martes, 23 de enero de 2018

Un café se enfría en la mesa de la cocina


Últimamente me sobrecogen las noticias que informan de la aparición de cadáveres de personas hallados en sus domicilios días después del fallecimiento. Personas, casi siempre ancianas, que viven solas y se mueren en un accidente casero o de muerte natural, viendo la televisión, dormidas plácidamente en sus camas, en la cocina preparándose un café, acariciando al gato, si lo tienen. He pensado mucho en ese café, en cómo se enfría en la vieja mesa de formica.

14 comentarios:

Fackel dijo...

En nuestra ciudad se dan cada vez más casos. Hay algo o mucho de violencia en esas situaciones de muertes naturales. Duele.

Myriam dijo...

No creo que llegue a enfriarse, se lo toma el gato. Eso, si no lo hace luego el fantasma :-)

Besos

Emilio Manuel dijo...

Últimamente es la violencia sobre ancianos lo que más recogen las noticias.

Elena Larruy dijo...

Otras veces lo que se enfría es la sangre derramada por capricho de unos niños de catorce y dieciséis años que entran a robar a sus casas y matan a estos ancianos. Tristes noticias con las que cenamos y comemos a diario verdad?
Morir con dignidad y acompañados sería un valor educable y deseable...

dafd dijo...

Totalmente en sintonía. Qué hubo, incluso, hasta ese café que se queda frío. Una lucha diaria por sobrevivir en la soledad cuando las facultades merman. Es desolador y escalofriante.

Abejita de la Vega dijo...

Soledades a veces en compañía. Es mejor la soledad con tu café y tus viejos muebles que la de una cama blanca y una sonda para alimentarse.

LA ZARZAMORA dijo...

Sí.
Así es...
Y con, o sin el café listo para nuestra sentencia final.
Y ni tan jóvenes, ni tan viejos.
Un beso.

Paco Cuesta dijo...

Se fue al garete el concepto de familia, las residencias no dan más de sí y las personas no pueden dar lo que las residencias piden.

María Perlada dijo...

Es cierto lo que dices, el otro día lo vi en las noticias, qué pena que nadie se acuerde de los ancianos, y que pasen meses sin ver a nadie, encerrados en sus domicilios, o peor, que les encuentren muertos en ellos, no porque les echen de menos, sino por el olor que se desprende, me produce profunda tristeza.

Besos.

jg riobò dijo...

Hasta evaporarse

Mavi dijo...

Sí, es un triste final no deseable, se eriza el cabello solo de pensarlo sabiendo que es una realidad demasiado frecuente.¡serán los tiempos!
un besico Pedro
Mavi
pd. ya ando mejor, los mimos hacen efecto, bueno queda la toss jj

Mariluz G H dijo...

Tan triste, Maese Pedro. Tan actual. Tan vergonzoso...

Andandos dijo...

No sé, Pedro. Mi tatarabuela se suicidó, la abuela de alguien muy cercana a mí también. A partir de ciertas edades todo es algo degradante, o mucho, y no sé qué deberíamos hacer, ahora que los pueblos y sus casi invisibles lazos de resignación terminal desaparecen.

Un abrazo

Gelu dijo...

Buenos días, profesor Ojeda:

El tema da para hablar largo y tendido, mientras se toman muchos cafés. Hemos dado excesivo valor al trabajo pagado y a la remuneración que se recibe necesaria para soportar los gastos a los que este “progreso” nos aboca.
La soledad, cada vez más frecuente. Los niños desde que nacen horario de guarderías. ¿Qué otra cosa vamos a conseguir de este modo?

Abrazos.