viernes, 15 de mayo de 2015

Madrugar en un día festivo


Sorprender a la ciudad a primera hora de la mañana de un día festivo es comprobar cómo el decorado de la comedia de la vida aún no está puesto.

No es cierto que a quien madruga Dios le ayude, solo que llega antes para mimetizarse con el lugar y observar la llegada de los otros y, si es listo, aprovecharse de la ventaja. Un conocido mío ya jubilado me contó que durante años siempre llegó el primero a las reuniones que en su oficina se programaban a primera hora de cada día. Se ganó reputación no solo de puntual sino también de trabajador esforzado y serio y fue felicitado por sus jefes. En realidad lo hacía porque le gustaba sentarse en el lugar más cercano a la puerta para excusarse a mitad de la reunión por el mucho trabajo que le esperaba. No lo expresaba, pero con el gesto daba a entender que lamentaba que se hubiera comenzado tan tarde por el retraso de algunos en llegar y que él quería cumplir con su agenda de la mañana. Aprovechaba el tiempo que aún duraba la reunión para tomarse un café y leer el periódico con calma sin tener que aguantar las conversaciones de los compañeros. Cuando estos salían de la reunión, le encontraban ya trabajando en su mesa. Aquellos cafés eran su mejor recuerdo de los años de trabajo.

8 comentarios:

PENELOPE-GELU dijo...

Buenas noches, professor Ojeda:

La ciudad, en un despertar primaveral.
El día por arrancar. Cada cual lo vivirá como mejor pueda. Que sea favorable para todos.

Un abrazo.

Abejita de la Vega dijo...

Yo siempre digo que, a esas horas, las calles no están puestas. Trabajo casi siempre por la tarde y me despierto poco a poco y no tengo que salir a la calle. Odiaría tener que salir a la calle cuando hace frío y es de noche. Me despierto, leo o escribo un poco, picoteo en el ordenador, hago el desayuno y algo de la comida, poco a poco, lo prefiero así.

A quien madruga, Dios le ayuda o no.

Besos, feliz fin de semana.

Emilio Manuel dijo...

Ese personaje que has dibujado, lo conozco.

Saludos

Joselu dijo...

No sé si entiendo demasiado la parábola de hoy del hombre que aprovechaba el tiempo de la reunión para tomarse el café y mostrar que trabajaba más que nadie cuando sus compañeros salían. Mañana domingo me levantaré a las seis. Tengo una larga caminata por delante. Me cuesta levantarme pero luego es un prodigio de día sereno y en solitud haciendo fotografías en la montaña. Saludos.

São dijo...

rrss rrssss

Aqui em Portugal , pontualidade é melhor nem falar!´

Querido amigo mio, buen finde

Aldabra dijo...

Un tipo avispado, sin duda.

Ele Bergón dijo...

Me ha encantado lo que cuentas del que disfruta de la edad del júbilo. Es una buena estrategia para esas reuniones que nunca he soportado.

Cuando paseo por mi pueblo y no encuentro a nadie, algo bastante habitual, me encanta sentirlo así.

Otras veces,salgo de casa por ver si veo a alguien que ha hecho lo mismo que yo y podemos charlar un ratito.

Besos

JL Ríos dijo...

Con los años, sorprendentemente para mí, cada vez duermo menos, así que los días de fiesta, como los demás, me levanto bastante pronto. Quién me lo hubiera dicho cuando era joven. Los sonidos de los días de fiesta, sobre todo, son otros.

Un abrazo