jueves, 27 de octubre de 2016

El individuo contra el poder en la novela negra y noticias de nuestras lecturas, con anuncio de la próxima.


Dicen algunos que la novela negra es la mejor forma literaria de enfrentarnos a un espejo y presentarnos la realidad contemporánea en tiempos de crisis y cambios que afectan gravemente a las personas comunes. También la mejor para destapar la hipocresía de la sociedad porque desciende a donde no suele hacerlo otro tipo de novela. Por eso, muchos novelistas a los que no cabe calificar -ni a ellos ni a sus novelas- como autores de este tipo de género, usan de los procedimientos de la novela negra en sus obras. Su forma narrativa, por otra parte, no suele ser tan complicada en cuanto al ejercicio literario para el lector medio. Si sumamos todos estos factores comprendemos el creciente cultivo y su éxito. También las razones por las que a otros lectores no les gusta.

El autor de novela negra nos pone, desde el principio, ante una situación más o menos desagradable -casi siempre un asesinato violento, una desaparición, otro tipo de crimen- que se irá complicando a lo largo de la narración hasta conseguir forzar todos los principios sociales e individuales. El mundo, en ellas, no está hecho para los inocentes, que se convierten rápidamente en víctimas bien del sistema bien de los poderosos que se aprovechan del control que ejercen en él. Ya lo hemos dicho, en buena medida, el género se basa en el conflicto entre el individuo en casi absoluta soledad y el poder. En la mejor novela negra hay una moralidad de partida: lo que se retrata es malo, aunque sea imposible combatirlo en su globalidad o cambiar las dinámicas históricas.

Esto es lo que ocurre en Queremos que vuelvan. En la novela de Santamarina están claramente establecidos tres grupos de personas: los verdaderamente poderosos, que ejercen a capricho y voluntad su poder porque controlan las estructuras del sistema; los que los sirven para sus fines con la esperanza de alcanzar parte del reparto de ese poder aunque puedan convertirse de vez en cuando también en víctimas; finalmente, las personas que viven fuera completamente de esos círculos de poder, que diariamente sufren las consecuencias de sus decisiones pero que no son conscientes de todo ello hasta que el azar o una mala decisión los enfrenta a los poderosos. A partir de ahí se establece el conflicto. Los jóvenes a los que se refiere el título -no del todo ejemplares en sus vidas-, por una serie de malas decisiones, se encuentran en el peor lugar y en el peor momento. Y lo mismo le ocurre al protagonista, el periodista Javier. Él tampoco es un ejemplo a seguir en su vida, pero no pertenece en absoluto a la amoralidad de los poderosos ni a sus círculos de interés. Pero su decisión de seguir con la investigación, su ingenuidad y la inercia de las decisiones tomadas también le hacen cruzarse con esos mismos poderosos que toman fríamente las decisiones sobre su vida o sobre la vida de todos nosotros, como discurre la mente de uno de ellos:

Bien pensado, esta crisis era todo una bendición para él. La coartada perfecta para poder meter todo en el mismo saco, blanquear las irregularidades en la misma cuenta de pérdidas incobrables. Al fin y al cabo, como bien comentaba uno de sus colegas en las tertulias del club: esta situación se solucionaba de la misma forma que las anteriores, tirando de entropía, encomendándose a la termodinámica. Para que la clase adinerada pudiera seguir siéndolos los próximos años, la clase media debía empobrecerse las siguientes décadas, y la clase baja pudrirse en la miseria hasta el final de los tiempos.

Por mucha esperanza y pequeñas victorias parciales que se puedan conseguir, en la novela negra no hay forma de arreglar el mundo de verdad. quizá tan solo meter en la cárcel durante un tiempo a uno de los culpables, el menos listo o el más prescindible. Por muchos aliados que le salgan al protagonista poco más se puede hacer. Eso no quiere decir que no haya que dar la batalla según dicte la conciencia de cada uno. Como en la vida.

Esta tarde hemos mantenido el anunciado encuentro con Miguel Ángel Santamarina para comentar la novela. Doy las gracias por su colaboración cariñosa y eficaz a la Biblioteca Pública de Burgos de la Plaza de San Juan, que nos ha cedido su salón de actos, y a todos los asistentes. Por esta razón, esta entrada ha sido programada. Del encuentro daré cuenta el próximo jueves. A partir de la próxima semana comenzamos con la lectura de Niebla, de Miguel de Unamuno, como anuncio más abajo.

En octubre leeremos la novela negra Queremos que vuelvan, primera obra del novelista burgalés Miguel Ángel Santamarina. Con una narración ágil y un argumento ambientado en la España de nuestros días, aborda algunos de los temas que han protagonizado nuestra España reciente. Podéis encontrarla en la librería Luz y Vida de Burgos (también en otras de esta ciudad) y a través de Amazón, que la sirve en pocos días, en este enlace. También allí está disponible en libro electrónico de inmediata descarga. Más información en la página del autor. Como recordarán los lectores habituales de La Acequiatuve la fortuna de ser quien la presentara en Burgos. Al final de la lectura, el autor tendrá un encuentro con los lectores del club, abierto también al público general. Informaré del lugar y la hora en su momento.


Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino recupera a su amiga Austri para comentar, junto a alguno de los escenarios del libro, cuestiones esenciales de la novela de Santamarina. En especial, el papel del personaje de Lucía, la joven que abre y cierra el libro...


De la mente de don Asclepiadeo a Fran Sinatra nos lleva Pancho en su relectura de La saga /fuga de J.B. Tanto estoy disfrutando con ella, que soy capaz de volver a ponerla en la lista del próximo curso.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.

Anuncio de la próxima lectura


El próximo mes de noviembre cumplimos con una deuda. Varios lectores me habían solicitado reiteradamente la inclusión de alguna de las obras de Unamuno en el listado anual. Y allá va Niebla, una de las más inquietantes. Me será interesante releerla con todos vosotros para comprobar su impacto actual. Hay suficientes buenas ediciones en el mercado. Os aconsejo alguna con notas aclaratorias y prólogo. También la tenéis disponible gratis en internet.

8 comentarios:

Emilio Manuel dijo...

No todo es tan negro en la novela negra, tiene sus gotas de humor y una cosa que he notado en bastantes autores y es su amor a la comida y bebida, un ejemplo lo tenemos en el español Vázquez Montalban, el griego Markaris o los italianos Donna Leon o Andrea Camilleri.

Saludos

Pedro Ojeda Escudero dijo...

En efecto. Quizá la única manera de hacer medianamente agradable la vida entre tanta oscuridad.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

En efecto. Quizá la única manera de hacer medianamente agradable la vida entre tanta oscuridad.

María del Carmen Ugarte García dijo...

A mí de la cosa negra (y no solo novelas) me gusta el método deductivo que suele aparecer en ellas, ese juego que te hace meterte en esas pistas, verdaderas o falsas, que el autor, con mayor o mejor pericia, va dejando aquí y allá, y por supuesto el motivo.

Ya sabemos que desde el principio todo está en la mente del autor y que las pistas falsas so jueguecitos consentidos con el lector y las verdaderas quizá demasiado simples. Las que tienen sorpresa final bien fundamentada, miel sobre hojuelas.

También es curioso ver la evolución de este género a medida que ha ido avanzando la ciencia. Ahora todo lo resuelve el ADN, pero cuando solo había la perspicacia del investigador listo y observador...

Gelu dijo...

Buenos días, profesor Ojeda:

Sigo, por las entradas y los comentarios de los compañeros, la novela de Miguel Ángel Santamarina. Era muy aficionada a la lectura de las obras detectivescas, y a seguir los pasos de una buena investigación.
Tenemos reciente en estos días, la desaparición de una joven. Vemos la desastrosa y disparatada información, que nos están ofreciendo los medios. En vez de aportar datos, que lleven a una resolución, con sus inexactitudes sólo consiguen sembrar pistas falsas.
Detrás, está la familia, que lógicamente sufrirá además de por la pérdida –hasta que se solucione, confiemos de modo favorable-, por el cruel ataque de la sociedad.

Abrazos.

Abejita de la Vega dijo...

Intuíamos que Javier tenía perdida la batalla, que no iba a acabar bien. Sólo le queda la pequeña victoria de haber enviado a tiempo la documentación reveladora a Lucía. Victoria post mortem, ínfima y precaria, pero victoria al fin. Lucía es la esperanza, se lo debe a Javier. Lucía necesitará mucho valor para sacar a la luz esa segunda copia. Habrá más novelas, nos lo anunció el autor.

Ayer por la tarde tuvimos el encuentro con Miguel Ángel Santamarina, en la Biblioteca Pública de Burgos. Fue hora y media muy corta y amena. Tras tu impecable presentación, disfrutamos con las palabras del autor y el diálogo posterior.

Tomé mis notas, como en otras ocasiones, e iré confeccionando mi pequeña crónica que publicaré en mi blog.

Un abrazo Pedro, que tengas un buen puente.

pancho dijo...


Es difícil escapar a la tiranía del destino, pero a veces se consigue aunque el destino siempre se salga con la suya al final. Hay quien prefiere no someterse, prefiere vivir peor a acomodarse y dejarse llevar, salir armado al camino como don Quijote y cumplir su misión. El problema con las armas es que los malvados también las saben usar. La tensión está servida en la permanente leyenda del tiempo.

La voz de don Asclepiadeo y Frank Sinatra. Me quedé con el título y el texto, contraste entre fascinante y estúpido

Sobre Unamuno debe estar todo dicho en vista de tantos estudios que tenemos a click de ratón. Casi es mejor ni mirar si no quieres quedarte con la sensación de que no hacemos más que repetir lo repetido por otros. Lo digo porque llevo toda la mañana liado con lecturas de artículos sobre la complejidad de Niebla. Es un mundo paralelo.

JL Ríos dijo...

De acuerdo, comenzamos con Niebla, la que hoy tenemos aquí, meona, espesa y que no estoy muy seguro de que se disuelva a mediodía, para volver, con la misma fuerza, por la tarde y noche. Polvo, niebla, viento y sol. Ayer no la había, la niebla, ni anteayer tampoco, en tu pueblo ni en Toro. Ni en Tiedra.

Un abrazo