domingo, 26 de abril de 2015

Tiempos de lealtad inquebrantable


De niño, mi madre me decía, con el temor de todas las madres: No te metas en líos. De joven en España aún se sentía el franquismo aunque Franco muriera cuando yo andaba por los doce años. La sociedad española aún vivía en el miedo, en la lealtad inquebrantable, en la fidelidad y sumisión al jefe y en el disimulo por temor a que alguien informara sobre ti. Mi madre, cuando yo era un estudiante de bachillerato que participaba en las revueltas estudiantiles y me enfrentaba a la policía que aún vestía de gris, me repetía que no me metiera en líos con ese miedo que tienen las madres a que a sus hijos les pase algo aunque estén muy de acuerdo con lo que piensan y hacen, pero los padres de entonces habían vivido en una España cercenada, sin libertad, llena de temores. Creía que esos tiempos habían pasado.

Pero no. Espero que estos tiempos sean lo que parecen, el final de una era, y no el comienzo de una nueva en la que reaparecen algunos comportamientos que atentan contra la libertad del ser humano en un mundo democrático. En estos meses me llegan noticias de políticos que llaman a periodistas para hacerles ver la conveniencia de informar de una o de otra manera sin ninguna sutileza. Me llegan noticias de denuncias ante la policía por expresar libremente una opinión sobre cosas que han acontecido, denuncias que no irán más allá pero tienen como finalidad amedrentar a quien opina para que no se meta en líos. Me llegan noticias de amenazas, filtraciones, guerra sucia. Me llegan noticias de presiones intolerables a personas significadas políticamente para que apoyen públicamente a una u otra familia en las que se han dividido todos los partidos políticos tradicionales y algunos de los nuevos. Me llegan noticias de que todo el mundo con algo de significación acude a las reuniones privadas con grabadoras para tener una prueba documental ante posibles irregularidades o chantajes. Me llegan noticias también de otros que van a esas reuniones para grabar a quien le cree su amigo llevándole, en una conversación informal, a decir una broma que pueda indisponerlo con el jefe de una agrupación o una empresa y hacerle caer en desgracia. Me llegan noticias de personas con cierto perfil público que ya no hablan de nada con nadie porque no pueden fiarse de nadie. Me llegan noticias de personas que andan escudriñando la vida de los otros para pillarlos en alguna falta aunque sea a costa de manipular o desenfocar y correr con lo hallado a chivarse ante el jefe, hacer caer al posible rival y ganarse un premio por leal. Me llegan noticias continuas de difamaciones sin fundamento para acabar con personas molestas porque no se rinden a la injusticia, la irregularidad o la falta de opinión: escritos o noticias que se hacen circular para acabar con el buen nombre de algunos, comentarios de todo tipo sobre estas personas que, simplemente, no son sumisas.

Observo en este país una tendencia cada vez más fuerte a confundir la persona con la institución, típica de los populismos y los comportamientos nada democráticos. Si criticas a la persona y sus acciones te dicen que atacas a la institución. Los autoritarios -desde un jefe de gobierno de una república a un presidente de escalera- siempre se han escondido detrás de una bandera, unas siglas, unas ideas, un escudo. Y siempre hay un esbirro del poder que denuncia, que está dispuesto a acabar con el prestigio de una persona o con su buen nombre solo por demostrar su lealtad inquebrantable, que suele traducirse, en realidad, en un deseo de medro personal, de ocupar un cargo o asegurar un trabajo porque si tiene que traicionar a su jefe, lo hará sin pestañear para alcanzar otras cotas de lealtad o de poder. Es el lugar adecuado, también, para aquellos que sienten rencor ante el mundo en general y envidia, llenos de miseria moral.

Hay gente que no tiene ningún escrúpulo, covachuelistas, serviles. Es una especie que siempre ha florecido en estas tierras tan faltas de modernización: aquí se asentó el absolutismo, el carlismo, el caciquismo, el franquismo y el postfranquismo. Y todavía sus huellas se detectan entre nosotros independientemente de la ideología: de otra forma no se explica cómo en España hemos votado sistemáticamente la corrupción para que nos gobierne en tantos lugares de nuestra geografía. Porque estas maneras no son ideológicas sino que nacen de la costumbre de premiar al sumiso y no al mérito, de alimentar al chivato con tal de controlar a los que no son fieles a quien manda. En esta España hay demasiada tendencia a convertirse en calumniador para medro propio, comisario político o informante secreto. Y parece que existe toda una sociedad dispuesta a creer lo peor de las personas e impedir que los buenos y los que tienen mérito triunfen aunque no posean la virtud de la lealtad inquebrantable y crean poder discrepar. Ahora comenzamos a saber de los funcionarios que se atrevieron a denunciar los inicios de la corrupción y cómo se les perjudicó en sus carreras, se cometió con ellos acoso laboral y todo tipo de presiones psicológicas. Y en tiempos tan convulsos como los que corren aquellos personajes tan leales pueden hacer mucho daño a los individuos libres que se atreven a ir con su opinión a cara descubierta. Hay que comenzar a cambiar esto y que sean estos leales, serviles, medradores, informantes y comisarios políticos los que queden en evidencia. La democracia comienza por poder respirar libremente.

Por suerte, también me llegan noticias de muchos grupos, asociaciones y plataformas que quieren tomar el camino de ser menos leales y meterse en líos, partidarios de manifestar la discrepancia de forma libre, la opinión crítica y la voluntad de vivir en un estado menos sometido al control de los inquebrantables.

13 comentarios:

DORCA´S LIBRARY dijo...

Los chivatos se hacen en las escaleras de una comunidad de propietarios. Van al colegio, luego al instituto y a la universidad. Algunos pasan del colegio a un puesto de trabajo. Están en todos los sitios. Son cotillas vocacionales y convierten su vocación en una obsesión. Se trata de vigilar, acosar, y perseguir a cualquiera que viva una vida libre. Porque ellos ni tienen la valentía, ni la capacidad para vivir así. ¿Por qué iban a permitir que los demás lo consigan?
Leyes como la mordaza no son más que la legalización del acoso y derribo a la libertad ajena. Una manera "legal" de imponer una dictadura.
Menos mal que como tú dices, Pedro, hay gente valiente que todos los días con pequeños y grandes gestos, intentan recuperar el terreno que nos están robando a manotazo limpio.
Saludos.

Edurne dijo...

¡Qué agobio, Pedro!
Yo también recuerdo el consabido "no te metas en líos ". ¡Pero mira en qué gran lío NOS han metido!

Besos y ánimo con la semana.
;)

impersonem dijo...

Amén... y algunas cosas más que mejor me callo... porque si empiezo daría para unos cuantos comentarios.

Gracias por ser tan claro...

Abrazo.

Abejita de la Vega dijo...

Mi madre me decía lo mismo.

Ahora también me lo dice alguna vez.

Emilio Manuel dijo...

Aunque tengo unos 10 años más que tu, te digo que hasta que falleció, mi madre me decía lo mismo que a ti, "no te metas en líos", la verdad sea dicha, siempre, hasta mi jubilación, he estado metido en líos, por eso no me gusta nada lo que alrededor de mi veo y oigo. Veo como el nº1 de la lista de Ciudadanos de Granada fue parlamentario y más tarde senador por el Psoe, un arribista "del copón", cuando uno escucha que su anterior partido lo ninguneó, se me caen los palos del sombrajo, por aquí los medios de comunicación, que lo conocen, no dicen nada al respecto, me imagino que piensan que será un apoyo al partido popular para que todo siga igual. Cuando pienso en los líos que me he metido, a veces me pregunto ¿mereció la pena?.

Saludos

José Núñez de Cela dijo...

El poder siempre tiene los mismos modos.Triste, hipócrita e indignante, pero lamentablemente cierto

Saludos!

María del Carmen Ugarte García dijo...

Por no querer meternos en líos duerme el lobo en el pajar.

mojadopapel dijo...

Sustituyamos la inquebrantable lealtad por la palabra libre, y hagamos buen uso de la democracia ganada.

U-topia dijo...

Tu texto me sugiere muchas cosas que será difícil que pueda resumir con sustancia.
Por un lado decir que en España hubo otra línea muy digna: la de librepensadores, partidarios de la enseñanza laica, constructores libertarios de una cultura diferenciada de la del poder, trabajadores que lucharon contra las mil y una injusticias (entre ellas la corrupción y el caciquismo de la Restauración). Esa opción construyó el momento más democrático y modernizador que ha vivido este país y costo una guerra y cuarenta años de dictadura destruirlo.

Lo que relatas no se da solo en España sino en el mundo neoliberal, la sociedad de la transparencia, el enjambre virtual, la psicopolítica... todos títulos de un filósofo que me parece lo analiza muy bien: Byung-Chul Han.

Y no debo alargarme más. Tu texto es muy acertado y real, pero conviene no olvidar otras realidades que nos ocultan por sistema y que en todos los sitios cuecen habas.

Saludos!!

lichazul alqantar dijo...

confundir...con fundir...será porque las instituciones las forman y conforman las personas

bss

LA ZARZAMORA dijo...

Quiero aferrarme al broche final de tu argumentación.
Que España despierte ya de una, deje de bostezar, que el cambio sea posible y que se vaya perdiendo ese miedo al caciquismo y a las raíces de una patria que hay que arrancar para ir sembrando algo nuevo.
Hay voces, las escucho, y de ellas brota mi esperanza.

Besos, Pedro.

Paco Cuesta dijo...

Pasa que seguimos eligiendo a partidos. No a personas

dafd dijo...

Buf. Muy interesante anotación.