindo poder recuperar
momentos felices de la infancia.

Besos