jueves, 3 de septiembre de 2015

Comienzo del curso en el Club de lectura: El tiempo incinerado [Diario, 2004] de Diego Fernández Magdaleno y noticias de nuestras lecturas.


Escribir un diario es intentar ordenar la parcela del mundo a la que hemos asistido durante unas horas. El autor de un diario se explica el mundo a sí mismo. Intenta atrapar los hechos sustanciales, las emociones, los retazos de una conversación, las claves, en suma, que puedan orientarlo para comprender que ha sobrevivido durante una jornada más. A diferencia de unas memorias o de una autobiografía, el diario se escribe en casi presente y no debe tener intención de trascendencia: ni siquiera podemos estar seguros de vivir al día siguiente. De ahí también que los textos contengan una condición de fragmento apresurado con el que se quiere condensar lo que nos ha ocurrido.

Cuando el diario, como es el caso que nos ocupa, está escrito por un artista, el diario cobra también un nuevo significado. Diego Fernández Magadaleno es un pianista excepcional cuyo actividad se relaciona, sobre todo, con la música contemporánea española. En varias ocasiones me ha manifestado que concibe la escritura con el mismo sentido artístico con el que se sienta ante el piano. Y no encuentro mejor manera de comprender el ritmo de sus frases que habiéndolo oído tocar. La escritura de Fernández Magdaleno es tan brillante como su condición de pianista y nace de una misma manera de estar en el mundo.

Y así, el autor intenta comprender el tiempo vivido según se va quemando cada día, de ahí el título de este volumen. A veces ni eso, tan solo dejar constancia de alguno de los retazos vividos para intentar hallar en el mismo proceso de escritura una razón para evitar la desesperación que a veces pueden traernos los hechos que nos salen al paso cada día sin que podamos decidirlos nosotros:

No es detener el tiempo, no es narrar una vida la misión de este diario: es el desesperado intento por calmar la angustia de existir (quizá aumentándola), por borrar los engañosos reflejos que la conciencia derrama sobre los actos, muchas veces involuntarios, e indagar en su determinismo alienante.

En El tiempo incinerado están los fragmentos (un diario jamás es la totalidad de lo que nos sucede) que pueden ayudarle a armar un camino medianamente lógico al autor en la tarea de vivir. Este diario se inicia el jueves 1 de enero de 2004 y se cierra el viernes 31 de diciembre del mismo año. El autor anota cosas referidas a su profesión, a los amigos, las lecturas y la familia. Reflexiona sobre música, sobre el arte en general y sobre cuestiones de actualidad. Y profundiza hasta las mismas raíces de las cosas más importantes de un ser humano y en las emociones que nos despiertan. Dividido en tres partes irregulares (de enero a abril, de mayo a septiembre y de septiembre a diciembre), esta estructura tiene también la intención de ordenar el material, a la hora de publicarlo, para que pueda ayudarle a comprender lo vivido. Como si la vida pudiera tener un sentido o, al carecer de él, podamos contárnosla como si la tuviera.

Prologado por el poeta y profesor Antonio Carvajal a la manera de una carta dirigida al pianista Guillermo González, que fue quien le presentó al autor, este diario nos ocupará las próximas semanas. Carvajal interpreta este diario como una novela en la que al protagonista le impulsa, sobre todo, el amor y la creación artística. Puede tener razón. No hay otra forma mejor para afrontar la vida.

La obra puede ser difícil de encontrar, pero he podido reservar ejemplares para los lectores del club de lectura. Los que participan en su formato presencial (mantenido por la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos) recibirán por correo electrónico las instrucciones para hacerse con un ejemplar. El resto de los lectores pueden hacerse con un ejemplar escribiendo a felipe@lfediciones.com identificándose como seguidores del Club de lectura de La Acequia. Hago la observación de que se trata de una ocasión única que no debe dejarse pasar: los últimos ejemplares de un libro agotado en la práctica -y del que he conseguido coleccionar un puñado para esta lectura concreta solo disponibles durante los próximos dos meses- de una gran personalidad de la música española. Se entregará por riguroso orden de petición hasta agotar los pocos ejemplares disponibles.

Noticias de nuestras lecturas

Comienza Mª del Carmen Ugarte con todo acierto su comentario del diario de Diego Fernández Magdaleno. En la primera página, todo ese mundo en el que nos vamos a sumergir es prácticamente desconocido para nosotros. El autor nos abre la puerta: ni él mismo sabe lo que le deparará el año.

María Ángeles Merino se enfrenta con el diario abriendo todas las puertas iniciales: la definición del tiempo y su densidad en este libro, las citas y referencias... para descubrir finalmente al ser humano que late debajo de estas páginas.

Luz del Olmo se empapa del ritmo de las frases del autor en este arranque del diario, bien adecuado para ese vídeo que enlaza en el que vemos al pianista ejecutando una obra de J. Soler.

Gelu comenta el diario seleccionando un puñado acertado de frases que pueden resumir su planteamiento inicial, así como una muestra de vídeos que no podéis dejar de ver.

Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os  agradezco que me lo comuniquéis. 

Anuncio del curso 2015-2016 en el Club de lectura



En este enlace puede encontrarse la información del próximo curso, el listado de las primeras lecturas y la forma de participar tanto en el formato virtual como en presencial.

6 comentarios:

Paco Cuesta dijo...

Nuevo curso, nuevas lecturas. La primera tan arriesgada como la novela de uno mismo para sí mismo compartida con los demás.
Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

Al principio, ya te lo dije, no me caía demasiado bien el libro. Pero bueno, me decía, este hombre...¿no baja nunca de su nube intelectual? ¿En su vida no hay nada que no sea música o libros? ¡Qué empacho!

Ya llegué al Diego Fernández Magdaleno humano, humano. Es un libro para leer despacio y reflexionar. Y si escuchamos en el You Tube alguna de sus interpretaciones, miel sobre hojuelas.

Un abrazo, Pedro. Tendremos un buen curso,seguro.



Myriam dijo...

A pesar de que en breve estaré viajando,
sigo muy de cerca esta lectura: tus clases
y los comentarios de los compañeros.

Abrazos a todos

JL Ríos dijo...

Quiero mirar los enlaces antes de comentar, pero, ¿un diario es un género literario?. Ya nos dirás.

Un abrazo

PENELOPE-GELU dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:

Los músicos son capaces de interpretar -y descubrirnos en sus obras-, otros lenguajes que los demás no captamos.
Muy interesante seguir al autor en su día a día, de ese 2004, que nos muestra.

Abrazos.

JL Ríos dijo...

Me está gustando el libro porque está escrito de manera sincera, y esto es determinante; porque comienza sin avisar, ya a tope; porque no sabemos nada de lo sucedido antes y hay que deducirlo; porque permite leerlo a ratos, al estar escrito de manera fragmentaria (algo que en otros libros no me gusta nada); porque es apasionado en la manera de expresarse, poco tibio (un "intenso", creo que le llaman ahora); porque escribe con palabras certeras; porque al estar escrito para uno mismo no explica casi nada de los nombres que salen y hay que investigar, y muchas veces vale la pena hacerlo; porque hay días en los que todavía no sé con seguridad de qué habla, probablemente su infancia, pero sospecho que es interesante; porque es desigual en interés, claro, y eso lo hace más humano y porque habla de música y músicos de una manera que entiendo. No llego ni a la mitad.

Un abrazo