viernes, 26 de diciembre de 2014

Palazuelos


Cuando comenzó a ladrar el mastín yo ya no podía darme la vuelta. No había más camino que el que atravesaba las fincas de Aguilarejo y el perro se había levantado al verme. En esos momentos, cuando estás tú solo en el campo y un perro viene ladrándote así debes conservar la calma y echar mano del manual que recomienda no darse la vuelta bruscamente ni correr para huir ni hacer gestos que el animal pueda tomar por agresivos. El mastín, además, no es un perro que sienta miedo si agarras un palo o coges una piedra para lanzársela. Así que confié en que el perro estuviera solo llamando mi atención. Cuando se acercó lo suficiente vi que era una hermosa y noble perra, todavía joven. Me alcanzó, dejó de ladrar y se me quedó mirando, evaluando mi mirada, mi tranquilidad y que no detenía mi marcha ni la aceleraba. Sé que algunos recomiendan no hacerlo pero yo la miré a los ojos y comprendí que no iba a atacarme y que su ladrido había sido solo de advertencia. Aún así, encontrarse en mitad de un camino, sin nadie cerca, con una mastín de unos setenta quilos que guarda alguna finca cercana, impone. Se me vino encima y comenzó a frotar su cabeza contra mis piernas buscando reconocimiento y caricia. Y me acompañó en el trayecto del camino que atraviesa Aguilarejo. Es este un conjunto de fincas que pertenecen al cercano municipio de Corcos del Valle. Entre ella sobresale una, Aguilarejo el viejo, que según la leyenda cuenta con una dueña no muy amable con los viajeros que se acercan a fotografiar el sorprendente castillo que a principios del siglo XX alguien se hizo con las piedras del derruido de Trigueros del Valle. A la salida de Aguilarejo se ve ya, a lo lejos, la iglesia de Palazuelos. Me volví para despedirme de aquella mastín que quizá me protegió de algún ser humano y me escoltó más que querer echarme de sus dominios.

Según me aproximaba, repasé mentalmente lo que había leído la tarde anterior. La iglesia de Palazuelos sobrevivió a la desamortización del resto del conjunto monacal para convertirse en parroquia de la zona. El edificio todavía impone. Recuerdo, a finales de los años noventa, en mis frecuentes viajes por la autovía y la línea del ferrocarril cercanas, haber visto el hundimiento de parte de su tejado y el derrumbe de la bóveda. En los periódicos leí la gravedad de aquel suceso que afectó también a una columna gótica y tomé nota, por primera vez, de la importancia que tuvo aquel monasterio.

El monasterio de Santa María de Palazuelos, de la orden del Císter, se fundó en la segunda mitad del siglo XI a unos quilómetros de aquí, en San Andrés de Valbení (al inicio del Valle Benigno, en el término de San Martín de Valvení), en un paraje que aún guarda algunos restos. Fue en el siglo XIII cuando la orden se instaló en este lugar, menos apartado y mejor comunicado, al lado del río Pisuerga. Con ello, el monasterio fue adquiriendo poder y relevancia en la Castilla convulsa de finales de la Edad Media. Las trazas del edificio -iniciado en el románico, desarrollado en el gótico y reformado en el renacimiento-, imponen, así como lo que sabemos del conjunto del monasterio. Por allí pasaron miembros de la realeza, grandes personajes de la nobleza española y paró Carlos V camino de su retiro en Yuste. Desde el XVI, la abadía fue sede de los Capítulos Generales de la Congregación del Císter de Castilla y Colegio de Teología. La vida del monasterio debió permanecer más o menos inalterada  entre la pausa monacal y la rutina de aquella Castilla que cada vez fue menos, hasta la llegada de las tropas francesas de Napoleón, que lo tomaron y saquearon. El golpe definitivo fue producto de la Desamortización de 1836, manteniéndose solo el edificio central como parroquia hasta su cierre definitivo en la década de los noventa. De aquella Desamortización debería escribir alguna vez. Cómo una buena y sana idea -la de poner en activo posesiones muertas que lastraban la economía española, aparte de generar un desajuste histórico y político- devino en corrupción sistemática y en una clase burguesa que en vez de convertirse en emprendedora y cumplir con su misión histórica a la altura de otros países occidentales se hizo rentista desbaratando lo que Mendizábal les había puesto en las manos, lo que terminó de provocar la decadencia del país, incapaz de competir con las potencias occidentales del siglo XIX. Y nos quedamos con una industrialización y modernización a medias que solo se ha ido enmendando a empujones con posterioridad y nunca del todo lograda.

Como casi siempre, en España dejamos caer nuestro patrimonio para descubrirlo después. Solo la ruina del edificio hizo posible que las instituciones se dieran cuenta de su valor y tomaran medidas de urgencia, mucho más caras siempre que el mantenimiento diario del legado histórico. Desde el 2012, el Ayuntamiento del vecino pueblo de Cabezón de Pisuerga y la Asociación Amigos de Palazuelos se han empeñado en recuperar el edificio y con unos medios precarios pero gran voluntad recuperan semana a semana lo que la desidia dejó perder. Por eso merecen todo el apoyo. Y el primero de ellos, visitar el lugar y difundir su importancia.

Al subir por el puente que cruza la línea de ferrocarril, camino del Pisuerga para contemplar los lugares de la famosa batalla contra el ejército de Napoleón, miré hacia atrás para contemplar por última vez la iglesia en donde un grupo de voluntarios se afanan en adecentarla para usos civiles y culturales. Detrás de Palazuelos se veían los Cortados de Cabezón. Pero eso es otra historia.






La iglesia desde el camino de Aguilarejo.








Las anteriores imágenes pertenecen a los sepulcros de piedra labrada, conservados todos juntos en la Capilla de Santa Inés a la espera de su restauración y colocación definitiva. Su estilo los remonta a un estado entre finales del XIII y el siglo XV. Los que se hallaban en mejor estado de conservación fueron trasladados en los años sesenta del siglo pasado al Museo Diocesano de la Catedral de Valladolid. Se encuentran muy deteriorados y no hay certeza de la identidad de los personajes que fueron enterrados en ellos.



Escudos imperiales en el presbiterio. Pertenecen a Carlos V, que estuvo en el monasterio camino de su retiro en Yuste.







Las anteriores imágenes pertenecen a la sacristía. Se trata de una girola construida en el siglo XVI que altera la estructura original. Las pinturas murales, de estilo manierista y en mal estado de conservación, son obra del pintor italiano Antonio Stella, afincado en Valladolid a finales del siglo XVI.



 

HOC ALTARE EST CONSTRUCTUM IN HONORE BEATE VIRGINIA MARIE SU ERA M CC LXIIII (Este altar se levantó en honor de Santa María Virgen en la era de 1264). Lápida que recuerda la consagración del altar mayor de la antigua iglesia abacial en el muro norte del ábside.


La iglesia desde el puente que salva la vía del ferrocarril. 

11 comentarios:

Myriam dijo...

Precioso recorrido. ¡¡¡Qué pena el vandalismo grafitero sobre las obras!!!

Besos

Ele Bergón dijo...

Había dejado el comentario donde te contaba una historia parecida a la tuya con una mastina.Me he equivocado y ya no está, así que decido contarla en mi blog. Quizá sea una equivocación inconsciente.

¡Cuanta belleza hay en el románico que se extiende por toda Castilla! ¡Y cuánto patrimonio se está perdiendo por no conservarlo!Mas de una iglesia también anda fuera de España por no saber valorar nuestro patrimonio.

Un abrazo.

Te dedicaré mi entrada de la mastina.

pancho dijo...

A ver quién es el guapo que no coge un palo o una piedra si ve venir a un perro con malas pulgas... Cada animal es un mundo, como las personas. Este se ve que era buena gente por lo que nos cuentas. Guardiana y centinela del tesoro escondido que hoy nos descubres.
Precioso relato para introducir el contenido artístico.

Joselu dijo...

Yo una vez pasé por el Pisuerga.

São dijo...

Aventuras a pé pelos campos não me atraem precisamente por causa desses encontros com animais.

As fotos estão muito boas e gostei de aumentar os meus conhecimentos.

Pena que , tal como aqui, deixem cair os monumentos e só depois tentem salvá-los.

Também não gostei do vandalismo de se escrever sobre obras de arte tal com já tenho visto em outros países.

Nunca vira estátuas jacentes com pernas cruzadas.

Querido amigo, que tenhas bom fim de semana

Abejita de la Vega dijo...

Una ruta muy interesante, qué pena da ver abandonados los restos del pasado.
Qué andarín estás, menos mal que ese perro era buena persona. Yo me hubiera puesto muy nerviosa, todavía arrastro secuelas de mi pasado canófóbico. No soportaba la presencia de cualquier perro, pequeño o grande. Aunque tuve perro y lo quise muchísimo y se me curó la fobia.

Besos, Pedro.

mojadopapel dijo...

Qué bonito monasterio!....habrá que ir a verlo.

Montserrat Sala dijo...

Sigues descubriendonos tesoros,de tu tierra supongo.las fotos son todas preciosas i elepisodio del perro, solo apto para hombres valientes y sin miedo como tu.
Saludos profesor y feliz año 2015

María del Carmen Ugarte García dijo...

Interesante itinerario. Creo que he pasado alguna vez por allí, pero habrá que volver con este artículo impreso como guía.

Campurriana Campu dijo...

El pueblo que no recuerda su historia está condenado a repetirla. Nosotros, de un plumazo, la hacemos desaparecer o, peor aún, la transformamos a nuestro antojo.

dafd dijo...

Vaya, lo desconocía todo de esta construcción, que yo creo valiosa. De ella, un recuerdo imperecedero. A lomos de una bici, entrando en su nave majestuosa, parecía quedar en el exterior el mundo real y se penetraba en la neblina de siglos de Historia: el vértigo de lo pequeño que es nuestro tiempo actual, apenas un pellizco. Desde entonces la edificación no ha hecho sino deteriorarse.
Esta excursión tuya y su anotación en la bitácora tiene carácter recuperador y hasta reparador. Reparador de un pecado de olvido (como otras anotaciones que estás escribiendo). Y es importante por que la reparación empieza en la conciencia de la gente. Y para esto sirve también internet y un blog como La acequia.