miércoles, 11 de enero de 2017

Parar el mundo


Ana Jiménez López (1926-2013), profesora de la Escuela de artes y oficios de Valladolid, fue la autora del conjunto escultórico que lleva por nombre Bimbis, aunque todo el mundo lo conoce como La bola del mundo. Fue un encargo del Ayuntamiento de Valladolid y se inauguró en la Plaza de España de esa ciudad en 1996.  Con esta y alguna pieza más (como Candía, la niña que se columpia en un jardín del barrio de la Rondilla), la escultora vio realizado su empeño de sacar su obra a la calle. Se diferencia mucho de la escultura urbana que ha llenado las calles de España, la mayoría sin valor artístico real y que solo tienen un mero interés decorativo a veces cuestionable. De hecho, esta pieza, junto a la marquesina de la plaza, se ha convertido en un sello personal del espacio que ya sería difícil concibir de otra manera.

Bimbis consta de tres niños que juegan y un globo terráqueo que gira mientras se levantan varios chorros de agua. Su estilo recuerda a la figuración que surgió tras el paso por las vanguardias, cuando se formó el estilo más personal de Ana Jiménez. Los tres niños juegan como niños, con la inocencia de la infancia. Aunque el simbolismo ya fue explicado por su autora, a mí me gusta esa recuperación de la inocencia como fuerza que podría empujar el mundo. De hecho, siendo niños, jugamos a inventarnos el mundo y cuando este, tozudo y hosco, se empeña en mostrarnos su peor cara caemos en la perplejidad de la tristeza de la que solo puede sacarnos de nuevo el juego o el sueño. Muchos niños inventan mundos cuando no son felices en el real. Soñamos el mundo antes de que el mundo nos destruya todos los sueños.

Me gusta cuando paso por esta plaza y, en los momentos en los que los operarios trabajan en la limpieza o en las horas en las que el mecanismo de rotación no funciona, el mundo se para. Todo tiene un aire de cuento infantil, pura magia, como si hubiera sufrido un encantamiento por la aparición en la escena de un hada madrina o un mago cándido que no quisiera que las cosas envejecieran. Se ha detenido el tiempo y con él los niños permanecen en el juego y en la infancia. A veces pedimos que el mundo se pare porque va demasiado deprisa, porque nos hace daño o no lo comprendemos o porque vemos inexorablemente llegar el final de nuestro tiempo. La ironía amarga es que el mundo jamás se para ni nos espera. Pero la esperanza es que, de algún modo, tenemos forma de detenerlo, de parar ese tiempo inexorable, la rotación que marca cada uno de los días de nuestra existencia. Seguirá saliendo el sol todas las mañanas y poniéndose por las noches pero, con algunas decisiones personales, podríamos conseguir ser dueños de ese tiempo, de nuestro mundo. Bastaría, a veces, con renunciar a mucho de lo que nos hacer girar con el mismo vértigo que la tierra. O podemos ensoñar la infancia. Una parte de nosotros sabe cómo hacerlo si somos capaces de escucharla.

9 comentarios:

mojadopapel dijo...

No me gusta volver a la infancia como último recurso de salvación,me gusta sólo, como recuerdo inocente, y trabajar mi día a día como si no fuera a existir un mañana.

Abejita de la Vega dijo...

Para los niños rota despacio.

Abraham Cuesta dijo...

La infancia que cada vez más se roba a los niños del ahora....no dejemos que se la quiten, dejemos que la mantengan el maximo tiempo posible, pues el tiempo no se detendrá pero si mejorará el mundo en que vivimos...no se trata de volver a la infancia para olvidarnos de responsabilidades y obligaciones...sino de volver para adquirir razonamientos simples que olvidamos, capacidad de ver la belleza de la simpleza, posibilidad de crear un mundo mejor....y sólo así mejoraremos como personas nosotr@s y nuestro entorno...

SAU dijo...

el tiempo mas hermoso: LA INFANCIA....DE VEZ EN CUANDO ES BUENO EL RETORNO A LA INOCENCIA

BESINES PEDRO Y ESPERO ESTES MUY BIEN..
:)

Fackel dijo...

Siempre disfruto con este conjunto alegórico cuando paso por la plaza. Entonces pienso en cómo las geoestrategias políticas y económicas mundiales tratan de echar un pulso a los ejes de rotación y de traslación del planeta con efectos imprevisibles. Il mondo gira...

El Deme dijo...

Interesante reflexión sobre la infancia y qué hacer para detener el tiempo. Posiblemente contemplar la vida cotidiana en una plazoleta sea una buena manera de conseguirlo.

São dijo...

SIM, querido amigo, talvez só recuperando a inocência da infância se consiga salvar a Terra ...mas não tenho, infelizmente, grande esperança.

Besos, Pedro, buen finde

Myriam dijo...

Me gusta esa escultura.

El tiempo es, entre otras cosas,
siempre una actitud mental.

Muchas veces que no se tiene tiempo para algo,
en realidad es porque no se tiene ganas.

Besos

Paco Cuesta dijo...

Para seguir jugando en este nuestro mundo basta seguir dando patadas al bote abandonado por la desidia ciudadana o alguna de las castañas "pilongas" que aun quedan en los paseos. No sirve de mucho pero es divertido.
Un abrazo