jueves, 3 de noviembre de 2016

Niebla, Unamuno y la nivola como forma narrativa revolucionaria y noticias de nuestras lecturas.


Cuando publica Niebla en 1914, Miguel de Unamuno es una personalidad reconocida de la España de su tiempo. Profesor de Universidad, filósofo reconocido, articulista de éxito, poeta, novelista y dramaturgo. No solo eso, es famosa su condición pública de removedor de conciencias y hombre activo en cuestiones políticas y sociales. De hecho, aquel mismo año fue depuesto de su cargo de Rector de la Universidad de Salamanca por el gobierno. No fue un hombre cómodo para los gobernantes de su tiempo en ningún caso. Esta inquietud -que se correspondía con su misma psicología y actitud ante la vida- la traslada al orden de la literatura. Niebla significa un cambio de registro muy significativo en el orden de su pensamiento literario. Es tan consciente de ello que renuncia incluso a denominarla novela y construye un neologismo, nivola. Es definitorio que, en el juego literario, no sea ni siquiera él quien lo formule, sino un personaje de la narración, Víctor Goti, que llega al término casi por casualidad fonética tras relatar una anécdota atribuida a Eduardo Benot por Manuel Machado, quien calificara a un soneto en alejandrinos de este como sonite:

Pues así es como mi novela no va a ser novela sino..., ¿cómo dije?, navilo..., nebulo..., no, no, nivola, eso, ¡nivola! Así nadie tendrá derecho a decir que deroga las leyes de su género... Invento el género, e inventar un género no es más que darle un nombre nuevo, y le doy las leyes que me place. ¡Y mucho diálogo!

En pocos fragmentos está mejor condensando el afán de novedad que está construyendo el lenguaje de la modernidad literaria que nace con los autores de la mal llamada generación del 98 (Unamuno, Baroja, los Machado, Valle Inclán) y que en realidad pertenecen a la misma estirpe literaria del modernismo que cambiará la forma de afrontar el arte. En el citado fragmento hallamos radical deseo de modernidad, de novedad, de ruptura con lo anterior, de experimentación artística y libertad del artista, metaliteratura... Todo ello se presenta con ese magnífico juego que se establece entre el Prólogo (escrito por el personaje Víctor Goti, que presenta una obra de su creador, Miguel de Unamuno) y el Post-prólogo (escrito por el personaje Miguel de Unamuno que polemiza con su propio personaje, dándole, a la vez condición real). Entre estos juegos literarios, el tema esencial de la novela: el libre albedrío personal, la propia existencia más allá del creador -el autor o Dios.

Con ese pulso literario y el toque de humor, ironía y seriedad que encierran estas páginas iniciales Unamuno acaba de pasar de ser un buen novelista a ser un autor que revoluciona la manera de narrar: mayor riesgo, mayor experimentación y mayor profundidad sin que se note. No hay mejor razón para adentrarnos en la lectura de este texto.

Durante el mes de noviembre cumplimos con una deuda. Varios lectores me habían solicitado reiteradamente la inclusión de alguna de las obras de Unamuno en el listado anual. Y allá va Niebla, una de las más inquietantes. Me será interesante releerla con todos vosotros para comprobar su impacto actual. Hay suficientes buenas ediciones en el mercado. Os aconsejo alguna con notas aclaratorias y prólogo. También la tenéis disponible gratis en internet.

Noticias de nuestras lecturas

Pancho escribe una excelente entrada para comenzar con Niebla. En ella está toda una propuesta de cómo enfocar esta novela. Por algo ha sido uno de los más insistentes defensores de que don Miguel debía entrar en la lista de nuestras lecturas.

Mª del Carmen Ugarte comienza su lectura de Niebla resaltando muy acertadamente el juego que establece el autor con el lector desde la primera línea de la obra en ese Prólogo que nadie debería saltarse.

Gelu resume y comenta los aspectos iniciales de la obra que hacen de esta un ejemplo de la genialidad de Unamuno.

Fotografía de Miguel Martín Camarero para la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de  Burgos. A mi izquierda, Manuel Sancho, Presidente de la Asociación. A mi derecha, Miguel Ángel Santamarina.

El pasado jueves celebramos el encuentro de los lectores con Miguel Ángel Santamarina para comentar su novela Queremos que vuelvan. Se celebró en el Salón de actos de la Biblioteca pública de Burgos de la Plaza de San Juan, cuyas instalaciones fueron cedidas amablemente por sus responsables, a los que quiero agradecer aquí todas las facilidades dadas. El acto fue abierto por Manuel Sancho, el Presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, con su habitual elegancia y acierto. Durante hora y media estuvimos debatiendo sobre la novela negra y su forma de enfocar la realidad y sobre todas las claves de Queremos que vuelvan, la primera novela de este autor que debuta en la literatura. Una de las cosas más sobresalientes de Miguel Ángel Santamarina es la claridad y entusiasmo a la hora de enfrentarse a su condición de escritor, lo que le hará mejorar. Sin duda, nos dará sorpresas agradables en el futuro.

Mª Ángeles Merino da cuenta detallada de lo ocurrido en ese encuentro con Santamarina, antes de pasar a Niebla. Esta es su entrada.



Gelu llega al comentario de las cartas LIII a LIX de esta obra que nos ocupó hace unas semanas. Y en ellas resalta la condición de político y hombre de bien... para tomar nota.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.

6 comentarios:

Abejita de la Vega dijo...

Llevo metida en esa genial Niebla desde hace unos días, enredada en su lectura y en los comentarios de la edición de Cátedra, amén de lo que encuentro en los diabólicos canalículos de Internet, que diría Sor Austringiliana. Abundante y sesudo, tanto que he temido se me seque el celebro. Al mismo tiempo he querido rematar satisfactoriamente la lectura de octubre, con la crónica de nuestra felice reunión con Miguel Ángel Santamarina. Bien lo merecía el paisano y su novela, no tan negra. Con un punto romántico, diría yo.
Me pondré a la tarea de comentar Niebla con la ayuda de mi buena amiga. Tenemos en común, además, una primera lectura del citado libro cuando andábamos ambas cursando el COU, a la tierna edad de dieciséis o diecisiete años. Haremos por recordar, tal vez nos ayude alguna magdalena de Proust. Y añadiremos lo que en 1974 no pudimos atrapar...Echaremos un vistazo a los excelentes comentarios de los compañeros...
Un abrazo Pedro

pancho dijo...

Miguel de Unamuno tuvo una prole numerosa (lechigada, decía Baroja) de hijos a los que había que mantener y no le quedaba más remedio que multiplicarse en actividades que espolean su don literario para sacarlos adelante. Bien distinto a Pío Baroja que no tuvo ninguno y sólo se dedicaba a escribir con vicio.
La ciudad de Salamanca y sobre todo la Universidad le deben mucho a don Miguel. Una ciudad pequeña y de ambiente rural, en franco retroceso que a principios de siglo XX apenas cuenta con treinta mil habitantes y una Universidad a punto de desaparecer, prefiere quedarse aquí hasta el final de sus días y luchar por ellas. También se comprometió y ayudó lo que pudo a la provincia que veía con el atraso secular que siempre ha arrastrado, sobre todo la zona de la raya con Portugal. Aunque fuera vasco, en sus obras hay aroma salmantino, vocabulario típico que inserta en sus obras de manera natural y que encaja perfectamente con su manera de escribir austera, que cualquiera de por aquí reconoce por el habla de la calle, tipos salmantinos, lugares inconfundibles, maneras de pensar, etc.

Un prólogo muy bien explicado, la complejidad narrativa al descubierto en pocas líneas. No sé yo si al autor le habrá gustado esta manera de poner en claro lo confuso...

São dijo...

Gracias, querido amigo, pelas tuas lições de Literatura!

Fuerte abrazo

Edurne dijo...

¡Todo un personaje mi paisano don Miguel!
Niebla me lleva a mis años de instituto... me gustaría sacar un tiempo para releelerla.

¡Besos y gracias, siempre, por tus magníficas lecciones!
;)

JL Ríos dijo...

Comenzamos "Niebla", pues. Pasé, el martes, por el desvío de "Renieblas", puedo imaginar el origen del nombre.

Myriam dijo...

Todo un experimentador revolucionario en la literatura y , además, comprometido con la política. Una pena que no hubiera sido reconocido con el Premio Nobel.
Me alegra de que, finalmente, lo hayas traído al Club.


Besos